«Desde su agujero de arcilla escuchó el eco de las voces que lo llamaban y, como si de grillos se tratara, intentó ubicar a cada hombre dentro de los límites del olivar» (Jesús Carrasco, Intemperie)

domingo, 20 de octubre de 2019

Sobre las colonias industriales

Imagen de una colonia catalana (Fuente: Paperblog)
No cabe duda que la nueva novela de Jordi Llobregat, 'No hay luz bajo la nieve', recupera un fenómeno económico y social muy olvidado en nuestros días. Me refiero a las colonias industriales que, originarias en la Inglaterra del siglo XIX, gozaron de una importante actividad en Catalunya desde finales del siglo XIX hasta más allá de los años setenta. A continuación, inserto algunos enlaces donde se puede encontrar mayor información al respecto: web Ernest Lluch, web Paperblog y, por último, Diario La Vanguardia.

Jordi Llobregat: «Como escritor, me gusta descubrir cosas nuevas y contarlas»


Nº 588.- Ciudad de València. Octubre. Dieciséis horas. Un miércoles. Día de otoño que huele a verano. El escritor Jordi Llobregat se muestra satisfecho con ‘No hay luz bajo la nieve’, su nueva novela, editada por Destino. Es algo que no puede ocultar. Tampoco lo pretende. Ha trabajado duro durante mucho tiempo para presentar este thriller, ambientado en una abadía, entre montañas inmisericordes, y protagonizado por una policía atípica que firma su debut en la literatura: la subinspectora Álex Serra, una mujer con problemas asmáticos y ansiedades, que utiliza Ventolín y está apartada del cuerpo policial por disparar, accidentalmente, sobre su compañero Manel. En su regreso al servicio activo, Serra no se enfrentará sola con el horror de unos crímenes. Le acompañará Jean Cassel, teniente de la policía francesa. Juntos recorrerán un camino salpicado de sorpresas, sobresaltos y mucha nieve. Al fondo, como un telón espeso y oscuro, la colonia industrial de la familia Dalmau y más de un personaje enigmático. ‘No hay luz bajo la nieve’ posee todos los elementos para ser lo que es: un estupendo thriller sobre el que pude charlar con Llobregat durante un buen rato. A Jordi, quizá, se le ve un poco cansado, pero feliz y tranquilo, saboreando cada sílaba, cada palabra, cada respuesta suya. Así lo registró la grabadora a partir del momento en que pulsé la tecla Rec. Con el piloto rojo encendido, comenzamos nuestra conversación.
Jordi, me encanta la portada de tu novela.
Me pasa lo mismo que a ti. Me parece muy apropiada para ‘No hay luz bajo la nieve’, el título de la novela. Titular es una tarea complicada para mí, me cuesta elegir. Pero no cabe duda de que, en este caso, diseño y título conjuntamente funcionan bien.
Eres director del festival València Negra y codirector de Torrent Histórica, un festival de novela histórica. También participas en el programa Xats, publicas artículos, tienes tu propio trabajo y una hija, ¿de dónde sacas tiempo para escribir una novela con más de quinientas páginas?
[Risas] Lo de la hija es importante, porque requiere mucha dedicación, mucho tiempo. Y también tengo pareja y viajo mucho… Sí, mi tiempo es muy limitado y me apaño como puedo. Todo es problema de organización y, aun así, estoy lejos de otros autores que conozco, que le sacan un enorme partido a su tiempo. Creo que soy bastante metódico y, a la vez, caótico y en ocasiones no consigo estirar las horas todo lo que necesito, porque procrastino mucho.
A la hora de escribir, ¿precisas de algunas condiciones especiales para hacerlo?
No necesariamente. Las cosas evolucionan. Yo planifico mucho y eso suelo hacerlo en bares o lugares parecidos, porque me llevan a procrastinar [risas]. En seguida me intereso por lo que sucede a mi alrededor, me distraigo y, aunque parezca mentira, eso me ayuda mucho. Ahora bien, a la hora de escribir sí que necesito una atmósfera más tranquila. Y uno de los mejores momentos para mí es cuando empieza la noche de verdad, cuando toda la gente se ha ido a dormir… Es un ambiente bonito, calmado, en el que me siento muy bien. Me gusta estar solo en medio de la ciudad. En este sentido soy un tipo muy urbano.
¿Disfrutas más documentándote o escribiendo?
Son momentos distintos. En ocasiones comienzo a documentarme con algo que no encaja con lo que necesito. Busco sin saber muy bien lo que quiero y encuentro cosas que no me van a servir para nada. Sin embargo, de repente, aparece una veta, te das cuenta de que es lo que quieres y la sensación es muy buena. Escribir es otra cosa, porque escribir es crear. Cuando fluye la escritura te sientes muy bien. Es un instante mágico, que me recuerda mi época de nadador. Cuando alcancé mi punto óptimo en la piscina, yo no nadaba, fluía, era como si rozase el agua. Fueron momentos impresionantes que, a veces, echo de menos porque los disfrutaba mucho.

sábado, 19 de octubre de 2019

Fernando Gallego y García Pavón

He sido, soy y seré un amante de las caricaturas. La capacidad que tienen ilustradores y dibujantes para sintetizar en pocos rasgos la personalidad del retratado y para exagerar los cuatro puntos que definen un rostro o un cuerpo siempre me ha  seducido. Me parece algo fascinante, envidiable, hermoso. Desde hace unos años, hay un caricaturista que me alucina: Fernando Vicente. Inserto aquí su excelente, una más, caricatura del escritor Francsco García Pavón, el creador literario del personaje Plinio, alias Manuel González.

