«Desde su agujero de arcilla escuchó el eco de las voces que lo llamaban y, como si de grillos se tratara, intentó ubicar a cada hombre dentro de los límites del olivar» (Jesús Carrasco, Intemperie)
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jueves, 5 de marzo de 2015

Una entrevista con González Ledesma

Encontré la entrevista que le hice por internet a Francisco González Ledesma en diciembre de 2005. Apenas si llevaba yo tres meses colaborando en Diario SIGLO XXI y el proyecto de organizar un blog ni siquiera era una idea. Para mí es un documentos valioso y por eso me ha apetecido compartir con los lectores de El Eco de las Voces la última página del cuestionario, que contiene las respuestas del escritor barcelonés, escritas con su máquina de escribir, la misma por cuyos tipos deambularon Ricardo Méndez, el periodista Amores y tantos otros personajes. Al final del texto, lo que es más valioso: su propia firma.


Herme Cerezo


Nunca olvidaré a Francisco González Ledesma

Corrían los últimos años sesenta del mil novecientos. Un Paco, mi tío Paco Mompó, sempiterno lector de Blasco Ibáñez, compraba, cambiaba y leía novelitas del Oeste. “Me entretienen mucho”, me contaba. Sheriffs, forajidos, heroínas de pelo ensortijado, algún apache y cuatreros de gatillo ágil discurrían por aquellas páginas. A mis doce años, yo las leía en L’Ollería, un pueblo de la Vall d’Albaida, durante las pesadas siestas del mes de septiembre, y solo me resultaba extraño comprobar la cantidad de autores que escribían novelas de vaqueros en España, aunque sus  nombres sonaban extranjeros: Keith Luger, Silver Kane o incluso Marcial Lafuente Estefanía, que se me antojaba mexicano o algo parecido.

Otro Paco, este apellidado González Ledesma, escribía algunas de las novelas del Oeste que mi tío compraba, cambiaba, leía y me pasaba. Lo que yo ignoraba era que las que a mí más me gustaban, las de Silver Kane, eran suyas. Y algún día comencé a pensar que Silver Kane no era Silver Kane y que, probablemente, no era extranjero sino un producto del solar patrio. El descubrimiento de su verdadera identidad sucedió mucho después. Y se produjo gracias al programa televisivo ‘Negro sobre blanco’, cuando Fernando Sánchez-Dragó entrevistó a un novelista llamado Francisco González Ledesma, que decía haber sido Silver Kane en otro tiempo ya lejano, preconstitucional y medio clandestino. Se me pusieron los ojos como huevos de Pascua. Aquella noche me prometí a mí mismo que algún día hablaría con aquel escritor nacido en Barcelona.

martes, 20 de agosto de 2013

González Ledesma en 'Negro sobre blanco'

Hace muchos años, exactamente nueve, gracias al programa 'Negro sobre blanco' dirigido por Sánchez Dragó en la 2 de Televisión Española, pude descubrir a la persona que se escondía detrás del seudónimo de Silver Kane, cuyas novelas de vaqueros devoré en mi adolescencia. Alguien, bendita alma, ha colgado el video de aquel programa en Youtube. Se lo inserto aquí por si gustan, mis improbables.


lunes, 22 de julio de 2013

‘Peores maneras de morir’ de Francisco González Ledesma. Méndez, Ricardo Méndez, más Méndez que nunca.

‘Peores maneras de morir’ hasta el momento es la última novela publicada por Francisco González Ledesma (Barcelona, 1927). Es también, y de modo probablemente irreversible, la última que protagoniza el inspector de policía Ricardo Méndez, el policía que nunca se llevó bien ni con la dictadura ni con la democracia, siempre enfrentado a sus superiores porque Méndez es Méndez siempre, único, inconfundible e inimitable, con criterio propio.  

