«Desde su agujero de arcilla escuchó el eco de las voces que lo llamaban y, como si de grillos se tratara, intentó ubicar a cada hombre dentro de los límites del olivar» (Jesús Carrasco, Intemperie)

viernes, 12 de julio de 2019

César Gavela: «La novela te lo da todo hecho, pero un relato es algo más poético y literario que exige complicidad del lector»


Nº 585.- Mediodía. Segundo miércoles de julio. Planea el calor sobre el centro de València. La luz ilumina los edificios, el agua de la fuente, el tráfago de transeúntes y el discurrir de turismos y autobuses. Una mesa, ligeramente apartada, en la cafetería del Hotel Meliá Plaza, sirve como territorio neutral para la entrevista con César Gavela (Ponferrada, León, 1953), que tiene nuevo libro en el mercado, ‘Los astros’, editado por Olélibros, una colección de relatos y microrrelatos de amor, pasión, muerte, placer,  melancolía y memoria. Sueños, sentimientos y emociones de hombres y mujeres que desfilan por sus páginas, a veces casi como voces fugaces, destellos, que llegan, te cuentan algo y se van. Un café y una botella de agua son los aditamentos que necesitamos para conversar sobre literatura, libros y alguna otra cuestión. El piloto «Rec» de la grabadora se ilumina puntualmente. Comenzamos.

César, ¿qué hace un leonés como tú en una ciudad como València?
Vine a València de casualidad. Fue en 1976 al acabar la carrera de Derecho en la Complutense y aprobar oposiciones a funcionario del estado. Como en Madrid no había plaza, me fui a San Sebastián, que estaba cerca de Francia, un país muy apetecible en aquel tiempo, parecía el paraíso de la libertad por aquello de que aquí la democracia aún no estaba instaurada. San Sebastián es un lugar precioso, pero me di cuenta de que me apetecía vivir en una ciudad un poco más grande. Como tenía ganas de conocer el Mediterráneo y tenía familia aquí, pedí el traslado y me lo concedieron. Yo entonces era un chaval de veintitrés años y mi intención era estar un tiempo y después marcharme. Ser funcionario me permitía cambiar de sitio, conocer nuevos lugares, como hacían otros amigos míos, y siempre con la idea de terminar en Madrid. Sin embargo, me gustó mucho esta ciudad, me ganó por su luz. La luz de València es muy particular, es potente, te atrapa. También había muchas librerías en la ciudad, algo indispensable para mí. Luego me casé y aquí me quedé.

Entre muchos otros y por citar solo unos cuantos, Luis Mateo Díez, Julio Llamazares, Raúl Guerra, Andrés Trapiello y tú mismo sois leoneses, ¿qué tiene León que produce tan buenos escritores?
Lo de León es un misterio. Se han escrito artículos y reflexiones sobre esta cuestión porque se trata de una provincia que, con tan solo quinientos mil habitantes, cuenta con una gran cantidad de escritores de nivel: Mateo Díez, Julio Llamazares, Gamoneda, Antonio Colinas, Carnicer… Muchos opinan que en León las familias, que eran de origen humilde, estaban muy interesadas en que sus hijos tuviesen estudios. Allí siempre se ha valorado enormemente la cultura. Y también ha habido muy buenos profesores de literatura, tanto en colegios como en institutos. Algunos curas que me dieron clase estaban verdaderamente locos por la literatura. Imagino que también por la religión. Estoy convencido de que el noventa por ciento de esos escritores hemos surgido gracias a esos profesores que nos metieron la literatura por todas partes. El proceso es claro: al comienzo lees, pero al final terminas escribiendo. Antes de escribir yo me pasé quince años leyendo como un poseso.

martes, 9 de julio de 2019

José Luis Corral: «Carlos I quería conservar el estilo de gobierno antiguo y ser un garante de las tradiciones»


Nº 584.- En el año 1539, abatido por la muerte de su esposa Isabel de Portugal, el emperador Carlos de Austria se encerró en un convento y se aisló del mundo. Sus enemigos, no obstante, no descansaban y amenazaban sus dominios: la ciudad de Gante se rebeló, los turcos avanzaban hacia Europa, los protestantes cuestionaron su autoridad y Francia y el papa le fueron hostiles. Carlos V reaccionó y, con los tercios viejos como fuerza de choque, consiguió importantes victorias que lo encumbraron como dueño de medio mundo. En los últimos días de su vida, se retiró al monasterio de Yuste, donde moriría sumido en la melancolía y sus recuerdos. Con ‘Los Austrias. El dueño del mundo’, editado por Planeta,  tercer y último volumen dedicado al soberano habsburgués, José Luis Corral (Daroca, 1957) pone punto final a este trabajo que le ha ocupado los últimos cuatro años de su carrera como novelista. En una reciente visita a València, resguardados del calor reinante por los muros de uno de los salones del Museo L’Iber de Soldaditos de Plomo, pudimos conversar durante un rato, que supo a muy poco la verdad, sobre esta nueva novela suya. Escuchar a José Luis Corral es asistir a una clase de Historia, esa materia que tanto le apasiona como docente y como novelista.
José Luis, con ‘Los Austrias. El dueño del mundo’ cierras tu trilogía sobre Carlos I, ¿esta obra molesta o puede molestar a alguien?
Desde luego, no creo que moleste a quienes hace quinientos años protagonizaron los episodios que relato en los libros [risas], pero lo que tengo claro es que yo, por ser políticamente correcto, no me voy a cortar nada con gente que tiene una idea errónea sobre la Historia. Lo que he contado son acontecimientos debidamente documentados a los que les he añadido el toque literario que toda novela histórica ha de tener. Sé que a algunos,  sobre todo a ese ultranacionalismo españolista que nos empieza a invadir, protagonizado por Vox y algunas derivas del PP y Ciudadanos, les puede molestar, pero no me importa. En la primera novela de esta trilogía ya desmonté ese pannacionalismo españolista, que pretende llevar el origen de España hasta los Reyes Católicos.

