«Desde su agujero de arcilla escuchó el eco de las voces que lo llamaban y, como si de grillos se tratara, intentó ubicar a cada hombre dentro de los límites del olivar» (Jesús Carrasco, Intemperie)

viernes, 4 de septiembre de 2009

Mercedes Castro, escritora: "Mi novela es un soplo de aire fresco"

Herme Cerezo. Publicado en SIGLO XXI, 28 de enero de 2008.

Mercedes Castro, natural de El Ferrol, escritora intemporal (su fecha de nacimiento no figura en la solapa del libro), al terminar la carrera de Derecho pasó unos años trabajando en el sector editorial, en el que desarrolló multitud de funciones y del que conserva un grato recuerdo. Ella, Mercedes, lo guardaba en secreto, pero desde bien joven escribía: relatos cortos, poesía... hasta que se planteó el reto de publicar una novela que le había ocupado los últimos nueve años de su vida. Rechazando cualquier posible favoritismo, decidió enviarla "a pelo", como ella misma dice, y la novela comenzó su calvario editorial como una ópera prima más. Transcurridos varios meses, recibió respuesta afirmativa a su envío.

Recién publicada por Alfaguara, las palabras todavía danzan húmedas por el papel, ‘Y punto’ es el resultado de aquel peregrinaje. Y ahora comienza su otro periplo, el de la opinión pública, el de críticos y lectores, el definitivo.
‘Y punto’ es una novela aparentemente policiaca, donde la escritora gallega analiza la vida laboral de una subinspectora del cuerpo nacional de policía, que trabaja rodeada de hombres. La realidad es férrea y Clara Deza, a la vez fuerte y frágil, se debatirá entre la dureza con que debe afrontar la calle cada día y la sensibilidad que toda mujer, que toda persona, esconde en su vida personal, en sus adentros más recónditos.
Si hay algún rasgo que caracteriza a esta novela es la intensidad con que está escrita. ‘Y punto’ es un libro que cuesta de coger pero que todavía cuesta más de soltar. El ritmo narrativo es tal que, cuando lo cierras para echar una siesta, cenar o ver la televisión, lo echas de menos. ‘Y punto’ es una buena excusa para poner en práctica el viejo aforismo del "apague y lea".
Mercedes Castro mezcla narración y pensamiento, tercera persona y primera persona, sin transiciones ni anestesia, directamente. Lo que requiere del lector una buena dosis de concentración, estado que se alcanza con suma facilidad por la frescura, descaro e ironía con que ‘Y punto’ está escrito. Por cierto, y con esto acabo, la escritora ferrolana ha descubierto (y explotado) con notable rendimiento en su prosa el uso de la conjunción y a principio de párrafo (en el título, por ejemplo), algo que ya experimentó en su momento, con igual éxito, el portugués Lobo Antunes.Y no les digo más.

Comenzamos a hablar con Mercedes Castro acerca de su novela.Y de algunas otras cosas.

Mercedes, ¿cómo se te ocurrió saltar la barrera y pasar de editora a escritora?
Es a la inversa, yo escribía desde antes, desde siempre, desde pequeña con mis concursos juveniles y demás. ‘Y punto’ comencé a escribirla en mi último año de carrera. Al acabar Derecho, pensé en buscar un trabajo que cuadrase con lo que a mí me gustaría hacer y encontré uno donde me pagaban por leer. Muchos escritores y agentes literarios no sabían que yo escribía y ahora mismo están muy sorprendidos.

¿Eras dura con los escritores?
Para nada, para nada, siempre me he llevado fenomenalmente con ellos. Lo que ocurre es que yo les he dado caña porque, en un momento dado, los autores necesitan que alguien les ponga las pilas. A los escritores cuando más famosos son, más se les miente.

Una curiosidad: ¿quién corrigió tu novela?
Mi pareja, que es corrector de estilo y que actuaba de látigo permanente. Y ya en Alfaguara, una editora muy buena y entusiasta.

¿Y sigues con tu quehacer editorial?
No, ya no, porque mi vida ha dado muchas vueltas últimamente. He tenido una niña y estoy volcada en las dos criaturas que parí en el año 2007: mi hija y la novela.

¿Cuál es tu momento para escribir?
‘Y punto’ está escrita de noche, en vacaciones, en horas robadas al sueño porque yo trabajaba y tenía mi vida organizada. Es una novela de desvelos.

Al publicar, ¿no has sentido el miedo de desnudarte ante el público?
En mi blog ‘Y punto’ digo que me he hecho el harakiri, que me he abierto las tripas para enseñarlas y para que, si alguien las admira, que las compre. Lo que ocurre es que la gente piensa que yo soy Clara Deza, la protagonista, y hacen la comparación obvia. Pero esto no es así, porque mis tripas y mis pensamientos están repartidos en muchos otros personajes y no en Clara. El único personaje real de la novela es mi gata. Ella es auténtica al cien por cien. Los gatos son, no se pueden inventar.

¿Son parientes Cara Deza y Jacobo Deza, el protagonista de ‘Tu rostro mañana’, la última obra de Javier Marías?
No, Clara Deza es hija de Clara Aldán y Carlos Deza y tiene que ver con ‘Los Gozos y las Sombras’ de Torrente Ballester. Es ahí donde está mi homenaje a este escritor que, además, es de El Ferrol como yo. Él había dado clase en el Instituto donde yo estudié y venía de vez en cuando a dar charlas. A los quince años leí su gran novela y me dije que yo también quería escribir una así. Creo que soy escritora por emulación y porque adoro leer.

También has escrito relatos cortos, ¿en qué distancia te encuentras más cómoda?
Creo que todo depende de la historia que quieras contar, porque también he escrito poemas y me he sentido bien. Lo que ocurre es que en un momento determinado quise contar una historia larga que me ha ocupado seiscientas páginas.

¿Has roto mucho?
No me he cargado muchas páginas, pero he pulido intensamente cada capítulo. Mi sistema de trabajo se basa en reducir al máximo el número de palabras que empleo.

¿Qué tiene tu novela que no tengan otras?
Yo voy a cara descubierta y me expongo. Me puedo llevar muchos golpes pero asumo el riesgo. Y en la novela se nota. He tratado de ser muy sincera, directa y humilde. Se puede tomar como chulería pero en mi caso es humildad. Esto es lo que sé hacer: si se entiende bien, pues me encantará, y si me pule la crítica, pues bueno, yo voy a seguir escribiendo porque para mí escribir es necesario.

Cuesta ponerse a leer ‘Y punto’, pero cuando estás en plena lectura, cuesta mucho más cerrar la tapa, es absorbente.
Sé que el primer capítulo es una apuesta arriesgada y que la voz de Clara puede resultar absorbente. Pero también sé que ‘Y punto’ es un soplo de aire fresco, algo muy original con relación a lo que se escribe por ahí. La novela me ha salido algo caprichosa, porque en ella he metido ciertas digresiones que he querido contar aunque no suela hacerse. Ya sé que el mercado funciona así, pero yo me he querido saltar esas normas. Y no ha sido por chulería, repito: si sale bien, bien y si no, pues también. Necesitaba asumir estos riesgos y que la protagonista fuera atípica y no porque yo sea mejor que nadie o para impresionar. Es un punto de vista más naíf, como cuando un niño se pone a pintar una pared y, de repente, dice ¿qué hago yo pintando aquí? Tenía concebida la historia de ese modo y así la he escrito.

La estructura de ‘thriller’ es algo accidental, ‘Y punto’ tiene otras lecturas intrínsecas ¿no?
En efecto, mi novela es un análisis bastante crítico de la sociedad. Hay mucha crítica social, me interesaba particularmente este aspecto. Si yo hiciera una novela en la que ningún jefe llamase "chata" a Clara Deza, no sería una novela realista sino utópica. En España, desengañémonos, todavía hay hombres que siguen ladrando o jadeando delante de una mujer, aunque no todos son igual. También hay buenos tíos y cada pendeja que no veas.

¿Cómo has conseguido mantener la intensidad a lo largo de todo el libro?
He intentado que el final no desmerezca el principio. Como editora aprendí mucho sobre el estilo y la técnica, pero vi también muchos originales que comenzaban fenomenal y que, de repente, perdían fuelle o, al revés, la narración iba bien y el autor, de golpe, se precipitaba, le entraba la prisa y acababa en un pispás. Eso me producía una desazón que no me gustaba y que he tratado de evitar en mi novela.

La portada es un poco ambigua, ¿no?
Me ofrecieron dieciocho o veinte portadas y me cargué todas menos dos. Quería una portada en blanco y negro, con una mujer a la que no se le viera bien la cara, porque yo no describo el rostro de Clara en mi novela. Quizá sea la causa de esa ambigüedad que dices.

Habiendo sido editora, has jugado a probar suerte. En un país como España, donde se editan 70.000 libros al año, ¿tan difícil es publicar?
Publicar es como ‘Operación Triunfo’. Las novelas atraviesan por un vía crucis que desespera a cualquiera. Mira, César Vidal acapara el cuatro por ciento de la publicación él solo. Con eso está dicho todo. En mis varios años de trabajo editorial, sólo conseguí publicar un original espontáneo. Mi pareja leía mi novela y decía que estaba fenomenal, pero claro una no se puede fiar de la persona con quien se acuesta. Necesitaba una cura de objetividad y por eso la mandé a pelo a varias editoriales. Después de un tiempo, al final me respondieron tres. Y escogí una.

Pero ha valido la pena, porque el respaldo editorial está siendo bueno.
Es que a las novelas espontáneas que consiguen salir adelante, las editoriales las tratan con mimo y se vuelcan mucho con ellas.

Acabamos con la pregunta obligada, después de ‘Y punto’, ¿has vuelto a escribir?
He empezado otra novela para desengrasarme de Clara, en la que me he propuesto que la protagonista no diga ni un solo taco. A ver si lo consigo. Si clara es una heroína, esta nueva protagonista será una villana terrible, malvada, pérfida.
Y punto... final, claro.


____________________

Paco Roca, autor de cómics: "El cómic es mi forma natural de narrar"


Herme Cerezo. Publicado en SIGLO XXI, el 21 de enero de 2008.

Cuando uno intenta escribir, imagina. Si no imagina, para qué escribe. Al imaginar, vislumbra imágenes propias, muy personales, que sólo él comprende. Pero en ocasiones también desarrolla estereotipos. Uno de esos estereotipos, que me ha acompañado toda mi vida, se derrumbó sin estrépito una tarde de este mes de enero, cuando visité en su casa a Paco Roca, autor de cómics o tebeos. Siempre creí que los dibujantes trabajaban en comandita, en una sala más o menos amplia, penumbrosa, con rácanas bombillas colgadas sobre sus mesas de dibujo, hostigados por el humo interminable de sus cigarrillos. Los veía gastándose bromas, eternos gamberros, proyectando aviones de papel unos contra otros, quitándose el bocadillo o escondiendo en el rincón más insospechado, una nevera por ejemplo, la página de sus últimas viñetas. Pues bien, todo eso se vino abajo como les decía, mis improbables lectores, aquella tarde.


