«Desde su agujero de arcilla escuchó el eco de las voces que lo llamaban y, como si de grillos se tratara, intentó ubicar a cada hombre dentro de los límites del olivar» (Jesús Carrasco, Intemperie)

sábado, 1 de agosto de 2009

'Los libros arden mal', última novela de Manuel Rivas



‘Los libros arden mal’, último título publicado por Manuel Rivas, no es otro libro más en su carrera literaria. Pensar eso sería ningunear al autor y a su obra. No. ‘Los libros arden mal’ es el estallido de algo que ya se venía anunciando en ‘¿Qué me quieres, amor?’, ‘La mano del emigrante’ o ‘El lápiz del carpintero’. Es como si Rivas (A Coruña, 1957) se hubiese subido a la Torre de Hércules y, con la mano puesta en la frente, a modo de visera, hubiese mirado atrás, observando la senda recorrida, el tiempo transcurrido que ya es mucho, porque el escritor gallego, en esto de juntar palabras anda metido desde los 15 años, cuando comenzó a trabajar como "meritorio", bonito término para su "Gabinete de Curiosidades", en el diario ‘El Ideal Gallego".



‘Los libros arden mal’ es el libro del 2007, aunque se publicase a final de 2006. Es una suma de relatos, de cuentos, que se entretejen, que se mezclan, que huyen de la habitual estructura capitular. Los personajes entran y salen, luchan, sufren, se alegran, se frustran, envejecen y mueren a lo largo de este extenso periodo que arranca en el año 1881 y llega hasta nuestros días, con especial incidencia en el periodo de la Guerra Civil o mejor dicho, luego veremos el porqué, en la Posguerra gallega. Galicia, siempre presente en los textos de Rivas: la Galicia de los emigrantes, de los maestros, de los campesinos, de los boxeadores, de los jueces, de los muchachos, de los marineros...

‘Los libros arden mal’ es un libro que requiere dosificación. Sus seiscientas diez páginas reclaman un modo especial de lectura. No se puede beber de golpe, aunque la historia, las historias que contiene y sus personajes (Polca, Curtis, Ó, Gabriel, Leica, Dez, Samos, el abuelo Mayarí, Pinche, Chelo Vidal, Luis Terranova, Arturo da Silva ...) nos reclaman continuamente, ¡ven, ven, léeme, escúchame, mira lo que ocurre!, sino de modo pausado. Porque si de algo están repletas estas páginas es de matices, de sabores, de juegos de palabras, de semántica, de etimologías. Es un texto que se revuelve sobre sí mismo, que te obliga a bucear en su interior y, lo que también es importante, te incita a buscar otras fuentes documentales, a rascar en la memoria colectiva de los últimos setenta años de este país, llamado España. Para no olvidar, para aprender... para no meter la pata de nuevo.



‘Los libros arden mal’ es un libro de tesis doctoral, que merece la disección paciente de un forense de las letras, un texto que marcará una época para una generación de lectores. Como dijo hace unas semanas Alfons Cervera, en su sección ‘Fahrenheit 451’ de la Cartelera Turia de Valencia, "seiscientas diez páginas irrenunciables, esponjosas" que hay que leer sin saltarse ni una sola.



‘Los libros arden mal’ habla de libros quemados durante la Guerra Civil. Al comienzo, hay una foto ilustrativa, un auténtico disparador literario para el cerebro privilegiado de alguien como Manuel Rivas, en la que se observa a un grupo de fascistas en el puerto de A Coruña, agosto de 1936, procediendo a una quema de libros. Incinerar libros no es un tema nuevo en literatura, ni en la vida. ‘Fahrenheit’ 451, ‘El nombre de la rosa’ o el mismo ‘Quijote’ ya nos hablaron de esto. Pero sin duda, esta quema cala más hondo, porque nos pilla mucho más cerca: es nuestra. Y nos duele que se quemen libros, porque quemar un libro es eliminar un trozo de nosotros mismos, de nuestra historia, reciente y pasada, es arrojar al autor en la hoguera del desprecio, del odio, del olvido.


‘Los libros arden mal’ merecía una reseña especial, extensa, donde se conjugaran las palabras de quien escribe esta reseña, las mías, con las del propio autor del libro. Y la tiene, porque el pasado 21 de febrero, miércoles de ceniza ― todo un simbolismo, toda una premonición, ¿toda una coincidencia? ― tuve la oportunidad, gozosa, de poder charlar con Manuel Rivas sobre su obra. Y éstas fueron mis preguntas. Y sus respuestas.



ENTREVISTA: Manuel Rivas, escultor de palabras



- En ‘Los libros arden mal’, ¿qué te interesaba más: la quema de los libros o recuperar la memoria de la Guerra Civil?Son dos cosas conectadas. Existe desde luego un impulso de recuperar la memoria porque la literatura debe acudir a zonas de penumbra, de vacío, a rescatar ese cráter que se formó en España durante gran parte del siglo XX. Pero el impulso decisivo es un desasosiego que va más allá del episodio histórico, un desasosiego que había ido germinando en obras anteriores y que yo afronto directamente aquí.


- ¿Era muy conocida esta quema de libros en Galicia?Yo diría que en mi tierra, el noventa y nueve por ciento de la gente la desconocía. Fue una auténtica sorpresa cuando apareció el libro, porque A Coruña es una ciudad muy culta e ilustrada y fue como si no se lo creyeran. Sabían que durante la Guerra Civil y la Posguerra se habían vivido situaciones duras, difíciles, pero ignoraban que en sus plazas se hubiesen quemado libros. Se generó un sentimiento de vergüenza.


- Y ¿por qué ese afán por quemar libros?En todas las quemas de libros, los protagonistas no son gente inculta o descontrolada, no. Son gente que sabe lo que hace. Por ejemplo, la quema de libros producida en Berlín en 1933 fue algo totalmente intencionado, donde estuvieron presentes los catedráticos de universidad que no se habían exiliado. Ellos mismos participaron arrojando cada uno un libro a la hoguera. En los regímenes totalitarios, la razón para quemar libros estriba en que encarnan a la humanidad librepensadora. Y aquí se produce un fenómeno curioso, porque es la propia gente apasionada por los libros, la que desea poseerlos, quien en un momento determinado, en lugar de defender el Humanismo encabeza la barbarie. Es un poco lo que ocurre hoy, cuando se confunde la máscara de la cultura con la cultura de verdad.En tu libro, llama poderosamente la atención la saña con la que se persiguió a Santiago Casares Quiroga y su biblioteca.


- ¿Cómo puede el ser humano albergar tanto odio hacia una persona?Yo creo que por eso escribes estos libros. Son odios inexplicables, que sobrepasan el límite de lo humano. No se conformaron con eliminar físicamente a la persona sino que, además, deseaban borrarla del registro civil, arrancando la página donde constaba la fecha de su nacimiento. Mientras lo escribía, me hice esa misma pregunta y el propio Casares Quiroga también se la hizo. Creo que es una psicopatía, pero lo más duro es que situaciones como ésa formaron parte de la "normalidad" de entonces. Ese tipo de disparates u otros, como encerrar libros en un calabozo, cerrar la puerta y guardar la llave, entonces ocurrían. Había alguien que daba la orden, otro alguien que la cumplía y un tercero que custodiaba la llave. Por desgracia, además, no son periodos excepcionales en nuestra historia, sino bastante frecuentes.


- En todas tus obras otorgas una gran importancia a las palabras.
Totalmente. Si me apuras mucho a elegir entre el qué y el cómo, te digo que me quedo con el cómo, porque para mí la escritura es un ejercicio de expresión estética, un compromiso con el trabajo artístico a través de las palabras. Y eso conlleva una ética, porque donde había vacío, nace algo nuevo.


- Tu forma de escritura recuerda a los escultores.Me apasiona la idea de Roland Barthes de que llega un momento en el que el lenguaje forma parte de ti mismo, de tu propio cuerpo. En lo que estoy trabajando ahora, trato de llevar eso al límite, porque el lenguaje forma parte de nuestra personalidad, no es algo neutro. Tenemos que sacar las palabras que llevamos dentro.


- ¿Cómo fue el proceso creativo de ‘Los libros arden mal’?Primero yo tuve el libro dentro y después él me tuvo a mí. Empecé con mucho ímpetu, pero luego, digamos que fue el mismo libro quien me empujó. En la actividad de escribir, que no es una actividad racional, aunque tampoco irracional, actúan al mismo tiempo el sentir y el pensar. En ese sentido, escribir sería un proceso sentipensante, como diría Couto. En la novela hay dos hemisferios: uno, el dramático, del que formarían parte el repartidor de Biblias (qué curioso que en un país católico como España, el difusor de la Biblia sea un protestante), los maquis y los campos de concentración; el otro hemisferio sería el del deseo, el deseo de los personajes por sobrevivir, su capacidad para crear espacios de felicidad clandestina, sus conversaciones, ver las cosas. El libro creo que tiene una simetría entre la pulsión de la muerte y la del deseo.