Ya de paso, incluyo el link https://elpais.com/cultura/2019/09/27/babelia/1569602917_020714.html, correspondiente al artículo escrito por Cristián Segura para el suplemento cultural Babelia (28/09/2019) sobre el escritor manchego, tan a mi juicio injustamente postergado, olvidado y, en algunos casos, menospreciado.

sábado, 12 de octubre de 2019

‘Las guerras civiles españolas. Una historia comparada de la Primera Guerra Carlista y el conflicto de 1936-1939’ de Mark Lawrence


Que la Guerra Civil Española resulta un tema apasionante es una verdad tan grande que se cae por su propio peso y no hace falta insistir en ella. Ahora bien, desde que concluyó el 1 de abril de 1939 han sido legión los historiadores, extranjeros y españoles, que le han dedicado trabajos monográficos, tanto con historias generales como fragmentarias. A medida que avanzan los años, se escribe más sobre ella y es seguro que seguirá escribiéndose durante mucho tiempo. Desde el que podemos considerar primer gran clásico del tema, The Spanish Civil War, publicada por Hugh Thomas en 1961 y revisada en varias ocasiones, hasta hoy, los historiadores se han centrado en un conflicto enormemente atractivo para el investigador, el estudioso y el lector en general. Las nuevas aportaciones documentales, descubiertas en archivos civiles y militares, a medida que ha sido posible acceder a ellos con mayor libertad, y en algunos también los testimonios orales- o escritos – de los pocos supervivientes que puedan quedar a fecha de hoy, han constituido los pilares básicos que han posibilitado la proliferación de estas publicaciones.

Ahora y dentro de esta proliferación, el profesor de Historia de la Universidad de Kent, Mark Lawrence (Worcester, Reino Unido, 1978), acaba de publicar en Alianza editorial un volumen de largo título: ‘Las Guerras Civiles Españolas. Una historia comparada de la Primera Guerra Carlista y el conflicto de 1936-1939’. Precisamente, en el subtítulo de la obra radica qué la diferencia de otros textos preexistentes sobre este mismo asunto. Sí, porque el profesor Lawrence apuesta por la llamada historia comparada para analizar las dos guerras, las más cruentas en la historia de España según su trabajo. El padre de la historia comparada, «por derecho propio» en palabras del británico, fue Marc Bloch, fundador junto con Lucien Febvre de la francesa École des Annales, que murió asesinado por la Gestapo en 1944.

jueves, 3 de octubre de 2019

Luz Gabás: «Los protagonistas de la novela han perdido la ilusión. Son como un alma vacía»


Nº 587.- Afirma Luz Gabás que ‘Palmeras en la nieve’ y su nueva entrega, ‘El latido de la tierra’, son sus dos novelas más sentidas y personales. En ‘El latido de la tierra’, recién editada por Planeta, enlaza una bella historia de amor otoñal con la investigación de un crimen, la defensa de la tierra y el mundo rural como patrimonio de todos. Por espacio de unas semanas, la escritora aragonesa ha abandonado el valle de Benasque, donde reside, para presentar el libro por toda la geografía peninsular. Y, por primera vez, se ha internado en el territorio de la novela policiaca, del thriller, aceptando a regañadientes las normas que imponen los cánones del género, para construir no un relato policial al uso sino otra cosa distinta. La primera diferencia la encontramos en que, durante un buen tramo de la narración, el lector desconocerá quién es el muerto. O la muerta. Atrás quedaron, pues, los registros históricos de sus anteriores títulos, porque, como la propia Luz reconoce en la entrevista, ‘El latido de la tierra’ le exigía otro modelo, otra forma de narrar. Nuestra conversación tuvo lugar en el Hotel Vincci Lis, situado en el centro de València, muy próximo a la Estació del Nord, por donde llegan a la capital del Turia muchos escritores de paso, como ella, para contarnos aspectos de su literatura.
Luz, a estas alturas de tu carrera literaria, con cuatro títulos publicados ya, ¿es bueno o es malo llevar a cuestas la mochila de ‘Palmeras en la nieve’, tu exitosa primera novela?
Para ‘Palmeras en la nieve’ solo tendré siempre buenos recuerdos, incluso cuando sea viejita llevaré una camiseta que diga «Yo soy la autora de ‘Palmeras en la nieve’». Esa novela cambió mi vida en muchos sentidos. Gracias a ella regresé de la ciudad al campo para escribirla, con el añadido de que funcionó muy bien y me permitió encontrar una editora. Ahora, con cada obra nueva ya no busco editora, porque la tengo y sé que me espera. ‘Palmeras en la nieve’ nunca será una mochila negativa, sino todo lo contrario.
¿Qué hay de nuevo en ‘El latido de la tierra’ que no podamos encontrar en tus novelas anteriores?
Para mis lectores de siempre se trata de un libro distinto. Seguro que les resultará algo curioso y refrescante, porque no es una novela histórica al uso, sino una trama policíaca narrada con una voz contemporánea que habla en el presente. Y para quienes no me hayan leído aún, puede significar una forma de acercarse a mi literatura. Desde luego, como escritora me ha servido para darme cuenta de que puedo narrar con otro registro, como es el policiaco, muy complejo y del que creo, además, que he salido bien airosa.

