Nº 715. Durante muchos años hemos comprado la idea
de que el final de la Guerra Civil Española fue
(Fotografía cedida)
un episodio presidido por la
traición y el caos en el seno del bando republicano, cuando realmente su
desenlace fue fruto de una estrategia orquestada por el Cuartel General golpista,
cuyo Servicio de Información Militar fue capaz de controlar la propaganda y la
descomposición de las tropas gubernamentales desde su propio interior, en un hábil
ejercicio de espionaje. Basándose en documentación inédita hasta ahora,
procedente de los principales archivos españoles e internacionales, Gutmaro
Gómez Bravo, catedrático de Historia Contemporánea de la Universidad Complutense,
investigador y escritor, acaba de publicar ‘Cómo terminó la Guerra Civil Española’,
editado por Crítica, donde revela cómo la «Victoria» se preparó entre la
ocupación de Barcelona y la posterior rendición de Madrid. Salpicada por un
insaciable tronar de petardos, que subía desde la calle, ocupada por aprendices
de pirotécnicos, nuestra conversación telefónica, se desarrolló durante la
tarde del segundo viernes de marzo, día trece por más señas. La grabadora,
piloto rojo encendido, acusó explosiones y registró palabras, sin detenerse a
discriminar una cosa de la otra. Faltaría más. Era tiempo de Fallas.
Gutmaro, has centrado tus trabajos en la guerra civil, la posguerra, la violencia y la represión, qué te indujo a interesarte por todo esto?
Al terminar la carrera, mi tesis doctoral versó sobre
la violencia en el siglo XIX y creo que acabé tan harto que juré no regresar a
aquella época. Pero la metodología que aprendí entonces la apliqué después al
siglo XX. Sobre la guerra civil se ha escrito mucho, aunque quizá no tanto desde
la perspectiva de la violencia prolongada o comparada y eso, unido al problema
que tenemos con los archivos en España, hace que con todo lo que va apareciendo
se generen cosas nuevas y podamos aportar luz sobre determinados aspectos de la
contienda.
Tal y como dices surgen nuevas fuentes
documentales, a tu juicio todavía queda mucho material importante por
descubrir?
Creo que sí, especialmente en cuestiones relativas
a hechos bélicos relevantes que aún no tenemos claras. Sin ir más lejos con la
batalla del Ebro. Aspectos como la movilización de las tropas, la financiación,
el comienzo y el final todavía constituyen lagunas muy importantes.
‘Cómo terminó la Guerra Civil Española’ es
historia. Nada de ficción. Pero también hay literatura en sus páginas. Has
cuidado mucho la estructura del libro y así nos enseñas el final y luego, capítulo
a capítulo, muestras el camino que conduce hasta ese desenlace.
Creo que, tal vez por cuestión de la edad, me
interesa mucho la forma, el cómo se dicen las cosas y la manera de captar a
todos los lectores, no solo a los procedentes del mundo académico. Me gusta
armar una trama y darle narrativa, llegar a eso que los ingleses llaman alta
divulgación, que es lo más difícil. Es cierto que es el ámbito universitario
quien lleva a cabo la investigación, pero hay que ser capaces de hacerla llegar
a todo el mundo, a esas personas que están interesadas en el tema. A mí me
resultaría mucho más fácil escribir un artículo y soltar un rollo
incomprensible, que presentar un producto como este, mucho más elaborado,
utilizando un lenguaje sencillo, sin dar ciertas cosas por sabidas.
Leyendo
‘Cómo terminó la Guerra Civil Española’ no he podido evitar acordarme de los
hispanistas ingleses, que nos presentan unos libros de historia muy amenos y
bien documentados.
Totalmente de
acuerdo. Yo estuve allí en 2008 y aprendí mucho de ellos: cómo explicar las
cosas, cómo eliminar de la narración esos documentos que a los investigadores
nos pueden interesar mucho, pero no tanto a la gente. Esto entre nosotros
todavía se considera un poco herético, sabes? [Risas] Pero ya hemos conseguido
llevar la parte documental al final del libro, como un apéndice, y el que
quiera puede manejarlo allí.
Los
quintacolumnistas desarrollaron un papel importante durante la guerra civil.
Conocidas son sus acciones de espionaje/contraespionaje y sabotaje o sus ayudas
a personas que querían pasar al otro bando o refugiarse en algunas embajadas. Podemos
decir que su participación en el desenlace final de la guerra fue su «momento
estelar»?
Pienso que sí, porque en ese momento las personas
que formaron parte de la quinta columna, reorganizada tras recuperarse del
fracaso inicial del golpe militar, vieron como desde la batalla del Ebro sus
acciones estaban ya dirigidas por el Cuartel General de Burgos, con una
planificación militar muy importante, encaminada a preparar el día después.
Todo ello supuso un salto cualitativo muy importante que encontraremos después
a lo largo de la II Guerra Mundial.
El ejército golpista sistematizó
las acciones quintacolumnistas mediante la creación de un sistema de
información fuerte y bien dotado, al frente del cual colocaron a José Ungría.
Ungría fue elegido porque también era africanista como el mismo Franco?
