«Desde su agujero de arcilla escuchó el eco de las voces que lo llamaban y, como si de grillos se tratara, intentó ubicar a cada hombre dentro de los límites del olivar» (Jesús Carrasco, Intemperie)

viernes, 31 de marzo de 2023

Gustavo Rodríguez: «En mi literatura pretendo alejarme de la solemnidad con la que se abordan los temas más profundos. Quiero dar una visión pedestre y cotidiana de la vida»

Pasó por València Gustavo Rodríguez, para hablar de su libro ‘Cien cuyes’, galardonado con el Premio Alfaguara de Novela 2023.

Nº 657.- Con la tarde empezando a caer, acudí a la Estación del AVE de Pintor Sorolla. Allí estaba citado con Gustavo Rodríguez (Lima, 1968), antiguo publicista y ahora escritor, ganador del Premio Alfaguara 2023 con su novela ‘Cien cuyes’. Tras una jornada intensa de entrevistas en València, Gustavo llegaba un poco cansado, pero tuvo fuerzas para charlar un buen rato sobre su libro. Dos cortados nos acompañaron en nuestro recorrido por su obra galardonada, en la que nos habla de Eufrasia, una cuidadora de ancianos de la ciudad de Lima, cuya peripecia con doña Carmen, el doctor Harrison y Los Siete Magníficos −poco que ver con los personajes de la película excepto en su número−, la conducirá a una encrucijada existencial insospechada para ella. Los temas de la ancianidad, la muerte y la dignidad humana se dan cita en las páginas de ‘Cien cuyes’, novela tragicómica en definición acertada, creo, del jurado que le otorgó el premio. Sin más preámbulos, el piloto rojo de la grabadora otorgó su placet para comenzar.  

Gustavo, ¿por qué ha sido importante para ti ganar el Premio Alfaguara 2023?

Ganar el Premio Alfaguara ha significado para mí el sello de confirmación de que hice bien al dedicarme a escribir por fin, dejando de lado un oficio que me daba de comer, pero que no me terminaba de llenar.

Esta que viene es una pregunta recurrente en mis entrevistas: ¿qué significa para ti escribir?

Cualquier escritor te responderá a esto de formas muy diversas. La manera poética es decir que me gustaría vivir mi velorio en vida. Así que recoger abrazos y manifestaciones de cariño relacionados con mi escritura sería mi forma de hacerlo. Dicho de una manera quizá más profunda, la escritura para mí significa rendirle tributo al niño que siempre fui. Desde pequeño, yo sentía que me comunicaba mejor con los demás a través de la escritura que con la oralidad. Era muy tímido, no me abría a los demás. Si tenía que pedirle perdón a mi abuela se lo decía a través de una nota escrita y si había que enamorar a una chica, prefería deslizarle una carta por debajo de su puerta. Por lo tanto,  significa seguir por esa misma senda, compartir lo que me sale de las tripas a través de la escritura.

En mis recuerdos de la literatura peruana, Vargas Llosa hablaba de colegios militares y dictadores; Roncagliolo de terrorismo; y ahora tú de ancianos, residencias para mayores y de la dignidad de la vida humana. ¿Que tienen en común vuestras respectivas literaturas?

Bueno, fuera del hecho de que pretendemos retratar nuestras problemáticas particulares en un intento de entender la realidad, no sé si tenemos muchos puntos en común.

Como escritores, ¿representáis tres modelos de Perú diferentes?

Me será más fácil responder esta pregunta pensando en Vargas Llosa. El Perú y, más específicamente, la Lima que se conoce en otros países, descrita por Vargas Llosa es muy distinta de la que me tocó retratar a mí. La sociedad peruana que yo presento ahora es obviamente más contemporánea y contiene los conflictos propios de una megalópolis, que muestran dos visiones de la civilización: la autóctona o mestiza, ligada a lo indígena, y la occidentalizada de las clases pudientes.

¿En qué lugar te cruzaste con la historia que dio pie a escribir ‘Cien cuyes’?