Paco Roca (Valencia, 1969), autor además de otras muchas historietas de los álbumes "El juego lúgubre", "Hijos de la Alhambra" , "El Faro" o "Arrugas", trabaja en solitario en su casa-estudio. Como un anacoreta o un farero de la imagen y el texto. La soledad y el silencio, interrumpido a veces por una música de fondo, son sus principales aliados y, me temo, que también sus máximos enemigos. Precisamente "Arrugas", su última obra, ha sido elegida cómic del año en Francia y España por la crítica de ambos países.

Paco, ¿cómo se dice: dibujante, autor o artista de cómics?
Creo que si haces tú solo todo el trabajo, guión y dibujo, autor sería el término más adecuado.

¿Qué es el cómic?
El cómic es un medio expresivo en sí mismo, no es una mezcla de cosas, aunque como cualquier otro medio bebe de muchas fuentes. Hay temas que sólo pueden abordarse con el cómic y eso lo convierte en un medio dotado de un montón de posibilidades. Un ejemplo claro lo tenemos con "Maus", que fue Premio Pulitzer en 1992. La técnica narrativa de este cómic consigue meter en tu cabeza que unos ratoncitos y un gato son judíos y nazis e inspirarte unos sentimientos muy crueles. Eso sólo puede lograrse a través del cómic. En cine sería otra cosa y en animación tampoco funcionaría. "Arrugas", mi último trabajo, en película quizá resultase demasiado dura. Sin embargo, el cómic consigue que los ancianos resulten entrañables y te permite crear imágenes abstractas, fundidos en blanco o jugar con el tiempo de un modo imposible para otros medios.

¿Cuándo se despertó en ti la pasión por el cómic?
Mira, yo he tenido la suerte de haber convertido en realidad mi sueño. De siempre me gustó dibujar y contar mis relatos. De pequeño ilustraba mis tebeítos, mis historias, y aunque he tenido momentos de desconexión, creo que es mi forma natural de narrar porque en el fondo quizá soy más guionista que dibujante.

¿Cómo te introdujiste en este mundo?
De pequeño leía a Astérix, Tintín y Blueberry. Después pasé a Carlos Giménez, a Corben, a "1984" y a muchos más. Fue difícil al principio porque no tuve mucha etapa de fanzine. Estudié Bellas Artes y comencé a trabajar en publicidad. Mucho más tarde volví al cómic.

Diste tus primeros pasos en "Kiss Cómix", ¿no?
Sí. Tenía un amigo, Rafa Fonteriz, que dibujaba para esta revista, que en aquella época era uno de los pocos caminos para acceder a este mundo. Trabajar en "Kiss Cómix" significaba comenzar por el porno, pero La Cúpula era una editorial muy importante. Me planté en Barcelona y me recibió el propio editor, José María Berenguer, un hombre venerable. Se puso a mirar con sus gafitas de vista corta las páginas que le había llevado. Al acabar me dijo: "Todo bien, pero las pollas tienen que ser más venosas y los coños tremendamente húmedos". Mientras yo alucinaba, añadió que si cambiaba eso pues que adelante. Y así empecé en "Kiss Comix", con historias de cuatro a siete páginas cargadas de sexo duro y sin muchos más matices. Era algo muy limitado, lo que hacía difícil contar un relato que es lo que a mí me gustaba. Pero trabajar allí me permitió pasar después a "El Víbora", sin duda una de las revistas más importantes del momento.

Con sólo veinte años, tomaste una decisión arriesgada como era la de dedicarte al cómic.
Sí porque al principio, el dibujo es una afición pero luego, si te gusta, se convierte en un trabajo. Y ése es el salto que has de dar. En cuanto te dedicas a esto ya no eres un aficionado, eres uno más que tiene competir con los otros artistas. Y en cierta forma te deprimes al ver lo buenos que son los demás y lo que son capaces de hacer.

Y ¿cómo veían en tu casa tu vocación?
Mis padres se oponían a que dibujara, claro. De hecho, ahora que ya son mayores, siguen sin saber muy bien cómo se gana la vida su hijo. Mi padre era electricista y quería que yo continuase la tradición familiar. "Electricista es lo que tienes que ser, ¿dibujar, pero dónde vas tú a dibujar?", me decía.

¿Siempre has trabajado en solitario?
No, hubo un tiempo que trabajé con Juan Manuel Aguilera, un escritor de novela histórica que es muy bueno y sabe cómo contar una historia. Ilustrando sus guiones te enriqueces enormemente, aprendes muchas cosas, a estructurar una historia por ejemplo.

Dibujo o guión, ¿qué es más importante?
Lo importante es el guión, que te atrape la historia. Luego el dibujo y el ritmo que tú le imprimas a la narración te sirven de mucho, pero lo importante es el núcleo inicial.

¿Qué herramientas auxiliares utilizas en tu trabajo?
Para algunas cosas muy realistas, sobre todo portadas o para alguna pose complicada, utilizo la máquina de fotografiar, pero en la mayoría de casos no te da tiempo. También trabajo con ordenador, que me ayuda a colorear mis historietas. Es una herramienta muy útil porque permite hacer ampliaciones y travellings. Primero dibujo a mano, luego escaneo y, por último doy color. Hasta hace poco colorear era algo mecánico, que carecía de creatividad. Fue Corben quien empezó a darle importancia y en Francia, por ejemplo, el colorista ya aparece como una parte relevante del álbum.

Y tú ¿qué prefieres color o blanco y negro?
Depende. Creo que hay historias a las que el color no les afecta para nada. "Arrugas", por ejemplo, hubiese funcionado igual con color o sin él. Lo que ocurre es que el color la vuelve más comercial. Primero pensé en hacerla en blanco y negro, incluso con más páginas, pero el editor francés, Delcourt, que la publicó primero prefirió el color. Sin embargo, "Hijos de la Alhambra" es un relato de aventuras donde el color es muy importante para ambientar las escenas, para cambiar localizaciones.

Pues, a pesar de tu opinión, pienso que en "Arrugas" el color desempeña un papel esencial porque arropa y da vida al argumento.
En "Arrugas" lo difícil era hacer una historia sobre el aburrimiento. Con el color intenté imprimirle un poco de dinamismo a la narración. El escenario siempre era el mismo y únicamente podía jugar con los cambios horarios y el color me sirvió para crear sensaciones de día, noche, frío o calor. La verdad es que he empleado unos tonos muy distintos a los que venía utilizando hasta ahora, planos y muy suaves.

También sobresale la ambientación porque, como explicas en el propio álbum, visitaste una residencia de ancianos.
La doble página del reloj sería el resumen de la vida en una residencia. Un día allí se hace duro, de una monotonía increíble. Y hay gente que llega a vivir veinte años en uno de estos centros. Estuve como espectador y pude analizar las cosas desde fuera y pienso que todos deberíamos pasar un tiempo en una de ellas, como una especie de trabajo social o algo así, porque esa experiencia te permite valorar y comprender una serie de situaciones que antes ni te planteabas. La sociedad da de lado a la vejez y a las residencias, mientras no nos afecten, ni las mira.

Viendo los comportamientos de los personajes que se mueven por "Arrugas", ¿reproducimos nuestros roles infantiles cuando llegamos a la vejez?
Cuando era niño pensaba que en el año dos mil tendría treinta años, que sería un viejo y quería saber qué pensaría entonces. Al llegar a esa edad, me di cuenta que seguía pensando igual que a los catorce. Eso significa que cuando sea más viejo tampoco habrá muchos cambios. Cela decía que de pequeño, cuando regresaba a su casa, se encontraba con un banquito cerca del Retiro. Y siempre tenía que saltarlo. Y lo hacía, hasta que cumplió los sesenta y, aunque la cabeza le decía que lo saltase, ya no lo saltaba. Por eso me he atrevido a hacer una historia sobre ancianos porque, con matices, sabemos cómo piensa una persona mayor. Nuestra personalidad se forma muy pronto y, desde ese momento, pensamos así.

¿Por cierto cómo se te ocurrió "Arrugas"?
"Arrugas" está basada en la historia del padre de mi amigo MacDiego, al que conozco desde hace muchos años. Cuando iba a casa de mi amigo siempre lo encontraba encerrado en su biblioteca, leyendo. Personificaba un poco lo que a mí me gustaría hacer de mayor. Un día MacDiego me dijo que su padre tenía Alzheimer. Su decadencia fue muy rápida, muy fuerte. Me contaba los síntomas de la enfermedad, por ejemplo que de madrugada se levantaba y se vestía para ir a trabajar y que, cuando volvía a la realidad, se producía un choque brutal porque sentía miedo. Y se enfadaba, porque no asumía que se le iba la cabeza. Yo quise reflejar eso en mi libro.

¿"Arrugas" es álbum o novela gráfica?
Por su formato y número de páginas "Arrugas" sería una novela gráfica corta, es un trabajo más de guionista que de dibujante.

Gráficamente, en "Arrugas" yo encuentro huellas de Tintín.
Puede ser. A mí me gusta mucho Tintín, sobre todo sus fondos que son auténticos decorados. Parece que los personajes no estén allí y eso le otorga un aspecto mágico a las viñetas. La verdad es que creo que tengo un estilo franco-belga, muy de línea clara. Me gusta así. También me gusta que las viñetas sean secuenciales, que los personajes actúen, que sea como una cámara fija.

¿"Arrugas" se está vendiendo bien?
En Francia la tirada inicial fue de diez mil ejemplares y ya va por la segunda edición. Eso es importante porque allí se publicó en una colección minoritaria, de cómic de autor. En España todavía estamos con la primera, que es de tres mil ejemplares.

Entonces ¿podemos hablar de éxito?
El éxito es relativo porque cualquier cosa creativa, más que una bendición, es un castigo. No disfrutas de las cosas, porque cuando ves una película o un cómic que te apasiona dices "esto podría haberlo hecho yo" . Y si encuentra algo que no te gusta piensas qué harías para mejorarlo. Además, después de todo el trabajo que lleva un álbum, sólo está un mes en la mesa de novedades de las librerías. Luego pasa a la estantería con los demás libros y te entra la "decepción postparto", que es muy dura, y juras no hacer nada nuevo nunca más.

