«Desde su agujero de arcilla escuchó el eco de las voces que lo llamaban y, como si de grillos se tratara, intentó ubicar a cada hombre dentro de los límites del olivar» (Jesús Carrasco, Intemperie)
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jueves, 11 de noviembre de 2021

Carlos Marzal: «Tratamos de matar el tiempo mientras el tiempo se dedica a matarnos a nosotros»

Nº 630.- 

Asegura Carlos Marzal que acostumbra a ser un tipo puntual y que prefiere esperar a ser esperado. Y doy fe de que se aplica a ello. Unos minutos antes de la hora concertada, a través de la cristalera del Hotel Plaza, lugar de nuestro encuentro en pleno centro de València, le vi caminar entre los transeúntes hacia la puerta. La noche había caído ya. El servicio de bar permanecía cerrado a esa hora. Un caballero, enfrascado en la lectura de un libro, ocupaba la mesa colindante. No había nadie más. La ausencia de huéspedes, o de visitantes, en la cafetería resultaba apropiada para charlar sobre ‘Nunca fuimos más felices’ (Tusquets), la reciente entrega de Marzal, «un tratado literario de filosofía epicúrea que reivindica la felicidad y ensalza el amor, la amistad, los libros, la bondad… a partir del fútbol», según reza la contraportada. La tecla del poeta y escritor valenciano va y viene entre recuerdos, anécdotas, escenas divertidas, conversaciones con otros escritores y el presente futbolístico de su hijo, que lleva diez años practicando el deporte del balón redondo sobre la hierba. Natural o artificial. Es, sin duda, uno de los títulos del año. O, al menos, un libro que se va a recordar durante mucho tiempo y que quizá convenga tener a mano para releer a discreción. Sobre la mesa, el piloto rojo de la grabadora, iluminado, nos otorgó su nihil obstat. Embozados en nuestras máscaras, el covid-19 acecha, comenzamos la conversación. Mientras, al otro lado de la cristalera, en la calle, el cuatro de noviembre de dos mil veintiuno disfrutaba de sus últimas horas.   

Carlos, según mis cuentas, llevas quince años sin publicar una novela o un artefacto literario como este, ¿por qué tanta demora?

No sé si hace tantos años, pero es verdad que llevo mucho tiempo sin publicar. Pero no he estado tanto tiempo sin escribir, porque he publicado libros de poemas, de aforismos y de relatos. Lo cierto es que a mí se me alargan los proyectos. Empiezo con una idea y siempre tardo más de lo previsto. Mis libros resultan más extensos de lo que pensaba y eso se debe a que disfruto mucho del proceso de la escritura. Desde joven tuve suerte de publicar en buenas editoriales y, como no he sufrido el ansia de la publicación, no me importa demorarme en ello.

‘Nunca fuimos más felices’ lo estoy leyendo de una manera rara para mí. He leído doscientas páginas, luego he saltado a la tercera parte, la ‘Prórroga’, y ahora continúo donde lo dejé. En el fondo, pienso que no quiero que el libro se me acabe.

Imagino que es importante leer con el orden establecido. No pasa nada porque uno se vaya a la parte final que, digamos, es una historia independiente, cuando ha leído ya una buena parte como es tu caso. Pero no creo que comenzar por el final sea bueno como iniciación a este libro, porque la ‘Prórroga’ es un contrapunto al resto. Este es un libro hímnico, celebratorio, que canta la amistad y el amor en general y, en particular, al fútbol. La parte final es muy dura y me parece que permite apreciar mejor todo lo anterior, en el sentido de que aceptamos la alegría de la vida a pesar de los pesares, aunque el final siempre es trágico.

La narración es intemporal, pero en un libro como este la intemporalidad es irrelevante, ¿no?

Creo que sí. El texto son anotaciones, que no tienen por qué estar datadas. Son reflexiones que salen al paso. Las fui escribiendo con el transcurso de los años y las he ordenado como me ha apetecido, con la intención de crear el ritmo adecuado, alternando capítulos cortos con otros más extensos y páginas densas con otras más escuetas.

Afirmas que a la hora de escribir la primera persona es la más importante, ¿por qué?

