«Desde su agujero de arcilla escuchó el eco de las voces que lo llamaban y, como si de grillos se tratara, intentó ubicar a cada hombre dentro de los límites del olivar» (Jesús Carrasco, Intemperie)
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miércoles, 8 de febrero de 2023

Elvira Navarro: «La memoria de cada persona tiene un componente de ficción»

Nº. 650.- Calle de la Paz. Se adivina una jornada agradable en la ciudad de València. Pasan unos minutos de las diez de la mañana del día de Sant Blai, Elvira Navarro acude a nuestra cita en el hall del Hotel Vincci Lys. Pelo largo sobre los hombros, suéter rosa, falda morada, sonrisa amable. La tarde anterior había tenido lugar la presentación de su nueva novela, ‘Las voces de Adriana’ (Random House), en la librería Ramón Llull con buen éxito de público. En su nueva entrega, la protagonista se interroga acerca de cómo se reordena el mundo tras la muerte de su madre, un duelo que se acentúa con el cuidado de su padre, convaleciente de un reciente ictus. Adriana se ha convertido en una espectadora de la vida y en una tímida consumidora de app de citas, que solo consigue incrementar su estancamiento. Los fantasmas del pasado acechan, irrumpen en su existencia a través de las voces de su madre y de su abuela y del recuerdo de la casa de pueblo − estancias, sonidos, vacíos, olores − en la que vivió buena parte de su infancia y juventud. Mientras esperábamos que nos sirvieran dos cafés con leche, el piloto rojo de la grabadora terminó de desperezarse, comenzó a brillar y a registrar nuestras palabras. 

Elvira, contaba Vargas Llosa en una entrevista reciente que, en una ocasión, caminaba por París con Julio Cortázar. Durante la conversación, el escritor argentino le dijo: «Esta tarde tengo que escribir ‘Rayuela’ y no sé qué va a pasar». ¿Te sucede a ti algo parecido?

Me ocurre lo mismo, sí. Nunca tengo claro hacia donde voy, sobre todo cuando el libro está en ciernes y también cuando lo llevo medianamente desarrollado. Además, soy bastante caótica, porque no escribo la novela unitariamente sino que estoy trabajando sobre un tema y de ahí surgen varias ramificaciones. Una vez que tengo la sensación de que ya ha escrito todo lo que quería escribir, hago un trabajo de montaje. Pero en ese momento el libro es algo informe todavía. ‘Las voces de Adriana’, por ejemplo, llegó a tener trescientas páginas y le quité la mitad porque quedaba un Frankenstein. Así que, cuando ya tuve clara la línea de la narración, lo desmonté y lo volví a montar.

Sé que a ti eso de los géneros no te importa mucho. ‘Las voces de Adriana’ es una novela en la que has incluido prosa, poemas, diálogos, relatos cortos... ¿En una novela cabe de todo?

Pues en esta novela desde luego que sí. Han cabido relatos y algo parecido a poemas, pero quizá en todas las novelas no suceda igual. Si lo pensamos genéricamente, la novela es un género que se presta a contener en su interior múltiples formas o diversos estilos, pero siempre pensando que lo que incluyas ha de funcionar dentro del libro.

miércoles, 27 de febrero de 2019

Elvira Navarro: «Mientras escribo me siento desasosegadamente feliz»


Nº 562.- Barrio de Russafa. La fachada, cinco alturas, conjuga colores blanco yO’clock. El cielo está raso y el sol, lentamente, inicia su retiro. La escritora Elvira Navarro (Huelva, 1978), tejanos y suéter azul marino, acude a nuestra cita. Sentados en los sofás del hall y alentados por la luz que atraviesa el cristal de uno de sus laterales, comenzamos a charlar sobre su nuevo libro, ‘La isla de los conejos’, publicado por Penguin Random House, un volumen de once relatos que transmite inquietud, misterio y desasosiego al lector.
salmón, verticales. Es un edificio sobrio, antiguo, de toda la vida, ahora restaurado y convertido en el Hotel Petit Palace. Ocupa un amplio chaflán. Cada día, cada noche, la línea 7 de  autobuses urbanos bordea su puerta principal. Son las seis de la tarde.
De ‘Los últimos días de Adelaida García Morales’ a ‘La isla de los conejos’, o lo que es lo mismo, de la novela al cuento, ¿por qué ese viaje, ese cambio?
En realidad, no es tanto cambio porque la novela sobre Adelaida García Morales iba a ser el relato que cerrase este volumen. Sin embargo, se me fue de formato y me descompensaba el libro. En la novela ya había, por llamarlo así, una deriva fantástica que se encuadraba perfectamente en el ambiente común de los restantes cuentos.
Elvira, ¿afrontas igual la escritura de un cuento que la de una novela?
Me cuesta bastante menos escribir un cuento. Una vez que tengo la pulsión de escritura definida y la idea clara, lo escribo rápido sin conocer el final. Sin embargo, para cada novela escribo mucho más de lo que termino publicando, ya que me gusta  quitar, ir al hueso de la historia y eso requiere tomar decisiones y un enorme trabajo. Soy una persona muy desordenada, le doy muchas vueltas a la estructura hasta que la encuentro.