domingo, 7 de julio de 2019

Óscar Montoya: «He intentado hacer de la Transición un personaje más, quería hablar de los miedos interiores de un país y de un individuo»


Nº 583.- Antonio Tojeira se siente afortunado: lleva un año en Alicante como inspector de policía y disfruta del sol, de la modernidad que trae el turismo en la España convulsa de 1980, la de la Transición, y de una incipiente relación con Cruz, una echadora de cartas con quien se acuesta ocasionalmente. La muerte accidental de un joven en una estación de tren y el traslado de Tojeira a una comisaría norteña van a alterar profundamente este panorama. La felicidad del inspector se trastoca en su nuevo destino, al tiempo que sus pasos le conducen hacia una trama en la que confluyen corruptos policías y grupúsculos fascistas. Este es el argumento que maneja ‘De otro lugar’ (Alianza de Novelas), el debut en el género negro de Óscar Montoya, un alicantino residente en Vigo desde hace casi treinta años.
La entrevista con Montoya se desarrolla a mitad de tarde, un viernes caluroso, mientras los albañiles cambian una ventana en mi domicilio. En contra de los habituales sonidos de cafetería, platillos, tazas, cucharillas, como fondo de grabación, auténticos efectos especiales, se escuchan martillazos, voces de tono elevado y el siseo de una radial pertinaz. En todo caso nada serio, nada capaz de impedir la conversación entre el autor de ‘De otro lugar’ y quien esto suscribe.
Óscar, ¿qué hace un alicantino como tú en un sitio como Vigo?
Llegué aquí con 14 años, procedía de Alicante, y la verdad es que ya me considero medio gallego. Voy a cumplir cuarenta y cuatro y casi «falo galego a modiño» (Hablo gallego despacio).
Y ¿qué significa la escritura para ti?
Es algo que he hecho desde pequeño, igual que el dibujo. Supongo que es una vía de escape para comprender lo que no entiendes de la vida cotidiana y también una forma de intentar conocerte a ti mismo.

martes, 2 de julio de 2019

Juan Ramón Barat: «Juan Bautista Basset es un desterrado de la Historia, han echado capas de cal sobre su memoria»


Nº 582.- «Va ser a la tardor de 1705, que a Altea desembarca Batista Basset, com a general de l’exèrcit de Carles el d’Austria…» Así dice el ‘Romanç de cec’ contenido en el álbum ‘Quan el mal ve d’Almansa’, la genial cantata compuesta por el grupo valenciano Al Tall en el año 1979, a cuya presentación tuve la fortuna de asistir en el Teatro Principal de València. Cuarenta años después, un libro, irresistible portada, irresistible contenido, irresistible protagonista, llama mi atención desde las mesas de las librerías: ‘1707’ del escritor Juan Ramón Barat (València, 1959), editado por Algaida. ‘1707’ y ‘Quan el mal ve d’Almansa’ tienen varias cosas en común, una de ellas fundamental: un protagonista: Joan Bautista Basset, el general que comandaba las tropas austracistas durante la Guerra de Sucesión a la corona de España, que asoló media Península Ibérica a comienzos del siglo XVIII, a cuya conclusión una nueva dinastía, la de los Borbones, se asentó en el trono de Madrid.

Juan Ramón Barat centra ‘1707’ en Basset, pero no sólo hace eso sino que aprovecha la figura del militar de Alboraya, hijo de un modesto carpintero, para describir con total exactitud la guerra sucesoria. Su narración atraviesa la batalla de Almansa, el terrible incendio de la ciudad de Xàtiva y la promulgación el día 29 de junio de 1707 de los Decretos de Nueva Planta, a través de los cuales y «por el justo derecho de conquista» quedaron abolidos y derogados por completo los «fueros, privilegios, prácticas y costumbres» de todos los valencianos, incluida la prohibición de utilizar la lengua vernácula, sustituida a partir de entonces por el castellano. Fue poco después de un mediodía del mes de junio, cuando a través del teléfono conversé con el escritor valenciano sobre ‘1707’ y algunas otras cuestiones que envuelven la novela y la colocan en el sitio preciso.