Trabajas para el extranjero y tu caso no es el único, ¿no hay suficiente mercado en España para nuestros autores?
Dibujo para el extranjero, en concreto para Francia porque allí, por tradición y cultura, el cómic es algo consubstancial. Las familias leen tebeos en sus casas sin ningún pudor y han asumido que cada edad tiene su cómic. Por tanto, su mercado es enorme y por eso los editores franceses pueden pagar mucho más que los españoles. Si quieres dedicarte exclusivamente al cómic tienes que publicar en Francia o en Estados Unidos. En España se sigue pensando que el cómic es "Mortadelo y Filemón" y que es algo infantil, aunque gracias a FNAC, el tebeo ha salido ya de las tiendas especializadas. Vamos mejorando poco a poco, pero el proceso todavía es lento.

Pero tú no vives sólo del cómic.
No, no, gracias a que publico en Francia puedo dedicar media jornada a mi estudio de ilustración y la otra media a los cómics. Mi faceta publicitaria también me gusta. Hago de todo: trabajo para agencias, editoriales, empresas. Cualquiera que me pida una ilustración yo se la hago. Mis amigos que se dedican sólo al cómic se quejan de su soledad y están un poco aburridos porque, excepto el momento de entregar las páginas, no tienen mucho contacto con la gente. A mí la publicidad me permite relacionarme con otras personas. Además, la ilustración publicitaria es un reto constante, cada día tienes un trabajo distinto, visitas a clientes, etcétera. Es como trabajar con un guionista: te obligas a adaptarte a situaciones diferentes.

En los años cincuenta y posteriores, Valencia fue un foco importante de creación y difusión del tebe, ¿seguimos la misma tónica o aquello desapareció ya?
En Valencia, ahora comienza a hablarse de la creación del un Salón del Cómic. Hay muchos dibujantes y guionistas pero les ocurre lo mismo que a mí: todos trabajan para fuera. Daniel Torres para Estados Unidos; Salvador Larroca para la Márvel; Francisco Ortiz para una editorial francesa, igual que Sergio Bleda. Sergio Córdoba, por su parte, publica en Astiberri. Ahora, en España los focos principales del cómic son Bilbao, Barcelona o Palma de Mallorca. Valencia necesita una editorial importante o una revista con urgencia porque de todo lo anterior no queda nada.

¿Has trabajado alguna vez para las Fallas?
Yo no, aunque otros dibujantes, por ejemplo Sento, sí lo han hecho. Participé en una exposición de caballos de Jaime I, que se celebró para conmemorar el XXV aniversario de Nuevo Centro. Eso es lo más parecido a una Falla que he hecho. Lo que sí tengo claro es que a los valencianos las Fallas nos influyen. Quizá por eso hay tantos dibujantes. Desde pequeños durante esos días contemplamos monumentos llenos de colorido y de dibujo. La pena es que sólo unas cuantas son verdaderas obras de arte, pero incluso las malas te hacen observar las cosas desde otro punto de vista.

Terminamos, después de "Arrugas", ¿qué llevas entre manos?
Al terminar "Arrugas" sentí un poco de temor, porque no tenía muy claro por donde tirar. Pero, superado ese miedo inicial, ahora ando metido en varios proyectos. Mi siguiente álbum, que se editará por Delcourt, titulado "Las calles de arena", es una historia un poco kafkiana sobre si podemos cambiar el mundo o no. También ando recopilando las historietas que hice para "Humo" sobre relaciones de pareja, añadiendo algunas nuevas que publicaré en Astiberri. Por último, el siguiente cedé de Iván Ferreiro del grupo "Los Piratas" incorpora un cómic que incluye una historieta para cada tema. Yo hago una de esas historietas.

martes, 1 de septiembre de 2009

Álvaro Pons, escritor y crítico de cómics: "El tebeo está en expansión absoluta, en un momento ilusionante"


Herme Cerezo. Publicado en SIGLO XXI, el 5 de enero de 2008


Comenzó a escribir en el fanzine ‘El Maquinista’ por afición allá por los años ochenta. Desde entonces, sus actividades en pro del cómic se han diversificado sin tregua ni pausa. Álvaro Pons (Barcelona, 1966) es sin duda uno de los mayores expertos en tebeos del pentágono peninsular, todo un agitador cultural. Cuatro lustros después, además de colaborar y participar en multitud de eventos y publicar varios libros relacionados con el mundo de la historieta, escribe una sección quincenal, ‘Tebeos que nunca te dije’, en la Cartelera Turia de Valencia; otra semanal en ‘Babelia’, el suplemento cultural del periódico ‘El País’ y, todavía le queda tiempo y ganas para alimentar ‘La cárcel de papel’, su página web, que ha llegado a alcanzar los cinco mil visitantes diarios. De todo esto, del panorama del cómic y de muchas otras cosas, hablamos con este profesor universitario de Física, al que miles de viñetas, personajes y dibujantes han inducido a llevar una muy interesante doble vida laboral.


Enorme el camino recorrido desde sus inicios ¿no? A mí me sorprende hasta donde he llegado y desde luego no me puedo quejar. Los veteranos nos damos cuenta que sabemos un poco más que los demás por el tiempo que llevamos en esto. El hecho de mantener los tebeos como hobby me permite observar una perspectiva diferente, independiente. Lo que ocurre es que llega un momento que te das cuenta que, sin olvidar la vida familiar, tienes dos ocupaciones: una, de la que comes, y otra, que te da muchas alegrías pero que también te quita mucho tiempo. Este año ha sido especialmente intenso en ambos terrenos, porque mi profesión acarrea una carga de trabajo considerable y, además, con la exposición sobre el Cómic Valenciano he llegado a un extremo casi de desbordamiento. Afortunadamente han sido momentos puntuales. Por si faltaba algo, en el último mes organizamos en la Universidad de Valencia un congreso sobre Literatura y Cómic, al que asistieron especialistas europeos. Resultó bonito y esperamos que tenga periodicidad bianual.


¿Cómo se introdujo en el mundo del cómic? Mis primeras lecturas fueron tebeos de Disney y de Bruguera. Empecé a leerlos porque mi padre era coleccionista y tenía muchos. Yo era un devorador de los tebeos de Bruguera: Mortadelo, Tiovivo y demás y gracias a mi padre, también pude acceder a colecciones que no me correspondían por época: Pulgarcito, DDT y el TBO antiguo. A mis diez años ya me había leído todos los clásicos.


Estoy utilizando todo el rato la palabra cómic, pero ¿es este el término correcto? Yo prefiero tebeo a cómic. Tengo claro que quiero utilizar el término que en castellano define al medio, que es historieta. Y como tebeo es una revista de historietas, por metonimia, se puede decir que el medio se llama tebeo, que además me parece un término entrañable porque yo he leído tebeos toda mi vida. Pero en este sentido, soy muy pragmático y, si funciona, que le llamen como quieran. Si alguien prefiere decir que lee novelas gráficas y con eso conseguimos más lectores, encantado de la vida, me parece muy bien.


El lector de tebeos, en general, ¿tiene complejo de inferioridad? Seguro, siempre lo ha tenido y siempre lo tendrá. La famosa frase que dice: "donde hoy hay un lector de tebeos, mañana habrá un lector de libros", que se ha utilizado para ensalzar al lector de tebeos, en el fondo esconde un valor peyorativo tremendo. Yo digo que esa frase hay que cambiarla por esta otra: "donde hoy hay un lector de tebeos, mañana habrá un devorador de cultura". Es decir, habrá un individuo que leerá tebeos y novelas, verá cine, se apasionará con la música... El tebeo es una gran puerta de entrada a la cultura y, una vez dentro, no hay que ser consumidor exclusivo de un solo tipo porque eso es algo tremendamente pobre. Los tebeos debemos considerarlos como cualquier otro producto cultural.


¿Ser lector de tebeos implica coleccionismo? Sí, hoy en día, por desgracia, todos los lectores de tebeos somos coleccionistas compulsivos, absolutamente histéricos, que buscamos las novedades en las librerías con puntualidad exacerbada. Y esto es algo que hay que cambiar, porque no es lógico que un medio se sustente sólo con coleccionistas. Sería absurdo que la música la mantengan únicamente los melómanos o el cine los cinéfilos. El cine, por ejemplo, lo sostienen todas aquellas personas que van a ver películas tres o cuatro veces al año, no los cinéfilos. De momento, en el cómic esto no sucede, aunque la situación está cambiando un poco.


Ya que habla de cine, tras su paso por ‘El Maquinista’, ¿cómo fue a parar a un medio tan cinematográfico como la ‘Cartelera Turia’? ‘La Turia’ siempre ha sido una publicación abierta, pero lo cierto es que jamás se habían ocupado del tebeo. Juanvi Chuliá, al que estoy enormemente agradecido porque ya me había abierto las puertas de ‘El Maquinista’, también me invitó a entrar en ‘La Turia’ para continuar la sección ‘Tebeos que nunca te dije’, fundada por él mismo. Para mí fue tremendo, porque yo era lector de la cartelera desde los 13 años y para mí aquella publicación era todo un referente: ¡’La Turia’! Escribir allí era un sueño y ya llevo diez años haciéndolo.


‘Pulgarcito’, ‘Tiovivo’, ‘Jaimito’, ‘TBO’, ‘Pumby’, ‘Mortadelo’, ‘Supermortadelo’ ... ¿ya no quedan publicaciones de este tipo? No, ése es uno de los grandes problemas que tenemos. El tebeo siempre se identifica con público infantil y, justamente, ahora no hay tebeos para niños. Actualmente y por antonomasia, el manga es el tebeo para niños. Tiene cosas muy interesantes, pero es un núcleo reducido, que no presenta la implantación masiva de los antiguos tebeos en los kioscos, donde sólo está "Dibus", que no es una revista específicamente de historietas aunque las incluya entre sus páginas.


Por lo que veo, deberían existir tebeos para niños, para jóvenes y para adultos, ¿no?Efectivamente, pero hay una gran reticencia hacia el tebeo infantil, la gente lo mira mal. Y es fundamental que existan tebeos infantiles. En Galicia, Kiko da Silva, está haciendo cosas muy interesantes para este segmento de público y, poco a poco, creo que se puede recuperar la situación. El tebeo tiene que reintroducirse y, además, luchar con el resto de oferta lúdica para el mundo menudo: videojuegos, televisión, ordenadores, etcétera. Ahora que hablamos tanto del informe PISA, tenemos que aprovechar que el tebeo es la entrada natural del niño a la lectura. No podemos dejarlo de lado.


¿La gran eclosión del tebeo en España se produjo a finales de los años setenta y principios de los ochenta? Ése fue el boom de los ochenta, pero fue un fenómeno extraño porque en un momento dado en este país había simultáneamente treinta y cuatro revistas mensuales a la venta, con una calidad importante y de temáticas muy dispares: ‘Bumerang, ‘Totem’, ‘Blue Jeans’, ‘Calibre 38’, ‘Comix Internacional’, ‘1984’, ‘Creepy’, ‘El Víbora’, que vendía más de sesenta mil ejemplares al mes, ‘Rambla’, ‘Cairo’... Era una situación rarísima que, de repente, desapareció. Fue el gran boom y el gran crash. Fue una competencia dura entre editoriales aunque lo bien cierto es que este fenómeno también ocurrió en Europa. En Francia, por ejemplo, desaparecieron revistas tan famosas como ‘Metal Hurlant’ o ‘Pilote’. A partir de ahí fueron sustituidas por el formato álbum. En Francia, como los álbumes ya existían, la caída no se apreció tanto, pero en España no quedó nada y en los años noventa, el tebeo se redujo al auge de los superhéroes y poco más.


