Nº 640.- La tarde del 12 de agosto de 1979, los hermanos Nicolás y
Hugo Cadavid Freire y la pequeña María Blanca Suances Díaz desaparecen en una
localidad del Baixo Miño. La niña es encontrada a la mañana siguiente dentro de
una cesta de mimbre en la orilla opuesta del río sin recordar nada de lo
ocurrido. Pese a una intensa búsqueda, los cuerpos de los dos niños nunca
aparecieron. Veinticinco años después el hallazgo de unos restos óseos en un
yacimiento arqueológico apunta a que se trata de los dos hermanos
desaparecidos. A partir de entonces, Blanca y el periodista Lois Lobo inician
una compleja búsqueda para descubrir qué sucedió entonces. Esta es la trama, la
intriga, sobre la que se asienta la nueva novela de Susana Fortes, titulada
‘Nada que perder’, publicada por Planeta. Escrita en primera persona, en su
trasfondo palpitan los ecos de la Transición, del contrabando y de la memoria
recobrada. Fue un martes de septiembre, no importa cuál, cuando conversé con la
escritora gallega, en la cafetería de un hotel del centro de València. La
grabadora, después de tanto tiempo, ya conoce su oficio y no tardó el piloto
rojo en emitir la señal de partida para nuestra charla. Empezamos.
Del Londres de 1955, que aparecía en ‘Septiembre puede
esperar’, has pasado a la Galicia de finales del siglo XX y comienzos del XXI
en ‘Nada que perder’. Susana, ¿cómo se cruza esta historia contigo? ¿La
buscaste o te llegó?
Se me cruzó como todas las demás. A mí me gusta hacer cosas
nuevas. Eso que dicen que los escritores escribimos siempre la misma novela me
infunde terror. Es verdad que somos reconocibles por nuestro estilo, pero esto
de repetirse en un terreno donde te encuentras cómodo no me va en absoluto. Es
muy probable que esta historia surgiera en un viaje que hice con mis hermanos
para celebrar el cumpleaños de mi madre a la zona del Baixo Miño, donde ella
había vivido. De niña había estado allí, pero en esta ocasión me impactó mucho.
Es un paisaje imponente con el monte de Santa Tecla, donde hay un antiguo
poblado romano, que ya estaba ocupado desde la Edad del Bronce. Recordé que mi
abuela me había contado historias de niños desaparecidos, algo que me había
impresionado siempre. Y fue allí donde empecé a imaginarme una furgoneta entre
los pinos, una pista forestal, una mochila, unos niños, los veranos de finales
de los años setenta… A partir de ahí fui tirando del hilo y salió esta
narración.
‘Nada que perder’ recuerda a la serie televisiva ‘True
Detective’ o a la película ‘Matar un ruiseñor’, ¿hay algo de homenaje al cine
en tu novela?
Es inevitable que en todas mis novelas haya referencias al
cine y a los libros. Escribes con tus vivencias personales, tus recuerdos y con
todo lo que has visto, leído y oído. Además de los títulos que has citado
también aparecen ‘La Odisea’ y los libros de ‘Los Cinco’. Por supuesto que no se
trata de ningún canon literario, pero eso es lo que leíamos entonces. En la
novela también ocupa un lugar importante la película ‘Flashdance’, que me
recuerda los tiempos del colegio cuando hacíamos gimnasia rítmica y bailábamos su
banda sonora. La protagonista era una soldadora metalúrgica, que siempre iba en
bici y que por la noche bailaba. Ese icono se me quedó ahí para siempre.
Precisamente, ‘Nada que perder’ va a ser llevada a las
pantallas, no sé si en formato de serie o de película, ¿qué sensaciones te deja
ese proyecto?
Sí, va a ser llevada a una serie, pero espero que tarde un
poquito aún. Quiero que la gente lea antes el libro, porque a mí me gusta que
los lectores aten cabos, respiren el ambiente e imaginen los paisajes por sí
mismos. Me molestan mucho los libros demasiado explicativos, que te
proporcionan tanta información y son tan notariales, que no dejan hueco para
que el lector ponga un poco de su parte. Antes que nada me siento una lectora y
como tal quiero que me consideren un ser inteligente y reclamo ese espacio. En
consecuencia, al escribir, procuro hacerlo así.
Aunque eso de poner etiquetas cada vez resulta más complicado
por la hibridación de géneros, ‘Nada que perder’ parece un thriller con protagonistas
muy potentes. ¿Te interesan más los personajes o la peripecia?
Sí, es un thriller algo atípico. Al final creo que los
géneros son una convención y que los utilizamos para hablar de nuestras
angustias y de cómo nos manejamos en la vida. Es verdad que los autores de
novela negra, como los escritores nórdicos o Benjamin Black, me gustan mucho,
porque siempre cuentan algo más. Sin embargo, cuando se limitan a organizar un
crucigrama con el que resolver un enigma, me saben a poco. Me interesa especialmente
cuando detrás de todo hay una filosofía y una construcción de los personajes. Si
ellos no importan y no se analiza todo lo que les sucede, pues, apaga y vámonos.