- Observo que, aunque sois de generaciones distintas, hay una similitud estética entre escritores como Saramago, Lobo Antunes y tú mismo. ¿Podríamos hablar de una escuela literaria galaico-portuguesa?Ahora que lo apuntas, puede ser que esto tenga su origen en la tradición oral. Cuando yo busco los orígenes de mi escritura, mis fuentes, me sitúo mucho en la memoria oral. Cuando me preguntan por libros que me han influido, les digo que pienso más en historias escritas en el aire que no en títulos concretos, aunque, claro, también me atrae la literatura escrita: Miguel Torga, Juan Rulfo, Valle-Inclán... Pero que quede claro que al citar a estos autores, ellos no tienen la culpa de lo que escribo yo (risas, ojos francos, mirada abierta).


- ¿Qué necesita una novela para tirar del lector?Lo que da fuerza a una historia, a una novela, son los personajes. Puede ser muy dramático el periodo que eliges, como es el caso de la Guerra Civil, pero si los personajes no transmiten esa verosimilitud y carecen de personalidad propia, la cosa no funciona. La novela empieza a existir cuando ves hablar a los personajes, cuando escuchas lo que dicen, cuando te sorprendes por lo que están diciendo. A veces te disgustas por lo que oyes, pero tienes que dejarlos, seguirlos. Hay que estar en vigilia, alerta a lo que sucede, a lo que hablan. A partir de ahí el texto sigue por sí mismo y tú no debes forzar nada, sólo ver qué ocurre.


- Para finalizar, ¿en Galicia hubo Guerra Civil o "Posguerra Civil"?En Galicia lo que hubo fue una carnicería, una guerra sin trincheras. Había ganado las elecciones el Frente Popular, existían sindicatos fuertes con una gran tradición; las cigarreras de Coruña fueron las primeras en organizar una huelga, como lo cuenta la Pardo Bazán en ‘La Tribuna’; la República había puesto en marcha un mundo alternativo de bibliotecas y centros culturales, cuando sobrevino el golpe. La gente salió a la calle, una auténtica marea humana, a pedir armas. Pero los gobernadores consideraron que no era necesario, que tenían garantías suficientes de que no habría guerra. Y luego vino una cacería humana.



Herme Cerezo


Entrevista publicada en SIGLO XXI, el 26 de febrero de 2007

domingo, 26 de julio de 2009

César Argilés, ex-seleccionador nacional de balonmano: "A lo largo del Mundial, Alemania mantuvo un equilibrio en todas sus facetas atacantes"

El Mundial de Balonmano de Alemania ya es historia. Han transcurrido dos semanas desde que los alemanes se alzaron con el título en el Kolnarena, tras vencer a Polonia por 29-24, ante diecinueve mil enardecidos seguidores. ¡Deutschland, Deutchsland! Catorce días se nos antojan un tiempo suficiente para extraer conclusiones sobre lo acontecido.
Para ello, las palabras de César Argilés, el seleccionador de balonmano masculino que pasó el testigo del equipo nacional a Juan Carlos Pastor, constituyen sin lugar a dudas una buena piedra de toque, una opinión de referencia, una invitación a la reflexión. Al abrigo de los volúmenes que habitan las estanterías de la Casa del Libro de Valencia ― la lectura es otra de sus devociones ― y detrás de una taza de café, el técnico mallorquín respondió a nuestras preguntas.


¿Cómo llegó César Argilés al mundo del balonmano?Yo era jugador de básket y un día faltaba un jugador en el equipo de balonmano del colegio de Jesuitas y me escogieron a mí. Comencé de central y acabé de extremo.Y ¿por qué entrenar?Estaba preparando oposiciones a notarías y alguien me dijo que fuera a entrenar al Marcol juvenil. Era una forma de tener algún dinero sin pedir a mis padres y acepté. De ahí pasé al colegio de Agustinos, donde coincidí con una promoción brillantísima de jugadores que, a la vez formaban parte del Valencia C.F. Nos proclamamos Campeones de España y eso fue el envenenamiento total.



Luego la enseñanza
Sí, en el propio colegio de Agustinos, me vieron aptitudes para la docencia y me contrataron con horario completo. Evidentemente mis oposiciones notariales pasaron a mejor vida.



Después de muchos años sobre las pistas, bien dirigiendo clubes, bien dirigiendo la selección española en sus distintas categorías, ¿sigues vinculado al balonmano?
Sí, claro, estoy vinculado porque formo parte de la Escuela Nacional de Entrenadores donde imparto la asignatura de sistemas defensivos. Además a lo largo del año doy cursos y conferencias sobre nuestro deporte en otros países, tales como Argentina, Chile o Mozambique.



Y ¿cómo está el balonmano en esos lugares?
En Sudamérica, el balonmano tiene una presencia escolar enorme, más que aquí, mas que el fútbol incluso. Esta presencia es lo que se entiende como enseñanza en un aula clásica, porque el fútbol utiliza otros medios, los espacios abiertos, eso que allí llaman los potreros. Pero el hockey sobre hierba femenino y el balonmano masculino tienen una enorme implantación. El profesorado de los centros escolares, y eso es una ventaja, está muy vinculado a la enseñanza de los deportes. En África, concretamente en Mozambique, un país que habla portugués y donde resultan fáciles las transferencias idiomáticas con el castellano, también tiene fuerza. Mira, si hay alguien con un balón que envenene a los chavales, el balonmano es un deporte muy atractivo para ellos, porque oferta el gol de modo indiscriminado, que es lo que más les gusta. No hay misiones predeterminadas como en el fútbol, todo el mundo defiende, todo el mundo puede hacer goles.


Imagino que has visto el Mundial de Alemania, ¿has echado de menos tu presencia allí?
Claro que lo he visto, pero no lo he echado en falta en absoluto. Después de la Olimpiada hice cruz y raya y tal vez me haya alejado algo más de la cuenta de la competición, pero creo que es la única manera de integrarte en otros campos de la vida.



Pues analicémoslo un poco. Alemania se ha llevado "su" campeonato.
La selección alemana mostró un juego muy aguerrido, ha encontrado un central moderno, con capacidad no sólo de penetración sino también de lanzamiento, y a lo largo del Mundial mantuvo un equilibrio en todas sus facetas atacantes. Si observamos su juego, los alemanes han conseguido goles prácticamente desde todas las posiciones y en defensa han exhibido el nivel de dureza que se les ha permitido. Luego, como ya es conocido, siempre caen cuatro regalos a favor del equipo de casa. Lo mismo hubiera ocurrido con cualquier otro país organizador.



En algún momento, con Alemania en superioridad numérica, les vi defender en nueve metros, como si "atacasen al atacante", valga la redundancia.
Sí, es el concepto actual de la defensa. No está todo en amagar, fintar, jugar al esgrima o salir a los impares, realmente la fortaleza de una línea defensiva en la guerra medieval consistía en una línea de mayor profundidad. En ese sistema defensivo, la única dificultad estriba en evitar la circulación de los extremos por detrás de la barrera, lo que en definitiva es el juego de la guerra.


El triunfo alemán ¿es la demostración de que la Bundesliga es la mejor liga del mundo o simplemente es la victoria de su forma, agresiva y férrea, de entender el juego?
Un poco de todo y sobre todo es un triunfo del público. A veces se dice que la mejor liga del mundo es la española. Bien, si sólo se bareman aspectos relativos a jugadores o a la calidad de los equipos, puede aceptarse esto. Pero si entramos en conceptos de marketing, de asistencia de espectadores, de arraigo en la vida social, de lo que supone un partido de balonmano en Alemania, evidentemente la Bundesliga es mucho más fuerte. La prueba clara está en la convivencia que se establece entre el fútbol y balonmano en este país. Un día puede estar jugando el Bayern un partido de Champions y, al mismo, tiempo nueve mil personas están aplaudiendo en un pabellón cubierto un encuentro de balonmano Göppingem-Gummersbach. He sido testigo de eso.