Hace treinta años las tiendas de cómics eran casi clandestinas, contraculturales, sicalípticas si me apura. Por el contrario, hoy veo cadenas comerciales especializadas y con una oferta brutal. Hay mucha oferta pero sigue existiendo el problema de encontrar tebeos. El problema es su accesibilidad. Antes estaba en el kiosco y hoy sólo se encuentra en librerías especializadas. Lo que sí es bueno es que centros tan importantes como ‘FNAC’ o ‘La Casa del Libro’, librerías generalistas, hayan abierto sus puertas al medio, algo que constituía una aspiración ancestral para los lectores. Las librerías especializadas ayudaron a pasar la "travesía del desierto" en los tiempos difíciles y ése fue su gran mérito. Pero ahora hay que dar otro paso: salir a nuevos puntos de venta, hacer el tebeo más accesible.Y también veo que las grandes editoriales empiezan a desembarcar en el tebeo.Random House Mondadori ha hecho una labor increíble al entrar el pasado año en el mercado del tebeo con publicaciones tales como ‘Maus’ o ‘Todo Paracuellos’. Las empresas tradicionales de tebeos piensan que la llegada de las grandes editoriales al sector puede ser contraproducente. Pero yo pienso que no, que va a ser todo lo contrario. Cuando ‘Babelia’ dedica un especial a la novela gráfica, no es pura coincidencia que, un mes antes, Random House haya puesto en circulación una colección de novela gráfica. Evidentemente, hay una correlación. Planeta Agostini, por su parte, ha editado siempre tebeos desde 1982. A través de su sello ‘Forum’, fue la gran editorial de tebeos en España, entre otras cosas porque tenía la licencia de Marvel.


Además, el tebeo arrastra toda una industria paralela: posters, estatuas, juegos... Sí, esto es la mitomanía absoluta. Hay tiendas dedicadas exclusivamente a ello. Es difícil sustraerse al merchandising porque es una industria generada alrededor del tebeo y, en algunos casos, más rentable que el propio medio. Y me gustaría pensar que a los dibujantes les llega algo de dinero, porque hay una importante línea de merchandising pirata.


¿Qué es lo que más se lee en estos momentos en España? Manga, sin duda, en un porcentaje espectacular: más de la mitad de las novedades que hay ahora son manga. Podemos estar hablando de cien colecciones abiertas de manga al mes.


¿Cuántos títulos se publican al año? En España se publican unos dos mil títulos al año. Las tiradas se asemejan a las de un libro cualquiera, entre mil quinientos y dos mil ejemplares. Las ventas son bajas, aunque algún tebeo puntual se pone entre los diez y treinta mil ejemplares. Pero bueno, estamos entrando en ese camino en el que de vez en cuando se producen estas cosas.


Y en el panorama internacional, ¿cómo está el tebeo? Continúan existiendo los tres focos productores tradicionales: el estadounidense, el manga japonés y el franco-belga. En Francia hay una absoluta reverencia por el tebeo, algún álbum, ‘Titeuf’ por ejemplo, puede alcanzar un millón de ejemplares de ventas. Los españoles Juanjo Guarnido y Juan Díez Canales han llegado a vender allí quinientos mil ejemplares de su ‘Blacksad’, pero en España, aunque lo han vendido bien, no ha llegado a tanto.


Con estos números, ¿pueden nuestros dibujantes vivir exclusivamente de su trabajo? Con esas tiradas y, teniendo en cuenta que se llevan un diez por ciento de cada ejemplar vendido, los dibujantes españoles no pueden vivir sólo de su trabajo, un trabajo que además es lento porque un álbum fácilmente les puede costar un año de preparación. En España, asistimos a tres situaciones distintas entre nuestros dibujantes. La primera, que se llamen Ibáñez, que gana muchísimo dinero, un caso único en nuestro país; la segunda, que un dibujante español trabaje para el mercado americano o francés y la tercera, que sea un dibujante vocacional, que publica un tebeo de vez en cuando, sabiendo que no se hará rico con ello y que lo hace en sus ratos libres, mientras se gana la vida como diseñador gráfico, ilustrador o publicista. Perciben unas cantidades que lo único que les resuelve son sus compras navideñas, pero nada más. Y dibujan historietas porque realmente les gusta hacerlo.


Valencia ha sido cantera de buenos ilustradores, ¿continuamos con la tendencia iniciada a mediados del siglo pasado? Bueno, ahí ocurrió algo muy curioso. Cuando la Editorial Valenciana se hundió, fue un momento grave. Pero entre los años setenta y ochenta, con la ruptura que se produjo tras la caída de la Dictadura, hubo una especie de rechazo contra ese tipo de tebeo. Y a los dibujantes punteros del momento (Ortí, Brocal Remohí, Bermejo, etcétera) sólo les quedó una opción: emigrar. Y se fueron a Estados Unidos, a la Warren, donde tuvieron muchísimo éxito, tanto que se llegó a hablar del desembarco de la "escuadra española". Sin embargo, aquí los nuevos dibujantes emprendieron una ruptura formal contra todo lo que se había hecho antes, dando origen a una nueva escuela valenciana, la de los ochenta, que invadió la revista ‘Cairo’ y que estaba integrada, entre otros, por Daniel Torres, Sento, Micharmut o Mike Beltrán, gente extraordinaria pero formalmente muy rupturista. Lo que ocurre es que si se leen sus tebeos con detenimiento, esa ruptura es más aparente que real. En realidad, sentían un respeto reverencial hacia sus predecesores a quienes estaban rindiendo un homenaje con sus dibujos: Micharmut, con toda su violencia, a Pumby; Sento al folletín clásico y Daniel Torres a las novelas de ciencia ficción por entregas. Actualmente, lo que hay es otra generación excelente de dibujantes valencianos, que se buscan "les montgetes" (habichuelas) como pueden. Por ejemplo, Salvador Larroca trabaja en Estados Unidos para la Marvel; Ana Miralles en Francia, igual que Paco Roca que ha publicado un trabajo titulado ‘Arrugas’, que ha sido considerado el mejor álbum del año en el país vecino. Es decir, disponemos de muy buenos autores pero que se están buscando la vida porque la infraestructura editorial valenciana es escasa. Ediciones de Ponent y Aleta son las únicas editoriales que publican cómic aquí y no pueden dar de comer a todos los autores.


Desde hace unos años, se escucha mucho hablar de ‘novela gráfica’, usted mismo lo citó al empezar esta entrevista, ¿qué es una novela gráfica? La novela gráfica es un término que se empezó a utilizar desde la publicación de ‘Contrato con Dios’ de Will Eisner, que fue quien se arrogó el invento. Pero, en realidad ¿qué diferencia hay entre un álbum y una novela gráfica? El término de novela gráfica cae dentro de eso que hablábamos al principio del complejo de inferioridad, de intentar quitarle al tebeo su connotación infantil. Por eso, al tebeo primero se intentó llamarle cómic e incluso cómix y hubo un gran debate sobre eso. Yo creo que la novela gráfica es un tebeo que tiene ciertas características formales que la diferencian. Lo que Eisner calificó como novela gráfica es un tebeo adulto, sin limitación y con una clara vocación de contenido comprometido o social. La diferencia con un álbum tradicional franco-belga es que éste sólo tiene cuarenta y ocho páginas y eso condiciona su contenido. Es evidente que si, como ocurre con la novela gráfica, se le otorga libertad absoluta al autor, el resultado será distinto.


O sea que en el fondo la diferencia más destacable radica en el formato. En el fondo, la novela gráfica trabaja en formato libro, un formato que ya existía en las recopilaciones de las tiras norteamericanas de prensa de principios de siglo XX. En España, durante los años sesenta, las colecciones de Dólar o de la Editorial Toray hacían constar en sus portadas que se trataba de "novelas gráficas" e incluso "novelas gráficas para mayores". De todas maneras, el término novela gráfica y su formato son afortunados, porque en las librerías generalistas se le da el mismo trato que a cualquier otro libro. Además hablamos de un solo tomo, autocontenido, que no es una serie. Eso le gusta a la gente de hoy que tiene prisa y no quiere saber nada de series. ‘Persépolis’ de Marjane Satrapi, por ejemplo, se ha vendido mucho más en un solo tomo que en los cuatro iniciales. Al juntarlos, el lector lo ve como una obra única y eso le gusta.


El tebeo también se ha utilizado para adaptar novelas clásicas. Sí, claro. Antiguamente ¿quién no leyó la colección de ‘Clásicos Juveniles’ de Bruguera, donde se mezclaban texto y dibujos? Tuvo mucho éxito. En Francia, la revista ‘Jebouquine’ adaptaba clásicos de la Literatura al tebeo con ilustradores de primera fila, pero no incluían el final, con lo que incitaban al lector a leer también el libro. El cine, sin embargo, adapta tebeos para la pantalla. En 2004 se rodó ‘La feria de los inmortales’ del dibujante Enki Bilal.


Tebeo y dibujos animados no son una misma cosa, claro. No, no. La historieta es un arte fundamentalmente pasivo donde el lector impone el ritmo. El trabajo del dibujante es atraer al lector pero no de modo dinámico. El cine es diferente: el director es dinámico y el espectador pasivo. Los dibujos animados pueden ser interesantes, pero no son historieta.


Álvaro Pons también maneja un blog: ‘La cárcel de papel’. ¿Qué utilidad tiene el blog que todo el mundo se construye uno o lo intenta? Yo siempre he dicho que me gusta hacer proselitismo con los tebeos y compartir los que me satisfacen. Un día me planteé qué iba a pasar con todo lo que llevaba escrito hasta entonces. Y me dije que podía montar una web para guardarlo de un modo organizado. Pero entonces ocurrió que el proyecto se subvirtió y el blog pasó a ser la actividad principal. Llegó un momento que ‘La cárcel de papel’ alcanzó cinco mil visitantes en un solo día.


‘La cárcel de papel’, un nombre curioso, extraño, sugerente, ¿cómo se le ocurrió? El nombre proviene de una sección clásica de ‘La codorniz’, una sección que, por cierto, causó muchos cierres a la revista. El título me recordaba a ‘Krazy Kat’, mi tebeo favorito, un clásico americano que relataba un triángulo amoroso surrealista entre un gato, un ratón y un supuesto perro, que no terminamos nunca de saber qué es realmente, y donde el ratón siempre acaba en la cárcel.