En esta ocasión, al inspector le corresponde, en realidad no le corresponde, le toca por convicción propia, investigar el asesinato de dos mujeres cometido por un sicario en el piso viejo de una finca vieja situada en un entorno viejo, un inmueble a punto de derribo, casi como los tiempos que nos toca vivir. Pronto – con ello no revelo ningún aspecto fundamental de la novela que no deba conocerse a priori – , el caso apunta hacia una organización mafiosa, con hábil tapadera legal, dedicada al tráfico de mujeres extranjeras, preferentemente eslavas, a las que introducen en España y ponen a trabajar como prostitutas en bares de carretera y burdeles de capital, sometiéndolas a un control férreo, cruel e incluso mortal.  

viernes, 11 de enero de 2013

La última novela de Méndez: 'Peores maneras de morir'

Francisco González Ledesma, un magnífico escritor, currante como pocos (cuando cumplió ochenta años y le entrevisté me dijo que solo trabajaba cinco horas al día porque "me he vuelto un poco gandul") y excelente persona, ha conseguido publicar una novela más: 'Peores maneras de morir', protagonizada por el inspector Ricardo Méndez, la última de la serie. A propósito de ello, Paco Camarasa, de la librería Negra y Criminal de Barcelona, nos remite este correo que reproducimos parcialmente.

"El primero que nos llega, es el último del inspector Ricardo Méndez, el inspector que nunca será comisario: Peores maneras de morir, que edita Planeta. Para nosotros es una excelente noticia. Todos ustedes saben que de González Ledesma nos gusta leer todo. Hasta la lista de la compra si es que alguna vez la ha hecho.

La novela estaba finalizada cuando aquel maldito 3 de Enero, el autor sufrió un ictus. El proceso de corrección ha sido lento y con altibajos, pero por fin ha cumplido su cita con los lectores. Si les gusta la Barcelona “moderna”, despersonalizada y de diseño efímero, no la lean. Si creen que los sentimientos es algo caduco y que una ciudad se usa pero no se le ama, se mira pero no se la ve, tampoco la lean. Si creen que los beneficios son el progreso y lo justifican todo, ni se acerquen al libro, pueden quedar contaminados de humanidad. Pero si quieren compartir la mirada actual y nostálgica de una Barcelona viva, como metáfora de cualquier ciudad habitada por personas y no por consumidores, léanla. Un policía, Méndez que cumple, más o menos, la ley, pero que sabe que la justicia es otra cosa; que entiende la venganza, a veces legítima, que compartirá con nosotros, y apasionadamente, la rabia frente al poder económico y las injusticias. Y siempre con su viejo Colt, y sus bolsillos deformados por libros. Peores maneras de morir, porque hay peores maneras de vivir".





jueves, 3 de junio de 2010

‘NO HAY QUE MORIR DOS VECES’ de González Ledesma. La plenitud de Méndez.

En la contraportada del libro, el escritor Lorenzo Silva dice a propósito de ‘No hay que morir dos veces’ de Francisco González Ledesma que “quizá sea su historia más rotunda y esencial. Feroz en su humanidad, tierna en su ironía …”. Probablemente, las palabras dedicadas a la novela por el escritor de Getafe definan perfectamente esta nueva entrega, esperemos que no la última, del inefable, infatigable, entrañable e irredento Méndez.

lunes, 17 de mayo de 2010

Más sobre Silver Kane, más sobre Francisco González Ledesma

Cuando hace ya tres años tuve la fortuna de entrevistar a Francisco González Ledesma tras ganar el premio de novela policiaca de Ediciones B con 'Una novela de barrio', me dijo que se había vuelto un poco gandul porque ahora sólo escribía cinco horas al día (sí, han leído bien, sólo). Lo bien cierto es que esas cinco horas le han dado para mucho últimamente. Así lo demuestra, ya hablamos de ello en este ECO hace unas semanas, la publicación de una nueva novela del oeste, firmada con Silver Kane, que ha roto moldes en lo referente a la extensión (más de trescientas páginas frente a las 80-100 que tenían las novelitas de a duro).

Sobre este asunto, Rosa Mora publicó en el semanario BABELIA del pasado 8 de mayo, un interesantísimo articulo titulado 'Vuelve Silver Kane'. No se pierdan la gozada de leerlo. Vale la pena.

Herme Cerezo

viernes, 9 de abril de 2010

'La dama y el recuerdo', Silver Kane cabalga de nuevo.