¿El balonmano es un grupo reducido de selecciones que se turnan los títulos en cada evento? ¿Tan poca diferencia hay entre ser Campeón del Mundo o séptimo clasificado?
No hay una gran diferencia entre ocho equipos. Hay momentos de forma y momentos de transición. Hay equipos que se duermen en el relevo de sus puestos, por ejemplo Rusia o Suecia. En mi opinión, Lavrov, Tuchkin o Toroganov han sido hombres que han estado permanentemente en el equipo hasta sus cuarenta años. En consecuencia, los nuevos jugadores carecen de experiencia y han tenido que recurrir a las nacionalizaciones. Suecia, por su parte, ha desaparecido desde hace dos años de la elite, después de una excelente generación de jugadores. La misión de las federaciones nacionales no es otra que garantizar el equilibrio entre promociones mediante el buen trabajo de sus técnicos. Es el objetivo a seguir. Por otro lado, hay que tener presente el importante refuerzo que, para algunos países, suponen las nacionalizaciones a las que aludía antes. En España han sido importantes las de Shepkin, Urios, Talan Dujshebaev y está en la recámara la de Fiz; Hungría tiene a sus cubanos; Skerbic, podría jugar en España en un futuro, y en Alemania tuvieron a Wenta. Claro, todo esto supone que los países pequeños, salvo que tengan una vivencia muy fuerte como es el caso de Croacia o Polonia y, tal vez en un futuro próximo Noruega, lo tienen más difícil, porque se van agrupando los mejores jugadores en unos pocos países.


Lo de Francia tiene mérito, prácticamente desde 1992 viene tocando metal.
Es el ejemplo que yo siempre pongo de una transición bien hecha. La generación del 76 francesa, con aportes de 78 y la excepción de Karabatic, son jugadores que nunca consiguieron vencer a la selección española junior pero apostaron por ellos. Tuvieron un Mundial en su país, lo ganaron y la transición se efectuó de un modo mágico. Han jugado sus bazas con inteligencia, porque en esto hay que saber cómo está uno mismo y cómo están los demás. Los franceses se adelantaron al resto y he ahí el resultado.


La que también disfruta de un buen momento es Dinamarca.
Es algo parecido a Francia. También recoge los frutos de sus generaciones de los años 76 y 78. Se veía venir de los campeonatos juniors y aquí están.


Por el contrario, Croacia parece estar tocando fondo ahora.
Bueno, en Croacia el balonmano es el deporte nacional. Les ha dado mucha gloria, su seleccionador es diputado en su parlamento, no creo que estén tocando fondo, pienso que la base croata se renueva, lo que ocurre es que algunos jugadores están muy sobrecargados de partidos. Y esa sobrecarga reduce la participación de los nuevos, que tendrán que disponer de minutos en torneos secundarios para adquirir el poso que precisan.


Y España ¿cómo ves su futuro? ¿Podrá Barrufet cumplir su deseo de retirarse en la olimpiada de Pekín?
Sí, sin duda. A Pekín España irá con mucha fuerza, con mucha ilusión. Y después, creo que se podrá mantener el tono. Hay jugadores que ahora tienen entre 28 y 30 años, que todavía tienen cinco años más para seguir en la cumbre. La travesía del desierto ya se ha realizado en este caso. Veremos si algunas promesas cuajan en grandes jugadores con mayúsculas y si las nuevas apariciones que se anuncian, como Albert Rocas, Víctor Tomás, Julen Eguinagalde o Sierra en la portería cristalizan. No parece que nos vayamos a quedar huérfanos de efectivos, lo difícil es darles experiencia internacional.


En el balonmano el componente arbitral ¿no tiene mayor influencia en el resultado que en otros deportes? ¿El juego pasivo no es un concepto muy subjetivo?
La verdad es que el balonmano es un desafío para el arbitraje. El balonmano no acepta a los malos árbitros. En seguida te das cuenta de cuando un partido no está bien dirigido. El sentido del pasivo requiere conocimiento del juego. Cuando se ha experimentado con un tiempo predeterminado en ataque de medio minuto, ha sido un desastre, porque los últimos seis segundos han sido una sucesión de golpes francos y juego sucio, con fuertes sanciones disciplinarias. La verdad es que se requiere una gran preparación arbitral porque es un deporte difícil de arbitrar. Además se están incorporando factores desestabilizadores, como la teatralidad de los jugadores en las caídas y gestos. Es prácticamente imposible que una masa de 120 kilos sea derribada por un simple empujón. En ese sentido, entrenadores y jugadores creo que tenemos que colaborar muy estrechamente para mejorar esto, para exigir honestidad en el juego.


¿Te veremos de nuevo algún día por los banquillos españoles?
No, en principio yo creo que no. El fin de semana requiere tiempo para la familia y después de cuarenta años de haber estado sacrificándolo todo, creo que es una deuda que uno debe amortizar poco a poco, a pesar de que lo que ha pasado ha pasado y eso no lo has vivido, como dice mi mujer.


Herme Cerezo


Publicado en SIGLO XXI, 20 de febrero de 2007

Gabriel Ruiz Ortega, escritor: "Escribir es una forma de vida"


Conocí a Gabriel Ruiz Ortega a través de la Red. Comenzó, igual que yo lo había hecho meses antes, a colaborar en SIGLO XXI. Ambos compartimos inquietudes y pasiones literarias. Autor de la novela 'La cacería', Gabriel, nacido en Lima (Perú), allá por el año 1977, es toda una realidad de las letras peruanas actuales. A través de sus respuestas vamos a tratar de conocerle un poco más.


¿Qué es escribir para ti: una afición, una forma de vida...? ¿Eres un letraherido?
s una forma de vida. Supongo que esto se debe a que siempre he estado rodeado de libros en mi casa. Y como suele ocurrir, el escribir es la extensión del placer que te genera la desaforada lectura, además, lo que más amo es escribir, siento un gran vacío cuando no lo hago. Y sí, soy un letraherido (me encanta esa palabra). Soy de la idea de que cualquiera que se dedique a este oficio tiene que serlo, me es inaceptable que sea lo contrario.


Cuéntanos un poco tus comienzos, el público español, tus futuros lectores, deben conocerlos.
Bueno, supongo que será como los inicios de todo el mundo. Empecé escribiendo para revistas locales, hacía reseñas, escribía artículos, crónicas, realizaba entrevistas a escritores, etc. Sin embargo, no poca gente creía que yo escribía poesía por el hecho de que un buen tiempo paraba bastante con poetas. Iba mucho a recitales de poesía, a bares y discotecas, matando la noche con toda clase de botellas de alcohol y demás estimulantes de ocasión. Y clandestinamente escribía prosa, bastante, de manera torrencial y desordenada. Y bueno, se dio la posibilidad de que se publique La cacería.


Sudamérica, Perú en concreto, parece un vivero inagotable de escritores. Tras el llamado ‘boom’ sudamericano de los años sesenta-setenta, ¿tú en qué generación de plumíferos te encuadras?
Los escritores del Boom siguen siendo insuperables, sigo muy de cerca lo que se publica en Latinoamérica. Si bien es cierto que hay obras importantísimas aparecidas en estas últimas décadas, es menester aclarar que estas no superan lo hecho por los narradores del Boom. Hasta que eso no ocurra, seguiremos siendo deudores de lo mejor que dio Latinoamérica el siglo pasado. Además, el Boom no solo fue importante para la literatura de esta parte del mundo, sino que fue clave para refrescar la temática de la literatura española, ¿qué sería hoy de la literatura española sin la influencia del Boom?, absolutamente nada de nada. Ahora, me siento bien y estimulado en la generación de nuevos narradores de mi país. Como nunca antes hay una camada que derrocha talento y formación, y eso que la gran mayoría recién tiene un libro publicado, y lo bueno es que el camino está trazado para que dentro de un tiempo se escriban obras referenciales. Solo es cuestión de esperar.


Detrás de todo escritor o antes de un escritor, existe un lector. ¿Qué lecturas nutren la mente y la vida de Gabriel Ruiz Ortega?
Leo bastante, pero siempre hay libros a los que vuelvo porque me son necesarios no solo por factores literarios, sino también por fundamentadas razones existenciales. Me es imposible ver la vida si no releo cada dos años Las ilusiones perdidas, de Balzac; o Gargantúa y Pantagruel, de Rabelais. Y están los libros que me han llevado a escribir, como El palacio de la luna, de Auster; Miedo y asco en Las Vegas, de Thompson; las sagas del detective Carvalho, de Vázquez Montalbán; todo Ellroy, todo Vargas Llosa, todo Pérez-Reverte; y autores necesarios como Bukowski, Fante, Aragon, Robins, Glez, Roth, Chandler, Kerouac. En fin, son demasiados, tampoco quiero mostrar un catálogo. Solo digo que un escritor no escribe de la nada, cada cual tiene un canon personal, este puede ser diverso, sin ningún hilo conductor, y uno sabe cuán necesarios son para sendos proyectos narrativos.


