«Desde su agujero de arcilla escuchó el eco de las voces que lo llamaban y, como si de grillos se tratara, intentó ubicar a cada hombre dentro de los límites del olivar» (Jesús Carrasco, Intemperie)

lunes, 24 de octubre de 2022

Paco Cerdá, ganador del II Premio de No Ficción Libros del Asteroide: «En general, el 14 de abril de 1931 fue un día de esperanza e ilusión»

El escritor y periodista Paco Cerdá relata en ’14 de abril’ los acontecimientos sucedidos el día de la proclamación de la II República.

Nº 641.- Hay veces que los dioses te favorecen. Se ponen de acuerdo y te echan un cable. No siempre. Claro. De un tiempo a esta parte, por motivos que no vienen al caso, ando interesado en el género histórico. Ficción y no ficción. Documentación y especulación. Por eso me ha venido al pelo la publicación de ’14 de abril’ por la editorial Libros del Asteroide. Su autor es Paco Cerdá y por su libro acaba de ser galardonado con el Premio de No Ficción otorgado por esta misma editorial. Para una parte de mi generación, para la otra no, el 14 de abril, el día de la proclamación de la II República fue siempre una fecha señalada, no una fiesta de guardar. Ese día se inició una aventura, con aciertos y desaciertos, en todo caso zancadilleada siempre, que pudo haber significado un cambio de rumbo en nuestro país. Un nuevo modelo de vida en común. Sin embargo, el golpe de estado de 1936, cinco años más tarde, dio al traste con aquel proyecto. Paco Cerdá ha construido un texto, que se lee con premura involuntaria, con el relato de aquella jornada de 1931. Un día completo. Veinticuatro horas. Nada más. ¡Y nada menos! El 20 de octubre, a media tarde,  tuve la oportunidad de conversar con él sobre los pormenores de su magnífico trabajo. Tras establecer la conexión telefónica, el piloto rojo de la grabadora, ya encendido, me indicó que podía comenzar nuestra charla. Y eso hicimos.

En primer lugar enhorabuena por el libro y por el galardón. Paco, ¿qué significa para ti haber ganado el  II Premio de No Ficción Libros del Asteroide?

Muchas gracias. Es un honor ganar un premio y, además, engrosar un catálogo como el de la editorial Asteroide, donde figuran nombres con tanta tradición literaria como Manuel Chaves Nogales o Ramón J. Sender, que han sido referentes fértiles en ese punto de intersección que existe entre la literatura y el periodismo.

Periodista y escritor. Algunos periodistas huyen de la realidad de la información a través de la literatura. Sin embargo, en tu caso, cuando escribes continúas inmerso en la realidad, en la no ficción.

Es verdad. Lo hago porque me parece que no hay nada más apasionante que la realidad. A poco que escarbes descubres historias increíbles que nos explican a nosotros mismos. Somos lo que hemos sido, lo que vivieron y sintieron nuestros predecesores, y ese binomio entre el periodismo, que aporta el rigor en la información y la investigación, y la literatura, que aporta la exploración de sentimientos y la reflexión, permite generar un paisaje emocional, la trastienda sentimental de la proclamación de la II República Española, que, seguramente, no estábamos acostumbrados a conocer partiendo de los olvidados de la gran Historia que, en definitiva, somos todos. Es otra forma de épica, o «contraépica», muy poco frecuente a la hora de abordar una narración.  

¿Debajo de este libro, y también de ‘El peón’, tu anterior título, subyace una vocación de historiador?

[Risas] ¡Esa es buena! No me lo habían preguntado nunca, pero no es una mala pregunta. De hecho, en tu caso yo también la habría formulado. Con toda la humildad posible, creo que lo que se esconde en mi interior es una enorme vocación por contar los carriles más secundarios de la realidad/historia hasta las últimas consecuencias. Así lo hice en ‘Los últimos’ y también en ‘El peón’, donde retraté a todos esos peones que fueron sacrificados en el altar de alguna ideología durante la Guerra Fría y el antifranquismo. Es cierto que me apasiona la Historia y que el libro puede parecer el trabajo de un historiador, pero lo que late y predomina en él, según creo, es la voluntad de contar las vidas, los rostros, los nombres y los apellidos de otras personas, y no tanto la de narrar los grandes movimientos e ideologías. Eso está más pegado al periodismo, que es la historia del día siguiente, todavía sin reposar, que a la literatura. La no ficción es un género que seguramente permite conciliar esas dos pasiones que tú has detectado.  

