«Desde su agujero de arcilla escuchó el eco de las voces que lo llamaban y, como si de grillos se tratara, intentó ubicar a cada hombre dentro de los límites del olivar» (Jesús Carrasco, Intemperie)
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domingo, 11 de mayo de 2014

‘Antología del microrrelato español (1906-2011)’ de Irene Andrés-Suárez. Génesis, evolución y ejemplarización del microrrelato.

Bajo los diferentes nombres de microrrelato, microcuento, minificción, minicuento, relato hiperbreve, microfiction o flash fiction se esconde un género nuevo - no lo es tanto porque acarrea a sus espaldas una historia de más de cien años - , que se ha abierto un hueco entre el cuento y la novela dentro del panorama literario, un hueco tan notable que, como señala Irene Andrés-Suárez autora de esta ‘Antología del microrrelato español (1906-2011)’, editado por Cátedra, no sólo ha conquistado al público lector sino también al académico, que le ha dedicado numerosos congresos y publicaciones.

Según Irene Andrés-Suárez, un microrrelato es “un texto literario en prosa, articulado en torno a dos principios básicos: hiperbrevedad y narratividad”. Además, el texto ha de narrar una historia “porque no hay microrrelato sin un sujeto actor y sin una acción sustentada  en un conflicto y en un cambio de situación aunque sean mínimos”.  Sobre su extensión hay discrepancias sin alcanzar consenso. Desde quien opina que un microrrelato ha de sumar apenas unas pocas líneas hasta quien piensa que su extensión puede alcanzar las tres páginas. Una característica que destaca sobre las demás es su naturaleza elíptica,  especialmente importante en un género en el que lo que se sugiere y presupone tiene un peso mayor que lo que se dice o enseña. Por otro lado, al escritor de microrrelatos lo que le importa es no el desarrollo del conflicto, “sino el momento climático de la historia del protagonista”, lo que implica una fuerte tensión narrativa. Eso obliga a una enorme capacidad de síntesis que, unida a la característica elíptica de los microrrelatos anteriormente aludida, requiere la colaboración del lector, ya que este ha de estar dispuesto a rellenar esos huecos con su propio bagaje cultural. Por lo tanto, nos encontramos ante un género muy participativo.