¿Cuál es tu metodología para escribir: planificas o te dejas llevar?
Planifico lo esencial: principio y final. Luego, me dejo llevar, además, en el mismo proceso pueden ocurrir cambios, pero estos no se dan si es que no tienes una idea general de lo que quieres contar. No sé, pero me siento incapaz de escribir cuentos, sencillamente no puedo, me es muy difícil. Por eso estoy convencido de que siempre escribiré novelas, creo que el mismo hecho de escribirlas es el mayor placer que pueda sentir. Además, hace un tiempo le escuché decir a Pérez-Reverte que uno no puede atreverse a escribir novela si es que no se conoce bien el siglo de la novela, el XIX. Conocer la novela decimonónica es fundamental, no sé qué hubiera sido de Joyce, Faulkner o Nabokov si no hubieran tenido un conocimiento cabal de lo escrito en el XIX. Imagínate, cuando lees las novelas de Faulkner y las analizas en conjunto no tardas en darte cuenta que estás ante un patente homenaje a La comedia humana, o sea, Faulkner renovó la estructura convencional de la novela partiendo de un conocimiento de causa esencial.


Relacionado íntimamente con la anterior: escribir es ¿inspiración o trabajo?
En el caso de la novela es netamente trabajo, requiere de mucha disciplina interior y constancia. No conozco caso alguno de renombre e importancia que haya escrito una novela a punta de inspiración. A lo mejor la inspiración sirva en cuento y poesía, pero no sé, no escribo esos géneros, pueda que peque de prejuicioso.


¿Rompes muchos papeles o te viene todo fluido?
Todo lo escribo en la pantalla de la PC. Lo que sí hago es tomar notas que sé que me pueden ayudar en un momento determinado. Digamos que las ideas me vienen con mucha facilidad y el trabajo consiste en seleccionar las ideas que valgan la pena, esto es también una lucha con uno mismo. Si bien es cierto que la novela es la parcela más libre que hay, no debe abusarse de esa libertad, si quieres hacer algo original, y como ya lo dije, tienes que saber qué es lo quiebras. Y eso sí, hoy en día, aunque no lo parezca, se escribe mucho más en la pantalla de la PC que cuando se escribía a mano o en máquina de escribir.


Háblanos de ‘La cacería’, ¿de dónde te surgió la idea para tu primera novela?
La cacería cuenta tres historias: la de un par de agentes de la dictadura de Fujimori, la del periodista Óscar Gómez y la de quien cuenta la novela. Pero esto no hubiera sido posible si es que no me hubiese encontrado en un bar de mala muerte en La Victoria –distrito populoso de Lima- a donde llegué no sé cómo, pero lo que sí recuerdo fue que al despertar me encontré con un par de sujetos de porte militar en la misma mesa en la que estaba yo, ambos estaban hablando de la edición de unos videos pornográficos y a cada rato mencionaban al Doc y al Presidente. Recuerdo que me puse a beber con ellos hasta que salió el sol, y me contaron cosas realmente alucinantes. Ahora, no sé si eran agentes de verdad, a lo mejor eran unos militares frustrados que querían impresionarme, pero aún así, lo que escuché me sirvió para tener la idea base de La cacería. Llevaba tiempo dándole vueltas a un argumento sobre la dictadura de Fujimori y su asesor Montesinos, y no encontraba novela alguna en la que se haya relatado esa relación sórdida entre ese par de sujetos, pero las cosas suceden por algo puesto que en esos meses Alonso Cueto publica Grandes miradas, novela que me gustó mucho, y a raíz de dicha lectura fue que me sentí libre para abordar la historia que tenía en mente.

Desnúdate un poco, ¿qué hay de real y qué de ficticio en tu novela?
Casi todo es real, hay personajes fácilmente reconocibles en sus páginas. Leí mucho sobre el tema, no por fines literarios, sino por un interés personal. Por desgracia, en Perú la gente se deja llevar más por lo que se dice en las calles, en los bares y en los baños. Si quería saber a cabalidad de esa época, tenía que hacerlo bien. Claro que en algunos casos he tenido que camuflar, al punto que tuve que hacer uso de no pocos apellidos maternos y jugar con la ubicación de ciertos espacios. Cada personaje tiene algo de mí, y la atmósfera representada es lo que siempre me ha obsesionado. Lo que sí me gustaría decir es que yo estoy en contra del aborto, salvo excepciones bien fundamentadas. Quienes lean la novela se darán cuenta por qué lo digo.

Varios años después de la desaparición de Fujimori y Montesinos, ¿quedan huellas en la sociedad peruana de su presencia al frente del país?
Fujimori y Montesinos no han desaparecido. Montesinos está una supuesta cárcel de máxima seguridad, y el cobarde y cleptómano de Fujimori se da la gran vida en Chile. Esto es algo que me fastidia mucho puesto que el actual gobierno de Alan García no hace nada por agilizar la extradición de ese ladrón, y en parte entiendo esta actitud de García ya que fue él quien ayudó a Fujimori a llegar a la presidencia, y el partido político de Fujimori es ahora un aliado clave del actual gobierno. García está meciendo al país con estupideces, no ha hecho nada concreto que valga la pena resaltar, y el luchar contra la corrupción jamás ha sido una de sus características. Lamentablemente, lo dejado por Fujimori y Montesinos es una estela de podredumbre moral que afectará a varias generaciones de peruanos.

Algunos personajes de ‘La cacería’ son descarnados, faltos de escrúpulos, ¿van tipos así sueltos por las calles del Perú?
Yo creo que en todo lugar hay gente inescrupulosa, desde aquellos que ejercen sus bajezas desde el poder hasta aquellos que se refocilan en ella en la vida diaria. Lógicamente que lo de Fujimori se hizo sentir más por el mero hecho de que su gobierno se caracterizó por ejercer el terrorismo de estado a través de grupos paramilitares como Colina y un servicio de inteligencia que tenía la función de amedrentar, extorsionar y asesinar a quien fuera un peligro para sus planes de perdurabilidad. Ni hablar de la sujeción del Poder Judicial, pero esto no es nada en comparación al plan de embrutecimiento y desinformación que llevaron los canales de televisión, las radios y no pocos diarios.

Pero tus inquietudes no se circunscriben sólo a la literatura. ‘La cacería’ es también un repaso al bagaje cultural que te envuelve, hablas en ella del cine y, especialmente de la música, ¿eres un hijo del pop y del rock?
Me gusta bastante la música, en especial el rock. No hago absolutamente nada si no estoy escuchando música. Salgo mucho a discotecas en las que se pongan cosas de Joy Division, Happy Mondays, Aviador Dro, New Order, The Ocean Blue, Café Tacuba, etc. Creo que todos necesitamos de una banda sonora personal, y mi banda sonora que me seguirá hasta el fin de mis días es el álbum Quadrophenia de The Who. Ese álbum me salvó la vida. Además, me gusta compartir música, tanto así que con Miguel Rivera y mi pata Daniel Salas administramos La caverna, un blog en el que colocamos videos musicales que valen la pena. Pero paradójicamente, a la hora de escribir ficción, prescindo del rock para dejarme llevar por Las variaciones Goldberg, en la versión del hechicero Glenn Gould.

El tráfico de drogas y su conexión con el poder también se reflejan en tu novela, ¿tan terrible es la situación en Perú sobre este tema tan espinoso?
Imagínate que se usaba el avión presidencial para transportar droga. Sin embargo, creo que esto no es una situación que se haya vivido solo en Perú, estoy convencido que también sucede en otros países de la región. Lo que pasa es que cuando se dieron a conocer los videos que tumbaron a la dictadura empezó a cristalizarse lo que fluía como sospecha o habladuría. Fue un golpe durísimo para quienes defendían y exaltaban los supuestos logros de Fujimori, pero aún así, la gente es desmemoriada ya que ahora hay un porcentaje significativo de la población que extraña a Fujimori.