martes, 20 de diciembre de 2016

Elvira Navarro: «Mi novela es una ficción, y por tanto lo que construye son meras posibilidades»



Foto cedida por Random House
‘Los últimos días de Adelaida García Morales’ de Elvira Navarro, editada por Random House, es una de las novelas recientemente publicadas que más ha llamado la atención en 2016, al tiempo que ha suscitado una cierta polémica. Adelaida fue una de las escritoras más misteriosas del panorama cultural hispano de las últimas décadas. La celebridad alcanzada por alguno de sus libros, ‘El Sur’, adaptado al cine por su exmarido Víctor Erice, y ‘El silencio de las sirenas’, junto con el mutismo en el que se sumó la autora en los últimos años de su vida, contribuyó a ese misterio. En 2014, falleció sin apenas hacer ruido, casi en el anonimato. ‘Los últimos días de Adelaida García Morales’ es el relato, en clave de ficción, de los días que precedieron a la muerte de la escritora y su desencadenante fue la noticia de que acudiera a la delegación de Igualdad de un ayuntamiento sevillano para pedir cincuenta euros que precisaba para visitar a su hijo que vivía en Madrid. Elvira Navarro ha utilizado dos planos, dos historias paralelas, para alumbrar esta breve novela que apenas sobrepasa las cien páginas.
Elvira, es la primera vez que te entrevisto, así que esta pregunta es obligatoria; ¿qué significa para ti escribir?
Te diría que es una necesidad expresiva no traducible a otros modos de expresión, y un mandato vital que no se sabe muy bien de dónde viene, o al menos así lo siento yo, y que es irrenunciable le pese a quien le pese, incluida yo misma.
Además de escritora, también te has desempeñado como editora en la editorial Caballo de Troya, ¿se ve muy distinta la literatura desde un lado, el de escritora, y otro, el de editora? ¿Son compatibles ambas funciones?
No se ve demasiado distinto, aunque yo doy talleres de escritura y buena parte de mi trabajo consiste en corregir (editar) los textos de los participantes de los talleres, así que quizá esta circunstancia me ha impedido ver la diferencia en cuanto al trabajo artesano con el texto. Sí hay una diferencia abismal, en cambio, si lo miramos desde la perspectiva de la creación, por más que montar un catálogo o aconsejar al autor tenga una vertiente creativa. Pero ya no se trata ahí de mi universo, sino del de otros autores y autoras.
¿De dónde procede tu fascinación por Adelaida García Morales que ha propiciado la escritura de tu última novela?
Adelaida García Morales era la propuesta de lectura para estudiar la narrativa contemporánea de mi manual de literatura de COU. En ese contexto casi canónico, me sorprendió encontrarme con una autora que no me sonaba de nada, y la asumí como alguien que estaba ya a las puertas de la gloria literaria. Su desaparición posterior me resultó muy enigmática. Además, cuando era más joven me producían una gran inquietud las desapariciones inexplicables, o que yo juzgaba como tales. Por otra parte, me gustó mucho su escritura en ‘El Sur seguido de Bene’ y ‘El silencio de las sirenas’ por lo que tiene de quiebre con la convención a la que llamamos realidad. En aquel momento (te hablo de la Elvira de hace veinte años) también me sedujo que no sonara castiza. Como buena española, me he criado en el odio hacia lo español. En el complejo de inferioridad cultural. Ahora ya estoy curada de eso.