martes, 24 de septiembre de 2019

Francisco Aguilera: «Salvador Allende fue un hombre de fuerte personalidad, con convicciones y gran carisma»



Nº 586.- El escritor Francisco Aguilera (Santiago de Chile, 1974) acaba de publicar su nuevo libro titulado ‘La Moneda, 11 de septiembre’, editado por Dràcena, una suma de testimonios de cuatro personajes de la calle, un camarero, un policía, un recluta y un bombero, que recuerdan sus vivencias el día 11 de septiembre de 1973, cuando se produjo el golpe de estado que terminó con el mandato constitucional del presidente Salvador Allende. A partir de aquel día, la realidad chilena cambió por completo y una cruel, sanguinaria y represora dictadura, la del general Augusto J. R. Pinochet, gobernó el país sudamericano durante casi veinte años. Pero no quiero entretenerme más con los preámbulos. Es mucho mejor leer, casi escuchar, las respuestas del escritor chileno.

Francisco, la primera vez que entrevisto a un escritor siempre le formulo la misma pregunta: ¿por qué escribe o qué significa para usted la literatura?
Difícil pregunta. Tal vez podría responder a ella con una pirueta. Responder a lo que es la literatura con literatura. Con una cita que me identifica. Es del poeta chileno Enrique Lihn: “Ahora que quizás, en un año de calma, / piense: la poesía me sirvió para esto: / no pude ser feliz, ello me fue negado, / pero escribí.”

¿Cómo se tropezó con la historia que le inspiró la novela? ¿Hubo alguna imagen, algún recuerdo o alguna lectura que le impulsaron a escribirla?
El tema del golpe de Estado siempre me ha interesado. Se dice que el 11 de septiembre es el acontecimiento mas importante y definitorio del siglo XX en Chile, cuyo legado permea la vida de todas las generaciones que lo habitan hasta el día de hoy. Por lo tanto, a primera vista, no se trata de un tropiezo: el acontecimiento está ahí, como repitiéndose. Y sin embargo, hay algo de tropiezo también, de encuentro inesperado. Con un libro, por ejemplo. Recuerdo que había, en la biblioteca de mi casa, un libro documental sobre el golpe de Estado. Era un libro grande, de tapas negras, sin título, sin autor, sin señas. Era un libro clandestino, secreto, prohibido. Pero a fuerza de querer pasar desapercibido o de ocultarse debajo de una cubierta sin señas ni escritura, el libro producía un efecto contrario: resaltaba y se distinguía sospechosamente entre los otros libros de la biblioteca que sí tenían cubierta. Era como un llamado irresistible a la curiosidad. Yo era muy chico entonces, y lo hojeaba en secreto. No recuerdo si lo leía, si podía hacerlo, si sabía hacerlo siquiera. Pero recuerdo sus fotografías en blanco y negro de La Moneda bombardeada el 11 de septiembre: fue mi primera experiencia con respecto al golpe de Estado. Nunca ese libro me fue ofrecido o presentado, pero allí estaba, como testimonio, como traza de un pasado que se transmite pese a todo. Pese al silencio, pese al ocultamiento.

Introduzcámonos un poco en su vida. Nació usted en 1974 en Santiago de Chile, por lo tanto, Augusto J.R. Pinochet apenas llevaba un año al frente de la dictadura, que se extendió hasta 1990, ¿qué recuerdos guarda usted de esos años?
Son muchos los recuerdos. Después uno tiene una imagen o una visión de ese tiempo, la época de la niñez y de la primera juventud, en el que la dictadura no es necesariamente lo más marcante, como si solo fuera un ruido de fondo, una escenografía. Todo esto da para largo. Ahora bien, de entre los muchos recuerdos, hay uno que tal vez grafica la disposición o la situación que era la mía en esa época. Fue en los años 80, durante las grandes protestas nacionales en contra del gobierno de Pinochet. Yo estaba en el colegio. Era un colegio de curas, en pleno centro de Santiago. Nosotros estábamos jugando a la pelota y afuera, sin que pudiéramos verlo, se desarrollaba la protesta: nosotros escuchábamos los ruidos, los gritos, las consignas. Y de pronto, en medio del partido, varias bombas lacrimógenas surgen de lo alto, surcando el cielo, atravesando los muros del colegio, hasta caer en medio del patio central que nos servía de terreno de juego, interrumpiendo el partido. Y ahí unos muchachos, tal vez los propios jugadores o parte del publico, salen corriendo detrás de estas bombas que rebotan en le suelo, y comienzan a patearlas como si fueran unas pelotas, a dominarlas de alguna manera.

