«Desde su agujero de arcilla escuchó el eco de las voces que lo llamaban y, como si de grillos se tratara, intentó ubicar a cada hombre dentro de los límites del olivar» (Jesús Carrasco, Intemperie)
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domingo, 15 de diciembre de 2019

Cristina López Barrio: «Tal vez podría vivir sin escribir, pero no sin leer»

Nº 593.- Cristina López Barrio (Madrid, 1970), finalista del Premio Planeta 2017, regresa a las librerías con una novela ambientada en el monte Abantos, en la sierra del Guadarrama, en un lugar tan cargado de leyendas como San Lorenzo de El Escorial. ´Rómpete corazón’, su nuevo título, es un thriller contemporáneo donde suspense e intriga policial se entremezclan con el poder de los lazos familiares, la magia de los cuentos de hadas y las trampas de la pasión amorosa. ¿Fantasía, relato policial, historia de amor…? Un poco de todo. En la novela nos tropezamos con personajes femeninos de personalidad arrolladora, un matriarcado, cuyas integrantes se mueven por los lindes de la locura. Fue el último jueves de noviembre, poco después del mediodía, cuando pude conversar con la escritora madrileña sobre los pormenores de su nueva criatura literaria. Días más tarde, el play de la grabadora, me devolvió nuestra charla, que ahora transcribo.

Cristina, aunque nos conocimos en el año dos mil diecisiete durante la rueda de prensa del Premio Planeta, ésta es la primera vez que te entrevisto. Así que el comienzo es obligado: ¿qué significa para ti la literatura?

Creo que escribir es mi forma de vivir, porque la escritura está muy unida a la lectura y desde que yo era niña he leído mucho. De aquellas historias brotó mi amor hacia los libros por la sensación de belleza y evasión que encierran. Fue mi forma de conocer, cuestionar y reflexionar sobre el mundo. Siempre he sido muy fantasiosa, veo la vida a través de la historia y he tratado de sobrellevar la existencia a través de la lectura. Tal vez podría vivir sin escribir, pero no sin leer. Empecé con poemas y cuentos a los  doce años y surgió como algo natural, algo orgánico. Nunca me he planteado por qué lo hago. Sin embargo, cuando empiezas a probar el proceso creativo, donde sufres mucho, tienes una sensación verdaderamente adictiva, en la que te olvidas de quién eres, y surgen los personajes, que son como una especie de posesión tuya, y todo fluye.

¿Haber sido finalista del Planeta en dos mil diecisiete cambió tu vida como escritora?
Como escritora pública sí, porque la difusión y repercusión que tiene han supuesto para mí un espaldarazo. El Planeta me ha permitido ser más conocida, ya que he tenido acceso a gran cantidad de medios de comunicación. Me ha hecho estar más presente en la vida cultural a través de charlas y otras actividades relacionadas con la literatura. Y, por supuesto, me hizo visible para muchos lectores ya que, aunque en dos mil diecisiete ya tenía publicados cuatro libros, había mucha gente que no me conocía y que, gracias al Premio, se ha interesado por esos otros libros.