Creo que sí,
porque aunque es un poco más joven que él, es de su misma escuela. Ungría pertenecía
al alto estado mayor, había estado en Alhucemas, en Servicios Especiales y en
el golpe militar de Madrid que fracasó. Cuando consiguió llegar a Burgos, lo
primero que hizo Franco fue nombrarle jefe de los servicios de información, que
Ungría reorganizó por completo, porque venía dispuesto a hacer la guerra, no
una carrera política. Como había trabajado desde los años veinte en
comunicaciones, embajadas y valija diplomática, le dio un vuelco muy notable a
lo que allí se encontró, de acuerdo con lo que había aprendido en Europa. Sus
conocimientos superaban con creces todo lo que tenían entonces sus enemigos, los
republicanos.
José Ungría
se formó durante un año en el Servicio de Información del ejército francés, que
parecía el más avanzado de su tiempo. Qué convertía la metodología de los
servicios secretos franceses en algo especial?
En la Escuela de Guerra, Ungría estuvo con De Gaulle,
y allí vio que ellos trabajaban el espionaje en profundidad, a diferencia del espionaje
de contacto, que en España estaría representado por Muñoz Grandes o el personal
de Marruecos. Era algo que también usarían después los alemanes, y consistía en
utilizar franjas horizontales de territorio de unos treinta kilómetros, con
independencia de donde se encontraba el frente, colocando su contraespionaje
incluso en lugares donde aparentemente no sucedía nada. Además de aprender esa concepción,
que él llamaba del frente al territorio, contaba también con la policía
política, propia del modelo alemán. A Ungría la Gestapo se le incrustó hasta
las trancas.
El Consejo Asesor era un órgano
encargado de controlar la información propia y la del enemigo, que interceptaban
y descifraban sin ningún problema. Para conseguirlo, captaron a todos los
oficiales republicanos que fue menester. Cómo conseguían atraerlos con tanta
facilidad?
Fue un trabajo gota a gota. Al ver sus ficheros te
das cuenta de que, cuando tuvieron claro que no entrarían en Madrid
frontalmente, reventaron su estrategia y comenzaron a preparar fichas de
militares republicanos que conocían, dedicándose a captarlos a través de la cartografía
y de lazos personales. Más adelante, trataron
de sembrar la división política entre ellos, porque a los militares
republicanos sus mandos los trataban como técnicos, algo que no les gustaba nada,
porque no podían dirigir la guerra. En la etapa con Negrín sembraron la
división y de este modo consiguieron separar a Casado, Miaja y al mismo Vicente
Rojo. Y al final, los rindieron prometiéndoles una amnistía. Hay que advertir
que a esas alturas de la contienda, los mismos militares republicanos eran
conscientes de que tenían la guerra perdida.
Conociendo
este panorama, es muy arriesgado afirmar que después de la batalla del Ebro
Franco acabó la guerra cuando quiso y que podía haberle puesto fin antes?
En absoluto.
Fue así. Tenían capacidad para ocupar Madrid y València a la vez, pero el coste
material era muy elevado. Por otro lado, precisaban del reconocimiento
diplomático de Inglaterra y Francia, que era un proceso lento, al mismo tiempo
que se mantenían dentro del eje alemán, un objetivo que para nada resultaba
fácil de conseguir.
Resulta
interesante comprobar la insistencia de Juan Negrín en continuar la lucha,
pensando que el conflicto bélico que se anunciaba inminente en Europa iba a
permitir que las democracias occidentales les apoyasen a ellos, tal y como
alemanes e italianos hacían con Franco. Me pregunto cómo no se daba cuenta de
que todo estaba perdido y de que Francia e Inglaterra iban a reconocer al gobierno
franquista de forma inminente.
En estos meses
finales de la guerra, Negrín carecía de información y de analistas. Solo
disponía de diplomáticos y políticos aislados. Él mismo también estaba aislado.
Entendía el escenario europeo al revés y luego, cuando remitía información, la
enviaba al descubierto, sin utilizar un lenguaje cifrado. Azaña, Besteiro y sus
propios militares le decían que, aunque estallase la guerra en Europa, la
situación de España no iba a cambiar. Creo que se puede rehabilitar la figura
de Negrín y afirmar al mismo tiempo que estaba equivocado, porque el escenario
europeo no caminaba por los derroteros que él creía. De todos modos este asunto
presenta una mayor enjundia de lo que parece a simple vista.
El ejército
nacional, el golpista, siempre llamó a su enemigo el ejército o el gobierno
rojos o, simplemente, los rojos. Por qué no utilizaron nunca la palabra
republicano para referirse a sus adversarios? Era su manera de ignorar la
existencia de la república?
Bueno, claro,
hacer eso era no reconocer a ese gobierno y su legitimidad. Todo esto, que
parece simple propaganda, responde a una estrategia muy clara desde el primer
momento y lo dejarán bien patente cuando los republicanos intenten negociar, arguyendo
que ellos eran el único gobierno y los republicanos una horda. «No negociamos con
vosotros porque no sois nada ya», les dirán. Esta postura, evidentemente, tendrá
enormes consecuencias a lo largo de la posguerra.