Yo hablaría mejor de una absorción permanente, que nació en tres capas. En primer lugar, pasar la cincuentena implica ver en qué kilómetro de la carretera estás e intuir qué es lo que se viene por delante, después de comprobar que tus padres empiezan a morir y a tus mentores los ves más achacosos y envejecidos. En segundo lugar, hemos pasado una pandemia que fue especialmente atroz con los ancianos en soledad. Y, por último, el gran gatillador de todo fue el fallecimiento de mi suegro, que hace año y medio tuvo una muerte dignísima, a la altura de su también dignísima vida. Regresando a mis tiempos de niño, no quería dejar de compartir la visión privilegiada que fue ese momento. Tanto es así que hay un personaje de la novela, el doctor Jack Harrison, que está parcialmente basado en su persona. Pienso que la mezcla de estos factores fue la que me llevó a escribir esta novela febrilmente, como no había escrito otra antes.

lunes, 27 de marzo de 2023

Pablo Andrés Escapa: «Escribir es un ejercicio de rescate, aunque no sea más que por la deuda que la ficción tiene contraída con la memoria»

Fotografía: ©Isabel Wagemann
Nº 656.- En primer lugar, me prendé de la portada de ‘Herencias de invierno. Cuentos
de Navidad’ (Páginas de Espuma); después, de los relatos y la prosa de su autor, Pablo Andrés Escapa (Villaseca de Laciana, León, 1964). Más tarde comprendí que tenía entre mis manos un singular libro de cuentos. De la orden navideña o no. No importa, o importa poco. Son relatos excelentes en esencia, bellos, aptos para ser leídos a lo largo de los doce meses del año, sazonados con una justa dosis de inocencia. La nieve y sus huellas, silencios suspendidos, ángeles de paso, noches estrelladas, farolas de halo amarillo, trenes de vapor, el rey Baltasar en una cuenca minera, cenizas que iluminan la oscuridad, personajes de capa y chistera y pálidas sirenas… Todas estas criaturas y creaciones, y aún otras, pululan por las fábulas del escritor leonés, iluminadas por los dibujos, blanco y azul, negro y dorado de Lucie Duboeuf, que las ilustran con trazo sencillo, pero sugerente, efectivo, verosímil. Evocador. Pablo Andrés Escapa tuvo la amabilidad de responder a mis preguntas, con esmero y paciencia, igual que intuyo que compone sus cuentos. No hay más preámbulos. Dejo paso a esta conversación escrita en el último tercio del mes de marzo, cuando ya el sol y las flores han espantado a los copos más pertinaces y al frío. O, al menos, están en ello.

Pablo, si me permite jugar con su apellido, mi primera cuestión es  esta: ¿hacia dónde se escapa Pablo Andrés con la escritura, con la literatura?

Pues valiéndome solo de Escapa huiría dejando atrás a Andrés, que también es apellido, aunque pasa por nombre en casi todas las listas y estanterías donde me veo alfabetizado. La verdad es que nunca he sentido que escribir -voy a decir mejor fabular- sea una vía de escape. Sujetarse a un texto, aceptar sus exigencias de verosimilitud y de ritmo narrativo, encontrar el sentido de la fábula, administrar la invención, seguir las intuiciones que la redacción sugiere cuando son significativas y renunciar a caminos tentadores pero que se sospechan artificiales, son ejercicios que afianzan el pensamiento lógico, no los intentos de fuga. Por otra parte, siempre me ha parecido que el compromiso con la escritura es también un deber con la vida, al menos para los que creemos que la fábula y la existencia van de la mano y que imaginar es también una condición de vivir.

jueves, 23 de marzo de 2023

Luis Zueco: «En la Edad Media ya sabían que el conocimiento de la Historia era una herramienta política poderosa»

Nº 655.- Luis Zueco (Borja, Zaragoza, 1979) ha hecho de la novela histórica su medio
natural de escritura. Tras el éxito internacional alcanzado con su Trilogía Medieval (‘El castillo’, ‘La ciudad’ y ‘El monasterio’), el escritor aragonés se ha convertido en un especialista en un tiempo tan tenebroso, mágico y atractivo como es el Medievo. Ahora nos presenta ‘El tablero de la reina’, publicado por Penguin Random House, un volumen de más de seiscientas páginas, con
  guardas ajedrezadas, donde nos relata el momento crucial que vive el Reino de Castilla tras la muerte de Alfonso de Trastámara y en el reinado de Enrique IV. Al fondo, pero no lejos, se anuncia la decisiva llegada al trono de Isabel la Católica. Precisamente en la corte castellana se ha producido el misterioso asesinato de un noble, que mantiene a todo el mundo en vilo. Gadea, una joven apasionada por el juego del ajedrez, y Ruy, un declarado amante de la Historia y los libros, intentarán descubrir al autor del crimen. La aparición de la imprenta, conspiraciones, guerras y movimientos orquestados en torno al ajedrez, un juego importado por los árabes desde la India, que ya gozaba de una gran difusión entonces y que, justo en aquel momento, experimentó un cambio decisivo en sus reglas, se dan cita en este libro. En el Hotel Zenit de la calle Bailén de València conversé durante un buen rato con Luis Zueco. Lo que registró la grabadora fue lo que ahora sigue.

