«Desde su agujero de arcilla escuchó el eco de las voces que lo llamaban y, como si de grillos se tratara, intentó ubicar a cada hombre dentro de los límites del olivar» (Jesús Carrasco, Intemperie)

domingo, 28 de junio de 2015

Megan Maxwell, escritora: “He escrito esta novela para contar cómo era mi madre y lo mucho que luchó por mí”

Vestida con cazadora negra y tejanos y tirando de una maleta con ruedines, Megan Maxwell dobló la esquina de la calle Músico Peydró de Valencia en dirección a La Chaise de Madame frou frou, una tienda especializada en ropa y artículos de decoración retro, donde habíamos quedado citados para la entrevista. El motivo era obvio: Megan tiene una nueva novela en el mercado, ‘Hola, ¿te acuerdas de mí?’, editada por Planeta en su sello Esencia, donde reconstruye la vida de su madre, y la suya propia, mediante la hibridación de realidad y ficción.
El fin de semana pasado, en las listas de libros más vendidos, aparecían dos novelas tuyas: ‘Hola, ¿te acuerdas de mí?’, que apenas lleva diez días en el mercado, y otra anterior en el apartado de libros de bolsillo, ¿dónde está el secreto de Megan Maxwel para tener tanto éxito?
Siempre he pensado que son mis lectoras, mis guerreras, las que mueven mucho mis libros, aunque ellas me dicen que mis novelas tienen un sello especial, que han bautizado como Sello Maxwell. Yo no creo que sea para tanto, pero me responden que, aunque no figurase mi nombre en la portada, enseguida sabrían que es mía.




Dicen que ‘Hola, ¿te acuerdas de mí?’ supone un giro importante en tu carrera como escritora, ¿es eso cierto?
Lo que yo veo es que esta es mi obra más íntima. Con suerte seguiré publicando más novelas, pero ninguna será tan íntima y con cosas tan especiales para mí como esta.
¿Podemos decir que es tu novela más autobiográfica?
Más que autobiográfica es la historia de mi madre. La novela está dividida en dos partes. La primera discurre en los años sesenta y cuenta cómo se conocieron mis padres en Alemania. La segunda, sucede treinta y cinco años después y se supone que la protagonista soy yo, la hija, aunque me he dibujado una vida diferente a la real. Aquí trato de encontrar explicaciones a algunos aspectos que no quedaban resueltos en la primera parte.
A la hora de plantearte una historia que te pilla tan de cerca, has escogido la ficción,  ¿por qué?
Aunque he incluido cosas reales, he escogido la ficción porque es más divertida. Buscaba que la segunda parte de la novela fuese completamente ficticia. Las personas que leen mis libros prefieren un final bonito y yo siempre he dicho que no quiero escribir novelas con final triste y la ficción me ofrecía la posibilidad de escoger, de hacerlo a mi modo.
¿Pero el resultado del trabajo resulta verosímil o no?
Completamente. Mi madre conoció a mi padre, se quedó embarazada y por eso yo nací en Alemania. Es cierto que he modificado el final, porque quiero que determinadas vivencias, nuestros demonios familiares, queden entre ella y yo, guardados en un cajón. A mi madre le prometí que un día le escribiría una novela y es lo que he hecho, permitiéndome el lujo de dibujar un final de película, que ni fue así ni podrá serlo. Yo quería dar a entender cómo es ella y lo que luchó por mí, porque aquellos no eran buenos tiempos para criar una hija de madre soltera, de hecho en algunos colegios no me admitieron por esta circunstancia.
Escribir sobre cosas tan cercanas, tan familiares, aún utilizando el filtro de la ficción, ¿no te ha producido emociones fuertes?
Sí, a veces ni yo misma me soportaba, sobre todo cuando narraba cosas que mi madre me había contado. Cuando describía el momento en que mis padres se separaron, me puse a llorar, porque yo sabía que aquel era el último día que se vieron en su vida. Me ponía en el papel de mi madre y me planteaba cómo debió pasarlo en aquellos instantes, al tiempo que pensaba que cuando ella lo leyese en la novela volvería a llorar, como así ha sucedido.
En ‘Hola, ¿te acuerdas de mí?’ hay algo de retrato de los años sesenta, incluso suenan canciones de entonces, ¿no?
Sí, claro, además se ha publicado una edición especial con un cedé de la música de aquellos años. A través de la vida de mi madre me he centrado mucho en los momentos que vivieron los emigrantes que partían hacia Alemania, en el ambiente que les rodeaba y en cómo vivían. Ellos enviaban dinero a España, se quedaban con cuatro duros  y lo pasaron mal. En esto mi madre fue una privilegiada, ya que fue a parar a una residencia de la Siemens y además salió de aquí con un contrato firmado. Allí se tropezó con mujeres que fumaban y llevaban pantalones y cuando regresó a España por primera vez, lo hizo vestida con pantalones. Me contó que la gente la miraba raro, incluso con ganas de escupirle.
Durante tu infancia, ¿fue importante tener un padre norteamericano?
Eso era como tener un padre marciano. Además como él no estaba y yo había nacido en Alemania, en ocasiones llegué a utilizar todo eso en mi beneficio, aunque en mi casa no se hablaba de mi padre, porque era un tema tabú. Hoy eso sería algo normal, pero entonces no. Por otro lado, en las casas de los demás yo veía a un padre y una madre, mientras que yo solo podía hablar de mi madre y eso, al final, resultaba un poco complicado.
Riámonos un poco. Cuentas en la novela que en 1960 dos muchachas españolas emigraron a Alemania y se llevaron un botijo, ¿el botijo llegó a Alemania?
[Risas] A saber dónde estará ese botijo, tal vez en casa de mis abuelos, pero llegar llegó y enterito, igual que llegaban los chorizos y los paquetes que les enviaban desde España. Lo que sí sé es que dentro había agua con unas gotitas de anís.
En los años 60, los emigrantes solo disponían de las cartas y de algún teléfono lejano para comunicarse con sus familiares, ¿se sobrellevaba bien semejante penuria?
Se sobrellevaba sin más. Hoy, si nos olvidamos el móvil en casa, parece una desgracia. En la finca donde vivían mis abuelos cuando se vinieron a Madrid, solo una vecina disponía de teléfono y los demás hablaban desde allí. Así que con una llamada al mes, muy rapidita, y escribiendo cartas se apañaban.
Cuentas en la novela que, a poco de comenzar a trabajar y viniendo de un país inmerso en una dictadura, tu madre y sus compañeras se declararon en huelga, ¿aprendieron pronto las herramientas de defensa del trabajador, no?
Mi madre me explicó que aquello fueron cosas de la juventud. Justamente las últimas mujeres que habían llegado a la fábrica se declararon en huelga para que les cambiasen de trabajo. Y lo cierto es que lo consiguieron y, a partir de ese momento, todo les fue mucho mejor. Los alemanes siempre fueron amables con ella, fue muy afortunada, pero hubo españoles que no corrieron la misma suerte.
La última por hoy, ¿nuevos proyectos a la vista de Megan Maxwell?
Bueno, en agosto publicaré una novela en formato digital y en noviembre otro episodio de la serie erótica ‘Pídeme lo que quieras’. Yo no quería seguir por ahí, pero mis guerreras me lo han pedido insistentemente y no me he podido negar.


