De pequeño tuve sobre la mesilla
de noche una suerte de capilla de plástico, con puertas abatibles y color
malva, en cuyo interior figuraba la imagen de S.S. Pío XII para que velase mis
sueños. La había comprado mi padre en su viaje a Roma, donde actuó con la
Orquesta de Cámara Ferroviaria de València ante el propio papa en su residencia
de Castengandolfo. Su aspecto, verdaderamente serio, de alguna manera me
intimidaba así que, la mayoría del tiempo, lo cerraba para no ver su rostro. En
mi cabeza de entonces bullía la contradicción del porqué un hombre santo tenía
aquel rictus tan ¿tétrico? Quizá fue en aquellos años cuando me prometí a mi
mismo que algún día averiguaría cosas sobre él.
Durante mucho tiempo esta promesa
vivió en el olvido, hasta que me lo tropecé en la película ‘Amén’, del director
franco-griego Constantinos Costa-Gavras, donde su nombre no se cita
textualmente pero, por la imaginería con la que el cineasta reviste su figura y
la severidad de sus gestos, además de por la época en que se encuadra el film,
la II Guerra Mundial, sabemos que se trata de él. En movimiento, en la ficción
política del cineasta franco-griego observé el mismo tono sombrío que desprendía
la fotografía de mi capilla de niño.
Ahora la editorial Planeta
reedita un clásico sobre su figura: ‘Pío XII y el Tercer Reich’ del historiador
judío Saul Friedländer (Praga, 1920), que vio la luz primera hace ya casi medio
siglo. Los padres de Friedländer murieron en el campo de exterminio de
Auschwitz al que habían sido deportados mientras él permanecía recluido en un
internado católico. No resulta, por tanto, difícil pensar que el holocausto nazi
resulta de especial interés para él y que probablemente sea la causa de que buena
parte de su obra se centre en el Tercer Reich y los judíos.
‘Pío XII y el III Reich’, obra
completada con textos procedentes de archivos norteamericanos e israelías,
arroja nueva luz sobre un asunto que a lo largo del tiempo ha sido objeto de
polémicas y debates: la actitud del pontífice con respecto al régimen nazi y
sus crímenes, en especial los referentes al masivo exterminio de judíos. No hay
que olvidar que, durante su papado, que transcurrió entre 1939 y 1958, estalló
la II Guerra Mundial que acarreó la muerte de seis millones de judíos, al
tiempo que cabe también preguntarse qué habría ocurrido si Pío XII hubiera alzado la voz, como jefe de la Iglesia
Católica, ante los desmanes de los alemanes. ¿Habría cambiado algo la
situación? Desde luego el papa no lo hizo y lo único que podemos hacer al
respecto es especular, algo poco recomendable desde el punto de vista de los
historiadores, cuyos trabajos se basan en hechos ciertos, comprobados y
documentados. Y precisamente así es como se comporta Friedländer ya que su
trabajo es el fruto de un minucioso y detallado análisis de la documentación
inédita.
En ‘Pío XII y el Tercer Reich’,
Saul Friedländer ahonda en los motivos que llevaron al papa a guardar silencio,
al tiempo que arroja nueva luz sobre su postura respecto a las victorias del
Reich, el ataque alemán contra la Unión Soviética, la entrada de Estados Unidos
en la guerra, el avance de los ejércitos rusos o la deportación de judíos de
Italia y Hungría. En su momento, la aparición de esta obra supuso un vuelco en
el estudio de las relaciones entre el Vaticano y la Alemania nazi. Medio siglo
después de su primera publicación, continúa siendo indispensable para la
comprensión de aquellos años especialmente convulsos.
Saul Friedländer (Praga, 1932)
estudió Historia y se doctoró en 1963 por la Universidad de Ginebra, donde
también impartió clases. Especialista en la persecución de los judíos por parte
de los nazis, ha sido, además, profesor en la Universidad Hebrea de Jerusalén,
la Universidad de Tel Aviv y catedrático emérito en la Universidad de
California en Los Ángeles (UCLA). Entre su extensa y reconocida obra, en
castellano se ha publicado ‘¿Por qué el Holocausto? Historia de una psicosis
colectiva’ y ‘El Tercer Reich y los judíos’. El segundo volumen de esta obra, ‘Los
años del exterminio’, fue galardonado con el Premio Pulitzer en 2008.