«Desde su agujero de arcilla escuchó el eco de las voces que lo llamaban y, como si de grillos se tratara, intentó ubicar a cada hombre dentro de los límites del olivar» (Jesús Carrasco, Intemperie)
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jueves, 29 de diciembre de 2022

Nuria Barrios: «Si una traducción es buena, el lector recorre el libro de forma plácida, sin obstáculos ni reparos»

Fotografía: Asís G. Ayerbe 
La escritora madrileña, galardonada con el XIII Premio Málaga de Ensayo,
describe en ‘La impostora’ sus sensaciones y experiencias dentro del oficio de traductora, un territorio literario, atractivo e interesante, pero no exento de dificultades.  

Nº 646.- Algunos afortunados tienen la posibilidad de leer libros directamente en la lengua vernácula de sus autores. Otros no. Sin embargo, todos leemos libros traducidos de otras lenguas, gracias al trabajo de ciertas personas que, habitualmente, habitan en el limbo de lo invisible. Me refiero a  los traductores. Sin duda ninguna, la calidad de esas lecturas depende de la implicación de los traductores en su tarea, de cómo intercalan su voz entre el escritor en lengua foránea y el lector en lengua castellana.  Las editoriales les contratan, revisan su trabajo, les pagan y pasan página. Ellos, entonces, regresan a sus cuarteles de invierno, a su invisibilidad. Luego su nombre, aunque parece que esta situación ha cambiado un poco, aparecerá escrito, casi con disimulo, en las primeras páginas del libro traducido. La escritora Nuria Barrios, traductora entre otros de Benjamin Black, Premio Príncipe de Asturias 2014, aprovechó el tiempo de reclusión impuesto por la pandemia para interrogarse acerca de su trabajo como traductora. De esta manera surgió su ensayo ‘La impostora. Cuaderno de traducción de una escritora’, publicado por Páginas de Espuma, donde aborda las cuestiones específicas de este oficio literario, porque traducir también es hacer literatura, y desvela sus entresijos, sus lugares ocultos, sus interrogantes. ‘La impostora’ fue galardonada, además, con el XIII Premio Málaga de Ensayo. Sobre todo ello, un martes de diciembre, por añadidura día trece, pude conversar con la escritora madrileña a través del teléfono. Abajo, en la avenida, los villancicos desaforados de un cantante callejero, acompasados por el ritmo machacón de un piano automático y un platillo limosnero, amenizaron, por así decirlo, nuestra charla. 

Nuria, hasta ahora habías publicado poesía, relatos y novelas, ¿cómo surge la idea de escribir este ensayo?

Siempre he dicho que, en cada obra mía, no soy yo quien decido si voy a escribir novela, poesía, relato o lo que sea. Yo no funciono así. Aquello sobre lo que me dispongo a trabajar determina la forma en la que quiere ser contado. En concreto, el tema de este ensayo surgió a partir del confinamiento por la pandemia, que para mí, entre otras muchas cosas que marcaron estos meses, significó tener una sensación de incertidumbre provocada por no saber a qué virus nos enfrentábamos, ni cómo sería el mañana, ni si podría volver a ver a mis padres, ni hacia dónde irían las relaciones humanas… Ante todas esas incertidumbres llegó un momento como de iluminación, en el que me di cuenta de que esa misma sensación ya la había notado la primera vez que me enfrenté a una traducción. Esa percepción de perder mi propia lengua, de haber perdido el español y estar extraviada por el mundo, me hizo caer en la cuenta de que escribir sobre la traducción sería la herramienta que me permitiese abordar la incertidumbre. Todas las piezas casaron y vi que mi voz iba a ser un ensayo literario, en el que hablaría por primera vez desde el yo, aunque no se trataba de un yo cerrado, acotado a mi biografía, sino un yo más amplio, casi como un médium, un espejo que permitiera que todos los que lo leyeran pudieran sentirse reflejados en él.   

En ese sentido, ¿‘La impostora’ tiene mucho de desahogo o de exorcismo/catarsis para ti?