Silver Kane, uno de los alias de Francisco González Ledesma, precisamente el que le permitió comer en los años oscuros, regresa a las librerías. Y, como no podía ser de otro modo, con una novela del Oeste. Esta vez don Francisco ha dejado tranquilo al bueno de Méndez, al que debe de estar a punto de jubilar. El título de la novela es 'La dama y el recuerdo'. Y este es su argumento:

domingo, 30 de agosto de 2009

Francisco González Ledesma, escritor: "A Silver Kane le etoy muy agradecido: con él aprendí el oficio y me hizo sentir escritor"


Herme Cerezo. Publicado en SIGLO XXI, 11 de diciembre de 2007.
El que suscribe, mis improbables lectores, que ya conoce la obra de Francisco González Ledesma, no se conforma con leer 'Una novela de barrio' y, si los dioses se muestran propicios, como fue el caso, y se lo ponen a tiro, intenta hablar con el propio autor, que esta misma semana acudió a Valencia para presentar su última entrega. Y en la cafetería de 'La Casa del Libro', minutos antes de comenzar el acto, conversamos de su novela, de su barrio, de Méndez y de otras cosas, algunas conocidas, otras no tanto, que siempre acortan la distancia que separa al escritor del lector.

¿Qué es 'Una novela de barrio'?' Una novela de barrio' es ante todo una novela sincera. Yo nací en el Poble Sec, el barrio de Serrat, al lado del Paralelo, un barrio pobre. Allí conocí la guerra, las bombas, el hambre, todo lo malo pero también todo lo bueno como el valor de la solidaridad. En el Poble Sec todo el mundo ayudaba a todo el mundo. Como niño podía llamar a cualquier puerta, porque sabía que alguien me atendería. Siempre he dicho que los niños de aquel barrio éramos hijos de todas las madres y he sospechado que los hombres también eran maridos de todas ellas. Después de conocer tantos ambientes como he conocido, tenía que escribir sobre mi barrio. Hay tantas historias que contar de aquellas casas, de aquellas vidas, de aquellas mujeres que se hicieron viejas en los balcones, sin hacer realidad los anhelos que llevaban dentro, o de aquellas otras, honradísimas, que, con sus maridos en la cárcel, por las tardes se prostituían para sacar adelante a sus hijos... Alguien tenía que escribir esto.

¿Cómo surgió esta historia? No la tenía planificada. Comenzó como un sentimiento. Surgió la idea por un padre que no admitía la desaparición de su hijo de tres años, muerto en el atraco a un banco, que decidió reconstruir cómo sería su existencia si viviese. Y, paradojas de la vida, este hombre tiene que emplearse durante la Transición como guarda jurado en una entidad bancaria. Un día, uno de los atracadores que mataron a su hijo aparece asesinado. Y el lector entonces piensa, ya está: la venganza del pistolero. Pero no, 'Una novela de barrio' es más, mucho más, se lo aseguro.

Pero antes de 'Una novela de barrio', con la que ha ganado el Premio Internacional de Novela negra RBA, hay un montón de sinsabores y una lucha tenaz por sobrevivir como escritor, como ser humano, como persona. ¿El buen momento que viven sus novelas al día de hoy le compensa todo lo pasado? Sí, lo que ocurre es que las cosas siempre te pasan a destiempo. Siempre encuentras la chica de tu vida cuando ya estás casado, siempre te toca la lotería cuando ya no la puedes disfrutar. Si esto me hubiera ocurrido a los 45 años estaría loco de contento, pensando que tengo toda la vida por delante. Pero las cosas han sucedido ahora y tienen un significado distinto. Encuentro la satisfacción moral de que tantos años de trabajo han servido para algo. La verdad es que si a esta edad no hubiera publicado nada, me sentiría bastante amargado.