Ejerces la crítica en el “Diario del Siglo XXI” y también en tu país, ¿qué tal han ido las críticas vertidas sobre tu ‘ópera prima’?
Me considero un escritor que escribe sobre libros que le gustan, e intento ser muy objetivo, y sé que aún me falta aprender bastante, y eso es lo sustancial, seguir aprendiendo, ergo, seguir leyendo torrencialmente, me encanta como no tienes idea. Con relación a las críticas de mi novela no me gusta decir mucho, no soy un onanista que ventile de lo bien que se habla de La cacería, ni mucho menos un despechado que dispara contra quienes hayan escrito mal de mi libro. La crítica está desde siempre, y sean cuales fueran los comentarios, estos jamás me van a afectar. Gracias a Dios estoy curado contra eso. El verdadero escritor tiene que estar dispuesto a soportar lo que sea. Y tiene que saber guardar mesura a la hora de los elogios. Hace un tiempo le escuché decir a Roberto Bolaño que le parecía patético que los escritores se esfuercen por ser inmortales, que eso era una burda ilusión puesto que todos los escritores están condenados al olvido, y que esto se verá en el gran futuro, en el que Shakespeare y menganito serán prácticamente lo mismo. Bueno, hay muchísimas cosas que dijo Bolaño en vida, era un soberano bocón, pero en esto, en especial, le doy toda la razón. Lo importante es vivir hacia adentro, en preocuparme en lo que realmente importa: leer, escribir y vivir.
Herme Cerezo
Publicado en Siglo XXI, 10 de enero de 2007

viernes, 3 de abril de 2009

Laura Gallego: 'La literatura juvenil no es la que se escribe para los jóvenes, sino la que leen los jóvenes'



Tras ‘La Resistencia’ y ‘Triada’, el pasado 14 de octubre, Laura Gallego publicó ‘Panteón’, tercera y última parte de su trilogía ‘Memorias de Idhún’. La escritora valenciana ha sido fiel a su palabra ―nos lo prometió a primeros de año―, y antes de sumergirse en la vorágine de las presentaciones y de los encuentros con sus lectores, contestó nuestras preguntas para diario Siglo XXI (entrevista publicada el 26 de octubre de 2006).


Laura, escribes desde los once años, ¿qué es la Literatura para ti? La Literatura para mi es todo. Si no leyese, si no escribiese no sería yo. Sería otra persona completamente distinta. Si no hubiese conseguido publicar mis libros, escribiría igualmente porque eso es lo que a mí me gusta hacer.
¿Cómo veían en tu casa esta vocación tan temprana? Supongo que pensarían que ya se me pasaría la fiebre, pero cuando dije que quería ser escritora no me pusieron impedimentos, con la única condición de que sacase buenas notas.
¿Cuál es tu técnica como escritora? ¿Planificas o te dejas llevar? Planifico. Escribir es como un puzle. Todas las piezas deben encajar perfectamente. Si te falta una se te cae todo. Es como hacer una casa. Nadie la empieza por el tejado.

Tu primer éxito fue ‘Finis Mundi’, cuya reseña publicó nuestro Diario allá por el mes de febrero. Con él obtuviste el Premio Barco de Vapor (1998), organizado por la editorial SM, pero hasta llegar ahí ¿fue duro el camino? Bueno, fue a partir de los 14 ó 15 años cuando comencé a enviar libros a las editoriales, libros que éstas rechazaban. Pero yo seguía con mi vida de siempre y aprovechaba las vacaciones para escribir. Estaba deseando acabar los exámenes para hacerlo. Escribía una o dos novelas cada verano. ‘Finis mundi’ fue una de ellas y se publicó justo cuando cursaba tercero de Filología. Fue SM quien se fijó en ti,

¿Ninguna editorial valenciana se interesó por tus libros? Cuando comencé, era muy joven y no se me pasaba por la cabeza la idea de enviar mis textos a editoriales para adultos. Siempre los remitía a editoriales juveniles y a las direcciones que encontraba en los libros que leía. Por eso, publicar en SM fue ideal para mí. Y, a partir de ‘Finis mundi’ cambió todo. Al ver que mis libros se vendían, tuve que replantearme las cosas, sobre todo cuando en SM me propusieron dar unas conferencias en León durante una semana. Por entonces yo estaba cursando el doctorado y fui a pedir permiso para ausentarme de las clases durante esos días. Yo tenía claro que los estudios seguían siendo lo primero de todo, pero fue mi propio profesor de doctorado quien me animó a aceptar la propuesta de mi editorial. Y así lo hice.

Una de las características de tus personajes es que cambian, que evolucionan a lo largo de los libros. Sí, mis personajes evolucionan, son casi como amigos míos. Yo me pongo en su lugar y veo que, con todo lo que les hago sufrir, con las aventuras que pasan, tienen que cambiar. Es lógico que crezcan, la propia historia te lo pide. Tienen que aprender, madurar...Muchos de ellos, además, son mitad humanos, mitad otras cosas.Yo no me había dado cuenta de eso, fue mi novio quien me dijo que éste era uno de mis asuntos fetiches. Los temas del hombre-lobo, del ser humano que se convierte en otra cosa, del chico-dragón, se repiten en mis novelas. Pero si te paras a pensar, en el cómic, Superman, Batman, o en la literatura universal es algo tópico que se da con frecuencia. Antiguamente, los guerreros se vestían con pieles de animales para apropiarse de sus peculiaridades, esa costumbre representa el deseo del hombre de fusionarse con la naturaleza. No soy la única que trata esto en sus libros. Hay montones de leyendas sobre ello.

La Edad Media constituye una importante fuente de inspiración para ti. ‘Finis Mundi’ sí está muy inspirado en la literatura medieval, porque cuando lo escribí yo estaba estudiando esa época histórica en la facultad. Además yo era muy fan de esa literatura: ‘El Señor de los Anillos’, uno de mis libros favoritos, bebe del mundo medieval. En general, el tipo de libros del género fantástico que me atraen tiene sus raíces en la Edad Media. Pero también me interesan otros asuntos: el tema del unicornio, por ejemplo, proviene de lecturas del siglo XX.

Hablemos de tus lectores, porque tú eres la continuadora de una tradición de autores que escriben libros de aventuras, del género o fantástico o no, que ha existido siempre, y que tu literatura es apta para todos los públicos, no sólo para adolescentes. La literatura juvenil no es la que se escribe para los jóvenes, sino la que leen los jóvenes, que es algo diferente. El ochenta por ciento de mis lectores son adolescentes, pero yo escribo igual para todo el mundo, excepto cuando publico mis cuentos infantiles, ya que los pequeños requieren un lenguaje especial.
¿Qué tal te llevas con tus colegas?Ahora, gracias a Internet, puedes contactar con relativa facilidad con escritores de cualquier parte del mundo, porque las distancias han perdido importancia. Mantengo una relación más estrecha con autores que escriben para jóvenes y hacen literatura fantástica. Y ello es debido a que nos encontramos en los mismos saraos.

Centrándonos en tu trilogía, la gestación de las ‘Memorias de Idhún’ es el fruto de un proceso largo, ¿no? Sí, el inicio del argumento de ‘Memorias de Idhún’ data de hace quince años más o menos. Fui completando el puzzle con ideas nuevas, que han ido surgiendo con el paso del tiempo, hasta conformarlo completamente.
Y desde que comenzaste su escritura has salido a libro por año. Sí, aunque escribí más rápidamente la primera parte que las otras dos. En el segundo libro, la escena de la batalla me ocupó mucho tiempo.
¿Es ‘Panteón’ el cierre definitivo de Idhún? Sí, estoy un poco cansada de las series. Lo próximo que escriba será una novela unitaria, con principio y fin.Última pregunta, ¿veremos el mundo mágico de Idhún en el cine?En principio, no. Hace falta mucho dinero para ello y, además, yo no estoy por la labor.

