El pasado jueves por la noche se entregaron los Premis Alfons el Magnànim de literatura (poesía, novela y novela negra), en castellano y catalán, en el MUVIM de Valencia. Entre los ganadores dos amigos muy queridos: Antonio Gómez Rufo y Vicente Marco Aguilar (segundo y sexto desde la izquierda, respectivamente), uno de Madrid y otro de Valencia. Enhorabuena a ambos.Blog de literatura, entrevistas, libros, cómics, balonmano, recuerdos y otras cosas.
«Desde su agujero de arcilla escuchó el eco de las voces que lo llamaban y, como si de grillos se tratara, intentó ubicar a cada hombre dentro de los límites del olivar» (Jesús Carrasco, Intemperie)
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domingo, 14 de junio de 2015
El pasado jueves se entregaron los Premis Alfons el Magnànim 2015
El pasado jueves por la noche se entregaron los Premis Alfons el Magnànim de literatura (poesía, novela y novela negra), en castellano y catalán, en el MUVIM de Valencia. Entre los ganadores dos amigos muy queridos: Antonio Gómez Rufo y Vicente Marco Aguilar (segundo y sexto desde la izquierda, respectivamente), uno de Madrid y otro de Valencia. Enhorabuena a ambos.martes, 1 de mayo de 2012
Antonio Gómez Rufo rueda un docudrama titulado ‘El aprovechamiento industrial de los cadáveres’
Con esta experiencia, Gómez Rufo recupera una
vieja idea que, a lo largo del año 2007, fraguó con la complicidad de su amigo,
el fallecido director cinematográfico Luis García Berlanga. Berlanga, que había
puesto punto final a su carrera con la película ‘París-Tombuctú’, en cuyo guión
también participó Gómez Rufo, no quería volver a ponerse detrás de una cámara, pero siempre manejó la
posibilidad de rodar dos o tres cortometrajes, uno de los cuales, es éste que
termina de dirigir el escritor madrileño.
‘El aprovechamiento industrial de los
cadáveres’ es un cortometraje cargado de ironía y de plena actualidad, rodado
bajo la apariencia de un reportaje, como los que vemos diariamente en la
pequeña pantalla a cargo de los servicios informativos de cualquier cadena
televisiva. El docudrama hereda de Berlanga esa capacidad para plantear
situaciones extremas que, resulten verosímiles y, en ningún caso, imposibles, y
aúna la visión berlanguiana de la sociedad con la ironía que caracterizaba al
genial director valenciano. El planteamiento argumental es sencillo: la muerte
como despilfarro ha llegado a su fin. La crisis general, así como las
necesidades de conservación y supervivencia del planeta, precisan de soluciones
imaginativas y útiles. Unas soluciones en marcha que aún no se han hecho
públicas y de las que se avanzan sus contenidos como si se tratara de un
reportaje especializado, técnico, “a fondo”.
domingo, 13 de marzo de 2011
Antonio Gómez Rufo, escritor: “En ‘La abadía de los crímenes’, el sentido del humor impregna todo el relato”
Herme Cerezo/SIGLO XXI, 14/03/2011
“El amor es como el agua, que si no se agita se pudre, recordaba doña Leonor mientras se cubría el rostro con un pañolito de seda y encajes para protegerse del polvo del camino. Y a veces amor y sufrimiento eran la misma cosa, qué paradoja. Era posible que para los hombres no fuera de ese modo, al menos que no lo fuera para él; pero así lo sentía ella ahora”.
Así comienza ‘La abadía de los crímenes’, última novela del escritor Antonio Gómez Rufo (Madrid, 1954), editada por Planeta, una historia de intriga, amor e investigación policíaca, ambientada en la época de Jaime I, forjador del momento de mayor esplendor de la antigua Corona de Aragón. La entrevista, realizada en el Hotel Astoria de Valencia, comenzó de un modo un tanto extraño, ya que Gómez Rufo se apoderó de la cámara fotográfica y empezó a trazar con ella primeros planos a diestro y siniestro, entre ellos uno del que esto suscribe, imagen que, obviamente, no verá la luz en esta página. El escritor madrileño ha sido un habitual de la novela histórica, como lo prueban sus anteriores títulos ‘La leyenda del falso traidor’, ‘El secreto del rey cautivo’ o ‘Los mares del miedo’, una estructura literaria que utiliza como pretexto para revestir los temas que más le preocupan: el amor, la mujer, la muerte...
