Nº
673.- |
| Copywright: hermezo2023 |
No es la primera vez que Eduardo
Sacheri viene por España, pero sí es la primera que visita València. Parafraseando
aquello tan manido de «qué bueno que viniste», inicio esta entrevista con qué
bueno que publicaste tus relatos de fútbol, qué bueno que publicaste ahora ‘Nosotros
dos en la tormenta’ (Alfaguara), su nueva novela. En ella el escritor argentino
aborda un tema conflictivo en su país, la relación de dos amigos, uno
perteneciente al ERP, otro a Montoneros, que se desarrolla poco antes del golpe
de estado en el que los militares argentinos depusieron al gobierno de María
Estela Martínez de Perón, justo dos años antes de la celebración del Mundial de
Fútbol Argentina’78, donde la escuadra albiazul incorporó su primera estrella
de campeón a su camiseta. ‘Nosotros dos en la tormenta’ habla, pues, de un periodo
tumultuoso, oscuro, sufrido, doloroso, violento, en el que la guerrilla urbana
trató de demoler al estado argentino. Y para ello no dudó en recurrir a las
estrategias ya conocidas de las organizaciones terroristas. Fue la víspera del
día de San Miguel, jueves, a media tarde, cuando pude conversar con Sacheri,
mientras Nacho Marín daba rienda suelta a su creatividad, reportando el
encuentro con imágenes fotográficas. Dos cafés y un agua mineral nos
acompañaron durante la conversación, al tiempo que la grabadora, sobre la mesa,
piloto rojo encendido, recogía nuestras palabras. Al fondo, las paredes del café Way-Co de la
calle Historiador Diago, altas y blancas, lisas, tapizadas con cuadros,
cartelería diversa, fotografías y ciertos objetos vintage. Un escenario casi
propio del tiempo por el que discurre la novela.
Eduardo,
eres profesor de Historia en Argentina, sin embargo, a la hora de escribir te
has alejado del academicismo historicista y te has decantado por la ficción.
Me
parece que son labores concurrentes, dos maneras distintas, complementarias, de
encontrarle sentido a las cosas. La literatura posee la libertad de la
sinuosidad, de la cercanía, sin buscar el rigor. Con ella se puede pintar una
época e invitarte a recorrerla con esa libertad y esa vaguedad, que es algo
bueno para mí.