Bueno, porque creo que todo lo que escriben los escritores es autobiográfico. No importa el género. Me parece que los tratados de matemáticas también lo son, porque ¿qué hace un matemático escribiendo un libro sobre algo a lo que ha dedicado el tiempo de su vida? Desde ese punto de vista, todo es autobiográfico: la historiografía, la novela, la literatura confesional… En definitiva, aunque a veces se adopten otras personas para narrar, todo está construido desde el yo.

‘Nunca fuimos más felices’ es un libro que versa sobre el fútbol, aunque no solo. ¿Quedaron atrás ya los tiempos en los que los escritores que escribían sobre fútbol estaban mal vistos?

Han pasado los tiempos en los que los escritores, a los que les gustaba el fútbol, no lo confesaban. Sin embargo, sigue habiendo prejuicios con respecto al universo del fútbol desde el mundo de la alta cultura, que considera que hay formas de la cultura popular que no son dignas ni de estudio, ni de ser tratadas. Y a mí me ocurre lo contrario. Pienso que no hay grandes temas, temas excelsos de por sí, sino que hay talento o falta de talento en los artistas, en los escritores en este caso, para tratar de ver las cosas de una manera u otra. En principio, los conflictos entre ganaderos y agricultores en Wisconsin no tienen por qué interesarme demasiado, pero muchas veces ese es el origen de un western. Me gusta que los escritores me lleven al huerto, me seduzcan con un universo que, en principio, me es ajeno o desconocido.  

miércoles, 6 de marzo de 2013

Carlos marzal, poeta, periodista y escritor: “El aforismo es el fruto instantáneo de una inteligencia que se cultiva a lo largo del tiempo”.

Carlos Marzal acaba de publicar un libro de aforismos, titulado ‘La Arquitectura del aire’, editado por Tusquets. Un aforismo es un pensamiento breve, un chispazo, “un destello” como dice el propio Marzal, en todo caso una invitación a la reflexión y, en algunos casos, a la sonrisa. Junto a una copa de orujo y un café conversamos durante unos minutos sobre su obra, mientras en la calle jarreaba agua de invierno, contumaz y poco frecuente por estos pagos en los últimos tiempos. Una vez transcritas, al analizar preguntas y respuestas, sobre todo las respuestas, conservo la impresión de que presentan caracteres propios del aforismo: concisión, eficacia y precisión. Compruébenlo, si gustan, ustedes mismos, mis improbables lectores.
Carlos, escribes artículos de prensa, cuentos, novelas, poesía y ahora aforismos, ¿qué género te falta tocar?
Soy un animalito omnívoro, como de todo y me alimento de todo. Me gusta la escritura y sus géneros, pero nos los he tocado todos. Me falta el teatro y el musical que creo que no los abordaré.

domingo, 2 de enero de 2011

Algunas propuestas literarias para empezar 2011.

Herme Cerezo


Recién digeridos los turrones y el champán, el marisco, los polvorones y el jamón de Jabugo (quien se lo haya podido permitir), con la crisis a cuestas, la subida del gas, el precio de la gasolina – del que nadie dice nada y que alcanzó cotas insospechadas hace tiempo para no bajar nunca más –, el incremento del recibo de la luz – ¿la explicación esa del café se la cree alguien? –, la prohibición de fumar en casi todas partes – ¿van a dejar de prohibirnos algo? –, la jubilación pospuesta – ¿a quién le importa que la gente lleve trabajando treinta o cuarenta o cincuenta años y tenga ganas de disfrutar de un merecido descanso? – y todos los incrementos y nuevos impuestos, que mentes torticeras urdirán a lo largo de 2011 para jorobar al personal un poco más – obviamente, no quería escribir jorobar, pero es políticamente más correcto, mis improbables lectores –, quizá sea un buen momento para tomarnos un receso y distraer nuestra existencia de un modo algo más económico. Me estoy refiriendo a la posibilidad de tomar carrerilla, respirar hondo y cobrar nuevas fuerzas, “renovato impetu”, se decía en latín, para afrontar lo (o la) que se nos viene encima con la ayuda de algunos libros. Por este motivo, se me ha ocurrido preparar un manojo de títulos que pueden interesarles y que, desde luego, contribuirán a que su mente divague por derroteros menos duros que la realidad que nos aguarda, un día tras otro, a la vuelta de la esquina. Son obras, en algunos casos, bastante alejadas de lo que suelo leer habitualmente pero que, por algún motivo, han llamado mi atención.

miércoles, 22 de diciembre de 2010

Entrevista a Carlos Marzal, escritor: “Lo que me gusta es la diversidad, la variación, mezclar las cosas, cambiar”.