Luis, como escritor has puesto el foco especialmente en el medievo, ¿qué te atrae de este periodo histórico?

Bueno, son mil años, un periodo muy extenso. Lo que ocurre en la Edad Media significa para los europeos lo mismo que el western para los norteamericanos: es nuestro hito fundacional. Aunque conservamos vestigios del mundo romano, nuestra historia y nuestras lenguas vienen de entonces. Por tanto, los europeos somos medievales sin ninguna duda.  

martes, 14 de marzo de 2023

Ignacio Martínez de Pisón: «Los que vivimos el final del franquismo sabíamos que era una dictadura cruel y sin libertades, pero nada comparado con lo que fueron sus primeros seis años»

Nº 654.- Ignacio Martínez de Pisón escribió su nueva novela, ‘Castillos de fuego’ (Seix Barral), durante la pandemia, encerrado como todos en su casa. El libro, un fresco de casi setecientas páginas sobre la posguerra española, abarca desde 1939 hasta 1945 y coincide también con el desarrollo de la II Guerra Mundial. Es novela coral, en cuyo interior palpita una galería de personajes que sufrieron ese tiempo, esa época que les tocó vivir. Gracias a ellos, el lector asiste a la corrupción del régimen, al estraperlo, a la lucha clandestina, a la doble vida de los luchadores comunistas, a las miserias morales, a la religión omnipresente, al enchufismo y a las disputas intestinas entre los propios gobernantes. Y casi todo sucede en Madrid, una ciudad con cicatrices, miedo, detenciones y fusilamientos. El escritor aragonés pasó por València cuando las Fallas, omnipresentes, comenzaban ya a adueñarse de las calles de la capital del Túria. Fue el 8 de marzo, el Día Internacional de la Mujer. En el Coffee of Day, junto a la antigua Estación del Trenet, edificio emblemático actualmente destinado a usos policiales, pude hablar con Martínez de Pisón, acompañados por un café y una Coca-Cola. El piloto rojo de la grabadora se iluminó algo después del mediodía. Y la conversación empezó a desgranarse. Fluida. Reveladora. Veraz. Al fondo, lo consustancial: algarabía de platos y vasos, tazas, cucharillas y palabras a media voz.

Ignacio, cuando un escritor termina una obra de casi 700 páginas, ¿cómo se encuentra? ¿Hay sensación de vacío?

Me quedo un poco triste por abandonar a mis personajes. Pero al mismo tiempo tengo la sensación de que he creado varias vidas, una sociedad entera de personas que se relacionan entre sí, un mundo coherente y orgánico. Es una percepción muy bonita para un escritor.

martes, 7 de marzo de 2023

Eider Rodríguez: «De no haber escrito esta novela sobre mi padre, creo que no habría podido avanzar en la escritura»

Nº 653.- La segunda mascletà de 2023 recién ha finalizado. Se percibe hambre de Fallas. Los asistentes, numerosos, se diluyen por las calles y callejas que envuelven la Plaça de l’Ajuntament. Como ramales de un río. Caudalosos. El aire huele a pólvora. A Eider Rodríguez le ha encantado. «Es la primera vez que veo una mascletà. Mañana volvería a por otra», dice. Nos sentamos a una mesa del Federal Café. Lleno. Barullo de platos, cubiertos y voces. Como si no hubiera crisis.  Esto de la crisis va por barrios. En unos momentos se deja ver. En otros muestra su ausencia. Pero está ahí. Latente. Eider tiene un nuevo título en las librerías, ‘Material de construcción’ (Random House). Una novela con veranos, cigarrillos, piscinas, hospitales, caballos, azulejos, cartas, fuego, vacaciones, amores, mentiras, verdades, vergüenza y también alcohol, que impregna cada página. El protagonista, su padre, es alcohólico. En consecuencia, ella es hija de un alcohólico. Convivencia familiar difícil. Sobresaltada. Sobre este ejercicio de auto ficción, atrevido y sincero, valiente aunque ella diga que no, comenzamos a hablar. La grabadora, convidada no de piedra, dio fe de la conversación.  