¿Ha pasado tiempo suficiente para escribir esta novela sobre la dictadura pinochetista?
Yo no la veo como una novela sobre la dictadura. Pero entiendo la pregunta. Ha pasado el tiempo necesario, en mi caso, pero no creo que se trate de una cuestión de tiempo que pasa lo suficiente o lo necesario con el objeto de poder poner en perspectiva un hecho histórico y así abordarlo como si estuviera fuera del tiempo. Como si en algún momento el hecho histórico, digamos en su significación o en su objetividad, quedara asegurado por el mucho tiempo que pasa. No creo mucho en eso

Usted reside en París, ¿para escribir de su tierra, es mejor hacerlo desde la distancia?
No creo. En términos generales, creo que la distancia estropea la lengua materna. Aunque al mimo tiempo, puede que eso no sea tan malo. 

viernes, 12 de julio de 2019

César Gavela: «La novela te lo da todo hecho, pero un relato es algo más poético y literario que exige complicidad del lector»


Nº 585.- Mediodía. Segundo miércoles de julio. Planea el calor sobre el centro de València. La luz ilumina los edificios, el agua de la fuente, el tráfago de transeúntes y el discurrir de turismos y autobuses. Una mesa, ligeramente apartada, en la cafetería del Hotel Meliá Plaza, sirve como territorio neutral para la entrevista con César Gavela (Ponferrada, León, 1953), que tiene nuevo libro en el mercado, ‘Los astros’, editado por Olélibros, una colección de relatos y microrrelatos de amor, pasión, muerte, placer,  melancolía y memoria. Sueños, sentimientos y emociones de hombres y mujeres que desfilan por sus páginas, a veces casi como voces fugaces, destellos, que llegan, te cuentan algo y se van. Un café y una botella de agua son los aditamentos que necesitamos para conversar sobre literatura, libros y alguna otra cuestión. El piloto «Rec» de la grabadora se ilumina puntualmente. Comenzamos.

César, ¿qué hace un leonés como tú en una ciudad como València?
Vine a València de casualidad. Fue en 1976 al acabar la carrera de Derecho en la Complutense y aprobar oposiciones a funcionario del estado. Como en Madrid no había plaza, me fui a San Sebastián, que estaba cerca de Francia, un país muy apetecible en aquel tiempo, parecía el paraíso de la libertad por aquello de que aquí la democracia aún no estaba instaurada. San Sebastián es un lugar precioso, pero me di cuenta de que me apetecía vivir en una ciudad un poco más grande. Como tenía ganas de conocer el Mediterráneo y tenía familia aquí, pedí el traslado y me lo concedieron. Yo entonces era un chaval de veintitrés años y mi intención era estar un tiempo y después marcharme. Ser funcionario me permitía cambiar de sitio, conocer nuevos lugares, como hacían otros amigos míos, y siempre con la idea de terminar en Madrid. Sin embargo, me gustó mucho esta ciudad, me ganó por su luz. La luz de València es muy particular, es potente, te atrapa. También había muchas librerías en la ciudad, algo indispensable para mí. Luego me casé y aquí me quedé.

Entre muchos otros y por citar solo unos cuantos, Luis Mateo Díez, Julio Llamazares, Raúl Guerra, Andrés Trapiello y tú mismo sois leoneses, ¿qué tiene León que produce tan buenos escritores?
Lo de León es un misterio. Se han escrito artículos y reflexiones sobre esta cuestión porque se trata de una provincia que, con tan solo quinientos mil habitantes, cuenta con una gran cantidad de escritores de nivel: Mateo Díez, Julio Llamazares, Gamoneda, Antonio Colinas, Carnicer… Muchos opinan que en León las familias, que eran de origen humilde, estaban muy interesadas en que sus hijos tuviesen estudios. Allí siempre se ha valorado enormemente la cultura. Y también ha habido muy buenos profesores de literatura, tanto en colegios como en institutos. Algunos curas que me dieron clase estaban verdaderamente locos por la literatura. Imagino que también por la religión. Estoy convencido de que el noventa por ciento de esos escritores hemos surgido gracias a esos profesores que nos metieron la literatura por todas partes. El proceso es claro: al comienzo lees, pero al final terminas escribiendo. Antes de escribir yo me pasé quince años leyendo como un poseso.

martes, 9 de julio de 2019

José Luis Corral: «Carlos I quería conservar el estilo de gobierno antiguo y ser un garante de las tradiciones»