¿Qué futuro le aguarda al tebeo? El tebeo está en expansión absoluta, en un momento ilusionante, cada vez se vende mejor. Después de atravesar el desierto el futuro se anuncia espléndido. El manga está actuando de motor de la industria, las versiones cinematográficas del tebeo están haciendo que el público se interese más por este género y la reciente creación del Premio Nacional del Cómic por parte del Ministerio de Cultura ha puesta la guinda a esta progresión. Por otro lado, cada vez ocupa mayor relevancia en los medios de comunicación. En ‘Babelia’, donde colaboro, la presencia del tebeo ha pasado de ser circunstancial a semanal. También los suplementos culturales del ‘ABC’ y ‘EL MUNDO’ le dedican páginas. El tebeo ya es cultura oficial. Sin embargo, hay que seguir siendo realistas y consolidar esta estructura. Algunos autores me preguntan si alguna vez vivirán de esto y yo siempre les respondo que no se hagan ilusiones. Si en literatura hay dos mil escritores y sólo cinco de ellos viven de escribir, en el tebeo ocurrirá lo mismo pero en menor proporción.


Para terminar, ahora que Papá Noël ya se marchó a sus heladas latitudes, recomiende algunos títulos para que los Reyes Magos se los traigan a los lectores de Siglo XXI. En este momento hay una buena oferta. Yo recomendaría ‘El eternauta’, el título más importante de la historia del tebeo argentino, que no había sido editado todavía en España, un prodigio de ritmo y narración, que alcanza varios niveles de lectura. La edición de la editorial Planeta sobre ‘Popeye’ también es muy interesante. Popeye es uno de los grandes desconocidos del mundo del tebeo. Es surrealista, divertido, delirante, no tiene nada que ver con lo que sabemos de él. De hecho Popeye no come espinacas, ésa es una leyenda que nació de una campaña publicitaria. ‘Arrugas’ del valenciano Paco Roca y publicado por la editorial Astiberri, es un libro bellísimo sobre la vejez, la edad, el decaimiento del ser humano, muy emotivo y sensible. De ‘Corto Maltés’ acaba de salir una edición en tamaño gigante, en la que se pueden apreciar las aguadas de Hugo Pratt tal y como él las concibió para sus álbumes. ‘Blotch’, un tebeo francés dibujado por Blutch, que se autoparodia a sí mismo, es otra obra extraordinaria. Frederic Peeters ha editado ‘RG’, un relato que cae dentro de lo policial altamente recomendable. Y no puedo olvidar ‘36-39 Malos tiempos’, la última obra de Carlos Giménez, un álbum demoledor sobre la Guerra Civil. Después de leer este tebeo, no creo que haya nadie que pueda entender jamás una guerra. Debería ser de obligada lectura pero, por desgracia, eso no ocurrirá.

domingo, 30 de agosto de 2009

Félix G. Modroño, escritor. "Los españoles del siglo XVII eran muy temerososo de Dios, muy supersticiosos"


Herme Cerezo. Publicado en SIGLO XXI, 29 de diciembre de 2007.

"Un viejo carro, lleno de paja, trataba de recorrer sigiloso el entramado de calles que conducía a la zona alta de la ciudad. El aliento del caballo percherón que tiraba de él se difuminaba en la tiniebla, propiciada por una funesta luna nueva". Así arranca ‘La sangre de los crucificados’, publicada recientemente por Algaida Editores. Sobre ella conversamos con su autor: Félix G. Modroño (Vizcaya, 1965).

¿Qué le ocurre al apellido González que Montero Glez lo apocopa y usted lo reduce a la letra G?Simplemente es un tema de diseño de portada, de hecho en la solapa aparece completo. Alguien me propuso quitarlo dejándolo simplemente en Félix Modroño, pero no voy a hacerlo porque mi primer apellido es tan válido como cualquier otro y no voy a renunciar a él en absoluto.

¿Cuánto tiempo ha estado documentándose para escribir la novela? Mucho más que escribiéndola: un año largo consultando y leyendo entre cien y ciento cincuenta libros para ambientarme sobre la época: cómo escribían, cómo prendían el fuego, cómo vestían, que comían... Sin embargo, lo más costoso fue meterme en la piel de aquellas gentes y conocer sus miedos, sus creencias, qué pensaban de Dios, como afrontaban la muerte...

Además de los libros, ¿utilizó otras fuentes documentales, como por ejemplo la película ‘Crónica del rey pasmado’? Hace años que la vi y mira que he pensado en esa película, porque me hubiera gustado volverla a ver para ubicarme y rememorar el papelón de Gabino Diego como Felipe IV. Pero no la repasé. Lo cierto es que no hay demasiado cine español sobre aquellos años. Y es una lástima porque daría para muchos metros de celuloide.

¿Cómo eran los españoles del siglo XVII? Eran muy temerosos de Dios, muy supersticiosos. Como anécdota le diré que Carlos II era epiléptico y para curarle la enfermedad no se les ocurrió otra cosa que ponerle un pichón muerto sobre su cabeza. Y esa idea provenía de los médicos más importantes de la época.

¿Por qué un abogado metido en el mundo financiero, de repente, rompe a escribir? En parte por necesidad, para evadirme del sistema y de la presión diaria a la que todos estamos sometidos. Es un mecanismo de defensa al que he llegado de rebote, porque yo hacía fotografías y escribía relatos cortos. Hasta que se me ocurrió esa historia y me pregunté que por qué no iba a escribir una novela. Y lo hice.

¿Rompe mucho al escribir? No, no corrijo mucho, soy bastante ágil en la escritura. Procuro escribir cuando estoy inspirado. Si no lo estoy también trabajo, pero al día siguiente lo primero que hago es corregir lo que hice la víspera.

¿Escritor diurno o nocturno? Soy escritor noctámbulo. Para mí la noche es fundamental para escribir. Primero, por motivos laborales, ya que trabajo de día, y segundo, porque siempre he sido de hábitos nocturnos: estudiaba de noche, salía de noche...

Y ahora que ya ha experimentado ambas cosas, ¿en qué terreno se siente más cómodo: en el relato breve o en la novela? Hombre, una novela es más larga y sus planteamientos son radicalmente distintos. Los que han leído mis relatos dicen que soy un buen escritor de relatos cortos y me aseguran que es más difícil escribir relato breve que novela. Pero yo no sé si estoy de acuerdo con esto. De todos modos, la verdad es que no sé por qué los relatos cortos son considerados un género chico, cuando realmente merecerían un mayor número de lectores.

¿Por qué escogió la estructura de thriller? En la novela, el hecho fundamental son los asesinatos y la investigación de los mismos. Se desarrolla en 1682, obligado por la leyenda en la que me basé para construir la historia. Y a medida que avanzaba en mi estudio, iba atrapando mejor la trama. Digamos que he ido cubriendo pequeños vacíos históricos con su escritura.

¿Qué técnicas utilizaban los "ceseís" de la época? Básicamente la intuición y el sentido común, que son las principales características de mi personaje, Fernando de Zúñiga.

Va un poco de sobrado don Fernando, ¿no? Aparentemente. Se trata de una persona que está muy por encima de la media de la época. Tenga en cuenta que en aquellos años, el noventa por ciento de la población era analfabeto y él era doctor por la Universidad de Salamanca. Lo que resulta evidente es que desde luego humilde no es y, si resulta algo pretencioso, es porque podía serlo.
¿Qué tiene don Fernando de Zúñiga de Félix G. Modroño? Supongo que tiene bastante. No sé si Fernando de Zúñiga sería como yo hoy o yo como él en el siglo XVII, pero es evidente que tiene muchas cosas mías.

¿Le ha salido un contrincante a Alatriste? No, no, estamos hablando de palabras mayores. Pérez-Reverte es uno de mis ídolos y jamás podría llamarle contrincante. Está ambientada en una época similar, pero Alatriste es más guerrero, más peleón, más espadachín que don Fernando de Zúñiga, más parecido a Poirot o a Holmes.


En ‘La sangre del crucificado’ la calidad de la escritura crece capítulo a capítulo. Es posible, a medida que avanzaba me iba enriqueciendo y la historia ganaba en intensidad. Es lo mejor que me pudo ocurrir porque así no pude dejarla hasta el final.

Hay un buen trabajo de mezcla de castellano antiguo y actual, ¿le ha costado mucho hacerlo? Es un aspecto que he cuidado mucho porque no quería aburrir con el lenguaje de época, que puede resultar tedioso para el lector común. Pero a la vez tampoco quería introducir cosas que no pudieran decir o pensar personas de entonces.

‘La sangre de los condenados’ es cinematográfica. Sí, además escogí bien los lugares pensando en que si alguien se anima a llevarla al cine los paisajes los tiene solucionados.

¿Habrán más novelas de don Fernando de Zúñiga? De momento, estoy disfrutando con la primera y dependiendo de la aceptación que tenga entre los lectores, sí habrá una segunda novela protagonizada por este mismo personaje.

Y si no hay esa aceptación, ¿continuará escribiendo? Ya le he cogido el gusanillo a esto y aunque sea con otro registro seguiré haciéndolo.

Convenza a los lectores para que se acerquen a su libro. ‘La sangre de los crucificados’ es una novela que puede interesar a muchísima gente. Una de las mayores satisfacciones que tengo es que personas que hacía tiempo que no leían o que no acostumbraban a hacerlo, se han enganchado de principio a fin con sus páginas. Creo que arrastra al lector porque contiene una parte de intriga, otra de formación e, incluso, en determinados momentos hasta se puede reflexionar con ella.

Paco Camarasa, de la librería Negra y Criminal: "Nunca un ordenador podrá sustituir a un librero"


Herme Cerezo. Publicado en Siglo XXI el 13 de diciembre de 2007.

Conocí a Paco Camarasa cuando recién entraba yo a la Facultad. Eran tiempos borrascosos, en los que no se sabíamos por donde se decantaría este país. Paco Camarasa nació en Valencia. Fue profesor de Teoría Económica hasta que probó a trabajar con su hermano en una librería. El cebo era muy fuerte. Y el tirón mucho más, demasiado, tanto que se colgó definitivamente del mundo de los libros desde 1976. Fue Presidente del Gremio de Libreros de Valencia hasta que un buen día cerró su negocio y desapareció de esta ciudad: ‘missing’. Muchos años después lo descubrí en Barcelona, al frente de ‘Negra y Criminal’, una librería que el pasado cuatro de diciembre cumplió sus cinco años de negrocriminal andadura. Paco es un librero-librero, de los que, aunque utilice el ordenador, no tiene que recurrir a él para encontrar un título o saber de quién o de qué le hablamos. Ejerce de comisario en las Jornadas BCNegra, organizadas por el Ayuntamiento de Barcelona, y es miembro de la directiva de ‘Brigada 21’, una asociación fundada para la difusión del género negro. También preside los jurados de los premios Pepe Carvalho y L.H. Confidencial y colabora en distintos medios como reseñista de novelas negrocriminales. Siempre he hablado en mis entrevistas con escritores. Y ya es hora de hacerlo con alguien que está en la calle, alguien que toca y vende la "mercancía", alguien que conoce al escritor y al lector. Y eso vamos a hacer con su permiso, mis improbables.