Juan Ramón, ¿qué significa escribir para ti?
Para mí, escribir es algo así como una aventura apasionante, que me permite descubrir ese mundo mágico que está a nuestro alrededor. Cada proyecto literario que emprendo representa una aventura diferente, en la que me sumerjo hasta el fondo para extraer mediante palabras todas las maravillas que me puede ofrecer. Las palabras también son mágicas, porque con ellas podemos expresar lo que existe y lo que no, nuestros deseos y nuestras esperanzas, nuestros sueños y nuestras realidades.

Tú eres profesor de instituto, ¿se compagina bien la docencia con la literatura?
Sí, él único problema que existe es el del tiempo. La docencia es un trabajo «duro», porque no comprende solo las horas de clase sino también las tareas de casa corrigiendo exámenes y preparando materiales, así como el desgaste continuo de trabajar con gente joven, que tiene mucha más energía que tú, una energía que muchas veces no va en la misma dirección que la tuya. Todo esto te resta tiempo para la creación literaria, pero también te aporta cosas positivas porque estar en contacto con esa juventud vital e imaginativa te obliga a reciclarte continuamente. La vida cambia, ellos te vigilan permanentemente y no permiten que te anquiloses.

¿Cómo te tropezaste con la figura de Juan Bautista Basset o cómo surgió la idea de escribir una novela sobre él?
Esta novela la escribí hace 12 años y descubrí su figura casualmente. Un editor ya jubilado, Marcos Zacarés, me propuso escribir un libro sobre la batalla de Almansa. Iba a ser mi primera novela y acepté el reto, pero cuando empecé a investigar me di cuenta de que la batalla se enmarcaba dentro de la Guerra de Sucesión y que el tema tenía unas posibilidades narrativas muy grandes. Tras mucha búsqueda, di con un personaje que podía canalizar toda la trama: Juan Bautista Basset. Me quedé prendado de él, fue como un flechazo. Basset es un personaje que reúne todas las condiciones para forjar la figura de un héroe de novela. Su origen, hijo de carpintero, era muy humilde y además había vivido muy cerca de mi casa, en la huerta de Alboraya. Por azar, llegó a ser un gran general y un personaje casi decisivo en la Guerra. La única dificultad que presentaba como personaje era que su existencia está muy diluida por el paso del tiempo y sobre él se ha construido más leyenda que realidad. Yo intenté rescatar todos los datos que pude y reconstruir el mito, porque sin duda Basset ha sido un mito.

lunes, 1 de julio de 2019

Patricio Pron, ganador Premio Alfaguara de Novela 2019: «Del reconocimiento de los errores cometidos se beneficia nuestra siguiente relación»


Nº 581.- El jurado del Premio Alfaguara de novela 2019 manifestó que ‘Mañana tendremos otros nombres’, la obra ganadora, era «la autopsia de una ruptura amorosa que refleja la época contemporánea de manera excepcional». Escrita por el argentino Patricio Pron (Rosario, 1975), cuenta la ruptura de una pareja. Ellos viven en Madrid en un tiempo actual. Ambos rondan los cuarenta. Ella es arquitecta, tiene miedo a hacer proyectos de futuro y busca algo que no puede definir. Él escribe ensayos, lleva cuatro años a su lado y nunca pensó en verse soltero de nuevo, en un «mercado» sentimental del que lo desconoce todo. Por las grietas de su derrumbe como pareja se filtran las amistades, sus consejos y sus vidas, la mayoría de las veces con más dudas que certezas. Es la generación Tinder, la de unas personas que eliminan a otras con un dedo; una generación en la que todos están expuestos y a la postre desencantados. Y hasta ahí puedo leer… ‘Mañana tendremos otros nombres’ es una mirada a las relaciones sentimentales del animal humano desde una óptica sociológica que no excluye la ternura y una novela del amor en tiempos de las redes sociales.

Patricio Pron lleva una mañana desatada en València. Apenas sale del estudio de Cv Radio, con los cascos colgando, cuando me atiende. Es la primera hora de la tarde. Se le ve cansado por la promoción, larga, interminable aparentemente, que le exige viajar por toda Sudamérica para presentar la novela. Hay unos cafés de por medio. Ambos con sacarina. Ruido de cucharillas. Trasiego de parroquianos y camareras. Empezamos.

Enhorabuena, por el Premio Alfaguara de novela 2019, Patricio, ¿qué significa para ti haber obtenido este galardón?
Gracias. El premio significa una magnífica oportunidad para que esta novela obtenga una mayor resonancia de la que habría tenido si no lo hubiera ganado. Es también una puerta privilegiada para que los lectores entren a mi trabajo y me permite pertenecer a la lista de escritores que han ganado el Premio Alfaguara que, con sus más y sus menos, es uno de los más respetados en el ámbito del español. Resumiendo es un enorme placer, un cierto orgullo, una gran oportunidad y la responsabilidad de que el libro esté a la altura de lo que se espera de él.

‘Mañana tendremos otros nombres’ respeta esa alternancia tuya de escribir un libro de cuentos, una novela, otro libro de cuentos, otra novela y así sucesivamente.
Creo que sí, porque lo último que publiqué fueron cuentos. Me despisto un poco porque se mezclan con mis traducciones y ediciones en otras lenguas. Lo que es seguro es que en mi lista de títulos, es el segundo más largo.