Entiendo entonces que a ti te interesa no la Historia Oficial, la de los grandes nombres, sino el efecto que la actuación de esos grandes nombres ejerce sobre la gente y también los efectos que la respuesta de la gente produce en esos grandes nombres.

Exactamente. Todos estamos al albur de los movimientos de unos y otros. Somos como piezas de dominó. Y aquel 14 de abril se veía perfectamente cómo una masa echada a la calle resultaba imparable. Igualmente se observaba que la Guardia Civil había optado por no intervenir y pasarse al lado de los dirigentes republicanos a mitad de jornada. Y así mismo se detectaba que en el bando monárquico predominaba el abandonismo. El rey se encontraba solo, sin que ello concatenase ese «milagro» de cómo un país se levanta monárquico y se acuesta republicano. Por otro lado, frente al tópico de que la República había llegado sin sangre, este libro trata de poner sobre la mesa los nombres y apellidos de esas gotas de sangre, que el tajo del 14 de abril dejó sobre la sociedad española. Unas personas perdieron la vida y otras no, pero todas sufrieron sus consecuencias, sin olvidar la fortuna que algunos tuvieron de salir de prisión, donde estaban encarcelados como presos políticos de la monarquía. Fijarme en esos peones, en esos olvidados que no tienen quien hable de ellos, es lo que me apasiona. Son como un sismógrafo emocional, que despierta algo que todos llevamos dentro, porque tenemos mucho más en común con un telegrafista, un asistente de cámara o un reportero que con el rey o el presidente del gobierno.   

martes, 4 de octubre de 2022

Susana Fortes: «La incertidumbre está en el germen mismo de la literatura. Sin ella no hay novela»

Nº 640.- La tarde del 12 de agosto de 1979, los hermanos Nicolás y Hugo Cadavid Freire y la pequeña María Blanca Suances Díaz desaparecen en una localidad del Baixo Miño. La niña es encontrada a la mañana siguiente dentro de una cesta de mimbre en la orilla opuesta del río sin recordar nada de lo ocurrido. Pese a una intensa búsqueda, los cuerpos de los dos niños nunca aparecieron. Veinticinco años después el hallazgo de unos restos óseos en un yacimiento arqueológico apunta a que se trata de los dos hermanos desaparecidos. A partir de entonces, Blanca y el periodista Lois Lobo inician una compleja búsqueda para descubrir qué sucedió entonces. Esta es la trama, la intriga, sobre la que se asienta la nueva novela de Susana Fortes, titulada ‘Nada que perder’, publicada por Planeta. Escrita en primera persona, en su trasfondo palpitan los ecos de la Transición, del contrabando y de la memoria recobrada. Fue un martes de septiembre, no importa cuál, cuando conversé con la escritora gallega, en la cafetería de un hotel del centro de València. La grabadora, después de tanto tiempo, ya conoce su oficio y no tardó el piloto rojo en emitir la señal de partida para nuestra charla. Empezamos.

Del Londres de 1955, que aparecía en ‘Septiembre puede esperar’, has pasado a la Galicia de finales del siglo XX y comienzos del XXI en ‘Nada que perder’. Susana, ¿cómo se cruza esta historia contigo? ¿La buscaste o te llegó?

Se me cruzó como todas las demás. A mí me gusta hacer cosas nuevas. Eso que dicen que los escritores escribimos siempre la misma novela me infunde terror. Es verdad que somos reconocibles por nuestro estilo, pero esto de repetirse en un terreno donde te encuentras cómodo no me va en absoluto. Es muy probable que esta historia surgiera en un viaje que hice con mis hermanos para celebrar el cumpleaños de mi madre a la zona del Baixo Miño, donde ella había vivido. De niña había estado allí, pero en esta ocasión me impactó mucho. Es un paisaje imponente con el monte de Santa Tecla, donde hay un antiguo poblado romano, que ya estaba ocupado desde la Edad del Bronce. Recordé que mi abuela me había contado historias de niños desaparecidos, algo que me había impresionado siempre. Y fue allí donde empecé a imaginarme una furgoneta entre los pinos, una pista forestal, una mochila, unos niños, los veranos de finales de los años setenta… A partir de ahí fui tirando del hilo y salió esta narración.

‘Nada que perder’ recuerda a la serie televisiva ‘True Detective’ o a la película ‘Matar un ruiseñor’, ¿hay algo de homenaje al cine en tu novela?