Paco, ¿de dónde arranca tu pasión por los libros? Aprendí a leer con los tebeos. Los alquilaba y los leía recostado en la ‘paradeta’ del chaflán de la calles Marvá y Albacete, en Valencia ciudad. Leía todo, desde el Capitán Trueno y el Guerrero del antifaz, pasando por Hazañas Bélicas de Boixcar y los tebeos de princesas de mi hermana. Después en la época de los guateques, cuando estaba harto de poner los discos, ya que bailaba fatal y además no ligaba nada, me iba a la habitación de al lado y leía. Siempre he defendido la utilidad múltiple de la lectura. Entre otras cosas, a mí me sirvió para ligar, sobre todo cuando Woody Allen comenzó a triunfar.
En tu familia no eres el único que se dedica al libro, ¿no? Efectivamente, tengo un hermano editor, una cuñada distribuidora y un hermano que cometió la locura de quedarse con una librería. Y tengo un homónimo, Paco Camarasa, con el que no tengo relación familiar, pero que tiene toda mi admiración por ser un excelente editor de cómics.

Sin embargo, ¿no has sentido la necesidad de escribir tus propias novelas? La verdad es que no he sentido la necesidad de escribir. La ventaja de un librero es que puede escribir su propia novela a través de lo que habéis escrito otros. Vosotros lo hacéis mucho mejor.

Comenzaste en la ‘La araña" de la calle Nuestra Señora de Gracia de Valencia, ¿qué recuerdos conservas de entonces? La época de La Araña, y posteriormente Pablo Neruda, es una época absolutamente hermosa y gratificante. Como librero y como persona. Estuve allí entre los años 1976 y 1981, años llenos de vida y esperanzas para los españoles en general y los valencianos en particular. Allí aprendí muchas cosas y conocí y quise a muchas personas. Allí comprobé lo que significa que te pongan una bomba, y lo que significa la solidaridad ante la barbarie fascista, perdón por la redundancia. En aquellos años, inducido por el mejor librero que he conocido, Paco Dávila, montamos una Feria del Libro en el interior de La Lonja. Valencia era una ciudad fascinante y la Feria del Libro era uno de sus muchos momentos mágicos y lúdicos.

¿‘La araña’ tenia trastienda?, ya sabes, aquellos rincones ocultos de toda librería que se preciase en la época de Franco, donde se podía encontrar lo que no se veía en los escaparates. Sí, claro. Era más interesante la trastienda que lo de fuera en ocasiones. Y era una trastienda atípica, porque éramos el depósito de algún material del Partido, PC, naturalmente, pero también del boletín del Sindicato de la Construcción de la CNT.

¿Sufriste "visitas" en aquellos años? Con nocturnidad y alevosía. Después nos comentaron que en nuestra bomba que fue reivindicada por el G.I.P., Grupo Incontrolado Patriótico, algo tenía que ver el Servicio de Información de la Guardia Civil. De aquella Guardia Civil. Algunos amigos de entonces se sorprenden ahora de mis buenas relaciones personales con miembros de la "bofia", nacional o autonómica.

Y un buen día los asiduos nos encontramos la persiana de ‘La araña’ cerrada sin remisión, con el candado puesto, ¿por dónde anduvo Paco Camarasa durante aquellos años? Yo me fui antes que la librería cerrase. Ya sabes lo difíciles que son las cuestiones familiares. Y después de un breve paréntesis como comentarista deportivo, volví al mundo del libro montando una distribuidora en Valencia.

Mucho tiempo después, descubro que estás en Barcelona, ¿se te quedó pequeña Valencia?Pequeña, no. Pero aburrida sí. La gente que había creado la transición en la calle, en los libros, en los bares, en las camas, en los … se hizo toda funcionaria y se fue a vivir a un adosado o a un "pitufo", ¿aún se les llama así?. Iba por La feria del Libro y me encontraba más tenderos que libreros… Los bares iban cerrando por inanición… Y sobre todo, me trasladé a Barcelona por la única cuestión por las que puedes cambiar de ciudad: estaba enamorado de una catalana.

Y me entero de algo más: en la ciudad condal existe una librería, que se llama ‘Negra y Criminal’ y que tú estas detrás de ella. ¿Qué es ‘Negra y Criminal’? ‘Negra y Criminal’ es una librería pequeña y especializada. Situada en el barrio de la Barceloneta, el barrio portuario y de estibadores de Barcelona. Ahora los barcos de pesca han sido sustituidos por yates y los contenedores y las grúas han hecho casi desaparecer la profesión de estibador. Somos una librería, sin escaparates, pero con sótano. Donde antes se guardaba contrabando, ahora guardamos novelas. Es pequeña porque los alquileres en Barcelona son "japoneses" y especializada porque es la única forma de competir con los grandes espacios de venta. Ellos pueden ir al centro, pero no le darán al lector lo que una librería. NUNCA UN ORDENADOR PODRA SUSTITUIR ADECUADA Y PLACENTERAMENTE A UN LIBRERO. Pero la auténtica alma de la librería, en sus características físicas y en el nombre y en el ambiente que respira es Montse Clavé. Siempre es bueno que una empresa sea dirigida por una mujer.

Y ¿por qué esa especialización en la novela negra, que te ha llevado a rebautizar el género como negrocriminal? Porque ya era lector de novela negra desde la universidad. Aunque entonces estaba mal visto. Manolo Vázquez Montalbán nos echo una mano importante. Lo explico en el catalogo de la exposición que ahora le están haciendo en Barcelona. Hacía falta una librería especializada que ayudara a aclarar el panorama, a distinguir entre novela negra o novela policial, y que recuperara algunos textos perdidos en la amplitud de los catálogos y la desaparición vertiginosa de las novedades. Aunque ya hace unos años estuve en una librería maravillosa que se llamaba SUR, especializada en literatura y realidad de Asia, Africa y América Latina, mi otra gran pasión.

¿Qué secciones puede encontrar el aficionado en tu librería? ¿Tocáis también el libro usado o únicamente la tinta fresca? Tenemos también libros difíciles de encontrar o de segunda mano. Hay muchos autores que, desgraciadamente, están descatalogados. Por ejemplo, Ross MacDonald, David Goodis , Ellery Queen, Rex Stout o Boileau-Narcejac.

Explícanos un poco la diferencia básica entre el género negrocriminal y la novela policiaca tradicional. En la novela policíaca tradicional lo importante es resolver un enigma: ¿quién es el culpable? Una vez descubierto, se le aplicará la ley, se hará justicia y la normalidad vuelve a reinar. Por ejemplo, Agatha Christie, P.D. James o Elisabeth George. Sus novelas pueden transcurrir en cualquier lugar. No nos dan mucha información de la sociedad donde se comete el delito. En la novela negra el enigma es lo de menos. Incluso conocemos desde el inicio al culpable. Lo importante es la investigación, Y en esa investigación del delito, el investigador nos aporta datos de la sociedad donde ese delito se ha cometido. Una vez descubierto el culpable, la ley se le podrá aplicar, por unos policías corruptos y unos jueces venales. Por lo tanto la ley y la justicia son dos cosas diferentes. Y las novelas están indisolublemente unidos a un tiempo y una ciudad. Como quiera que en la librería damos cabida a autores de todas las tendencias, estilos y modalidades, por eso le llamamos ‘Negra y Criminal’. Y al género: negrocriminal. Así te evitas explicar que Agatha Christie no es novela negra. No es ni mejor ni peor, simplemente no es negra, es novela enigma o criminal.

En ‘Negra y Criminal’ desarrolláis, además, un montón de actividades promocionales del libro: firmas, charlas, clubs de lectura. Explícanos de qué va todo eso. Como que estamos alejados del "centro", tenemos que poner anzuelos para "enganchar" a la gente. Y que se desplacen. Hacemos las típicas y tópicas presentaciones, pero también organizamos bautizos o aniversarios de personajes, por ejemplo Linda Wallander o Miss Marple, charlas de forenses, o miembros de la policía científica para conocer algo más de la realidad, y clubs de lectura que no es ni más ni menos que una tertulia sobre un libro que previamente todos hemos leído. Es decir, socializar un vicio solitario como es la lectura. Y organizamos firmas tanto para los que pueden estar en Barcelona, como para los que están fuera de la ciudad, a los que llegamos a través de Internet. Tú puedes vivir en un pueblecito de Asturias y tener dedicado el próximo Petros Markaris, por ejemplo.

¿En qué momento se encuentra el género negrocriminal en España? ¿Tenemos buenos escritores? ¿Pueden vivir de su trabajo o tienen que pluriemplearse? Creo que el momento de lo negrocriminal en nuestro país es bueno, pero todavía es un poco débil. Nos falta mucho para llegar a la normalidad de países como Francia, Italia o Alemania. Se está publicando mucho, que es lo fácil, lo más cómodo que pueden hacer los editores. Los libreros le están haciendo más caso y ampliando las secciones. Pero todavía tienen poco peso en la enseñanza media, en la Universidad y en la critica literaria. En la que se dedica a libros es otra cosa. Y en las Bibliotecas. Y fíjate que cada vez más son los premios de narrativa generalista que son ganados por novelas que podríamos incluir en lo negrocriminal. Hay muy pocos escritores negrocriminales que puedan evitar el pluriempleo.

¿Y en el extranjero? En el extranjero lo negrocriminal forma parte de los hábitos lectores de sociedades que no han padecido la burricie del franquismo y la ulterior postmodernidad sin haber sido modernos.

¿Y de lectores cómo andamos?, porque el otro día González Ledesma, con motivo de la entrega del Premio organizado por Ediciones B, manifestaba que en España "todavía faltaba cultura lectora para la novela negra". ¿No es un poco exagerada esta afirmación? El premio lo convocaba RBA y es una muestra de cómo, poco a poco, alguien apuesta por el género. 125.000 euros es una cantidad importante. Y yo creo que "el jefe de la banda", Paco González Ledesma tiene razón. Él vende cinco veces más en Francia, traducido, que en España. Alicia Giménez Bartlett vende cien mil ejemplares en Italia de su ultimo libro y aquí difícilmente llegará a quince mil ejemplares. Hay muy buenos lectores pero pocos. Todavía es un género poco valorado. El otro día alguien se ufanaba delante de mí, de que no la novela negrocriminal era una literatura fácil y manida, pero cuando le pregunté por títulos y nombres concretos me confesó que simplemente no había leído nada. A estos "eruditos a la violeta" se le nota en su cara de estreñidos que aplican prejuicios. No sería grave si no fuera por que el susodicho era Catedrático de Literatura en un Instituto.