Herme Cerezo/SIGLO XXI, 23/12/2010
“Dos de estos doce cuentos fueron publicados en periódicos. Uno apareció en el ‘ABC’ y el otro, a petición de Juan Lagardera, en el ‘Levante El Mercantil Valenciano’. Me encanta escribir por encargo”. Así comenzó la entrevista con Carlos Marzal (Valencia, 1961), Premio Nacional de la Crítica y Nacional de Literatura en 2001; Premio Fundación Loewe en 2004 y Premio de la Crítica Valenciana en 2009. Conversar con el escritor valenciano sobre literatura o cualquier otro tema que surja o se tercie, es un ejercicio de análisis y reflexión a la vez que una invitación a la calma. Marzal recién termina de publicar un magnífico libro de cuentos, ‘Los pobres desgraciados hijos de perra’, editado por Tusquets en su colección Andanzas, en el que repasa una serie de temas, el amor, la muerte, la enfermedad o el deporte, inherentes a la condición humana, a lo largo de distintas etapas de la vida: la adolescencia, la edad adulta y la ancianidad. El libro, que observa una indudable e invisible estructura unitaria, gracias al armazón de relatos breves con el que se anuncia, puede leerse seguido o a saltos, por el final o por el principio, no importa el concierto ni el orden. Los cuentos de ‘Los pobres desgraciados hijos de perra’ están impregnados con la pátina propia, el sabor y el poso que sólo posee la voz narrativa, como derecho privativo, de los escritores escogidos por el arte de juntar palabras sobre la partitura del ordenador o del folio. Y me temo que Carlos Marzal es uno de ellos.

jueves, 24 de junio de 2010

Carlos Marzal, poeta, articulista y escritor: “El último héroe épico que nos queda es el torero”

Herme Cerezo/SIGLO XXI

Carlos Marzal llevaba la mañana y la tarde completa: entrevistas para emisoras de radio, televisiones y prensa escrita, digital o no. Más de veinte en total. Todas ellas en Valencia, la tierra donde nació, vive, trabaja y escribe. Días después le aguardaban entre otros lugares, Sevilla y Madrid con su Feria del Libro que, como saben ustedes, mis imposibles lectores, es la única feria del libro que hay en España. El motivo de tanto ajetreo era la presentación de su última obra, ‘Sentimiento del toreo’, editado por Tusquets, una recopilación de los mejores artículos que, sobre el arte del anillo arenoso, se publicaron en la revista ‘Quites’ que el propio Marzal dirigió durante varios años. Las palabras de Miguel Barceló, Felipe Benítez Reyes, José Bergamín, Francisco Brines, José M., Caballero Bonald, Luis Alberto de Cuenca, Vicente Gallego, Rafael de Paula, Luis Francisco Esplá, Joaquín Sabina, Andés Trapiello, Mario Vargas Llosa y Manolo Vázquez y de otros plumíferos de primer orden, resuenan por las páginas del libro, aderezadas con dibujos y pinturas de Manuel Antonio Benítez Reyes, Véronique Bouissière, Ricard Cadenas, Joan Cardells, Javier Chapa, Ramón Gaya, Luis Gordillo, Joaquín Sáenz o Pedro Serna, por citar sólo unos cuantos. El propio Marzal también aporta su granito de arena con varios artículos y, sobre todo, con un esclarecedor Prólogo, una declaración de las intenciones y objetivos que persigue este ‘Sentimiento del toreo’. Poeta, articulista y novelista, Carlos Marzal (Valencia, 1961), fue Premio Nacional de la Crítica y Nacional de Literatura,