Es inevitable que en todas mis novelas haya referencias al cine y a los libros. Escribes con tus vivencias personales, tus recuerdos y con todo lo que has visto, leído y oído. Además de los títulos que has citado también aparecen ‘La Odisea’ y los libros de ‘Los Cinco’. Por supuesto que no se trata de ningún canon literario, pero eso es lo que leíamos entonces. En la novela también ocupa un lugar importante la película ‘Flashdance’, que me recuerda los tiempos del colegio cuando hacíamos gimnasia rítmica y bailábamos su banda sonora. La protagonista era una soldadora metalúrgica, que siempre iba en bici y que por la noche bailaba. Ese icono se me quedó ahí para siempre.

Precisamente, ‘Nada que perder’ va a ser llevada a las pantallas, no sé si en formato de serie o de película, ¿qué sensaciones te deja ese proyecto?

Sí, va a ser llevada a una serie, pero espero que tarde un poquito aún. Quiero que la gente lea antes el libro, porque a mí me gusta que los lectores aten cabos, respiren el ambiente e imaginen los paisajes por sí mismos. Me molestan mucho los libros demasiado explicativos, que te proporcionan tanta información y son tan notariales, que no dejan hueco para que el lector ponga un poco de su parte. Antes que nada me siento una lectora y como tal quiero que me consideren un ser inteligente y reclamo ese espacio. En consecuencia, al escribir, procuro hacerlo así.

Aunque eso de poner etiquetas cada vez resulta más complicado por la hibridación de géneros, ‘Nada que perder’ parece un thriller con protagonistas muy potentes. ¿Te interesan más los personajes o la peripecia?

Sí, es un thriller algo atípico. Al final creo que los géneros son una convención y que los utilizamos para hablar de nuestras angustias y de cómo nos manejamos en la vida. Es verdad que los autores de novela negra, como los escritores nórdicos o Benjamin Black, me gustan mucho, porque siempre cuentan algo más. Sin embargo, cuando se limitan a organizar un crucigrama con el que resolver un enigma, me saben a poco. Me interesa especialmente cuando detrás de todo hay una filosofía y una construcción de los personajes. Si ellos no importan y no se analiza todo lo que les sucede, pues, apaga y vámonos.

domingo, 2 de octubre de 2022

'El libro del Sepulturero' de Oliver Pötzsch

 ‘El libro del Sepulturero’ de Oliver Pötzsch, el thriller histórico que triunfa en toda Europa con más de 3.500.000 lectores.

«El hombre del ataúd abrió los ojos y escuchó su propio sepelio». Son estas las palabras de alguien que está viendo como le entierran vivo. Siente las paletadas de la tierra y el descenso del ataúd en el hueco, excavado momentos antes. Pocas maneras más sugerentes, y aterradoras, para iniciar la narración de un thriller. Justamente así es como arranca ‘El libro del Sepulturero’ (Editorial Planeta), segunda novela publicada en nuestro país por Oliver Pötzsch (Alemania, 1970). Pötzsch es periodista y escritor. Desciende de una antigua familia de verdugos, lo que en su momento le dio pie para escribir una serie de novelas, de gran éxito en Alemania, que no guardan relación con ‘El libro del Sepulturero’.

En esta ocasión, el escritor germano elige una ciudad y una época tremendamente sugestivas: la Viena del año 1893. En aquellos momentos, la capital austriaca es una ciudad moderna, cosmopolita, próspera y con una vibrante vida cultural y también nocturna, protagonizada por la rica y alta sociedad vienesa que, de alguna manera, sirve de tapadera para ocultar una segunda cara, la de los bajos fondos, la de los vicios y la depravación, y, cómo no, la de los asesinatos. Precisamente, ‘El Libro del Sepulturero’ se centra en la aparición del cuerpo de una mujer brutalmente asesinada, un crimen ritualizado, en el Práter, el parque más importante de Viena. Leopold von Herzfeldt, joven inspector recién incorporado a la policía metropolitana, será el encargado de llevar a cabo, de manera bastante accidentada por cierto, la investigación del caso. Como todo novato, Von Herzfeldt sentirá en sus carnes el rechazo de sus compañeros, ya que procede de una ciudad más pequeña, Graz, donde ha bebido los conocimientos criminalísticos de su mentor, Hans Gross, fiscal y juez de instrucción, que ha reunido en un manual los nuevos procedimientos de investigación criminal. Este manual todavía es utilizado hoy por algunos cuerpos nacionales de policía. En la comisaría vienesa se respira entre sus miembros un cierto aire antisemita, que por momentos parece también afectar al recién llegado inspector. A lo largo del libro, el lector detectará un innegable complejo de inferioridad por parte de las fuerzas de orden vienesas con respecto a las de otras ciudades europeas, como París o Londres, mejor dotadas económicamente y que ya han incorporado las nuevas técnicas de investigación en sus operativos diarios.