Nº 584.- En el año 1539, abatido por la muerte de su esposa Isabel de Portugal, el emperador Carlos de Austria se encerró en un convento y se aisló del mundo. Sus enemigos, no obstante, no descansaban y amenazaban sus dominios: la ciudad de Gante se rebeló, los turcos avanzaban hacia Europa, los protestantes cuestionaron su autoridad y Francia y el papa le fueron hostiles. Carlos V reaccionó y, con los tercios viejos como fuerza de choque, consiguió importantes victorias que lo encumbraron como dueño de medio mundo. En los últimos días de su vida, se retiró al monasterio de Yuste, donde moriría sumido en la melancolía y sus recuerdos. Con ‘Los Austrias. El dueño del mundo’, editado por Planeta,  tercer y último volumen dedicado al soberano habsburgués, José Luis Corral (Daroca, 1957) pone punto final a este trabajo que le ha ocupado los últimos cuatro años de su carrera como novelista. En una reciente visita a València, resguardados del calor reinante por los muros de uno de los salones del Museo L’Iber de Soldaditos de Plomo, pudimos conversar durante un rato, que supo a muy poco la verdad, sobre esta nueva novela suya. Escuchar a José Luis Corral es asistir a una clase de Historia, esa materia que tanto le apasiona como docente y como novelista.
José Luis, con ‘Los Austrias. El dueño del mundo’ cierras tu trilogía sobre Carlos I, ¿esta obra molesta o puede molestar a alguien?
Desde luego, no creo que moleste a quienes hace quinientos años protagonizaron los episodios que relato en los libros [risas], pero lo que tengo claro es que yo, por ser políticamente correcto, no me voy a cortar nada con gente que tiene una idea errónea sobre la Historia. Lo que he contado son acontecimientos debidamente documentados a los que les he añadido el toque literario que toda novela histórica ha de tener. Sé que a algunos,  sobre todo a ese ultranacionalismo españolista que nos empieza a invadir, protagonizado por Vox y algunas derivas del PP y Ciudadanos, les puede molestar, pero no me importa. En la primera novela de esta trilogía ya desmonté ese pannacionalismo españolista, que pretende llevar el origen de España hasta los Reyes Católicos.

domingo, 7 de julio de 2019

Óscar Montoya: «He intentado hacer de la Transición un personaje más, quería hablar de los miedos interiores de un país y de un individuo»


Nº 583.- Antonio Tojeira se siente afortunado: lleva un año en Alicante como inspector de policía y disfruta del sol, de la modernidad que trae el turismo en la España convulsa de 1980, la de la Transición, y de una incipiente relación con Cruz, una echadora de cartas con quien se acuesta ocasionalmente. La muerte accidental de un joven en una estación de tren y el traslado de Tojeira a una comisaría norteña van a alterar profundamente este panorama. La felicidad del inspector se trastoca en su nuevo destino, al tiempo que sus pasos le conducen hacia una trama en la que confluyen corruptos policías y grupúsculos fascistas. Este es el argumento que maneja ‘De otro lugar’ (Alianza de Novelas), el debut en el género negro de Óscar Montoya, un alicantino residente en Vigo desde hace casi treinta años.
La entrevista con Montoya se desarrolla a mitad de tarde, un viernes caluroso, mientras los albañiles cambian una ventana en mi domicilio. En contra de los habituales sonidos de cafetería, platillos, tazas, cucharillas, como fondo de grabación, auténticos efectos especiales, se escuchan martillazos, voces de tono elevado y el siseo de una radial pertinaz. En todo caso nada serio, nada capaz de impedir la conversación entre el autor de ‘De otro lugar’ y quien esto suscribe.
Óscar, ¿qué hace un alicantino como tú en un sitio como Vigo?
Llegué aquí con 14 años, procedía de Alicante, y la verdad es que ya me considero medio gallego. Voy a cumplir cuarenta y cuatro y casi «falo galego a modiño» (Hablo gallego despacio).
Y ¿qué significa la escritura para ti?
Es algo que he hecho desde pequeño, igual que el dibujo. Supongo que es una vía de escape para comprender lo que no entiendes de la vida cotidiana y también una forma de intentar conocerte a ti mismo.

martes, 2 de julio de 2019

Juan Ramón Barat: «Juan Bautista Basset es un desterrado de la Historia, han echado capas de cal sobre su memoria»


Nº 582.- «Va ser a la tardor de 1705, que a Altea desembarca Batista Basset, com a general de l’exèrcit de Carles el d’Austria…» Así dice el ‘Romanç de cec’ contenido en el álbum ‘Quan el mal ve d’Almansa’, la genial cantata compuesta por el grupo valenciano Al Tall en el año 1979, a cuya presentación tuve la fortuna de asistir en el Teatro Principal de València. Cuarenta años después, un libro, irresistible portada, irresistible contenido, irresistible protagonista, llama mi atención desde las mesas de las librerías: ‘1707’ del escritor Juan Ramón Barat (València, 1959), editado por Algaida. ‘1707’ y ‘Quan el mal ve d’Almansa’ tienen varias cosas en común, una de ellas fundamental: un protagonista: Joan Bautista Basset, el general que comandaba las tropas austracistas durante la Guerra de Sucesión a la corona de España, que asoló media Península Ibérica a comienzos del siglo XVIII, a cuya conclusión una nueva dinastía, la de los Borbones, se asentó en el trono de Madrid.

Juan Ramón Barat centra ‘1707’ en Basset, pero no sólo hace eso sino que aprovecha la figura del militar de Alboraya, hijo de un modesto carpintero, para describir con total exactitud la guerra sucesoria. Su narración atraviesa la batalla de Almansa, el terrible incendio de la ciudad de Xàtiva y la promulgación el día 29 de junio de 1707 de los Decretos de Nueva Planta, a través de los cuales y «por el justo derecho de conquista» quedaron abolidos y derogados por completo los «fueros, privilegios, prácticas y costumbres» de todos los valencianos, incluida la prohibición de utilizar la lengua vernácula, sustituida a partir de entonces por el castellano. Fue poco después de un mediodía del mes de junio, cuando a través del teléfono conversé con el escritor valenciano sobre ‘1707’ y algunas otras cuestiones que envuelven la novela y la colocan en el sitio preciso.