Antes de cerrar esta entrevista, quiero transcribir el texto que la propia autora escribió en la solapa de ‘La Resistencia’, el primer volumen de la trilogía. De este modo, los lectores del Diario del Siglo XXI pueden hacerse una idea de lo que van a encontrar en las páginas mágicas de Idhún: Esta historia empezó cuando yo tenía casi quince años. Hacía ya tiempo que me rondaba por la cabeza un personaje muy especial, Jack, y tenía ganas de inventar una aventura en la que él fuera el protagonista. Aquel verano nación Idhún, el mundo de los tres soles y las tres lunas, y surgió la idea principal de la novela, la historia de Jack y de Victoria. Pero no me atreví a escribirla... ¿Por qué? No lo sé. Tal vez sentía que no había llegado el momento aún, quizá no tenía las cosas del todo claras. Sin embargo, en los años siguientes fui desarrollando aquel mundo, sus mitos, su geografía, sus dioses, sus razas. Y, a pesar de todo, sentía que todavía le faltaba algo, que la historia no era completa. El proyecto se quedó durmiendo en un cajón hasta que entró con fuerza la pieza del puzle que faltaba, el fascinante Kirtash, un personaje que revolucionó la historia que tenía en la cabeza, y que hizo que, años después, Idhún volviera a llenar mi mente con su misteriosa llamada. En resumen, hacía ya mucho tiempo que me obsesionaba esta historia; ¡incluso llevo siempre puesto un anillo parecido al de Kirtash! Ahora ya estoy preparada para compartirla con vosotros...Laura Gallego García
La Trastienda

jueves, 19 de marzo de 2009

Juan Eslava Galán, escritor: "Hay que aprender del cine, que es la forma más novedosa de narración"


A Juan Eslava Galán lo conocí por la cara. El año 2004, vino a dar una conferencia sobre templarios al Palau de la Música de Valencia. La sala no se llenó, pero faltó poco. Durante poco más de una hora, con su verbo cualificado, entendido y socarrón, Eslava Galán nos hizo pasar algo más que un buen rato a los allí congregados. Al finalizar la charla, lo típico: la firma de libros. Fue entonces cuando tuvo la amabilidad de facilitarme su correo electrónico y con ello iniciamos una relación epistolar intermitente, que se ha enriquecido con el paso del tiempo y que dio pie a la entrevista que sigue a continuación, publicda en SIGLO XXI el 2 de marzo de 2006.


Juan Eslava Galán (Arjona, Jaén, 1948) es un prolífico escritor que navega entre las aguas del ensayo histórico, las memorias noveladas y la ficción. Y en todos estos registros, en apariencia tan dispares, se maneja cómodo, a gusto, fácil. Lo atestiguan sus más de cincuenta libros publicados y la gran aceptación de que goza. Licenciado en Filología inglesa por la Universidad de Granada, Eslava Galán amplió estudios en Inglaterra y en 1983 se doctoró en Filosofía y Letras.

Leo en una biografía suya que está casado y es padre de dos hijas, ¿no cree que ya hay bastantes féminas en su vida para dedicar sus ratos libres a una cuarta mujer llamada Literatura? En realidad estoy divorciado, así que incluyendo la literatura sólo hay tres mujeres en mi vida y debo admitir que a cada una la quiero más que a las otras dos.

¿Qué es para Juan Eslava Galán escribir? Escribir me permite vivir por encima de las posibilidades de este señor gordito, calvo y asustadizo que habito. Me permite ser, alto, guapo, hercúleo y audaz.

Detrás de todo escritor se esconde, normalmente, un lector empedernido. En su caso, ¿qué lecturas le apasionan? No se puede escribir sin leer mucho (y sin vivir, también). Leo muchos ensayos y procuro estar al día en los novelistas que me parecen mejores: Pérez Reverte, Vargas Llosa, García Márquez, Muñoz Molina y otros.

¿Se puede vivir de la Literatura en España? Si trabajas mucho y tienes suerte, se puede vivir, pero hay muchos escritores que deben vivir de colaboraciones varias. O sea, dicho brutalmente: los escritores se dividen en dos grupos: cazadores que viven de sus novelas y recolectores que viven del articulillo, la presentación, la conferencia, el jurado de un premio, etc.

Explíqueme la fórmula mágica para conseguirlo. Escribir, corregir, corregir más, leer aprendiendo y escribir más... teniendo en cuenta también lo que el público quiere leer, no sólo lo que tú quieres que lea y... suerte.

¿Escritor nocturno o diurno? ¿Cuántas horas trabaja al día? Diurno. Algunos días trabajo hasta diez o doce horas. De noche le das vueltas al trabajo y a veces resuelves problemas mientras duermes, o sea, esto no tiene horas.

Con “En busca del unicornio” ganó el premio Planeta en 1987. Además de una estupenda historia es uno de los libros donde los muertos están mejor dosificados, ya que los soldados le duran hasta el final de la novela. En la novela hay que dosificarlo todo. Es una carrera de maratón... por eso muchos articulistas (los cien metros lisos) fracasan cuando intentan la novela: dosificar, medir, montar (con montaje cinematográfico). Hay que aprender del cine, que es la forma más novedosa de narración.

Esa leyenda del polvo del unicornio como vigorizador sexual ¿tiene alguna base científica? No creo que la tenga, pero el rinoceronte africano está desapareciendo por eso. Una pena.

A propósito del Planeta, ¿no cree que se le está desprestigiando sin demasiado fundamento? No creo. Creo que intentan desprestigiarlo muchos autores que repetidamente se presentan y no lo sacan. La zorra y las uvas.

En 1991 consigue el Ateneo de Sevilla con “El comedido hidalgo”. ¿Cuántas horas de lectura de clásicos castellanos se esconden detrás de sus páginas? ¿Cómo demonios fue capaz de describir el hampa sevillana del siglo XVI utilizando, además, su jerigonza? Tengo buen oído para mis lecturas de otros siglos y aproveché esta cualidad en aquella novela. Luego tuve la suerte de que un erudito local (al que le dedico la novela) puso generosamente a mi disposición sus estudios cervantinos que abarcaban toda una vida.

Cuatro años después publicó su divertida “Statio Orbis”. ¿Existe realmente alguien parecido a Calamar, alias Teodoro Algarinejo, o un cura como don Cristóbal? ¿Cómo se puede mezclar hoces, martillos, banderas rojas y sotanas? Esos personajes nos rodean, están en la calle, en las sacristías, en las tabernas, sólo hay que acercarse a ellos y observarlos con mirada beatífica: una de las obligaciones del novelista: observar y tomar nota.

Comenzamos con la Guerra Civil, un territorio por el que Juan Eslava Galán camina con asiduidad. ¿Algún día se cerrará de una vez por todas este enojoso capítulo de la Historia de España o continuará siendo la herencia, luctuosa herencia, que dejaremos a nuestros hijos? Lo jodido es que ciertos políticos la tomen como pretexto para arrojar los cadáveres a sus adversarios. Deberíamos estudiar esa guerra con desapasionamiento: ya somos otros.

“Señorita”, premio Fernando Lara en 1998, es una historia de amor y espionaje en la que una vez más su fino humor anda por medio. ¿Qué recuerdos guarda de esta novela? Muy buenos. Aparte de que fue premiada, tengo lectores muy fieles que después de leerla han repasado toda mi obra.

Más Guerra Civil: “La Mula”. ¿Qué le dijo su padre cuando tuvo un ejemplar de esta novela entre sus manos? Me dijo: niño, ¿es verdad que yo me cepillé a una falangista en Burgos? Le respondí (torpemente) No padre, ese es uno de los episodios que me he inventado. (El pobre está muy mayor y le falla la memoria).


Y antes de esto, un buen día, Juan Eslava Galán decidió dar una vuelta de tuerca a su trayectoria literaria. Y así se inventó un escritor, viudo por más señas, que habita un viejo molino rehabilitado en compañía de un perro y un gato, bien avenidos claro, y que se dedica a observar pájaros. Como tantos otros, descubrí esta doble vida por el ya famoso artículo (“El extraño caso de Nicholas Wilcox”) que su amigo Pérez-Reverte publicó hace algunos veranos. Y el tal Wilcox tampoco es manco escribiendo: “La lápida templaria”, “Los falsos peregrinos”, “Las trompetas de Jericó”, “La sangre de Dios” y “Los templarios y la Mesa de Salomón” son buena prueba de ello. Está visto que en la República de las Letras el manco vitalicio es Cervantes. ¿Cómo surgió su sosias? Nicholas Wilcox no es mi sosias: yo soy el suyo. Él vive más que yo, es un aventurero capaz de ensanchar esta vida anodina del gordito que escribe sus novelas.

¿Nicholas Wilcox es la oportunidad de escribir las aventuras que siempre quiso vivir? Algo de eso hay.

¿Se venden mejor ficciones templarias escritas por un anglosajón que por un español? Eso me temo. ¡Misterios de la vida!

¿Quedan templarios sueltos por el mundo del siglo XXI?E so dicen ellos, pero yo creo que son charlatanes. Los templarios se terminaron en el siglo XIV, lo lamentemos o no.

Señor Wilcox, ¿es consciente de que no hay que comprar “Códigos da Vinci” ni otras zarandajas extranjeras para leer buenas novelas sobre templarios existiendo las suyas? Mucha gente me lo dice, y lo agradezco en el alma. No obstante diré en favor de El Código da Vinci que ha atraído a la lectura a decenas de miles de personas que nunca habían leído un libro. Eso es meritorio.

Señor Eslava, en una ocasión le oí decir que las relaciones entre usted y Wilcox no eran demasiado buenas porque él vendía más que usted. ¿La cosa ha mejorado o, por el contrario, sigue tensa? El perro sajón continua vendiendo más que yo. Muchas novelas mías están descatalogadas mientras las suyas se siguen editando.