“El amor es como el agua, que si no se agita se pudre, recordaba doña Leonor mientras se cubría el rostro con un pañolito de seda y encajes para protegerse del polvo del camino. Y a veces amor y sufrimiento eran la misma cosa, qué paradoja. Era posible que para los hombres no fuera de ese modo, al menos que no lo fuera para él; pero así lo sentía ella ahora”.
Así comienza ‘La abadía de los crímenes’, última novela del escritor Antonio Gómez Rufo (Madrid, 1954), editada por Planeta, una historia de intriga, amor e investigación policíaca, ambientada en la época de Jaime I, forjador del momento de mayor esplendor de la antigua Corona de Aragón. La entrevista, realizada en el Hotel Astoria de Valencia, comenzó de un modo un tanto extraño, ya que Gómez Rufo se apoderó de la cámara fotográfica y empezó a trazar con ella primeros planos a diestro y siniestro, entre ellos uno del que esto suscribe, imagen que, obviamente, no verá la luz en esta página. El escritor madrileño ha sido un habitual de la novela histórica, como lo prueban sus anteriores títulos ‘La leyenda del falso traidor’, ‘El secreto del rey cautivo’ o ‘Los mares del miedo’, una estructura literaria que utiliza como pretexto para revestir los temas que más le preocupan: el amor, la mujer, la muerte...
lunes, 6 de diciembre de 2010
Antonio Gómez Rufo, escritor: “Las tres novelas de ‘El manantial de los silencios’ continúan estando plenamente vigentes"
Herme Cerezo/SIGLO XXI, 09/12/2010
Antonio Gómez Rufo (Madrid, 1954) necesita poca presentación. Su trayectoria como escritor, gestor cultural y guionista es más que conocida. Novelas como ‘Los mares del miedo’, ‘La leyenda del falso traidor’, ‘Balada triste en Madrid’, ‘La noche del tamarindo’; guiones para las películas ‘Todos a la cárcel’ y ‘París-Tombuctú’ y para la serie ‘Blasco Ibañez, la novela de su vida’, escritos conjuntamente con Luis García Berlanga, recientemente fallecido; y galardones literarios como el Premio Fernando Lara por ‘El secreto del rey cautivo’ o el Ducal de Loeches por ‘El señor de Cheshire’ le avalan sobradamente. Y ha sido precisamente ahora, después de más de cinco lustros dándole a la tecla, cuando un grupo de catedráticos de universidad han decidido realizar un estudio, detenido y pormenorizado, sobre tres de sus obras anteriores, ‘Las lágrimas de Henan’, ‘El alma de los peces’ y ‘Adiós a los hombres’, reuniéndolas en un solo volumen titulado ‘El manantial de los silencios’, editado por Alfaqueque Ediciones.
Antonio Gómez Rufo (Madrid, 1954) necesita poca presentación. Su trayectoria como escritor, gestor cultural y guionista es más que conocida. Novelas como ‘Los mares del miedo’, ‘La leyenda del falso traidor’, ‘Balada triste en Madrid’, ‘La noche del tamarindo’; guiones para las películas ‘Todos a la cárcel’ y ‘París-Tombuctú’ y para la serie ‘Blasco Ibañez, la novela de su vida’, escritos conjuntamente con Luis García Berlanga, recientemente fallecido; y galardones literarios como el Premio Fernando Lara por ‘El secreto del rey cautivo’ o el Ducal de Loeches por ‘El señor de Cheshire’ le avalan sobradamente. Y ha sido precisamente ahora, después de más de cinco lustros dándole a la tecla, cuando un grupo de catedráticos de universidad han decidido realizar un estudio, detenido y pormenorizado, sobre tres de sus obras anteriores, ‘Las lágrimas de Henan’, ‘El alma de los peces’ y ‘Adiós a los hombres’, reuniéndolas en un solo volumen titulado ‘El manantial de los silencios’, editado por Alfaqueque Ediciones.
sábado, 4 de diciembre de 2010
Antonio Gómez Rufo presentó ayer en Valencia 'El manantial de los silencios'.