La trayectoria de González Ledesma es larga. Comenzó a leer muy pronto, ¿qué libros le engancharon a la Literatura? Yo tenía un tío, Rafael, que era periodista republicano, condenado a muerte y perseguido, que vivía como realquilado en mi casa de la calle Tapiolas. Aquel hombre tenía tal cantidad de libros que los guardaba hasta debajo de la cama. Y yo me metía en su cuarto y leía de todo: desde la 'Historia de Babilonia' hasta novelas con señoritas a las que se les levantaba la falda. Me aficioné sobre todo a la novela francesa: Víctor Hugo, Dumas... Esas lecturas me enseñaron que había un mundo por explicar y que si aquellos escritores lo habían contado, yo también encontraría el modo de hacerlo.

A los 21 años, con 'Sombras viejas', ganó el Premio Internacional de Novela promovido por Josep Janés. Y ahí llegó el primer palo: no le publican su obra por "rojo y pornógrafo", ¿qué pasó por su cabeza en aquel momento? Sentí una profunda decepción e indefensión. Me di cuenta que estaba ante un poder contra el que no podía hacer nada, un poder que marcaría mi existencia porque Franco era joven y no había recambio. En aquella novela yo había puesto parte de mi vida y, de repente, vi que en lugar de publicarse se abría ante mí el silencio absoluto. Eso me afectó de un modo muy profundo, pero tengo que pensar que no hay mal que por bien no venga. Con el éxito, quizá me hubiera convertido en un jovencito engreído. El fracaso me hizo más modesto y comprendí lo que significaba vivir. Además, así nació Silver Kane, a quien le estoy muy agradecido porque con él aprendí el oficio, me hizo sentirme escritor y me ayudó a pagar mis estudios de Derecho.

Escribir con seudónimo, ¿qué se siente cuando uno no puede escribir con su auténtico nombre?También un absoluto desaliento. Pensé que no podría explicar nunca, bajo mi verdadero nombre, bajo mi verdadera forma de escribir, todo lo que había conocido: una guerra y una posguerra nada menos.

¿Se aprovechaba su editor de su condición de escritor "sin rostro"? Sí, sí, claro. Los contratos eran leoninos. El editor hacía lo que le daba la gana a cambio de una miseria. En 1952, por el primer Silver Kane que escribí me pagó 750 pesetas. Además, se quedaba con todos los derechos de mis novelas que, cuando el Instituto del Libro Español fijó un tope de quince años, pude recuperar.

Usted escribía una novela a la semana... A veces dos.

Con semejante ritmo, el miedo a la página en blanco suena ridículo. A mí me decían el lunes: haz una novela y entrégala el sábado. No me daban una segunda oportunidad. En consecuencia, el miedo a la página en blanco no existía. Me hubiera muerto de hambre.

Pero Silver Kane, alias González Ledesma, también tocó otros palos. Sí, el cómic. Así fue como empecé en realidad. Mi tío Rafael, el de los libros, al que habían conmutado su pena de muerte por otra de treinta años y que vivía clandestinamente, me pidió que le ayudase en los guiones que escribía para Bruguera. Me dio la oportunidad y creo que no la desaproveché. Fui el guionista, además con éxito, de 'El Inspector Dan' y de 'Doctor Niebla'. Y cuando ya no pude seguir con los guiones, porque estaba con mis novelas, continuaron la serie otros escritores, entre ellos gente tan ilustre como Víctor Mora, el del Capitán Trueno.

Usted, que llegó a ser un abogado prestigioso, sin embargo, dejó el Derecho por la Literatura, ¿tan fuerte era el tirón que sentía? Sí, la profesión de abogado, moralmente es durísima. La verdad no es blanca ni negra, es gris. En cambio, el cliente te vende un color que tú tienes que defender y muchas veces eso va contra tu conciencia. He puesto en la calle a algunos elementos que me hacían pensar. "Vaya, la que acabas de hacer", me decía a mí mismo. Y eso me acarreaba un dolor moral tremendo. A pesar de que ganaba dinero, me di cuenta de que con tanto trabajo no veía a mis hijos, iba a perder a mi mujer y a mis amigos. Así que empecé Periodismo por libre y encontré trabajo enseguida.

