
Nº 653.- La segunda mascletà de 2023 recién ha finalizado. Se percibe
hambre de Fallas. Los asistentes, numerosos, se diluyen por las calles y
callejas que envuelven la Plaça de l’Ajuntament. Como ramales de un río.
Caudalosos. El aire huele a pólvora. A Eider Rodríguez le ha encantado. «Es la
primera vez que veo una mascletà. Mañana volvería a por otra», dice. Nos
sentamos a una mesa del Federal Café. Lleno. Barullo de platos, cubiertos y
voces. Como si no hubiera crisis. Esto
de la crisis va por barrios. En unos momentos se deja ver. En otros muestra su
ausencia. Pero está ahí. Latente. Eider tiene un nuevo título en las librerías,
‘Material de construcción’ (Random House). Una novela con veranos, cigarrillos,
piscinas, hospitales, caballos, azulejos, cartas, fuego, vacaciones, amores,
mentiras, verdades, vergüenza y también alcohol, que impregna cada página. El protagonista,
su padre, es alcohólico. En consecuencia, ella es hija de un alcohólico. Convivencia
familiar difícil. Sobresaltada. Sobre este ejercicio de auto ficción, atrevido
y sincero, valiente aunque ella diga que no, comenzamos a hablar. La grabadora,
convidada no de piedra, dio fe de la conversación.
Eider, hasta ahora habías escrito en territorio cuento, ahora has pasado
a la novela, ¿por qué este cambio?
Es verdad que he trabajado diferentes géneros, pero yo me considero
cuentista. El relato me encanta como escritora y como lectora. Y hasta ahora,
todas las historias que había escrito siempre habían cabido en este formato. De
hecho, había terminado un cuento y me disponía a comenzar otro nuevo, pero algo
me ocurría. Mientras consultaba mis notas, me di cuenta de que no sentía el
impulso, el pálpito o la pulsión, no sé bien como llamarlo, necesario para arrancar.
El cuerpo me pedía escribir sobre mi padre. Sin embargo, era algo que ni
siquiera consideraba, porque yo, aunque haya escrito algún ensayo, no hago no
ficción. Un día, hablando con mi editora, me preguntó sobre lo que llevaba
entre manos. Le respondí que había terminado un relato y que no encontraba la
manera de iniciar otro. Le conté que me apetecía escribir sobre mi padre y fue
ella quién me dijo que lo hiciera. Y me puse a ello.