A eso de de la 20.00 horas del 3 de diciembre, en La Casa del Libro del Passeig de Russafa de Valencia, Antonio Gómez Rufo presentó su libro 'El manantial de los silencios', una recopilación de tres anteriores novelas suyas ('Las lágrimas de Henán', 'Adiós a los hombres' y 'El alma de los peces'), efectuada por un grupo de catedráticos y expertos en la obra del escritor madrileño. En el acto intervinieron también la crítica Anika Lillo (gobernanta del blog literario 'Anika entre libros'), el actor Sergio Villanueva, el dueño de la editorial Alfaqueque, que ha publicado este grueso volumen, y el escritor Alfons Cervera. Próximamente en EL ECO DE LAS VOCES podrán leer una entrevista con el propio Antonio Gómez Rufo.
| Un momento de la presentación del libro de Gómez Rufo |
sábado, 5 de septiembre de 2009
Antonio Gómez Rufo, escritor: "Creo en la fortuna, no en el destino"
Herme Cerezo / SIGLO XXI, 20 de febrero de 2008
"Uno de los hombres más ricos de la Tierra se enfrenta a la mayor encrucijada que el destino y la ciencia sometieran a ningún mortal. ¿Salvaría la vida de su hijo a costa de la muerte de otros niños? Síndrome de Morris, ¿puede la belleza matar? ¿Puede el dinero comprar más tiempo de vida? Cambio climático ¿qué nos depara el futuro en la Tierra? ¿Por qué los gobiernos no permiten a la Ciencia avanzar en la curación de enfermedades mortales? ¿Sigue siendo el amor el mejor refugio del ser humano? ‘La noche del tamarindo’, una novela que responde a éstas y a otras preguntas. Un thriller apasionante, fundamentado en investigaciones sobre los últimos avances en biología genética, repleto de acción que recorre los escenarios más lujosos y exóticos del mundo. Una novela de gran magnetismo que no dejará indiferente al lector. ‘La noche del tamarindo’, la nueva novela de Antonio Gómez Rufo".
Todo lo que antecede es lo que reza el vídeo promocional con el que la editorial Planeta acompaña las presentaciones de la última novela de Antonio Gómez Rufo, Madrid, sin fecha de nacimiento (otro escritor que escapó a los tentáculos del Registro Civil), en la que ha invertido los tres últimos años.
¿Qué te movió a escribir ‘La noche del tamarindo’?
El origen de mi novela está en esa pregunta que nos hacemos todos al llegar a los cuarenta: si a los veinte años hubiera sabido todo lo que sé ahora, ¿mi vida habría sido la misma? Mientras rumiaba la respuesta, me daba cuenta que mis amigos comenzaban a sentir temor al paso del tiempo, a envejecer, a las primeras arrugas, a los michelines. Todo eso junto me incitó a reflexionar y a escribir.
¿Crees que los españoles nos preocupamos tanto por esos temas?
Sin duda. Mira, en España, hace dos años, se efectuaron medio millón de operaciones de cirugía estética. Parece que la apariencia externa se está convirtiendo en algo esencial y que nos estamos olvidando de las cosas realmente importantes.
Pero el protagonista de tu historia, Vinicio Salazar, que acaba de ver morir a su hija, no utiliza la cirugía con fines estéticos, sino con otros objetivos: prolongar su vida, variar su destino.
Mi protagonista tiene muchisimo dinero y, efectivamente, decide emplearlo en eso que dices. Para lo cual no duda ni un instante en fingir su muerte, desaparecer y crearse una nueva identidad, sin reparar en medios e introduciéndose en una espiral de asesinatos y locura. La ciencia actualmente dispone de muchos medios para este tipo de cosas. Y eso únicamente está al alcance de la gente con dinero.
El destino, siempre presente en tus novelas.
En general, en toda mi obra literaria el destino siempre está presente. Y es porque yo no creo en él, sino en la fortuna. Para los griegos el destino es algo inevitable y que no se puede combatir. Para los latinos, sin embargo, la fortuna se la labra cada cual por sí mismo. Es lo que uno puede trastocar, aunque parezca inevitable que vaya a suceder. Si tú pones algo de tu parte, puedes variar el resultado, cambiar tu fortuna. Yo me siento más latino que griego en esto.
Pero el destino acaba imponiendo su ley, ¿no?
El protagonista de la novela cree que el destino le va conduciendo y yo pienso que el individuo siempre ha de luchar contra lo que presume inevitable. Otra cosa es que venza o que sepa que va a salir derrotado por lo que le rodea: por el amor, por la muerte, por lo que sea ... Pero el valor principal del ser humano es la lucha. Que consiga vencer o no es otro tema, entre otras cosas porque muchas veces ello depende de factores externos a nosotros.
Y tu protagonista termina rindiéndose.