Juan Ramón, ¿qué significa escribir para ti?
Para mí, escribir es algo así como una aventura apasionante, que me permite descubrir ese mundo mágico que está a nuestro alrededor. Cada proyecto literario que emprendo representa una aventura diferente, en la que me sumerjo hasta el fondo para extraer mediante palabras todas las maravillas que me puede ofrecer. Las palabras también son mágicas, porque con ellas podemos expresar lo que existe y lo que no, nuestros deseos y nuestras esperanzas, nuestros sueños y nuestras realidades.

Tú eres profesor de instituto, ¿se compagina bien la docencia con la literatura?
Sí, él único problema que existe es el del tiempo. La docencia es un trabajo «duro», porque no comprende solo las horas de clase sino también las tareas de casa corrigiendo exámenes y preparando materiales, así como el desgaste continuo de trabajar con gente joven, que tiene mucha más energía que tú, una energía que muchas veces no va en la misma dirección que la tuya. Todo esto te resta tiempo para la creación literaria, pero también te aporta cosas positivas porque estar en contacto con esa juventud vital e imaginativa te obliga a reciclarte continuamente. La vida cambia, ellos te vigilan permanentemente y no permiten que te anquiloses.

¿Cómo te tropezaste con la figura de Juan Bautista Basset o cómo surgió la idea de escribir una novela sobre él?
Esta novela la escribí hace 12 años y descubrí su figura casualmente. Un editor ya jubilado, Marcos Zacarés, me propuso escribir un libro sobre la batalla de Almansa. Iba a ser mi primera novela y acepté el reto, pero cuando empecé a investigar me di cuenta de que la batalla se enmarcaba dentro de la Guerra de Sucesión y que el tema tenía unas posibilidades narrativas muy grandes. Tras mucha búsqueda, di con un personaje que podía canalizar toda la trama: Juan Bautista Basset. Me quedé prendado de él, fue como un flechazo. Basset es un personaje que reúne todas las condiciones para forjar la figura de un héroe de novela. Su origen, hijo de carpintero, era muy humilde y además había vivido muy cerca de mi casa, en la huerta de Alboraya. Por azar, llegó a ser un gran general y un personaje casi decisivo en la Guerra. La única dificultad que presentaba como personaje era que su existencia está muy diluida por el paso del tiempo y sobre él se ha construido más leyenda que realidad. Yo intenté rescatar todos los datos que pude y reconstruir el mito, porque sin duda Basset ha sido un mito.

lunes, 1 de julio de 2019

Patricio Pron, ganador Premio Alfaguara de Novela 2019: «Del reconocimiento de los errores cometidos se beneficia nuestra siguiente relación»


Nº 581.- El jurado del Premio Alfaguara de novela 2019 manifestó que ‘Mañana tendremos otros nombres’, la obra ganadora, era «la autopsia de una ruptura amorosa que refleja la época contemporánea de manera excepcional». Escrita por el argentino Patricio Pron (Rosario, 1975), cuenta la ruptura de una pareja. Ellos viven en Madrid en un tiempo actual. Ambos rondan los cuarenta. Ella es arquitecta, tiene miedo a hacer proyectos de futuro y busca algo que no puede definir. Él escribe ensayos, lleva cuatro años a su lado y nunca pensó en verse soltero de nuevo, en un «mercado» sentimental del que lo desconoce todo. Por las grietas de su derrumbe como pareja se filtran las amistades, sus consejos y sus vidas, la mayoría de las veces con más dudas que certezas. Es la generación Tinder, la de unas personas que eliminan a otras con un dedo; una generación en la que todos están expuestos y a la postre desencantados. Y hasta ahí puedo leer… ‘Mañana tendremos otros nombres’ es una mirada a las relaciones sentimentales del animal humano desde una óptica sociológica que no excluye la ternura y una novela del amor en tiempos de las redes sociales.

Patricio Pron lleva una mañana desatada en València. Apenas sale del estudio de Cv Radio, con los cascos colgando, cuando me atiende. Es la primera hora de la tarde. Se le ve cansado por la promoción, larga, interminable aparentemente, que le exige viajar por toda Sudamérica para presentar la novela. Hay unos cafés de por medio. Ambos con sacarina. Ruido de cucharillas. Trasiego de parroquianos y camareras. Empezamos.

Enhorabuena, por el Premio Alfaguara de novela 2019, Patricio, ¿qué significa para ti haber obtenido este galardón?
Gracias. El premio significa una magnífica oportunidad para que esta novela obtenga una mayor resonancia de la que habría tenido si no lo hubiera ganado. Es también una puerta privilegiada para que los lectores entren a mi trabajo y me permite pertenecer a la lista de escritores que han ganado el Premio Alfaguara que, con sus más y sus menos, es uno de los más respetados en el ámbito del español. Resumiendo es un enorme placer, un cierto orgullo, una gran oportunidad y la responsabilidad de que el libro esté a la altura de lo que se espera de él.

