Nº 599.- Últimamente, pocos libros han despertado
la expectación desatada por la novela ‘Todo esto existe’ de Íñigo Redondo, un
escritor bilbaíno, arquitecto de profesión, afincado en Madrid. Editado por Penguin
Random House, pocos libros han concitado la unanimidad sobre su calidad e
interés y menos aún han llevado a los críticos a orillar su contenido, a través
de un pacto tácito para no desvelar un final que anuncian apabullante. «Las
trampas y los efectos están extraordinariamente bien dispuestos y me dejaron
estupefacto», escribe Nadal Suau en El Cultural del 31 de enero de este año. Reza
la contraportada: «Esta es la historia de una fascinación mutua, la de un
hombre y una chica que se cruzan cuando la vida les da la espalda. Si nadie la
contara, si nadie la leyera, esta sería tan solo una más de las infinitas
historias escondidas tras las ventanas de medio mundo. Corren los años ochenta
y Alexéi, director de un colegio en una ciudad de Ucrania, se derrumba. Su
mujer le ha dejado y sus días siguen un patrón inalterable: por las noches bebe
hasta perder el sentido y por las mañanas, en la escuela, lucha por esconder
sus miserias. Desde su despacho observa a los alumnos durante el recreo y se
empieza a fijar en una chica que siempre anda sola. Pronto ella le revelará la
realidad que esconde y él decidirá ayudarla ocultándola en su piso». Y hasta
ahí puedo llegar… Al igual que han hecho los críticos, esta entrevista hablará
de la novela, claro, pero en la medida de lo posible también orillará la trama
y, sobre todo, su desenlace. No hay motivo alguno para hacer un spoiler
gratuito. Sin olvidar que, muchas veces, la mayoría, el proceso, las
circunstancias de gestación de un texto, son muy interesantes y pueden explicar
en parte las novelas. Así que, a las 9.30 en punto de una mañana de lunes febreril,
en la estación del AVE, el portal por donde acceden ahora casi todos los
escritores de paso por la ciudad de València, apreté la tecla rec de la
grabadora y empezamos a charlar Íñigo Redondo y quien suscribe. Él con su gesto
afilado y expresivo. Servidor, convertido en esponja para empaparme de todo.
Íñigo,
la primera pregunta es obligatoria: ¿por qué escribes?
Es
una pregunta complicada… Creo que solamente escribiendo consigo llegar a
algunos rincones a los que, de otro modo, no alcanzaría. A veces, cuando lees,
notas que te tocan cosas tuyas, pero la única forma que tengo de acceder a esas
interioridades es a través de la escritura. No consigo hacerlo de otro modo.