Nº 571.- Calor. Hay algo de
verano anticipado en el segundo viernes de mayo. El momento de la comida oficial
se aproxima. Durante algo más de una hora, he disfrutado de la compañía de
Fiona Barton en una visita a lugares emblemáticos de València: Palacio del Marqués
de Dos Aguas, Museo y Claustro del Patriarca, Catedral, Palau de la
Generalitat, Lonja y Mercado Central, presidido por su cotorra. En algún
momento, la escritora británica ha dicho que le gustaría regresar con su
familia para visitar la ciudad con más calma. «Me he dado cuenta de que
València no se puede ver en dos días. Requiere más tiempo». Fiona Barton ha llegado
a la capital del Túria para participar en el festival València Negra 2019 y
presentar ‘La sospecha’, su tercera novela, editada por Planeta y protagonizada,
al igual que sus dos entregas anteriores, por la periodista Kate Waters, bien
secundada por el inspector Bob Sparkes. En esta ocasión, el leitmotiv es la noticia
de la desaparición de dos jóvenes en Tailandia durante sus vacaciones. El
suceso cobra relevancia y se difunde por los medios de comunicación
internacionales. Sus familiares, angustiados, no quieren dar crédito a lo que
leen en la prensa. A medida que se conozcan más detalles sobre la investigación,
Waters y Sparkes se darán cuenta de algo terrible: la propia Kate es el centro de
la noticia.
El viernes por la
tarde, veinticuatro horas antes de nuestro callejeo y con la ayuda indispensable
de Jakob Gramss, el intérprete alemán que domina cinco lenguas, conversé con
Fiona durante unos minutos sobre ‘La sospecha’ y su modo de entender la literatura.
La charla tuvo lugar en la cafetería del Hotel Reina Victoria, un espacio
gastronómico teñido de sosiego y bañado por una luz gris, suave, amable.
Fiona, cuando entrevisto por primera vez a una escritora,
siempre comienzo por la misma pregunta: ¿qué significa para usted escribir?
[Suspiro] Pregunta
con mayúsculas… Escribir es algo que para mí significa mucho. Lo he hecho cada
día durante los últimos cincuenta años de mi vida. Comencé cuando era joven y seguí
haciéndolo al convertirme en reportera. Entonces escribía para el diario donde
trabajaba y ahora lo hago para mí misma a tiempo completo. Como se puede ver,
mi relación con la escritura ha cambiado mucho a lo largo de los años.