1975: Franco muere. La situación cambia. Silver Kane recupera a Francisco González Ledesma y en 1984 gana el Planeta y con una novela policiaca: 'Crónica sentimental en rojo'. Efectivamente, antes sólo habían ganado el Planeta otros dos escritores policiacos: Juan José Mira y Vázquez Montalbán. Yo era muy amigo de Vázquez Montalbán. Tenía muchas cosas en común con él: los dos éramos rojos, periodistas y escribíamos novelas policiacas. Presenté 'Crónica sentimental en rojo' el último día y la secretaria de Lara me entregó un recibo diciéndome: "Tome, para cuando se la devuelvan" – risas -. Te juro que no pensé que podía ganar, ni siquiera me habían invitado a la cena. Me enteré porque a La Vanguardia, donde yo trabajaba entonces, comenzaron a telefonear algunos colegas diciendo: "Oye, nos han dicho que tú ganas". Compré los tiques para la cena, entonces se compraban, y asistí con mi mujer y mis hijos aunque en mesas separadas. Ésta es la historia de mi premio Planeta.


En 'Crónica sentimental en rojo' el protagonista es Ricardo Méndez, que ya había aparecido como personaje secundario en 'Expediente Barcelona', ¿de dónde procede Méndez? He explicado varias veces que Méndez es el la fusión de cuatro policías que yo conocí en mis tiempos de abogado. Entonces había muchos policías malos, pero había otros que merecía la pena tratar y conocer. De ahí surgió Méndez, que no es un personaje real, pero tampoco imaginario.

Méndez, ¿no liga nunca? Bueno, una vez, en 'Las calles de nuestros padres', ligó en un avión, pero le salió mal. Lo que ocurre es que Méndez ya es mayor y, además, él presume de impotente, aunque no se sabe bien si lo es o si lo utiliza para inspirar confianza. En su tiempo, en los barrios bajos, había una prostitución abundante y él conocía muchas prostitutas que le inspiraban compasión o cariño. Y esas mujeres se han hecho viejas, pero él las sigue queriendo. Porque Méndez siente un afecto especial hacia esa gente que vive mal o que hace lo que no desea hacer.

¿Lo va a jubilar pronto, porque en 'Una novela de barrio' el propio Méndez dice que ya "tiene los papeles"? Méndez ya está en situación de retirarse, porque los policías tienen una edad obligatoria de jubilación. Para los investigadores son los 60, aunque puede prorrogarse, y Méndez se encuentra entre los 60 y los 65 años. Yo pienso que no puedo escribir muchas más novelas suyas porque, además, yo también soy mayor. Creo que en la próxima se jubilará.

Usted sigue escribiendo a máquina, ¿rompe mucho? Sigo escribiendo a máquina porque soy un anticuado y sí, rompo mucho. Muchas veces releo lo que he escrito, tengo la impresión de que no he sabido explicar lo que quería decir y lo destruyo. En este sentido, mi actividad comercial es nefasta porque si estoy medio año trabajando y después lo rompo, ya me dirás qué negocio he hecho.

¿Vive la novela negra un buen momento en España? Sí, sin duda, vive un buen momento. La gente se ha ido dando cuenta que este género permite contar las cosas como ocurren, utilizando caminos muy variados: desde una encuesta hasta una investigación policial. La novela negra es un reportaje de la realidad que vivimos. De todos modos, a mí me gusta más llamarla novela social. El término novela negra es una denominación acuñada por los periodistas y que suena muy bien.

Finalizamos, ¿qué lleva entre manos González Ledesma en estos momentos? Estoy trabajando en una novela casi terminada, de la que no quiero dar detalles. No ocurre en Barcelona, no es de Méndez y he trabajado en ella como una bestia. No es una novela histórica y la quiero terminar este año porque no sé si voy a vivir el próximo.