Sin duda, tiene el sentido no de catarsis, porque el final de una catarsis conlleva sanación y no creo que ninguna obra literaria tenga valor terapéutico para ello, pero sí posee el sentido de iluminación, de poner luz en la tiniebla. No hay cura ni solución, pero sí investigación, exploración y descubrimiento.  

Sería, más o menos, como un saber dónde estoy, ¿no?

Sí, es un saber dónde estoy y qué hay en torno mío. Muchas veces la incertidumbre es una niebla y la escritura, como herramienta, se comporta como los faros antiniebla de un coche, que permiten aclarar y ver a través de esa bruma aunque no la disipe. 

sábado, 8 de febrero de 2020

Nuria Barrios: «En ‘Todo arde’ lo destructor y lo catártico van de la mano»

Fotografía Daniel Mordzinski
Nº 598.- ‘Todo arde’ es el título de la nueva novela de Nuria Barrios (Madrid, 1962). Editada por Alfaguara, ‘Todo arde’ es la historia de dos hermanos, Lolo y Lena. Lena, veinticinco años, está enganchada al crack y la heroína. Lolo, dieciséis años, es muy joven. Con la inconsciencia y la nobleza de su edad, decide ir en busca de su hermana, que lleva mucho tiempo desaparecida de casa. Sin dudarlo, viajará al poblado chabolista, donde Lena compra droga y parece vivir. En tan solo veinticuatro horas, en tan solo una noche, Lolo tratará de convencerla para que regrese al hogar familiar. Paralelamente, en el poblado discurre una lucha entre dos clanes, los Culata y los Tiznaos, y la búsqueda de un cachorro pitbull, que pertenece al jefe de uno de ellos. Como buena escritora de paso, Nuria Barrios se acercó por València para presentar su novela. Recién descendida del AVE, conversé con ella durante unos minutos. Faltaba una hora para el mediodía. Lo que sigue a continuación es lo que registró la grabadora, murmullo de platos, tazas, cucharillas y discurrir de trolleys incluidos.
Has publicado novela, cuentos, poesía, artículos, traducciones… ¿por qué escribe Nuria Barrios?
La escritura es mi forma de relacionarme con el mundo, con los demás y conmigo misma.
¿Buscaste la historia que dio origen a ‘Todo arde’ o te encontró ella a ti?
Conocía los poblados chabolistas de venta de droga desde hacía tiempo y siempre me habían parecido un escenario muy potente. Pero me parecían solo eso, un escenario, aunque también sabía que, antes o después, encontraría la forma de utilizarlo. Todo era cuestión de esperar la historia adecuada, que se fue gestando poco a poco. Entonces comprendí que los poblados son un trasunto actualizado del Hades griego, un reflejo especular. Coincide en cómo describen los griegos el inframundo, las almas de los muertos, que eran tipos grises y vacíos, la visión de Caronte, el que cruzaba la laguna Estigia con los muertos, que en la novela son los conductores que llevan a los yonquis al poblado para que compren droga. Fue así como descubrí que quería contar una historia de amor y salvación y por ahí empezó a rodar todo.

sábado, 18 de abril de 2015

Danny Boy song

El libro de cuentos 'Ocho centímetros' de Nuria Barrios tiene algo que ver con esta canción popular irlandesa, que podéis escuchar aquí, si os place, en versión a capella del grupo Celtic Woman, grupo irlandés fundado en el año 2004 e integrado por Mairéad Carlin, Susan McFadden, Lynn HIlary y la violinista Mairéad Nesbitt.



A continuación inserto la letra, inglés y castellano, para el que tenga interés en leerla. Su autor es Frederic Edward Weatherley y fue compuesta en 1910. También se le conoce con el título de 'Derry Air'. 

Danny Boy

Oh Danny boy, the pipes, the pipes are calling
From glen to glen, and down the mountain side
The summer’s gone, and the roses falling
‘Tis you, ’tis you must go and I must bide.
But come ye back when summer’s in the meadow
Or when the valley’s hushed and white with snow
‘Tis I’ll be here in sunshine or in shadow
Oh Danny boy, oh Danny boy, I love you so.