¿Le dice algo el nombre de Maurice Druon? Me suena bastante, sí.

Es usted licenciado en Filología inglesa y Doctor en Filosofía y Letras, ¿se ha dedicado a la docencia alguna vez? Durante largos, larguísimos años enseñé inglés (soy catedrático de instituto)

Lo que sí ha practicado es la investigación y el ensayo. ¿Necesita escribir ficción y realidad? ¿Le resulta sencillo cambiar de registro? Cuando escribo una novela me apetece escribir un ensayo, y viceversa. O sea, empanada mental y vocación poco definida. A mi edad no creo que se defina nunca.

Sé que es un buen aficionado al cine. Recomiende a los lectores de Siglo XXI una buena película relacionada con la Orden del Temple. Recomendaré tres películas sin templarios: Blade Runner, El paciente inglés y El nombre de la Rosa...

Por último, también tiene fama de buen gourmet y además es andaluz, ¿dónde se come el mejor salmorejo de toda Andalucía? El mejor salmorejo, sin duda, el que hago yo, pero tampoco está mal el que hacen en Córdoba y no le va a la zaga la porra antequerana, que es una receta similar pero en Málaga.

La trastienda.

González Ledesma, escritor: "Lo importante es que tú creas en lo que escribes"



Mi relación con Francisco González-Ledesma es muy curiosa. Y dilatada en el tiempo. A mis doce años leía sus novelas del Oeste sin saber que eran suyas. Sabía que las había escrito un tipo que se llamaba Silver Kane, pero nada más. Eran los años sesenta y a mí se me antojaba extraño que en la época de Franco tantos escritores estadounidenses escribieran novelas de vaqueros en España. Pero las novelas existían. Y yo las leía. Y me gustaban. Fue hace pocos años, rozando ya la cincuentena, cuando a través del programa "Negro sobre blanco" de Fernando Sánchez-Dragó, vi la imagen de Francisco González Ledesma mientras lo entrevistaba. Dragó pasó revista a la existencia del escritor barcelonés y asi descubrí que él y Silver Kane eran la misma persona. Esta es la primera entrevista que le realicé y que se publicó en Siglo XXI el 31/2/2005.

La publicación de una nueva obra siempre es un pretexto válido para descubrir la otra cara de una novela, para acercarnos al verdadero protagonista del libro: su autor. Localizar a Francisco González Ledesma ha sido un proceso divertido, casi “negro” aunque sin fiambres, rocambolesco y con confusión incluida. Pero al final hubo premio y este escritor barcelonés, ganador del premio Planeta en el año 1984 con su 'Crónica sentimental en rojo' y autor de la novela 'Cinco mujeres y media', cuya reseña publicamos el pasado mes de octubre, ha respondido a nuestras preguntas.

Un hombre nacido en el Poble Sec, ¿por qué eligió el castellano y no el catalán? No pude elegir. El primer idioma que aprendí a escribir fue el catalán, en las maravillosas escuelas de la República, pero el Bachillerato y la educación sentimental los viví en castellano, que era la lengua obligatoria. La primera poesía, la primera novela que me emocionaron y enseñaron algo en esa etapa tan importante, fueron castellanas. Yo escribo muy correctamente el catalán, y hasta tengo publicados en ese idioma textos de Derecho, pero en las novelas, que son creación, me falta la palabra exacta – o hasta mágica – si no escribo en castellano.

Con su obra “Sombras viejas”, en 1948 gana Vd. el Premio Internacional de Novela y, en vez de darle un premio, le dan un palo. ¿Qué sintió en aquel instante? Sentí desaliento, sobre todo cuando me dijeron oficialmente que “un tipo como usted no publicará mientras viva el Caudillo”. Y así fue, por desgracia. Pero nunca dejé de escribir.

Para sobrevivir no tuvo otro remedio que hacer novelas del Oeste bajo el seudónimo de Silver Kane. ¿A cuántos bandidos ha detenido y ahorcado, cuántas balas ha disparado y cuántos caballos ha puesto al galope, señor Kane? Como Silver Kane tuve que estudiar bien historia y geografía del Oeste, de modo que creo que no hay errores importantes en mis novelas. No recuerdo a cuántos hombres pasé por las armas en ellas, pero no podían ser pocos porque escribía con realismo sobre una sociedad nueva y violenta.

Por cierto, ¿cómo se le ocurrió el seudónimo? Sin él, ¿hubiera podido publicar sus novelas? El editor me dijo que no podría firmar las novelas como González porque nadie me creería. Hacía falta un seudónimo que sonara bien. Yo creé Silver Kane durante una madrugada de pobreza y trabajo, uniendo el nombre de un personaje de cómic que yo escribía (Silver Roy) y el apellido de un dibujante que admiraba (Milton Caniff).

¿Sabe Vd. que los lectores de aquellas novelas, entre los que me cuento, éramos legión? Que los lectores eran legión lo sabía sin duda el editor, Bruguera, quien pagaba poco pero siempre me estaba pidiendo renovar los contratos.

Cuatro novelas del Oeste al mes, cuatrocientos títulos publicados, ¿de dónde sacaba tanta imaginación? Sacaba la imaginación porque no había otro remedio. Además, he de confesar que en muchos aspectos el Oeste me gustaba y me sugería cosas: la guerra de Sucesión, los primeros ferrocarriles, la cultura india, la justicia basada en la honradez y el valor, la dama del saloon, que tenía un pasado.

¿Comía de sus novelas o, además, tenía que trabajar en otros menesteres? Siempre hube de hacerlas como tarea suplementaria, quitando horas al sueño. De día trabajaba todas las horas, o bien estudiaba (por ejemplo Periodismo, donde tuve la suerte de lograr el número uno de toda España) al acabar la jornada de nueve horas mínimo. Y ya en plan de delirium tremens buscaba madrugadas para escribir las novelas que yo consideraba “serias”, y que no podía publicar.

Luego llegaron el Planeta, el Hammet, el Prix Mistere, ¿estos premios le han recompensado por tantos sinsabores como parece que le ha deparado la literatura? Los premios compensan, en efecto, y sin ellos nadie te conoce, pero lo importante es que tú creas –al menos un poco– en lo que escribes.Siempre me he preguntado cómo se las apañaban los escritores de antes para corregir y corregir y corregir sin ordenador.

Vd. aún teclea sus textos en una máquina de escribir, ¿no se cansa de repetir hojas corregidas? Es un defecto personal mío. Les tengo manía a los ordenadores. Y de momento los editores me aguantan. Mañana ya veremos.

Su inspector Méndez, es un tipo especial. Mal visto por el aparato franquista, dejado por imposible por la policía democrática... parece un progre de los 70 después de la Transición. ¿Qué hay de Vd. en Méndez? No me parezco a Méndez, pero reconozco que hay similitudes importantes, como no podía ser de otro modo. Soy solitario, creo en la verdad de las calles, leo muchísimo, siempre me equivoco con las mujeres y soy un pésimo gourmet.

Parece imposible que una ciudad española pueda ser escenario de una novela policiaca, sin embargo, Vd. ha conseguido que Barcelona lo sea. ¿Es Barcelona una ciudad tan peligrosa como González Ledesma la pinta en “Cinco mujeres y media”? Barcelona no es una ciudad más peligrosa que las otras. Al contrario, aquí se respetan bastante las normas civiles, y hubo un tiempo no muy lejano en que fue ciudad de grandes ideales. Pero siempre ha sido una ciudad de “novela negra”: es portuaria, con gente continuamente nueva, tiene un barrio especialísimo (el Chino, hoy El Raval), una población abierta a toda clase de estímulos y un mundo industrial y bancario abierto a todas las oportunidades, no siempre buenas.

Su novela es magnífica. Te coge del cuello al principio y te arrastra hasta el final, no te deja ni a sol ni sombra, hay que acabársela. ¿Cómo consigue que la acción no languidezca sino que avance sin detenerse? Oiga, y al final nos la vuelve a clavar?Toda la técnica de la novela, logrando dosificar el interés, la aprendí con Silver Kane. Fue un aprendizaje de perro.

¿Está trabajando en alguna novela nueva? Siempre estoy trabajando. En marzo publico mis memorias (“La historia de mis calles”) en Planeta. Sin trabajar no justificas tu vida.

