Nº 712.
Discurre
la mitad de febrero. Hay un primer acercamiento para tomar unas fotos del escritor.
La ciudad: València. El lugar: la cafetería de un establecimiento comercial con
sucursales por toda la península. Despachadas las instantáneas, quedamos
emplazados para hablar la semana siguiente. Por teléfono. El escritor no es
otro que Juan Manuel Gil (Almería, 1979), que acaba de publicar ‘Majareta’
(Seix Barral), donde traza el retrato de Leo Almada Sapena, un conserje de
instituto misterioso, construido mediante los testimonios de unas cuantas, en
realidad, bastantes, personas que lo conocieron. La peripecia se desencadena a
raíz de un incidente, cuando Almada sube al tejado del centro escolar para
inspeccionar el estado del pararrayos, los estudiantes cierran la trampilla con
un candado, retiran la escalera y lo dejan allí arriba. Uno de ellos chivatea
al conserje el nombre del alumno que tuvo la ocurrencia y, días después, Leo le
golpea hasta hacerle perder la visión. A partir de ahí, una cuarentena de
personajes se sucede ante el lector, o mejor dicho ante el supuesto autor del
libro, para contar su versión de los hechos o de lo que conoce del conserje.
Todos parecen tener algo que compartir acerca de sus hábitos, un tanto
inquietantes, sus secretos y los motivos por los que siempre fue considerado
uno de los tipos más raros del barrio, a la vez que también uno de los más
buenos, tiernos, discretos y generosos. A lo largo de los distintos testimonios,
nos adentramos en esta ficción para desentrañar la oscura realidad que se amaga
detrás de todas estas apariencias verbales. Y hasta aquí puedo llegar, pero
Juan Manuel Gil ha construido una novela de difícil olvido, que remueve las
tripas del lector, con risas y alguna angustia, hasta sus últimas páginas, una
de las joyas literarias de este 2026 sin duda. Siete días más tarde ratificamos
el pacto alcanzado en la cafetería del conocido centro comercial, donde las fotos.
Y, a través de nuestros adminículos telefónicos respectivos, él desde Almería, y
el que suscribe desde València, conversamos sobre ‘Majareta’, mientras que por
las calles de València el viento silbaba y un día más, desafiante, se enseñoreaba
de árboles, esquinas, bancos, parques y aceras. Pulsé el rec de la
grabadora, que me respondió del modo habitual, esto es, encendiendo su piloto
rojo, nihil obstat. A continuación comenzó a registrar nuestra charla.copyright@hermezo2026

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