‘Mañana tendremos otros nombres’ respeta esa alternancia tuya de escribir un libro de cuentos, una novela, otro libro de cuentos, otra novela y así sucesivamente.
Creo que sí, porque lo último que publiqué fueron cuentos. Me despisto un poco porque se mezclan con mis traducciones y ediciones en otras lenguas. Lo que es seguro es que en mi lista de títulos, es el segundo más largo.

viernes, 28 de junio de 2019

Edurne Portela: «La violencia es un tema inagotable, consustancial con la realidad»


Nº 580.- Adentrarse en el universo de Edurne Portela (Santurce, Vizcaya, 1974) ha constituido una de las mejores sorpresas literarias de lo que va de 2019. Había escuchado buenas opiniones sobre sus novelas, incluso había visto alguna crítica al respecto, pero hasta hace unos pocos días, no había tenido la oportunidad de leer nada suyo. Ni siquiera una columna o un artículo. Fue a primeros de junio, cuando pasó por la librería Bartleby de València, que tomé contacto directo con su obra. Edurne vino a presentar su nuevo título, ‘Formas de estar lejos’ (Galaxia Gutenberg), el segundo de su carrera como escritora de ficción, iniciada en 2017 con ‘Mejor la ausencia’ (Galaxia Gutenberg).  Decidí romper el orden secuencial de sus publicaciones y, de este modo, me asomé  directamente a ‘Formas de estar lejos’, cuyos protagonistas, Alicia y Matty, se conocieron en un pueblo sureño de los Estados Unidos, se enamoraron y decidieron construir una vida en común o, al menos, intentarlo. Alicia procedía de Euskadi. Abandonó su tierra en pos de una intensa carrera universitaria, mientras que Matty, cuyos padres nunca fueron un modelo de convivencia, había alcanzado esa forma de felicidad estable que crean las rutinas. Poco a poco, como si fueran recortes, manchas, flashes, la narración desvelará las mentiras y perversiones que se esconden detrás de una aparente vida perfecta. Matty y Alicia se mueven en un mundo de soledades compartidas, donde violencia y abuso se disimulan con el silencio y los espacios de seguridad vienen dados por la casa y la universidad.

jueves, 20 de junio de 2019

Sophie Hannah: «Tengo el gran honor de haber trabajado con Poirot, el mejor personaje creado por la literatura de misterio»

Fotografía cedida por Editorial Planeta.
Nº 579.- Desde la publicación de su primera obra en 1920, Agatha Christie escribió Treinta y tres novelas, dos obras de teatro y más de cincuenta historias breves con el personaje de Hércules Poirot como protagonista. En 2014, los albaceas de su legado, aprobaron la preparación de nuevas novelas del investigador de bigotes almidonados y exquisitos gestos. Fue así como la británica Sophie Hannah, autora experta en literatura policiaca, resultó elegida para escribir ‘Los crímenes del monograma’, primer título de la nueva serie protagonizada por el detective belga. En 2019, Hannah acaba de publicar la tercera entrega, que lleva por título ‘El misterio de las cuatro cartas’, editado por Espasa, en la que Poirot se ve involucrado en el envío de unas cartas firmadas por él a diversas personas, en las que se les acusa de haber cometido el asesinato de Barnabas Pandy, un sujeto a quien el detective no conoce y del que se ignoraba que hubiera muerto asesinado. El misterio está servido y las preguntas sobre quién puede ser el autor, o la autora, de las cartas y sobre quién pudo eliminar al señor Pandy brotan solas. Inevitablemente, Poirot tendrá que poner en funcionamiento su «materia gris» para averiguar qué entramado criminal se esconde detrás de esas cartas.


Desde siempre, Sophie Hannah (Manchester, 1971) ha sido una escritora apasionada por la obra de Agatha Christie. Alojada en la tranquilidad de su domicilio, en un interludio de la promoción de ‘El misterio de las cuatro cartas’ y mientras prepara la siguiente novela, que ya será la cuarta, tuvo la amabilidad de contestar un puñado de preguntas formuladas desde esta orilla del Mediterráneo. Lo que viene a continuación son precisamente sus respuestas.

¿Por qué escribe Sophie Hannah?
Escribir es mi pasión y mi «hobby». Es algo que he hecho desde siempre. Ya de pequeña sentía un deseo irrefrenable de contar historias. No puedo imaginar mi existencia sin hacerlo, porque escribir es mi manera de dar sentido a la vida.

De todos los géneros literarios que existen se decantó por la novela policiaca o de misterio, ¿lo hizo por algún motivo en particular?
He amado las historias de misterio desde que puedo recordar, desde que tengo memoria. A los seis años, leía a Enid Blyton; a los doce descubrí a Agatha Christie; y al cumplir los diecinueve, a Ruth Rendell. Devoré las novelas de estas autoras compulsivamente. No tengo ninguna duda de que el misterio es mi género favorito para leer y también para escribir.

miércoles, 19 de junio de 2019

Manuel Jabois: «Quiero llegar a los lectores con mis propias armas, con mi estilo»


Nº 578.- Ha adquirido relevancia por sus apariciones en prensa. Diario de Pontevedra, El Mundo y El País han publicado y publican sus artículos desde hace tiempo. Tiene una colaboración diaria, breve pero jugosa, en la Cadena Ser, dentro del programa Hoy por Hoy, donde se pueden escuchar sus comentarios sobre temas de actualidad. Ahora, Manuel Jabois (Sanxenxo, Pontevedra, 1978) se descuelga con su primera incursión en el territorio de la ficción. Y lo hace con una novela, ‘Malaherba’, editada por Alfaguara, una narración fronteriza entre la última infancia y la pubertad, la de Tambu, Elvis, Rebe y Claudia. ‘Malaherba’ es un libro de iniciación, de descubrimientos, de peligros, de asombros y perplejidades. Una prosa fresca, con retranca, pulida, bien engrasada, que se lee con pasmosa rapidez y deja un poso agridulce en el lector, es su mejor tarjeta de presentación.