Eider, hasta ahora habías escrito en territorio cuento, ahora has pasado a la novela, ¿por qué este cambio?

Es verdad que he trabajado diferentes géneros, pero yo me considero cuentista. El relato me encanta como escritora y como lectora. Y hasta ahora, todas las historias que había escrito siempre habían cabido en este formato. De hecho, había terminado un cuento y me disponía a comenzar otro nuevo, pero algo me ocurría. Mientras consultaba mis notas, me di cuenta de que no sentía el impulso, el pálpito o la pulsión, no sé bien como llamarlo, necesario para arrancar. El cuerpo me pedía escribir sobre mi padre. Sin embargo, era algo que ni siquiera consideraba, porque yo, aunque haya escrito algún ensayo, no hago no ficción. Un día, hablando con mi editora, me preguntó sobre lo que llevaba entre manos. Le respondí que había terminado un relato y que no encontraba la manera de iniciar otro. Le conté que me apetecía escribir sobre mi padre y fue ella quién me dijo que lo hiciera. Y me puse a ello.

miércoles, 1 de marzo de 2023

Juan Ramón Biedma: «Al lector no hay que acercarse solo con afán pedagógico, hay que presentarle una historia que pueda apasionarle»

Nº 652.- En octubre de 1936 Sevilla es una ciudad en guerra que no vive la guerra. La capital hispalense se encuentra en la retaguardia de la zona rebelde. No hay bombardeos, pero sí represión. Detenciones, fusilamientos, delación, miedo… Queipo de Llano controla el escenario. En esa situación, un tríptico del siglo XV, obra del flamenco Jan Van Eyck, ha desaparecido. Crisanta, la protagonista, recibe un encargo peligroso: localizar la tabla a cambio de un pasaje para un avión que la conducirá fuera de España. Junto a Crisanta se mueven los miembros de la Sociedad Mediúmnica de Sevilla, el capitán Mayordomo, el padre Serrador, excapellán legionario, y algunos otros personajes, todos iluminados por la magia creadora de Juan Ramón Biedma. A grandes rasgos esta es la trama de ‘Crisanta’ (Alianza editorial), la nueva novela de este singular escritor sevillano, del que la crítica ha dicho que «recuerda a James Ellroy» y que «es el mejor Caravaggio de la literatura negra española contemporánea». Víspera del Miércoles de Ceniza, bien pasado el mediodía, a través de zoom, pude conversar con él acerca de su novela. La grabadora, sin tenebrismo alguno, registró nuestra conversación.

Juan Ramón, ¿necesitas tenerlo todo bien atado antes de sentarte a escribir?

Yo planifico hasta la obsesión. Procuro que las tramas, los personajes e incluso algunos fragmentos de diálogo estén bien perfilados. Soy incapaz de ponerme a trabajar en algo que no tenga un título, aunque no sea el definitivo. Y este es el método que enseño a mis alumnos. Es la mejor manera de no encontrarse nunca con el problema, tan traído y llevado, de la página en blanco. Una vez con la escaleta terminada, comienza la labor de ingeniería para armarlo todo y llega el momento de pelearse con la voz, con la palabra.  

¿Hay alguna imagen que diera pie a la escritura de ‘Crisanta’?

Tenía una idea y un escenario. Albergaba la vieja pretensión de escribir sobre lo que fue la retaguardia durante la Guerra Civil en Sevilla. Además de lo que sabía sobre ella, intuía que había mucho más de lo que habíamos aprendido en los manuales de Historia, que casi siempre se quedan en la superficie. Ese era mi punto de partida. Lo que ocurre es que, una vez que comienzas a ahondar y a trabajar los personajes, has de tener bien claro que, ante todo, debe primar el hecho novelesco. Al lector no debes acercarte únicamente con un afán pedagógico, sino que has de presentarle una historia que pueda apasionarle y en la que pueda sumergirse, porque no podemos olvidar que hablamos de una novela y todo lo demás debe quedar supeditado a eso.

jueves, 23 de febrero de 2023

Men Marías: «Hay una serie de fuerzas, que intervienen en la vida del ser humano, de las que no podemos escapar»