And when you come, and all the leaves are dying
If I am dead, as dead I well may be
You’ll come and find the place where I am lying
And kneel and say an “Ave” there for me.
And I shall hear, tho’ soft you tread above me
And all my grave will warmer, sweeter be
For you will bend and tell me that you love me
And I shall sleep in peace until you come to me.

[Traducción castellana]

Oh, Danny Boy, las gaitas, las gaitas están llamando
de valle a valle, y bajo la ladera de la montaña
El verano se ha ido, y las rosas van cayendo
Eres tú, debes irte y yo debo aguardar.
Pero regresa cuando el verano esté en la pradera
O cuando el valle esté silencioso y blanco con la nieve
Yo estaré aquí haga sol o haga sombra
Oh, Danny Boy, oh Danny Boy, Te quiero tanto.

Y cuando vengas, y todas las hojas mueran
Si estoy muerta, como bien podría ser ,
Tú vendrás a encontrar el lugar donde estoy yaciendo
Y de rodillas dirás un “Ave” para mí.
Y lo escucharé, por muy suave que pises sobre mí,
Y toda mi tumba será más cálida, más dulce,
tú te inclinarás y me dirás que me amas
Y yo dormiré en paz hasta que vengas a mí.

Nuria Barrios, escritora: “Con mis cuentos solo pretendo contar, no advertir, ni tampoco criticar”.


¿Qué separa el dolor de la felicidad? Sobre esta frase parecen planear los once cuentos que integran el volumen ‘Ocho centímetros’ de la escritora Nuria Barrios, editado por Páginas de Espuma. Son relatos duros, Javier Goñi los califica “como minas antipersona”, que hablan de esos aspectos dolorosos de la vida a los que el ser humano da la espalda al menor descuido. El temor a reconocer su existencia, inevitable porque forma parte del juego, gobierna su camino. Sobre estos cuentos, y alguna cuestión colateral, tuve la oportunidad de conversar con la escritora madrileña hace unos días, en uno de los córners de la cafetería del Hotel Astoria de Valencia bajo una luz indiferente y pálida. ¿La hora? La primera de la tarde, la del bostezo y la siesta. También la del café. 
Nuria, eres novelista, poeta y cuentista, regresas ahora al territorio de lo breve, del cuento.
Jamás hago las cosas preconcebidas. No ha sido una decisión consciente. Creo que muchas veces el ambiente que me envuelve y lo que bulle en mi cabeza, sin que yo me dé cuenta, es lo que me incita a escribir. En este caso me encontraba inmersa en un libro de poesía y después de un tiempo escribí el primer relato, ‘La palabra de Dios es extendida’. Al leerlo me di cuenta de que me estaba moviendo en el mismo campo que los poemas que llevaba entre manos. Cambié, seguí por esa nueva senda y cuando los acabé vi que lo que deseaba contar resultaba mucho más eficaz en forma de fogonazos, que es como funcionan los cuentos.

miércoles, 15 de abril de 2015

¿Qué tienen en común estas dos personas?


Él se llama Benjamin Black o John Banville o Benjamin Banville o John Black, tanto monta. Ella  es Nuria Barrios. Él termina de publicar una nueva novela de la serie del forense Quirke titulada 'Órdenes sagradas'. Ella ha hecho lo propio con un libro de relatos que lleva por título 'Ocho centímetros'. Él escribe para Alfaguara y ella para 'Páginas de Espuma'. A él, en ocasiones, le da por convertirse en otro escritor. A ella, no. Nuria también compone poemas. Benjamin, que yo sepa, no. Si quieren averiguar lo que ambos tienen en común cojan el último libro de Benjamin Black, ábranlo y échenle un vistazo sin demasiada prisa. Sin duda, encontrarán la repuesta. Si además lo compran, disfrutarán de una excelente lectura. Seguro.