Nº 711. Hace un par de veranos, en una plataforma digital
archiconocida vi ‘The Duke’, una película dirigida por el británico Roger
Michell, sobre el robo de un retrato del Duque de Wellington pintado por Goya y
expuesto en la National Gallery de Londres. Se basaba en un hecho real,
acaecido en 1961. La singularidad del caso y la peculiaridad de los motivos que
adujo, Kempton Bunton, el ladrón, un taxista de 60 años, para sustraer el
lienzo atraparon mi atención y mi interés con facilidad. De hecho, he vuelto a
verla un par de veces más. Mi interés rebrotó al descubrir que Ana Trigo,
tasadora de Arte, licenciada en Humanidades, especializada en Patrimonio
Histórico-Artístico, graduada en Derecho, escritora de ficción y también
ensayista, acababa de publicar ‘Ladrones de arte’, editado por Ariel, donde
junto con otros veintiocho relatos tropecé de nuevo con el robo del taxista inglés.
En ‘Ladrones de arte’, Ana Trigo da cuenta de las sustracciones más importantes,
acaecidas en el mundo artístico desde el Antiguo Egipto hasta la actualidad.
Entre sus poco más de trescientas páginas, encontramos las historias, en
realidad, verdaderas tramas detectivescas, que se esconden detrás de esos
golpes perpetrados tanto por ladrones especializados como por delincuentes
comunes. Y todo ello nos va a permitir descubrir que el tráfico de obras de
arte robadas se ha convertido en uno de los negocios más lucrativos y, tal vez,
menos conocidos del planeta. Fue a mediados del pasado mes de diciembre cuando
tuvo lugar nuestra entrevista a través del teléfono, ya saben, piloto rojo
encendido, y todo listo para conversar. La publicación de esta charla se ha
demorado a causa de la ola de gripe que nos invade. Los entrevistadores también
enfermamos. Qué le vamos a hacer! A menudo los designios de los dioses son
inevitables. E inesperados.
Ana, eres experta en arte, tasadora y escritora de ficción y ensayo,
qué te atrajo de este mundo para convertirlo en tu profesión?
Qué buena pregunta para empezar, aunque difícil de responder.
Cursé Humanidades con la especialidad de Patrimonio Histórico-Artístico porque
desde bien pequeña me atraía el arte. Recuerdo que mi tía tenía una colección
de piezas de plata y a mí, con tres o cuatro años, me gustaba ponerme a
limpiarlas con ella. Me encantaba mirar los cuadros y libros que había en su
casa. Pero no sabría decirte por qué me
gustaban. Es como si hubiera nacido con esa afición, porque yo provengo de un
medio muy humilde y en mi casa no había ni libros, ni cuadros, ni plata. La
suerte que he tenido después es que, tal vez porque me gusta tanto todo eso, se
me ha dado muy bien y gozo del privilegio de poder dedicarme a ello.