Uno de los momentos culminantes del género negrocriminal es la Semana Negra de Gijón, la única semana del año que dura diez días. El evento, del que tú formas parte, parece consolidado, ¿hacia dónde camina la Semana Negra? Bueno esta próxima 21ª edición es un momento complicado, ya que por razones diversas debe cambiar de ubicación. Y esto es difícil. Yo formo parte pero como librero y como miembro de algún jurado. Lo que sí soy es el Comisario, ¡Imagínate el cachondeo! – risas - de BCNegra unas jornadas que se celebran en Febrero en Barcelona.

Bueno, Paco, concluimos ya: ¿qué novedades importantes nos vamos a encontrar en este género de aquí a final de año? ¿Cuál sería tu libro para las próximas Navidades negrocriminales? Bueno, las novedades ya están prácticamente todas en el mercado. Y son muchas, y buenas, y algunas no tan buenas, pero con toda la diversidad y amplitud que el género tiene. Es decir, para todos los gustos. Yo nunca recomiendo un solo libro. Siempre tres posibilidades a elegir: ‘Una novela de barrio’, de Francisco González Ledesma, ‘Nido Vacío’, de Alicia Giménez Bartlett y ‘Forasters’, de Rafael Vallbona.

Francisco González Ledesma, escritor: "A Silver Kane le etoy muy agradecido: con él aprendí el oficio y me hizo sentir escritor"


Herme Cerezo. Publicado en SIGLO XXI, 11 de diciembre de 2007.
El que suscribe, mis improbables lectores, que ya conoce la obra de Francisco González Ledesma, no se conforma con leer 'Una novela de barrio' y, si los dioses se muestran propicios, como fue el caso, y se lo ponen a tiro, intenta hablar con el propio autor, que esta misma semana acudió a Valencia para presentar su última entrega. Y en la cafetería de 'La Casa del Libro', minutos antes de comenzar el acto, conversamos de su novela, de su barrio, de Méndez y de otras cosas, algunas conocidas, otras no tanto, que siempre acortan la distancia que separa al escritor del lector.

¿Qué es 'Una novela de barrio'?' Una novela de barrio' es ante todo una novela sincera. Yo nací en el Poble Sec, el barrio de Serrat, al lado del Paralelo, un barrio pobre. Allí conocí la guerra, las bombas, el hambre, todo lo malo pero también todo lo bueno como el valor de la solidaridad. En el Poble Sec todo el mundo ayudaba a todo el mundo. Como niño podía llamar a cualquier puerta, porque sabía que alguien me atendería. Siempre he dicho que los niños de aquel barrio éramos hijos de todas las madres y he sospechado que los hombres también eran maridos de todas ellas. Después de conocer tantos ambientes como he conocido, tenía que escribir sobre mi barrio. Hay tantas historias que contar de aquellas casas, de aquellas vidas, de aquellas mujeres que se hicieron viejas en los balcones, sin hacer realidad los anhelos que llevaban dentro, o de aquellas otras, honradísimas, que, con sus maridos en la cárcel, por las tardes se prostituían para sacar adelante a sus hijos... Alguien tenía que escribir esto.

¿Cómo surgió esta historia? No la tenía planificada. Comenzó como un sentimiento. Surgió la idea por un padre que no admitía la desaparición de su hijo de tres años, muerto en el atraco a un banco, que decidió reconstruir cómo sería su existencia si viviese. Y, paradojas de la vida, este hombre tiene que emplearse durante la Transición como guarda jurado en una entidad bancaria. Un día, uno de los atracadores que mataron a su hijo aparece asesinado. Y el lector entonces piensa, ya está: la venganza del pistolero. Pero no, 'Una novela de barrio' es más, mucho más, se lo aseguro.

Pero antes de 'Una novela de barrio', con la que ha ganado el Premio Internacional de Novela negra RBA, hay un montón de sinsabores y una lucha tenaz por sobrevivir como escritor, como ser humano, como persona. ¿El buen momento que viven sus novelas al día de hoy le compensa todo lo pasado? Sí, lo que ocurre es que las cosas siempre te pasan a destiempo. Siempre encuentras la chica de tu vida cuando ya estás casado, siempre te toca la lotería cuando ya no la puedes disfrutar. Si esto me hubiera ocurrido a los 45 años estaría loco de contento, pensando que tengo toda la vida por delante. Pero las cosas han sucedido ahora y tienen un significado distinto. Encuentro la satisfacción moral de que tantos años de trabajo han servido para algo. La verdad es que si a esta edad no hubiera publicado nada, me sentiría bastante amargado.

La trayectoria de González Ledesma es larga. Comenzó a leer muy pronto, ¿qué libros le engancharon a la Literatura? Yo tenía un tío, Rafael, que era periodista republicano, condenado a muerte y perseguido, que vivía como realquilado en mi casa de la calle Tapiolas. Aquel hombre tenía tal cantidad de libros que los guardaba hasta debajo de la cama. Y yo me metía en su cuarto y leía de todo: desde la 'Historia de Babilonia' hasta novelas con señoritas a las que se les levantaba la falda. Me aficioné sobre todo a la novela francesa: Víctor Hugo, Dumas... Esas lecturas me enseñaron que había un mundo por explicar y que si aquellos escritores lo habían contado, yo también encontraría el modo de hacerlo.

A los 21 años, con 'Sombras viejas', ganó el Premio Internacional de Novela promovido por Josep Janés. Y ahí llegó el primer palo: no le publican su obra por "rojo y pornógrafo", ¿qué pasó por su cabeza en aquel momento? Sentí una profunda decepción e indefensión. Me di cuenta que estaba ante un poder contra el que no podía hacer nada, un poder que marcaría mi existencia porque Franco era joven y no había recambio. En aquella novela yo había puesto parte de mi vida y, de repente, vi que en lugar de publicarse se abría ante mí el silencio absoluto. Eso me afectó de un modo muy profundo, pero tengo que pensar que no hay mal que por bien no venga. Con el éxito, quizá me hubiera convertido en un jovencito engreído. El fracaso me hizo más modesto y comprendí lo que significaba vivir. Además, así nació Silver Kane, a quien le estoy muy agradecido porque con él aprendí el oficio, me hizo sentirme escritor y me ayudó a pagar mis estudios de Derecho.

Escribir con seudónimo, ¿qué se siente cuando uno no puede escribir con su auténtico nombre?También un absoluto desaliento. Pensé que no podría explicar nunca, bajo mi verdadero nombre, bajo mi verdadera forma de escribir, todo lo que había conocido: una guerra y una posguerra nada menos.

¿Se aprovechaba su editor de su condición de escritor "sin rostro"? Sí, sí, claro. Los contratos eran leoninos. El editor hacía lo que le daba la gana a cambio de una miseria. En 1952, por el primer Silver Kane que escribí me pagó 750 pesetas. Además, se quedaba con todos los derechos de mis novelas que, cuando el Instituto del Libro Español fijó un tope de quince años, pude recuperar.

Usted escribía una novela a la semana... A veces dos.

Con semejante ritmo, el miedo a la página en blanco suena ridículo. A mí me decían el lunes: haz una novela y entrégala el sábado. No me daban una segunda oportunidad. En consecuencia, el miedo a la página en blanco no existía. Me hubiera muerto de hambre.

Pero Silver Kane, alias González Ledesma, también tocó otros palos. Sí, el cómic. Así fue como empecé en realidad. Mi tío Rafael, el de los libros, al que habían conmutado su pena de muerte por otra de treinta años y que vivía clandestinamente, me pidió que le ayudase en los guiones que escribía para Bruguera. Me dio la oportunidad y creo que no la desaproveché. Fui el guionista, además con éxito, de 'El Inspector Dan' y de 'Doctor Niebla'. Y cuando ya no pude seguir con los guiones, porque estaba con mis novelas, continuaron la serie otros escritores, entre ellos gente tan ilustre como Víctor Mora, el del Capitán Trueno.

Usted, que llegó a ser un abogado prestigioso, sin embargo, dejó el Derecho por la Literatura, ¿tan fuerte era el tirón que sentía? Sí, la profesión de abogado, moralmente es durísima. La verdad no es blanca ni negra, es gris. En cambio, el cliente te vende un color que tú tienes que defender y muchas veces eso va contra tu conciencia. He puesto en la calle a algunos elementos que me hacían pensar. "Vaya, la que acabas de hacer", me decía a mí mismo. Y eso me acarreaba un dolor moral tremendo. A pesar de que ganaba dinero, me di cuenta de que con tanto trabajo no veía a mis hijos, iba a perder a mi mujer y a mis amigos. Así que empecé Periodismo por libre y encontré trabajo enseguida.

1975: Franco muere. La situación cambia. Silver Kane recupera a Francisco González Ledesma y en 1984 gana el Planeta y con una novela policiaca: 'Crónica sentimental en rojo'. Efectivamente, antes sólo habían ganado el Planeta otros dos escritores policiacos: Juan José Mira y Vázquez Montalbán. Yo era muy amigo de Vázquez Montalbán. Tenía muchas cosas en común con él: los dos éramos rojos, periodistas y escribíamos novelas policiacas. Presenté 'Crónica sentimental en rojo' el último día y la secretaria de Lara me entregó un recibo diciéndome: "Tome, para cuando se la devuelvan" – risas -. Te juro que no pensé que podía ganar, ni siquiera me habían invitado a la cena. Me enteré porque a La Vanguardia, donde yo trabajaba entonces, comenzaron a telefonear algunos colegas diciendo: "Oye, nos han dicho que tú ganas". Compré los tiques para la cena, entonces se compraban, y asistí con mi mujer y mis hijos aunque en mesas separadas. Ésta es la historia de mi premio Planeta.


En 'Crónica sentimental en rojo' el protagonista es Ricardo Méndez, que ya había aparecido como personaje secundario en 'Expediente Barcelona', ¿de dónde procede Méndez? He explicado varias veces que Méndez es el la fusión de cuatro policías que yo conocí en mis tiempos de abogado. Entonces había muchos policías malos, pero había otros que merecía la pena tratar y conocer. De ahí surgió Méndez, que no es un personaje real, pero tampoco imaginario.

Méndez, ¿no liga nunca? Bueno, una vez, en 'Las calles de nuestros padres', ligó en un avión, pero le salió mal. Lo que ocurre es que Méndez ya es mayor y, además, él presume de impotente, aunque no se sabe bien si lo es o si lo utiliza para inspirar confianza. En su tiempo, en los barrios bajos, había una prostitución abundante y él conocía muchas prostitutas que le inspiraban compasión o cariño. Y esas mujeres se han hecho viejas, pero él las sigue queriendo. Porque Méndez siente un afecto especial hacia esa gente que vive mal o que hace lo que no desea hacer.