Fotografía: Vicente Carvajal
Nº 651.- Febrero, jueves, casi en el centro del mes más corto del año. Hace no mucho
recibí ‘Lo que arrastra la lluvia’ (Penguin Random House), la nueva novela de Men Marías, que poco tiene que ver con su anterior publicación. La escritora granadina nos cuenta ahora la historia de Marina, una mujer que ha visto destrozada su vida y que habita la mendicidad. Ha perdido a su marido, su hija, su casa, sus ahorros, malvive en un parque público y vaga por las calles de la ciudad. Un día, Carmen Salvaterria, una mujer de existencia acomodada y preocupada por temas sociales, se apiada de ella y decide incorporarla a su vida familiar. Marina acepta su generosidad, pero luego, paulatinamente, su devenir adquiere otro rumbo que la conducirá hasta los arrabales del alma humana. El agradecimiento ya no es tal, se torna en envidia, agravios comparativos y sospechas. No es necesario revelar más detalles de la trama. Cinco minutos para conectar por zoom con Men Marías. Preliminares, presentación, saludos, grabadora lista, tecla rec pulsada, piloto rojo encendido… Empezamos.  

miércoles, 8 de febrero de 2023

Elvira Navarro: «La memoria de cada persona tiene un componente de ficción»

Nº. 650.- Calle de la Paz. Se adivina una jornada agradable en la ciudad de València. Pasan unos minutos de las diez de la mañana del día de Sant Blai, Elvira Navarro acude a nuestra cita en el hall del Hotel Vincci Lys. Pelo largo sobre los hombros, suéter rosa, falda morada, sonrisa amable. La tarde anterior había tenido lugar la presentación de su nueva novela, ‘Las voces de Adriana’ (Random House), en la librería Ramón Llull con buen éxito de público. En su nueva entrega, la protagonista se interroga acerca de cómo se reordena el mundo tras la muerte de su madre, un duelo que se acentúa con el cuidado de su padre, convaleciente de un reciente ictus. Adriana se ha convertido en una espectadora de la vida y en una tímida consumidora de app de citas, que solo consigue incrementar su estancamiento. Los fantasmas del pasado acechan, irrumpen en su existencia a través de las voces de su madre y de su abuela y del recuerdo de la casa de pueblo − estancias, sonidos, vacíos, olores − en la que vivió buena parte de su infancia y juventud. Mientras esperábamos que nos sirvieran dos cafés con leche, el piloto rojo de la grabadora terminó de desperezarse, comenzó a brillar y a registrar nuestras palabras. 

Elvira, contaba Vargas Llosa en una entrevista reciente que, en una ocasión, caminaba por París con Julio Cortázar. Durante la conversación, el escritor argentino le dijo: «Esta tarde tengo que escribir ‘Rayuela’ y no sé qué va a pasar». ¿Te sucede a ti algo parecido?

Me ocurre lo mismo, sí. Nunca tengo claro hacia donde voy, sobre todo cuando el libro está en ciernes y también cuando lo llevo medianamente desarrollado. Además, soy bastante caótica, porque no escribo la novela unitariamente sino que estoy trabajando sobre un tema y de ahí surgen varias ramificaciones. Una vez que tengo la sensación de que ya ha escrito todo lo que quería escribir, hago un trabajo de montaje. Pero en ese momento el libro es algo informe todavía. ‘Las voces de Adriana’, por ejemplo, llegó a tener trescientas páginas y le quité la mitad porque quedaba un Frankenstein. Así que, cuando ya tuve clara la línea de la narración, lo desmonté y lo volví a montar.

Sé que a ti eso de los géneros no te importa mucho. ‘Las voces de Adriana’ es una novela en la que has incluido prosa, poemas, diálogos, relatos cortos... ¿En una novela cabe de todo?

Pues en esta novela desde luego que sí. Han cabido relatos y algo parecido a poemas, pero quizá en todas las novelas no suceda igual. Si lo pensamos genéricamente, la novela es un género que se presta a contener en su interior múltiples formas o diversos estilos, pero siempre pensando que lo que incluyas ha de funcionar dentro del libro.

miércoles, 1 de febrero de 2023

Francisco J. Leira Castiñeira: «Hay que construir la Historia contando con la aportación de la sociedad civil»