SOBRE MEGAN MAXWELL

Megan Maxwell (Nüremberg, Alemania, 1965) es una de las autoras españolas de novela romántica más prolíficas del panorama narrativo actual. Ha publicado títulos como ‘Te lo dije’, ‘Deseo concedido’, ‘Fue un beso tonto’, ‘Te esperaré toda mi vida’, ‘Niyomismalosé’, ‘Las ranas también se enamoran’, ‘¿Y a ti qué te importa?, ‘Olvidé olvidarte’, ‘Las guerreras Maxwell’, ‘Desde donde se domine la llanura’, ‘Los príncipes azules también destiñen’, ‘Pídeme lo que quieras’, ‘Casi una novela’, ‘Llámame bombón’, ‘Pídeme lo que quieras, ahora y siempre’, ‘Pídeme lo que quieras o déjame’, ‘¡Ni lo sueñes!’, ‘Sorpréndeme’, ‘Melocotón loco’, ‘Adivina quién soy’, ‘Un sueño real’, ‘Adivina quién soy esta noche’, ‘Las guerreras Maxwell. Siempre te encontraré’ y ‘Sígueme la corriente’, además de cuentos y relatos en antologías colectivas. En 2010 fue ganadora del Premio Internacional Seseña de Novela Romántica; durante tres años seguidos, 2010, 2011 y 2012, recibió el Premio Dama de Clubromantica.com; y en 2013 obtuvo el galardón entregado por el Encuentro Yo Leo RA (Romántica Adulta). Su novela ‘Pídeme lo que quieras’ fue galardonada con las Tres plumas a la mejor novela erótica que otorga el Premio Pasión por la Novela Romántica. Sus publicaciones se cuentan como superventas, habiendo llegado a desbancar en la lista de libros más vendidos al fenómeno editorial constituido por la trilogía ‘Cincuenta Sombras de Grey’.

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