Manuel, es la primera vez que te entrevisto, por tanto, esta pregunta es casi obligatoria: ¿qué significa para ti escribir?
Básicamente, escribir para mí significa ser bastante feliz. Me cuesta mucho ponerme a escribir y me cuesta mucho dejar de hacerlo y digo que soy bastante feliz porque se me ocurren muchas cosas que, aquí y ahora, no pasan por mi cabeza. Muchas veces vivo mejor en la escritura que fuera de casa. No puedo decir que los momentos de bajón, de tristeza o de preocupación se curen con la escritura, pero sí es verdad que después de escribir me siento bastante mejor. También me sienta muy bien escuchar lo que la gente opina de lo que escribo, porque yo escribo para los demás.

¿‘Malaherba’, por ser tu primera novela, es muy autobiográfica?
En realidad, no es la primera, ya que escribí una novela en gallego hace quince años. Sobre su carácter autobiográfico, no creo que tenga que cumplirse siempre esa norma. No sé cuál será la segunda, la tercera o la cuarta novela que escriba, pero de lo que no tengo ninguna duda es de que decidí utilizar la primera persona para contar una historia más o menos lineal, concentrada en un tiempo y un espacio autobiográficos concretos, en los que el protagonista, un niño con la misma edad que un día tuve yo, vive y estudia en un entorno parecido al mío. A partir de ahí, la familia y los compañeros son completamente inventados. El protagonista tiene obsesiones, inseguridades, dudas y miedos que sí son míos, igual que su mirada. Si no lo fueran, resultaría muy complicado para un escritor novato como yo haber inventado todo eso. He escrito la novela desde el punto de vista de la humildad.

¿Has escogido precisamente la primera persona para narrar por esos rasgos tuyos a los que aludes?
A la tercera persona le tengo mucho respecto. Creo que no sabría manejar bien la omnisciencia y que enseñaría demasiado al lector. Hay que poseer un dominio narrativo muy grande para utilizarla. Además, como provengo de la crónica y del reportaje, tal vez me hubiera podido más la pulsión periodística que la literaria a la hora de escribir. Con la primera persona, el problema radicaba en localizar la voz narrativa de un crío de esa edad. Pero como  todavía conservo bastante de adolescente, me parece que no me ha quedado mal.

jueves, 13 de junio de 2019

Rafel Nadal, Premi Ramon Llull 2019: «A mí los lectores me importan mucho»

Nº 577.- Mateu crece en una familia rota que no siente como suya. Desde niño lucha por dejar atrás los gritos, las peleas y las miserias de la Mina, su hogar, la casa más pobre de Caldes de Malavella, la población donde él vive. Para ayudar a su madre a sacar la familia adelante y labrarse su propio futuro, acepta cualquier trabajo, por modesto que sea. Pronto descubrirá que sus orígenes se ocultan detrás de un secreto del que nadie habla, pero que todos conocen. La historia se complica con un hecho real: la llegada a Caldes en 1944 de mil marinos italianos, procedentes del hundimiento del acorazado Roma de la Marina Italiana, bombardeado por la aviación del III Reich. Un día, a sus setenta años, Mateu decidirá averiguar quién es realmente su padre y visitarle para conocerlo. Con esta materia prima, Rafel Nadal (Girona, 1954) ha escrito ‘El hijo del italiano’, editada por Planeta, novela con la que ha obtenido el Premi Ramon Llull 2019.

SOBRE LA PROMOCIÓN

Hace unos días, Rafel Nadal anduvo por Valencia para presentar ‘El hijo del italiano’, porque desde siempre – Charles Dickens ya lo hacía – los escritores también promocionan sus libros, aunque algunos eso no lo llevan muy bien. «Es verdad, los escritores no debemos renunciar a ello, no podemos decir que estamos al margen y que nuestro trabajo concluye con la escritura. Al final, las librerías son un milagro, igual que las editoriales. Se lo debemos todo a libreros y editores y hay que ayudarles. Tampoco hay que olvidar a los clubes de lectura a donde acudimos para hablar de nuestras novelas. Son muy importantes. Los miembros de los clubes son personas que llevan muchos años leyendo, saben muy bien lo que buscan en un libro y lo que quieren preguntarle a su autor». En ocasiones, los mismos clubes le han facilitado su tarea a Rafel Nadal, aunque sea de modo involuntario. «A lo largo de mi carrera literaria, los lectores me han proporcionado muchas historias. No soy uno de esos escritores que dicen que no les importa el público. Yo no me escondo, a mí los lectores me importan mucho. Me encanta que se introduzcan en la historia y se sientan interpelados por lo que escribo. Sin ellos escribiría igual, porque es algo que no puedo evitar, pero mientras trabajo pienso que hay personas que se pueden emocionar con lo que les cuento y eso me produce un gran placer».