Nº 649.- ‘Los Nadies de la Guerra de España’ (Ediciones Akal) es el nuevo libro publicado por el historiador Francisco Leira Castiñeira. No hace falta explicar quiénes son los Nadies, esos seres que esperan que algún día les llueva del cielo, o de donde sea, el reconocimiento que merecen por su participación en la contienda del 36. Los grandes nombres de la Guerra no se cuestionan. Se anotan sus aciertos y, también, sus desafueros. Nadie les priva de la gloria o del oprobio. Sin embargo, los Nadies siguen sin ser alguien. Y la Guerra, la Historia en general, ha zarandeado su existencia para un lado y para otro, sin piedad ni miramiento, y ellos con su entrega abnegada, forjaron el desarrollo de los acontecimientos históricos. Leira Castiñeira, con su nueva entrega, trata de devolverles ese lugar que les pertenece por derecho propio, mostrándonos un tiempo y un lugar cargado de más esquinas y dobleces de lo que parece. Dice Eduardo Galeano, que acuñó el término, que «los nadies no hablan idiomas, sino dialectos […], no son seres humanos, sino recursos humanos […], no tienen cara sino brazos, […] cuestan menos que la bala que los mata». Sobre todo esto hablé con Francisco Leira hace ya un par de semanas largas. Él desde las orillas del Atlántico; quien suscribe, desde las  del Mediterráneo. El teléfono obró milagros. La grabadora los registró.

Francisco, tu labor como investigador/historiador se ha centrado hasta ahora en la Guerra Civil, ¿por qué te atrae tanto ese tema?

Me atrae porque aún quedan muchas historias que no se conocen de viva voz, que permanecen ocultas, como en una nebulosa, y no se han contado en el plano social ni institucional, quedando reducidas al ámbito familiar. La Guerra Civil y el Franquismo marcan un punto de ruptura en el siglo XX. Es lo que pudimos ser y no fuimos a causa del golpe de estado.  

La Historia con mayúscula se ha ocupado siempre de los grandes movimientos, de los grandes hechos y  las grandes figuras. Sin embargo, a ti te interesan los Nadies, esas personas que participan y sufren las directrices del devenir histórico sin comerlo ni beberlo…

Realmente, creo que es una cuestión generacional. De alguna manera, yo también me siento como una especie de Nadie en este mundo que vivimos. A veces pienso que la influencia que podemos ejercer en los cambios sociales y políticos se ha visto reducida por culpa de los grandes poderes que no somos capaces de controlar. Por eso me he centrado en investigar a esas personas que, digamos, no han sido tan relevantes y, sobre todo, en descubrir cuál fue la interacción que tuvieron ellos con el mundo que les rodeó, algo que, también de algún modo, explica la interacción que tengo yo con el mundo que me rodea a mí. Por tanto, ahí hay una cuestión de identificación personal mía, y de otros historiadores que, igualmente, se sienten identificados en este mismo sentido. Como decía Pierre Vilar «Una parte del historiador también está en la Historia».

Este modelo de historiar, que tú has plasmado en ‘Los Nadies de la Guerra de España’, recibe el nombre de Historia Pública. ¿Podrías definir este término en pocas palabras?

Sería ese lugar en el que, tanto los que nos dedicamos a hacer Historia como la sociedad civil,  podemos tener un espacio de debate. Se trata de una forma de construir la Historia contando con la aportación de las personas, a través de información transmitida por su propia memoria vivida o por la documentación, que ellas mismas puedan guardar en su casa, siguiendo un método de trabajo riguroso. Este espacio de debate para mí resulta fundamental. Creo que debemos fomentarlo para que la gente no experta se sienta reflejada, se involucre y participe en él.

Si no lo entiendo mal, la Historia Pública concibe la Historia narrada no a través de una voz única, sino de muchas, lo que la transforma en una Historia coral, ¿es así?

Sí y en este libro creo que lo consigo más que en el anterior, a pesar de que allí también hablaba de personas apenas conocidas a través de entrevistas orales. Aquí, aunque son ocho capítulos con nombre y apellidos, he pretendido que esas personas representen a otras que atravesaron situaciones similares, teniendo siempre presente que las casuísticas son miles e intentando abandonar ese discurso de las dos Españas, que parecen estar condenadas a enfrentarse eternamente, porque no es real. Hay una gran diversidad de casos particulares de personas que pensaban de un modo distinto y quiero que, a través de estas mujeres y hombres, podamos estudiar muchos más casos. Por eso, la mayoría de las personas que he incluido en el libro no procede de Madrid, sino de otros territorios como Galicia, Andalucía, Catalunya…   

Por tanto, al crear ese espacio de debate al que aludes, lo que haces es democratizar el estudio de la Historia, ¿no?