Y Francisco González Ledesma, o Silver Kane, últimamente también Enrique Moriel, se enfundó la chaqueta, posó para nuestras fotografías, bebió un trago de agua mineral y, escoltado por la sombra transparente del inspector Ricardo Méndez, bajó las escaleras hacia el sótano de 'La Casa del Libro' donde le aguardaban sus seguidores. "Seguidores, no, una secta", apuntó alguien, a lo que él, con una sonrisa en el gesto, alegó: "Secta, no, que no quiero que me procese Garzón".

jueves, 19 de marzo de 2009

González Ledesma, escritor: "Lo importante es que tú creas en lo que escribes"



Mi relación con Francisco González-Ledesma es muy curiosa. Y dilatada en el tiempo. A mis doce años leía sus novelas del Oeste sin saber que eran suyas. Sabía que las había escrito un tipo que se llamaba Silver Kane, pero nada más. Eran los años sesenta y a mí se me antojaba extraño que en la época de Franco tantos escritores estadounidenses escribieran novelas de vaqueros en España. Pero las novelas existían. Y yo las leía. Y me gustaban. Fue hace pocos años, rozando ya la cincuentena, cuando a través del programa "Negro sobre blanco" de Fernando Sánchez-Dragó, vi la imagen de Francisco González Ledesma mientras lo entrevistaba. Dragó pasó revista a la existencia del escritor barcelonés y asi descubrí que él y Silver Kane eran la misma persona. Esta es la primera entrevista que le realicé y que se publicó en Siglo XXI el 31/2/2005.

La publicación de una nueva obra siempre es un pretexto válido para descubrir la otra cara de una novela, para acercarnos al verdadero protagonista del libro: su autor. Localizar a Francisco González Ledesma ha sido un proceso divertido, casi “negro” aunque sin fiambres, rocambolesco y con confusión incluida. Pero al final hubo premio y este escritor barcelonés, ganador del premio Planeta en el año 1984 con su 'Crónica sentimental en rojo' y autor de la novela 'Cinco mujeres y media', cuya reseña publicamos el pasado mes de octubre, ha respondido a nuestras preguntas.

Un hombre nacido en el Poble Sec, ¿por qué eligió el castellano y no el catalán? No pude elegir. El primer idioma que aprendí a escribir fue el catalán, en las maravillosas escuelas de la República, pero el Bachillerato y la educación sentimental los viví en castellano, que era la lengua obligatoria. La primera poesía, la primera novela que me emocionaron y enseñaron algo en esa etapa tan importante, fueron castellanas. Yo escribo muy correctamente el catalán, y hasta tengo publicados en ese idioma textos de Derecho, pero en las novelas, que son creación, me falta la palabra exacta – o hasta mágica – si no escribo en castellano.

Con su obra “Sombras viejas”, en 1948 gana Vd. el Premio Internacional de Novela y, en vez de darle un premio, le dan un palo. ¿Qué sintió en aquel instante? Sentí desaliento, sobre todo cuando me dijeron oficialmente que “un tipo como usted no publicará mientras viva el Caudillo”. Y así fue, por desgracia. Pero nunca dejé de escribir.

Para sobrevivir no tuvo otro remedio que hacer novelas del Oeste bajo el seudónimo de Silver Kane. ¿A cuántos bandidos ha detenido y ahorcado, cuántas balas ha disparado y cuántos caballos ha puesto al galope, señor Kane? Como Silver Kane tuve que estudiar bien historia y geografía del Oeste, de modo que creo que no hay errores importantes en mis novelas. No recuerdo a cuántos hombres pasé por las armas en ellas, pero no podían ser pocos porque escribía con realismo sobre una sociedad nueva y violenta.

Por cierto, ¿cómo se le ocurrió el seudónimo? Sin él, ¿hubiera podido publicar sus novelas? El editor me dijo que no podría firmar las novelas como González porque nadie me creería. Hacía falta un seudónimo que sonara bien. Yo creé Silver Kane durante una madrugada de pobreza y trabajo, uniendo el nombre de un personaje de cómic que yo escribía (Silver Roy) y el apellido de un dibujante que admiraba (Milton Caniff).

¿Sabe Vd. que los lectores de aquellas novelas, entre los que me cuento, éramos legión? Que los lectores eran legión lo sabía sin duda el editor, Bruguera, quien pagaba poco pero siempre me estaba pidiendo renovar los contratos.

