«Desde su agujero de arcilla escuchó el eco de las voces que lo llamaban y, como si de grillos se tratara, intentó ubicar a cada hombre dentro de los límites del olivar» (Jesús Carrasco, Intemperie)
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sábado, 2 de abril de 2016

‘El libro de los viajes equivocados’ de Clara Obligado. Imposible permanecer indiferente ante esta propuesta narrativa.

Tuve la suerte de entrevistar a Clara Obligado en marzo de 2015. ¡Ya pasaron doce meses, horror! Fue uno de los mejores momentos literarios del año pasado. Acudió a Valencia para presentar su libro ‘La muerte juega a los datos’, un volumen de relatos que puede leerse como novela o una novela que puede leerse como relatos. Lo que prefiera el consumidor. Justo ahora, también en marzo, pero de 2016, cae en mis manos la reedición que Páginas de Espuma acaba de efectuar de uno de sus títulos anteriores, ‘El libro de los viajes equivocados’, con el que la escritora bonaerense afincada en Madrid («afincada en Madrid», tres palabras enormemente manidas) conquistó el Premio Setenil de 2012. No es preciso criticar o reseñar siempre libros recién salidos del horno. De vez en vez parece recomendable y, además, apetece, escribir unas cuantas líneas sobre piezas que ya tienen algún tiempo. Y eso es lo que me dispongo a hacer a continuación.

Ya en los preliminares de ‘El libro de los viajes equivocados’, la propia Clara Obligado aconseja «a quienes los lean [se refiere a los cuentos que integran el volumen] que lo hagan en el orden en el que aparecen, ya que esconden un texto más amplio, que necesita de este recorrido». Es interesante su recomendación y, sin duda, de obligado de cumplimiento. Las historias se complementan unas con otras, tejiendo una arquitectura subterránea que las interconecta, y ciertos personajes e hilos argumentales atraviesan los once textos (‘El azar’, ‘Las dos hermanas’, ‘Monedas de oro’, ‘Frío’, ‘Madison, los puentes de’, ‘El silencio’, ‘Así que eso era el amor’, ‘Agujeros negros’, ‘La escritura’, ‘Albania’ y ‘La espiral admirable’) que componen la obra. La caracola, que lo inaugura  con ‘El azar’, igualmente lo cierra con su presencia en ‘La espiral admirable’. Quizá en esta circunstancia también haya algo de los viajes que alude el título: punto de partida, punto de llegada.

domingo, 1 de marzo de 2015

Clara Obligado, escritora: “Me interesa básicamente la forma. El fondo me viene solo”

Es sábado por la noche y Valencia, irremediablemente, ya huele a pólvora. Como cada
marzo. No sé si seré capaz poner punto final a esto que empiezo a teclear y que pretende ser reseña, crítica y entrevista a la vez. Quizá mi intento no sobrepase la etiqueta de experimento. Ja veurem. Lo cierto es que ha pasado por mis manos el mejor volumen de ficción de los que llevo leídos a lo largo de 2015. Su título: ‘La muerte juega a los dados’. Su autora: Clara Obligado.  
Por su textura, lo que han manejado mis manos durante los últimos tres o cuatro días es un libro. Tiene letras, páginas, cubiertas, un título y una editorial que lo respalda, Páginas de Espuma. Pero quizá mejor sería denominarlo de otro modo. En mi mente baila la palabra artefacto, pero tras consultar el DRAE, que lo define  como “Obra mecánica hecha según arte”, compruebo que no cuadra del todo, aunque sea por poco. Pero como me suena bien la palabra prefiero quedarme con ella y asociarla a este libro de cuentos. ¿De cuentos? No está tan claro. Entonces, ¿qué? ¿Novela? Pues sí y no. O sea, que mejor artefacto. 
El artefacto ha sido bautizado de modo brillante como ‘La muerte juega a los dados”. El título surge, al parecer, de una frase de Albert Einstein que figura al comienzo del volumen. Sin embargo, en la página ciento veinticinco nos la tropezamos, íntegra, emergiendo de la boca de Amalia, la esposa del detective O’Brien, encargado de dar solución al asesinato o suicidio, muerte al fin, de Héctor Lejárrega, que se narra en el primer cuento del libro, ‘Un cadáver en la biblioteca’, titulado así en homenaje a la escritora británica Agatha Christie, novela protagonizada, creo recordar, por Miss Marple. Semejante nombre, el de la muerte y los datos, no podía defraudar como tampoco defrauda el cuento citado, porque Miss Marple era la abuela metomentodo encargada de encajar en un puzle inverosímil las pistas que ella o la policía iban encontrando en el devenir de sus pesquisas, hasta resolver el enigma criminal en cuestión. Y algo parecido ocurre en el libro de Clara Obligado. La escritora argentina suministra pistas al lector a través del resto de relatos hasta comprometerle a participar en la construcción del libro. 
Para introducirse en los textos, Obligado propone dos alternativas: una lectura lineal de los cuentos o una lectura efectuada a discreción por parte del lector. En ambas posibilidades, y según me explicó la propia autora cuando la entrevisté hace unas fechas, el resultado siempre será el mismo, porque los relatos presentan puntos en común que son los que proporcionan la posibilidad de construir la historia en su totalidad. 
El meollo de la cuestión radica en dinamizar el caletre, cuestionándose si lo que estamos leyendo, como decía antes, es un libro de cuentos o una novela. Libro de cuentos es, porque cada relato, aunque alguno como ‘Interferencias’ tiene a mi juicio clara vocación de capítulo de novela, funciona de modo autónomo, es decir, posee su propio sentido y conclusión. Pero al mismo tiempo observa también una cierta dependencia de los demás. Una novela podría serlo, porque los cuentos giran en torno a una narración policiaca y una saga familiar que se extiende a lo largo de tres generaciones y porque el primer cuento destapa la caja de los truenos, mientras que el último, ‘Verano’, la cierra. Por lo tanto, ‘La muerte juega a los dados’ se mueve en un territorio difuso, fronterizo, que nos lleva a plantearnos si las diferencias entre el género del cuento y el de la novela, son tantas y tan profundas como parecen ser a priori. Si a esto le añadimos la utilización de un lenguaje mestizo con vocablos mexicanos, argentinos y del castellano peninsular, completamos un panorama al menos singular, sin olvidar en ningún momento que los cuentos, argumentalmente, transitan por el género romántico, por el criminal, por el relato de época y por el surrealista, y que también rezuman un innegable toque de autoficción, dosificado a lo largo de la obra. Con todo esto, que es mucho, sólo echo a faltar un “dramatis personae” para completar este complejo cuadro.
¿Comprenden ahora lo de artefacto del principio?