El escritor madrileño habla sobre su nueva novela, titulada ‘El amo’, donde prosiguen las peripecias de Jotadé, su policía gitano.
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Santiago, es lógico que
aspires a vender muchos libros. Eres escritor y vives de ello, pero que la
primera edición se agote antes de que una novela pise la calle, no es muy
frecuente.
Fue una sorpresa. Cuando me
llamaron para decírmelo, no lo entendía, porque aún faltaban once días para ponerla
a la venta. Y ocurrió porque las reservas en las librerías fueron enormes,
tanto que, para cubrir la demanda, tuvieron que sacar una segunda edición. Te
puedes imaginar la alegría. Pero eso no significa que llegues más tranquilo a
la fecha de publicación, porque luego te entran otras dudas como preguntarte
si, realmente, estás a la altura de la expectación despertada.
Pienso que, si ocurre eso, es porque los lectores confían
en ti a ciegas.
Exacto, y ese creo que es un poco
el problema, lo que te hace sentir esa presión: están confiando en mí sin haber
leído una palabra, con lo cual las expectativas son muy altas. Y me siento muy
afortunado, porque parece que la gente está satisfecha con el libro. De hecho,
hay una frase muy puñetera que leo en algunas reseñas, que dice: «Acabo de leer
la última novela de Santiago Díaz y no me ha decepcionado»… Esas palabras
significan más presión sobre el escritor, porque presupone que el crítico
esperaba decepcionarse, cosa que no ha sucedido afortunadamente. En todo caso,
es una presión que a los escritores nos encanta.
Un buen guion, capítulos
cortos y acción trepidante: ¿esas son tus señas de identidad literaria?
Es el sello de lo que aprendí en
mi etapa como guionista y es lo que funcionaba, lo que necesitaba hacer entonces
para que los espectadores no se fueran a otra cadena. Y eso mismo lo aplico en
las novelas. Por eso hay mucha acción, mucho giro, mucho diálogo; es, creo, una
marca de guionista.




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