«Desde su agujero de arcilla escuchó el eco de las voces que lo llamaban y, como si de grillos se tratara, intentó ubicar a cada hombre dentro de los límites del olivar» (Jesús Carrasco, Intemperie)
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sábado, 13 de junio de 2015

Samanta Schweblin, escritora: “En mi vida personal la soledad es el tiempo más rico, es el espacio en el que crezco, pienso, me formo, me curo…”

Son las nueve de la mañana de un viernes del mes de junio. El calor todavía duerme. Samanta Schweblin aparece por la puerta principal del Hotel Astoria Palace de Valencia. Las hojas de cristal, educadas, se abren a su paso. Blusa negra, sin mangas, tejanos ajustados hasta la rodilla, donde se liberan, y sandalias. Pelo negro, brillante, alta y delgada. Es hora más propia de desayunos que de entrevistas, pero la jornada de promoción manda. Samanta termina de publicar un nuevo libro de relatos, ‘Siete casas vacías’, editado por Páginas de Espuma, con el que ha ganado el IV Premio Internacional de Narrativa Breve Rivera del Duero, un terreno en el que según la contraportada del libro, la escritora argentina empuja a sus personajes a explorar terrores cotidianos, a diseccionar los miedos propios y ajenos, y a poner sobre la mesa los prejuicios de quienes, entre el extrañamiento y una “normalidad” enrarecida contemplan a los demás y se contemplan.  

Los miembros del jurado le otorgaron el galardón por su capacidad para crear atmósferas densas e inquietantes, así como por la estremecedora gama de sensaciones que recorren sus historias. “El premio – dice Samanta – es importante para mí porque, en principio, soy hija del rigor y me cuesta mucho soltar los libros, ponerles el punto final. Antes que nada, un premio es un concurso y ahí hay una fecha en la que presentar los textos. Podemos decir que, de alguna manera, los premios concretan mis libros. Por otro lado, resultar premiada es un gran halago, un enorme mimo, que te permite llegar a más lectores, te abre puertas y, lo más importante, hace que un editor realmente lea lo que tú le presentas”. Los libros de cuentos suelen tener una unidad temática, pero siempre resulta difícil discernir si esta unidad surge por generación espontánea o porque es el propio autor quien la busca desde el primer momento. “Cada cuento es único, no guarda relación con los demás. Al empezar no puedo pensar en un libro de cuentos, eso ocurre cuando ya dispongo de muchos relatos, es entonces cuando me doy cuenta de lo que llevo entre manos, entiendo lo que escribo y veo qué tipo de preguntas me estoy formulando en los relatos. Desde el momento en que entiendo ese universo, resulta mucho más fácil saber qué cuentos no pueden formar parte de ese universo y cuáles faltan para completarlo”.