Valencia, 1486. Tras la muerte de sus padres en extrañas circunstancias, la joven Irene Bellvent se pone al frente de En Sorell, el hospital al que su familia ha dedicado toda la vida con la intención de seguir atendiendo a los más desfavorecidos de la ciudad. Las leyes, sin embargo, conspiran en su contra: como mujer se le considera incompleta e incapaz de hacer nada por sí sola, de modo que está obligada a encontrar un marido para poder llevar adelante sus planes. Pero esta evidente cortedad de miras, propia de la época, y la misoginia imperante no son los únicos problemas a los que Irene deberá enfrentarse. Ni tampoco las deudas que acosan al hospital. Apresuradamente, este es el argumento de ‘La llama de la sabiduría’, la nueva novela de Juan Francisco Ferrándiz, publicada por Grijalbo.
Una frase, “¿Tienen alma las mujeres?”, que aparece en la primera línea del capítulo ‘Prima lectio’, fue la desencadenante del deseo irrefrenable de escribir este relato en el escritor de Cocentaina. Ferrándiz se preguntó cómo era posible que el pensamiento humano llegase a admitir semejante duda, semejante forma de pensar…“He investigado mucho sobre la condición femenina y no comprendo cómo hemos pasado de una sociedad matriarcal a una patriarcal. A Parménidas, padre de la filosofía occidental, lo educaron unas diosas en el interior de una cueva; en el Génesis, antes de ser expurgado, se afirmaba que el mundo lo creo Dios y la Sabiduría, la Sabiduría era un elemento femenino; en el cristianismo primitivo había una teoría sobre la Trinidad en la que el Espíritu Santo era una mujer. Sin embargo, al llegar el concilio de Trento el espíritu femenino desapareció sin dejar rastro. Este interrogante sobre cómo hemos podido llegar a tal razonamiento es lo que me hizo escribir la novela”.