¿Lo va a jubilar pronto, porque en 'Una novela de barrio' el propio Méndez dice que ya "tiene los papeles"? Méndez ya está en situación de retirarse, porque los policías tienen una edad obligatoria de jubilación. Para los investigadores son los 60, aunque puede prorrogarse, y Méndez se encuentra entre los 60 y los 65 años. Yo pienso que no puedo escribir muchas más novelas suyas porque, además, yo también soy mayor. Creo que en la próxima se jubilará.

Usted sigue escribiendo a máquina, ¿rompe mucho? Sigo escribiendo a máquina porque soy un anticuado y sí, rompo mucho. Muchas veces releo lo que he escrito, tengo la impresión de que no he sabido explicar lo que quería decir y lo destruyo. En este sentido, mi actividad comercial es nefasta porque si estoy medio año trabajando y después lo rompo, ya me dirás qué negocio he hecho.

¿Vive la novela negra un buen momento en España? Sí, sin duda, vive un buen momento. La gente se ha ido dando cuenta que este género permite contar las cosas como ocurren, utilizando caminos muy variados: desde una encuesta hasta una investigación policial. La novela negra es un reportaje de la realidad que vivimos. De todos modos, a mí me gusta más llamarla novela social. El término novela negra es una denominación acuñada por los periodistas y que suena muy bien.

Finalizamos, ¿qué lleva entre manos González Ledesma en estos momentos? Estoy trabajando en una novela casi terminada, de la que no quiero dar detalles. No ocurre en Barcelona, no es de Méndez y he trabajado en ella como una bestia. No es una novela histórica y la quiero terminar este año porque no sé si voy a vivir el próximo.

Y Francisco González Ledesma, o Silver Kane, últimamente también Enrique Moriel, se enfundó la chaqueta, posó para nuestras fotografías, bebió un trago de agua mineral y, escoltado por la sombra transparente del inspector Ricardo Méndez, bajó las escaleras hacia el sótano de 'La Casa del Libro' donde le aguardaban sus seguidores. "Seguidores, no, una secta", apuntó alguien, a lo que él, con una sonrisa en el gesto, alegó: "Secta, no, que no quiero que me procese Garzón".

'Atrapada en el espejo' de Gemma Lienas, terror psicológico o la realidad a la vuelta de la esquina

Herme Cerezo. Publicada en SIGLO XXI el 27 de noviembre de 2007.
El DRAE dice que un basilisco es "un animal fabuloso, al que se atribuía la propiedad de matar con la vista", una sutil cualidad en verdad. Una segunda acepción, también del DRAE, amplía el concepto a "persona furiosa o dañina". Bien, pues de eso, de un basilisco, de una persona "furiosa o dañina que mata con la vista" trata 'Atrapada en el espejo', la última novela de la escritora Gemma Lienas, con quien hace unas fechas compartimos algunos aspectos de la misma.

Gemma Lienas.La autora barcelonesa, en un momento dado, se interesó por los mecanismos psicológicos de dominación. "Es algo tan antiguo como el mundo y brota cada vez que un individuo o grupo de individuos acumulan poder y se consideran superiores a otros". Aunque los grupos humanos que han padecido estas lacras han sido muy diversos (negros, homosexuales, enfermos, dementes...), Gemma Lienas esgrime en su obra el precedente de la Alemania nazi. "Introduje a Himmler como referencia histórica en la novela para ilustrar este caso. Himmler fue una persona que presentaba múltiples caras: por un lado, era capaz de enternecerse ante un cuadro de belleza incontestable y, por otro, ordenar que gasearan a centenares de judíos en las cámaras compactas de un campo de concentración. Eso demuestra que el ser humano es tremendamente complejo, porque hay momentos en que una misma persona es absolutamente perversa y otros en que no lo es". Además para ser un verdugo "no hace falta estar loco. Los torturadores no sufren ninguna patología. Cuando se producen estos casos es porque por medio existe un factor cultural, que les inclina a anteponer su superioridad a la de los otros, unido a la posesión de armas y poder".

Con 'Atrapada en el espejo', Gemma Lienas prosigue este interés por los conflictos psicológicos. "Desde siempre me he interesado por los conflictos emocionales, porque la línea entre la salud mental y la enfermedad es tan tenue que todo el mundo en algún momento de su vida la cruza". Claro que para escribir sobre ello ha debido documentarse profundamente: "He leído mucho sobre psiquiatría y psicología y conozco a muchos profesionales de la materia, la mayoría excelentes, aunque algunos no tanto".

El argumento, aparentemente sencillo, tiene como teórica protagonista a Gina, una investigadora de las relaciones de dominación entre seres humanos en los campos de concentración durante la Segunda Guerra Mundial. Al recibir la noticia del fallecimiento de su amiga Laura en un accidente automovilístico, decide regresar precipitadamente a nuestro país para asistir a su entierro. Gina, con perseverancia digna de hormiga "tafanera" (curiosa o husmeadora en catalán; utilizo este adjetivo porque lo considero tan válido como cualquier otro barbarismo), se entrevistará con todas las personas que conformaron el mundo de Laura en sus últimos años. Así descubrirá que bajo aquel accidente se oculta algo mucho más terrible, que no voy a desvelarles ahora, porque un reseñista no debe jamás "contar la película". A lo sumo, como le escuché decir en una ocasión al escritor Manuel Vicent, puede presentar un "trailer", (otro barbarismo, ¿lo ven?) es decir, algo de información, pero poca, la necesaria para calentar al posible lector y estimular su voracidad cultural.

Bàsil es para mí el verdadero protagonista de esta novela, la persona dañina que mata con la vista. "Es un hombre que juega sus bazas – explica Gemma –. Se muestra hábil, encantador, atractivo y, además, se hace el desvalido, algo que siempre funciona con las mujeres por la tendencia que tenemos de compadecernos del sexo contrario. Y esta actitud salvadora lo único que consigue es fastidiarnos a nosotras mismas. Es una cuestión cultural, de educación". El componente sexual de Básil también le ayuda en su propósito. "Sí, claro. El atractivo sexual funciona mucho con mujeres. En los campos de concentración, evidentemente, carecería de sentido pero en la vida cotidiana cobra plena validez". A todo lo anterior, Básil, añade otros recursos para actuar: los refuerzos positivos: "Los refuerzos positivos, que no son más que pequeños detalles, funcionan perfectamente y terminan de atar a la víctima con su verdugo. El torturador mantiene su status dosificándolos convenientemente. Y la víctima, la mujer en este caso, presenta una autoestima muy baja y espera ese refuerzo porque justifica todos sus sufrimientos. Con esa pequeña recompensa tiene suficiente. Y eso es duro porque, a pesar de todo, a pesar de ese síndrome de Estocolmo, no puedo entender cómo todavía una mujer puede querer a su maltratador". Por otro lado, este maltrato psicológico no se puede denunciar, ni es privativo de una clase social determinada. "No, no se puede demostrar ni denunciar, porque no deja huella palpable. Y se da en cualquier estamento, la tortura no es patrimonio de una clase social determinada. La novela es un buen ejemplo de ello".

'Atrapada en el espejo', está concebida como una estructura circular no cerrada, en la que cada personaje aporta su granito de arena para proporcionar al lector las suficientes pistas que le permitan configurar la singular personalidad de Básil, cuyos comportamientos no pasan inadvertidos para nadie. "Al principio, pensé en contar la historia desde el punto de vista de la víctima. De este modo los roles de víctima y verdugo hubieran estado claros desde el principio. Pero yo quería que el lector pensase, que se involucrara y descubriese por sí mismo la historia". Todos los que intervienen (Sergio, Miguel, Ana, Raquel ...) aportan nuevos datos: unos, para corroborar lo que dijo el que les antecedió; otros, para ampliar lo ya dicho o, incluso, para contradecirlo abiertamente, suministrando puntos de vista diferentes. Sin duda, este es el apartado más rico de la novela, el nudo gordiano, porque, además, en este sentido, Gemma Lienas es tremendamente equitativa hasta el punto de que permite a Básil contar su propia versión de la historia. "Si uno se fija, observa que en mi novela cada personaje habla de un modo distinto. Es algo consciente. Algunos hablan en primera persona, porque existe una relación muy estrecha entre Gina y ellos. Otros, sin embargo, lo hacen en tercera, porque eso marca una distancia y es la propia protagonista quien resume e incluso interpreta lo que le han contado". En mi opinión, es particularmente significativa la voz del psiquiatra Mascarós, que se pasa por el arco del triunfo su supuesto código deontológico, tamizada por los "admitía, recordaba, confesaba, reconocía, aseguraba o pensaba" que le atribuye Gina al transcribir sus palabras. "Mascarós cuenta tantas cosas sobre su paciente, en primer lugar, porque es un fatuo y quiere demostrar sus excelencias como especialista en la materia. Y en segundo, porque tiene sentimiento de culpa, ya que sabe que ha errado en su diagnóstico y eso le lleva a justificarse".

Para Gemma Lienas, el proceso de creación de sus novelas es largo. "Escribir 'Atrapada en el espejo' me ha ocupado cuatro años. Primero fui almacenando datos en libretas y luego tecleé la historia en el ordenador, aunque la corrección posterior, como siempre, la hice a mano, sobre el papel impreso". Y también complejo. "Trabajo mucho los personajes, porque como escribo sobre el conflicto emocional, necesito conocerlos muy bien ya que, con el transcurso de la novela, varían su comportamiento". La escritora tiene un sistema propio para desarrollar sus obras: "Al empezar siempre conozco el final de la historia de antemano. Así que mi trabajo consiste en llegar hasta ese final". Lienas afirma sentirse muy a gusto con todo lo que hace, pero "si tuviera que elegir me quedaría con la escritura de novelas para adultos, aunque este género no me permite manifestarme a mí tal como soy, puesto que adopto los roles de cada uno de los personajes que no son los míos".

Leer 'Atrapada en el espejo' es un ejercicio de introspección, de investigación, de observación. ¿Cuántas situaciones como las que narra esta novela percibimos a nuestro alrededor día tras día? Muchas, sin duda. Y lo que es todavía peor: las vemos pero no las detectamos porque aparentemente no ocurre nada. Quizá su lectura nos proporcione una nueva herramienta, una linterna con la que alumbrar esa jungla diaria que es nuestra vida, y la de los otros, donde se ocultan muchas verdades insospechadas, auténticas realidades que nuestros ojos no ven pero están a la vuelta de la esquina. Sí, de la esquina.

'Atrapada en el espejo', de Gemma Lienas. El Aleph Editores, septiembre 2007. 219 páginas, 17 euros.