En los primeros
días de marzo de 1939, en Madrid se produjo un enfrentamiento entre el coronel
Segismundo Casado y los comunistas para concluir la lucha. Siempre se ha
hablado de traición dentro del bando republicano y de una ofensiva victoriosa
final del ejército golpista. Sin embargo, afirmas en tu libro que todo fue
producto de una estrategia cuidadosamente preparada por el Servicio de
Información franquista. Por qué se ha mantenido tanto tiempo en secreto este
hecho?
Nunca lo
terminaron de contar porque seguían activos. Cuando entraron en Catalunya ya
preparaban la ocupación de València. No eliminaron el servicio de información y
lo utilizaron durante la posguerra, mantuvieron en activo la red de información
del enemigo en su propio beneficio. Por otro lado, se impuso el relato
falangista de que no había habido ninguna negociación final, el discurso de que
fueron los de Acción Católica quienes la articularon dentro de Madrid.
Impusieron la versión del Partido Único, la de la Ofensiva Final, tapando todo
lo demás. A partir de 1940, el propio Ungría y los mismos católicos cayeron en
desgracia, acusados de monárquicos durante la II Guerra Mundial, algo que no he
incluido en el libro, porque en algún momento tenía que acabarlo. Y ese relato
quedó ahí, tapado. Nunca dijeron que emplearon el Servicio de Inteligencia,
sino que trabajaron la imagen de las concesiones y la magnanimidad del
vencedor.
No sé como
pudieron aducir magnanimidad y concesiones cuando Franco no retrocedió ni un
centímetro de su postura inicial de rendición incondicional, rechazando incluso
la mediación del Vaticano. Y así leemos en el libro que «la paz única posible es
la que llevarán nuestros soldados con
las armas en la mano hasta el último rincón de España».
[Risas] Es muy interesante porque ellos solo se
movían por la presión internacional y como al Vaticano no podían hacerle frente,
utilizaban la diplomacia y con los servicios de información creaban pantallas para
tapar. Actuaron siempre igual. Fue una dictadura militar desde el primer
momento. De hecho, unos integrantes del Partido Único, que habían constituido
en Madrid, se reunieron con Franco para acabar la guerra antes y los detuvieron
al salir de la reunión. Otra cosa interesante es que el 2 de febrero de 1939,
Negrín reconoció la derrota y planteó tres puntos para negociarlos con los
vencedores. Tres días después, le contestaron remitiendo sus condiciones para
la rendición, en un sentido contrario a lo propuesto por el presidente del
gobierno republicano. Estratégicamente fueron muy buenos, pero demostraron
carecer de cualquier tipo de empatía con nada civil. Y, por último, prolongaron
el hambre de la población, una rendición difícil de comprender.
[Risas] Es su escritorio del Cuartel General y hay
otra fotografía donde se ven los telegramas que le llegan para dar la impresión
de que Franco siempre estaba pendiente de todo lo que sucedía. Y sí, tiene la
imagen del Führer ahí, sobre su mesa, como si fuera una capilla. Desde luego la
fotografía es magnífica.
La I Guerra
Mundial terminó en un vagón de tren. La guerra civil lo hizo en un aeródromo,
dentro de una habitación sin ventanas, con una mesa y seis sillas, donde se
produjo una breve entrevista. Extraños espacios para acabar contiendas bélicas
tan dolorosas.
Ya sabes que
el otro vagón después fue reutilizado. Sobre la habitación del aeródromo del
final de la guerra civil hubiera estado bien conservarla. A mí me gusta mucho
la escena, porque es una alusión a algo que nunca hemos llegado a ver. Todo el
mundo conoce cómo terminan las guerras, pero aquí parece que no se sabe que
acabó en ese aeródromo, en dos entrevistas en las que no se observó el más
mínimo protocolo. Ni siquiera les dieron de comer a los republicanos, a pesar
de que a fin de cuentas los representantes allí reunidos, de uno y otro bando,
eran militares profesionales. «Iros que aquí no hay nada que hacer», les
dijeron.
Terminamos
volviendo al principio. Has tenido la fortuna de utilizar una documentación
inédita hasta ahora que, además, contiene anotaciones manuscritas del propio
Franco. Como historiador se siente una cierta emoción al disfrutar del
privilegio de ser el primer investigador que ha podido consultarla?
Mira que somos
frikis, pero he de decirte que cuando vi los telegramas con anotaciones de
Franco sí que tuve la sensación de estar manejando documentación valiosa.
Contemplar su propia caligrafía es importante y a través de sus notas te
transportas a aquel momento y corroboras, por ejemplo, que todo lo que pensaba
sobre los masones era real por completo. También ves los informes de Ungría y
de los militares hablando de cómo ellos veían la situación entonces. En los
archivos de Alemania que he visitado, ellos lo ven todo de un modo distinto y
cuentan las cosas de una manera bastante loca. Y nuestro trabajo ha de ser frío
y sistemático, aunque no siempre puedes lograrlo.
Herme Cerezo/Diario Siglo XXI
