Herme Cerezo

Recién digeridos los turrones y el champán, el marisco, los polvorones y el jamón de Jabugo (quien se lo haya podido permitir), con la crisis a cuestas, la subida del gas, el precio de la gasolina – del que nadie dice nada y que alcanzó cotas insospechadas hace tiempo para no bajar nunca más –, el incremento del recibo de la luz – ¿la explicación esa del café se la cree alguien? –, la prohibición de fumar en casi todas partes – ¿van a dejar de prohibirnos algo? –, la jubilación pospuesta – ¿a quién le importa que la gente lleve trabajando treinta o cuarenta o cincuenta años y tenga ganas de disfrutar de un merecido descanso? – y todos los incrementos y nuevos impuestos, que mentes torticeras urdirán a lo largo de 2011 para jorobar al personal un poco más – obviamente, no quería escribir jorobar, pero es políticamente más correcto, mis improbables lectores –, quizá sea un buen momento para tomarnos un receso y distraer nuestra existencia de un modo algo más económico. Me estoy refiriendo a la posibilidad de tomar carrerilla, respirar hondo y cobrar nuevas fuerzas, “renovato impetu”, se decía en latín, para afrontar lo (o la) que se nos viene encima con la ayuda de algunos libros. Por este motivo, se me ha ocurrido preparar un manojo de títulos que pueden interesarles y que, desde luego, contribuirán a que su mente divague por derroteros menos duros que la realidad que nos aguarda, un día tras otro, a la vuelta de la esquina. Son obras, en algunos casos, bastante alejadas de lo que suelo leer habitualmente pero que, por algún motivo, han llamado mi atención.