Cuatro novelas del Oeste al mes, cuatrocientos títulos publicados, ¿de dónde sacaba tanta imaginación? Sacaba la imaginación porque no había otro remedio. Además, he de confesar que en muchos aspectos el Oeste me gustaba y me sugería cosas: la guerra de Sucesión, los primeros ferrocarriles, la cultura india, la justicia basada en la honradez y el valor, la dama del saloon, que tenía un pasado.

¿Comía de sus novelas o, además, tenía que trabajar en otros menesteres? Siempre hube de hacerlas como tarea suplementaria, quitando horas al sueño. De día trabajaba todas las horas, o bien estudiaba (por ejemplo Periodismo, donde tuve la suerte de lograr el número uno de toda España) al acabar la jornada de nueve horas mínimo. Y ya en plan de delirium tremens buscaba madrugadas para escribir las novelas que yo consideraba “serias”, y que no podía publicar.

Luego llegaron el Planeta, el Hammet, el Prix Mistere, ¿estos premios le han recompensado por tantos sinsabores como parece que le ha deparado la literatura? Los premios compensan, en efecto, y sin ellos nadie te conoce, pero lo importante es que tú creas –al menos un poco– en lo que escribes.Siempre me he preguntado cómo se las apañaban los escritores de antes para corregir y corregir y corregir sin ordenador.

Vd. aún teclea sus textos en una máquina de escribir, ¿no se cansa de repetir hojas corregidas? Es un defecto personal mío. Les tengo manía a los ordenadores. Y de momento los editores me aguantan. Mañana ya veremos.

Su inspector Méndez, es un tipo especial. Mal visto por el aparato franquista, dejado por imposible por la policía democrática... parece un progre de los 70 después de la Transición. ¿Qué hay de Vd. en Méndez? No me parezco a Méndez, pero reconozco que hay similitudes importantes, como no podía ser de otro modo. Soy solitario, creo en la verdad de las calles, leo muchísimo, siempre me equivoco con las mujeres y soy un pésimo gourmet.

Parece imposible que una ciudad española pueda ser escenario de una novela policiaca, sin embargo, Vd. ha conseguido que Barcelona lo sea. ¿Es Barcelona una ciudad tan peligrosa como González Ledesma la pinta en “Cinco mujeres y media”? Barcelona no es una ciudad más peligrosa que las otras. Al contrario, aquí se respetan bastante las normas civiles, y hubo un tiempo no muy lejano en que fue ciudad de grandes ideales. Pero siempre ha sido una ciudad de “novela negra”: es portuaria, con gente continuamente nueva, tiene un barrio especialísimo (el Chino, hoy El Raval), una población abierta a toda clase de estímulos y un mundo industrial y bancario abierto a todas las oportunidades, no siempre buenas.

Su novela es magnífica. Te coge del cuello al principio y te arrastra hasta el final, no te deja ni a sol ni sombra, hay que acabársela. ¿Cómo consigue que la acción no languidezca sino que avance sin detenerse? Oiga, y al final nos la vuelve a clavar?Toda la técnica de la novela, logrando dosificar el interés, la aprendí con Silver Kane. Fue un aprendizaje de perro.

¿Está trabajando en alguna novela nueva? Siempre estoy trabajando. En marzo publico mis memorias (“La historia de mis calles”) en Planeta. Sin trabajar no justificas tu vida.

Una queja. Ni rastro de sus obras. Ni en las librerías de lance, que tanto me gustan, las encuentro. ¿Para cuándo una buena reedición de todas ellas o tengo que invocar a Sherlock Holmes, a Poirot, a Marlowe o a su amigo Méndez para que me ayuden a encontrarlas? Ya sé que, por desgracia, no se encuentran mis obras. Sólo por Internet las ofrece alguien. Están agotadas, aunque se van reeditando (por ejemplo “Las calles de nuestros padres”, en La Factoría de Ideas).

Para terminar y volviendo a sus “Cinco mujeres y media”, Sr. González Ledesma, ¿cómo es un culo extraparlamentario? Curiosa pregunta. Un culo extraparlamentario es una licencia para designar un culo no políticamente correcto. Que es justo el culo interesante, imaginativo y no sujeto a las leyes de la moda.

El Eco.