Una queja. Ni rastro de sus obras. Ni en las librerías de lance, que tanto me gustan, las encuentro. ¿Para cuándo una buena reedición de todas ellas o tengo que invocar a Sherlock Holmes, a Poirot, a Marlowe o a su amigo Méndez para que me ayuden a encontrarlas? Ya sé que, por desgracia, no se encuentran mis obras. Sólo por Internet las ofrece alguien. Están agotadas, aunque se van reeditando (por ejemplo “Las calles de nuestros padres”, en La Factoría de Ideas).

Para terminar y volviendo a sus “Cinco mujeres y media”, Sr. González Ledesma, ¿cómo es un culo extraparlamentario? Curiosa pregunta. Un culo extraparlamentario es una licencia para designar un culo no políticamente correcto. Que es justo el culo interesante, imaginativo y no sujeto a las leyes de la moda.

El Eco.

martes, 17 de marzo de 2009

Montero Glez, escritor: "Encuentro más literatura entre los escombros que en un campo de golf"


Montero Glez siempre me ha atendido fenomenalmente.Trabé contacto con él tras leer su novela 'Cuando la noche obliga', allá por el año 2004, y comentarla para el suplemento cultural 'Cuadernos' del diario Mediterráneo de Castellón de la Plana. Montero no me conocía de nada y, sin embargo, desde el primer momento me mostró su confianza y me lo hizo todo fácil. Siempre le estaré agradecido por ello. Fruto de este trato cordial han sido numerosos correos, varias reseñas de sus libros y la entrevista que viene a continuación.


Desde su refugio sureño y tras la publicación de su novela 'Manteca colorá', el escritor Montero González ha tenido la amabilidad de conceder a Siglo XXI esta entrevista exclusiva, junto a la que publicamos la singular fotografía que nos ha remitido para la ocasión.

Lo tuyo es hablar sobre el mundo canalla, ¿piensas hacer incursiones en otros ámbitos? Soy poco futurible. Sin embargo, encuentro más literatura entre los escombros y los basureros que en un campo de golf. Se me ha etiquetado como la voz del lumpen pero yo no vengo del lumpen. Lo que hago es dotar al lumpen -una extra clase- de conciencia de clase. Convirtiendo así el lumpen en una clase extra. El lumpen no tiene conciencia de clase, yo se la pongo. Ese es mi juego literario.

Aunque mantienes tu estilo, creo que único en la piel de toro y en el Estrecho de Gibraltar, lo veo más firme, más asentado, ¿es así? Para mi no se puede separar fondo de forma, argumento de estilo. Si tienes una historia que contar y no la cuentas con el estilo que la historia merece, entonces esa historia la malogras. Las historias que yo cuento sólo se pueden contar de una forma. Por lo mismo puedo presumir de haber conquistado mi propio estilo. Folklore Cósmico lo he bautizado.

Tienes la extraordinaria habilidad de imprimir un ritmo increíble en tus textos. ¿Cómo lo haces? Gracias por la felación. He de decirte que el ritmo no es espontáneo y que —en el caso de Manteca Colorá— deseché algo así como el doble de páginas. Lo que me interesaba era mantener el esqueleto de la trama. Luego, mientras estaba en ello, conocí a un guitarrista flamenco, un gitano que me dio la fórmula. Nunca hay que perder el ritmo, me dijo, por sacar una buena nota. Eso es lo importante, pues en el flamenco, música que amo, el ritmo es la base. Y del ritmo sale la melodía. Nada que ver con el clasicismo que pretende enseñar que la melodía y el ritmo van separados y te lo justifican poniéndote la partitura delante.

¿Existen personajes como el Coronel, el Roque o la Sole en tu entorno? Existen retazos. Al igual que Praxíteles, salvando distancias, creó su Venus a partir de trozos de otras mujeres, yo hago lo mismo.

¿Vas a promocionar 'Manteca colorá' por algunas ciudades españolas? Creo que todas las preguntas que puede contestar un novelista están escritas en su obra. Luego hago excepciones como esta, pues me caes simpático y tu trato siempre ha sido bueno. Pero el andar de aquí para allá me quita tiempo para escribir y sobre todo para leer que después de fornicar y escuchar flamenco es lo que más me gusta de la vida. Pero lo que te iba diciendo, que mis editores quieren hacer presentaciones. Sobre todo Madrid. Yo se lo pongo difícil.

Según me explicaste la otra vez, tus novelas se iban a traducir a otros idiomas. ¿Me puedes explicar cómo coño se traduce 'pisha' al holandés o al ruso? Eso se lo tienes que preguntar a mis traductores.Creo que tienes alguna otra novela, además de 'Sed de champán' y 'Cuando la noche obliga', que se publicó en su día.

¿Para cuándo una reedición? Como Roberto del Sur aparecí hace diez años con Al Sur de tu cintura. No sé que valorar más de aquello, o mi osadía por querer publicar esa puta mierda o la valentía de Blanco Chivite por editarla. Era una novela abortada aunque según Pérez-Reverte, ya apuntaba maneras. Pero lo que te iba a decir, qué coño, que Al Sur de tu cintura es Manteca Colorá diez años después. Recuerdo que la escribí a mano, como todo lo que hago. Y que por aquel entonces andaba por Madrid con una anemia galopante. Y que por las mañanas me iba hasta la Delegación de Hacienda a pasarla a máquina, entonces la informática era asunto para privilegiados y en las oficinas de Guzmán el Bueno había una fila de ellas para rellenar las declaraciones. Y allí me ponía. Luego, el editor Blanco Chivite, repitió. Publiqué Vivir de Milagro, una colección de fórmulas a la hora de solucionar problemas prácticos como cortes de luz y de agua. El otro día me ofrecieron reeditarlo. Pero me negué.

¿Se han acabado ya tus problemas con las editoriales? Nunca he tenido problemas con los editores. En todo caso algún editor ha querido tener problemas conmigo. Mira, de Blanco Chivite, mi primer editor guardo una bella memoria. Igual ahora me pasa con Mario Muchnik que es un editor muy especial pues como él ya no quedan. Su labor es de mérito, Chatwin, Cortázar o Alberti son sólo algunos nombres. Lo que hace él es poner en contacto al autor con su obra, nada que ver con otros que su única labor consiste en poner en contacto al escritor con el público. Siguiendo con los editores quiero destacar a las hermanas Tey, unas macizas que sólo citarlas me ponen cachondo. Y también es agradable en su trato Aurelio Major con el que trabajé un reportaje para la revista Granta. No me puedo olvidar tampoco de la gente de Random House Mondadori, de Maria Casas y de Juan Díaz, personal joven, con brío y que apuestan y arriesgan en cada libro mío que reeditan. Ni de Menchu Solis, que ha tenido mucha paciencia conmigo. Luego están los extranjeros, Anne Marie en Francia, con la que río mucho por teléfono. Cada vez que llamo se pone. Y si lee esta entrevista pues le mando un beso. Muac.

¿Has conseguido ya vivir de la literatura o todavía las pasas putas? Mira, nunca se pasan putas. Cuando escribo lo paso bien. Ayer mismo, viendo la película que Huston dedicó a Lautrec hay un dialogo memorable entre el pintor y la modelo, en el cual Lautrec explica que Leonardo pintó a la Gioconda por encargo. Y que luego el marido como no le gustó el retrato se lo devolvió. Y que fue el tiempo el que hizo de aquel cuadro una obra de arte. Entonces la modelo le pregunta a Lautrec qué de qué le sirvió a Leonardo pintar a esa mujer. Y Lautrec responde que para disfrutar mientras la pintaba. Creo que no puedo contestar mejor a tu pregunta.

Por último, ¿cuáles son tus escritores favoritos? No creo que tengas sitio para poner a todos. Pero vamos a intentarlo. Te diré los escritores en castellano: Valle, Baroja, Quevedo, Aldecoa, Ferlosio, Marsé, Mendoza, Muñoz Molina, Antonio Iturbe, García Márquez, Onetti, Rulfo, Cortázar, Jodorowsky, Vargas Llosa, Ribeyro, Arlt, Elmer Mendoza, Iwasaky, Mallorquí, creador del Coyote, Blasco Ibáñez, Marcial Lafuente Estefanía, Galeano, Vázquez Montalbán, Rafael Azcona, Cabrera-Infante, González Ledesma, Gabriel Ruiz Ortega, Fernando Vallejo, Pedro Lemebel y Eduardo Galeano. Ah, y Sánchez Abuli, creador del Torpedo de los tebeos y que a mi me ha influido mucho, sobre todo a la hora de cerrar el capitulo final de Manteca Colorá. Si lee esta entrevista que sepa que le debo una juerga.

El Eco.


(Esta entrevista fue publicada en SIGLO XXI, el 6-12-05).