Vinicio Salazar llega un momento, el momento de la verdad, cuando está solo en su habitación, en que arroja la toalla porque sabe que no va a vencer. Es rico y lo tiene todo, pero se da cuenta de que en el fondo es infeliz, porque no se encuentra a gusto consigo mismo. Y entonces piensa que es como un tamarindo, cuyas hojas por la noche se cierran y dejan desnudo el tronco que es la verdad, la cruda realidad.
Por lo que cuentas, Vinizio Salazar se antoja un personaje tremendamente humano.
Sí, claro, él siente lo mismo que nosotros, que no somos capaces de pararnos a pensar que en el mundo donde vivimos a casi ninguno nos falta nada de lo básico. Y nos sentimos infelices porque no conseguimos aquello que es suntuario: un coche más potente, un pantalón de marca, una casa más grande. La insatisfacción nos la provoca la carencia de cosas superfluas.
‘La noche del tamarindo’ está construida con una estructura que nunca decae: el thriller.
Llámalo thriller o como prefieras, pero yo he intentado contar mi historia construyendo una trama de acción, de amor, de aventuras, de viajes, de lujos y otras muchas cosas más. Creo que mi novela tiene muchos valores añadidos y pienso que es mi mejor obra hasta el momento.
Pero también tiene otros valores.
Yo no soy un escritor de mensaje, pero escribir ‘La noche del tamarindo’ sí me ha servido para mi vida personal. Y si consigo que le sirva a algún lector, a uno solo, mi objetivo estará cumplido. Repito que los seres humanos somos capaces de cambiar nuestro destino, siempre y cuando estemos reconciliados con nosotros mismos. En mi novela están las preguntas que yo me formulé antes de escribirla y que espero que los lectores se formulen a sí mismos durante su lectura.
Habrás tenido que documentarte lo tuyo ¿no?
Me ha llevado tres años escribirla y el primero estuvo íntegramente dedicado a documentarme. Toda novela del siglo XXI que se precie, debe contener cosas actuales: el cambio climático, biogenética, los avances de la ciencia, transplantes de órganos, etcétera. Son cosas con las que nos desayunamos todos los días. Yo he tenido la fortuna de tropezarme con gente que me ha ayudado y explicado muchas cosas para mi libro.
Tus personajes, a lo largo de la novela, experimentan sensaciones fuertes, de alto voltaje, ¿cómo has podido relatarlas con tanta precisión?
Mientras la escribía, sentí la necesidad de sugestionarme, utilizando el Método Stanislawski, y meterme en la piel de los personajes. Por ejemplo, en mi casa tengo una pistola de juguete y como en la novela hay una escena de suicidio, me la introduje en la boca para ver qué se sentía. Así descubrí que, entre otras cosas, la boca percibe el frío
del cañón y que la lengua se retrae. Después me senté al ordenador y escribí estas sensaciones.
del cañón y que la lengua se retrae. Después me senté al ordenador y escribí estas sensaciones.
Pero eso es llevar las cosas al último extremo.
Puede ser, pero es por el bien de la novela. A veces, los escritores llegamos a un estadio casi de manicomio y por eso hacemos estas cosas. Además yo intento que el lector que va a leer la novela comprenda que lo hay dentro es verdad, aunque sea ficción. Las emociones hay que transmitirlas con un verismo total.
Destacan también algunas frases muy interesantes en el libro, como: "la mirada no tiene cirugía" o "morir es el único cóctel verdaderamente exclusivo, nadie puede beber ese brebaje por otro", Antonio, ¿cómo consigues estas frases tan rotundas?
Escribo desde las once de la noche hasta las cinco de la mañana. Luego duermo y después salgo. Y cuando salgo, cuando convivo con otros, cuando viajo, yo aplico el oído. Creo que soy un buen escuchador. Por las conversaciones de los demás me entero de qué cosas les preocupan e interesan y de cómo piensan. Y de ahí salen esas frases. Luego me limito a transcribirlas al teclado. Soy un poco cotilla, lo reconozco, pero es que yo creo que ése es mi trabajo como escritor.
Terminamos, Antonio, realmente ¿te sientes recompensado o no con ‘La noche del tamarindo’?
Creo que jamás escribiré otra novela como ésta. Me lo he pasado muy bien y muy mal mientras la escribía. Después de ella no debería volver a escribir nada más, pero sé que dentro de unos cuantos meses empezaré otra. Seguro.
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