En un pequeño y tranquilo pueblo de la
Mallorca rural, Marc y su padre pasan meses
haciéndose compañía mutuamente.
Rodeados por el silencio y la belleza de la montaña, viven atentos al proceso de
la quema de las encinas, sacrificando el sueño en una especie de vigilia sin
fin. Pero ese remanso de paz queda truncado el día que la muerte irrumpe en sus
vidas, arrebatándoles brutalmente a uno la madre y al otro la mujer. A grandes
rasgos este es el punto de partida de ‘El carbonero’, escrita por Carlos Soto
Femenía. Editada por Destino el pasado mes de septiembre, la novela se ha
convertido en una de las atracciones literarias del último trimestre de 2016.
Carlos, siempre
que entrevisto por primera vez a un escritor, mi primera pregunta suele ser la
misma o parecida: ¿qué significa para ti escribir?
La más difícil. No sé bien qué responder. A
veces doy una respuesta y a veces otra. No tengo una razón para escribir. Es
una pulsión. Una necesidad. No sabría vivir sin hacerlo, creo que ésa es la
mejor forma de explicarlo. Podría decir que escribo porque no me gusta lo que
veo, como ya se ha dicho por ahí. No me gusta lo que veo, pero ése no es el
motivo por el que escribo. La imaginación no me da descanso. Ella es la
culpable. Si fuera un órgano, sería mi órgano más desarrollado.
| Foto: Toni Salort |
¿Cómo surge la
idea de esta novela o cuál es la imagen o la frase que actuó como disparador
para escribirla?
La idea de una novela siempre surge, en mi
caso, de una imagen. La imagen que dio pie a El carbonero fue la estampa de un
niño, hijo de carbonero, perdido durante meses en la Sierra de Tramontana. La
belleza de la Sierra, y el tiempo en soledad ante esa belleza, entendí que
merecían una novela. Aunque la primera idea, llegó a raíz de un artículo de
prensa, en el que un carbonero mayor, e hijo a su vez de otro carbonero,
aseguraba haber ejercido el oficio hasta hacía apenas treinta años.
¿’El carbonero’
está basado en un hecho real?
Nunca me ha gustado basar una novela en un
hecho real (otra cosa es que un hecho real sirva de catalizador para una idea o
una imagen). O nunca he encontrado uno que yo, y mi ficción, pudiéramos
enriquecer. La vida real es difícilmente superable; y si no se va a escribir
algo que mejore el hecho real, para qué convertirlo en ficción.
En una entrevista
reciente, el escritor Hipólito G. Navarro decía que para escribir solo
precisaba poner la primera frase y dejarse llevar sin saber a dónde. ¿Te
apuntas a esta tendencia o te aferras a un guión rígido y lo observas escrupulosamente?
Soy del primer grupo. Si la creación no
deparara sorpresas, no escribiría. El trabajo que requiere una novela no
quedaría compensado. Trato de seguir unas líneas generales, pero nunca me ciño
escrupulosamente a ellas. A veces, lo hago muy someramente. Los personajes
cobran vida y autonomía casi de inmediato y hay que dejarles hacer. Es una mala
idea, amordazar a un personaje. Repercute en su naturalidad. La trama también
se va construyendo a sí misma, aunque es más manejable que un personaje.
