«Desde su agujero de arcilla escuchó el eco de las voces que lo llamaban y, como si de grillos se tratara, intentó ubicar a cada hombre dentro de los límites del olivar» (Jesús Carrasco, Intemperie)
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martes, 17 de enero de 2017

Laura Riñón: «Buena parte de la belleza, tanto de las relaciones como de las emociones, radica en la añoranza»

En el prólogo de su libro de relatos ‘Dueño de tu destino’ (Premio Eride 2014), Laura Riñón afirmó que «Cuando era una niña me pasé una larga temporada asegurando que de mayor sería monja. Tiempo después decidí colgar mi hábito imaginario para cambiarlo por un disfraz de payaso. Confesión que seguramente desvele muchos rasgos de una personalidad que aún hoy no acierto a definir». Parece claro que no se trataba de un autorretrato, sin embargo, podría serlo. «Escribí aquellos cuentos – dice Laura – por un motivo especial. El país atravesaba una situación de gran crispación social, un momento triste, negativo. Todo lo que ocurría a mi alrededor me afectaba, así que pensé que mi mejor contribución para cambiar el entorno era construir unos relatos optimistas, que trataban muchos temas y hablaban de segundas oportunidades y nuevas esperanzas»

Laura Rión (Foto: Jesús Herranz - Espasa)
Tras su incursión en el género breve, apareció su primera novela, ‘Todo lo que fuimos’, una historia de encuentros y desencuentros, y ahora acaba de publicar una nueva entrega, ‘Amapolas en octubre’, editada por Espasa. «Siempre he sostenido que el primer libro es muy autobiográfico, porque cuando te atreves a escribir lo que te surge es hablar de lo que llevas dentro».  De lo todo lo leído hasta ahora, podemos deducir que la escritura ocupa un lugar muy importante en la vida de Laura Riñón. «Para mí escribir es una necesidad, algo que me hace falta. Soy muy emocional y, si no lo hiciera, pintaría o cantaría, porque necesito aflorar al exterior todo lo que llevo dentro. Ahora que me encuentro en plena promoción de ‘Amapolas en octubre’, estoy deseando terminar y regresar a Madrid para encerrarme en mi cueva y sentarme ante el escritorio». Aquí cueva luce casi como sinónimo de refugio, de lugar seguro, igual que la literatura. «Soy utópica y, constantemente, habito un mundo de fantasía del que he de alejarme para regresar a la realidad, porque no puede ser de otro modo».