Nº 716. Después de más de veinte años de
entrevistar escritoras y escritores, de gozar con la lectura de
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sus textos, a
veces te preguntas si tiene sentido lo que haces, es decir, sentarte frente a
una señora o un señor que ha escrito un libro, algo que está muy bien, y freírles
a preguntas sobre su trabajo. Un señor o una señora que te llega ya entrevistado por decenas de colegas que
hacen lo mismo que tú en otros rincones del estado español. Y mientras rumias
si merece la pena seguir en el oficio, o colgar la grabadora, el papel y el
bolígrafo, de repente, te sale al encuentro Sergio del Molino. Entonces todo se
viene abajo. Sin estrépito. Con amabilidad. Y te das cuenta de que realmente sí
vale la pena disfrutar con su presencia y escuchar sus palabras durante unos
minutos, porque dice cosas con sentido, al tiempo que descubres que su libro, contado
por él, cobra otra dimensión, otro sabor. De repente, te sientes afortunado,
muy afortunado, por dialogar con el escritor madrileño, mientras la grabadora,
que siempre te acompaña, registra sus respuestas. Del Molino acaba de publicar un
nuevo libro, no me atrevo a llamarle solo novela, no me atrevo a llamarle solo ensayo,
que lleva por título ‘La hija’, editado por Alfaguara, donde aborda la figura de
Rosario Weiss, posible hija del pintor Francisco de Goya, a la que vemos
emerger sobre las más de seiscientas páginas de un volumen que mide cuatro
centímetros de lomo sin cajo, a través de las que nos hablan Juan Antonio
Rascón, protagonista de la primera parte, territorio de la ficción, y Sergio
del Molino, protagonista de la segunda, donde el ensayo cabalga a sus anchas,
sobre la figura de la retratista Weiss. Todo un acercamiento biográfico. La
historia arranca en la fascinación provocada por el autorretrato de Rosario
durante muchas visitas giradas por el escritor madrileño al Museo del Prado.
Son las seis de la tarde en València, a medio sol, a medio calor, cuando la
cafetería del Hotel Mercat Vincci Lys, regada por una luz breve, acoge nuestra
conversación. La grabadora, piloto rojo encendido, se despereza lentamente de
su siesta – la primavera, ya se sabe – y comienza a trabajar.
Sergio, dice Rascón que él
escribe «porque no puedo hacer otra cosa más que escribir», escribir es una
enfermedad?
Creo que sí lo es, una patología
que, por suerte, todavía no ha sido identificada como tal y, en lugar de
internarnos en la López Ibor, nos permiten ganarnos la vida con ello. Pero el
día que lo descubran de verdad, seguramente se nos habrá acabado el chollo.


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