Una tumba que esconde las claves del asesinato del faraón Tutankhamon, pero que no se deja abrir. Las excavaciones del arqueólogo Howard Carter para encontrarla a principios del siglo XX. Un mundo repleto de leyendas, maldiciones y ansias de riqueza. Antiguo Egipto, 1327 a. C. El joven Tutankhamón utiliza su poder para encargar la construcción de una tumba digna para su padre, Akenatón, el faraón que fue acusado de hereje, asesinado y enterrado fuera del Valle de los Reyes por rendir culto al dios solar Atón. Los mismos sacerdotes que trataron de alejar a Tutankhamón de las ideas de su progenitor y la ambición de ciertos miembros de la Corte amenazan la vida del joven faraón. En 1922, el descubrimiento de su tumba eleva a Howard Carter a la categoría del más importante arqueólogo de la época. Estos mimbres son los que nutren la atractiva novela ‘La tumba perdida’ escrita por Nacho Ares y publicada por Editorial Grijalbo y de la que pude hablar con su autor durante un buen rato en el restaurante Blue Canalla Bar de Valencia. Nunca pensé que una narración, la de la epopeya de Howard Carter en pos de la tumba de Tutankhamon, de la que tuve noticia por primera vez hace más de cuarenta años a través de un artículo publicado en la prestigiosa revista ‘Historia y vida’, constituyera el leitmotiv de la entrevista de hoy.Nacho, ¿la fascinación que existe en Occidente por Egipto es recíproca?
Sí, actualmente ellos nos ven con la idea de emularnos de alguna manera. Como nosotros, están enganchados a las nuevas tecnologías, a Internet. Me atrevería a decir que son un poco pretenciosos, porque para ellos el hecho de usar estos elementos tecnológicos les otorga un rango especial. Los guías egipcios van con el pinganillo puesto a todas horas para dar sensación de que son imprescindibles. Son muy clasistas y de este modo tratan de resaltar la clase social a la que pertenecen.