Sin duda, claro. La Historia la construimos todos. Eso no quita que deba ser seria y elaborada bajo un método riguroso, pero sí la democratiza y hace bajar al historiador al pie de la calle. Cuando terminé los capítulos del libro, basados en la documentación recibida y mis búsquedas de archivo, les pasé los textos a las propias familias y ellas fueron las que descubrieron aspectos de sus antepasados que no conocían. Al mismo tiempo, corrigieron algunos detalles de mi trabajo, aportándome nuevas miradas. Ese intercambio me permitió enriquecer el libro.  

martes, 24 de enero de 2023

Anne Berest: «La misión de un libro es transformarnos, pero si su contenido no nos toca profundamente, no lo consigue».

La escritora francesa presentó en la Librería Bartleby de València su novela
‘La postal’, un libro inolvidable, emotivo y real, que alguien ha bautizado como un réquiem conmovedor, en el que pasado y presente entretejen su historia ancestral.

nº 648.- En enero de 2003, apareció una extraña postal en el buzón de la casa familiar. No había firma y llevaba el sello pegado del revés. Representaba la Ópera Garnier y, en su reverso, venían escritos los nombres de cuatro antepasados de la escritora Anne Berest: Ephraïm, Emma, Noémie y Jacques, los Rabinovitch, todos ellos judíos fallecidos en Auschwitz en 1942. ¿Quién se escondía tras el envío de esta tarjeta? Veinte años después, algo se mueve en el interior de Anne Berest. Le burbujean las tripas. Ese algo la lleva a realizar una investigación exhaustiva sobre las grietas del pasado de su familia, que desemboca en ‘La postal’ (Editorial Lumen), una novela que maneja auto ficción, relato histórico, thriller y sentimientos, y que fue publicada en Francia con éxito arrollador, e inesperado, en 2021. Miles de ejemplares vendidos en poco tiempo y un montón de elogiosas críticas y galardones: Premio Renaudot dels Lycéens, Premio Selección Goncourt de Estados Unidos y Gran Premio de Novela de los lectores de la revista Elle. ‘La postal’ es una novela irrefutable, sustentada por testimonios y hechos reales, terribles a veces, contados con una sensibilidad y maestría poco comunes. Si a estas alturas, todavía queda alguien que piense que el género novelístico agoniza, solo tiene que darse una vuelta por las quinientas diecisiete páginas de esta narración para cambiar de idea. Con motivo de la séptima edición de las Noches de la lectura, organizada por l’Institut français de València, tuve la oportunidad de conversar un rato con Anne Berest. Sin la intervención de Eva Adam Picazo, doctora en Filología francesa, y de Maxime Henri-Rousseau, director de l’Institut français, esta entrevista no habría tenido lugar. La conversación se desarrolló en la librería Bartleby de la calle Cádiz, número 50, de la capital del Túria. A eso de las seis de la tarde, la grabadora comenzó a registrar mis preguntas y las respuestas de Anne, verdadera sustancia de nuestro encuentro literario. Vestida con traje pantalón de ante marrón, dedos muy ensortijados, manos explicativas, huesudas y gesticulantes, meditó con calma sus respuestas para facilitar el buen entendimiento. A menudo, las palabras de los autores enriquecen todavía más − si en este caso cabe −, el texto, porque abren nuevas perspectivas a la lectura. En esta ocasión, así fue. 

Eres guionista y escritora, ¿qué significa para Anne Berest escribir?

Es una pregunta complicada de responder. Siempre quise escribir desde que era niña, pero ignoro los motivos. Mi hermana también escribe, lo que convierte este asunto en algo familiar…

Y, si me permites añadir algo, tu madre también…

Sí, es cierto, pero ella hace artículos científicos. A lo que me refiero es que a menudo me pregunto por qué en mi familia hay dos hermanas escritoras. Y la respuesta me surgió mientras escribía ‘La Postal’: Noemí, hermana de mi abuela Myriam, cuya foto aparece en la portada, también quiso serlo. En consecuencia, creo que alguna cosa ha sucedido en nuestra historia familiar, una transmisión invisible como yo lo llamo, que hace que tengamos tantas escritoras en nuestro árbol genealógico.

Para escribir la novela partes del hecho de que una postal llegó a tu casa en el año 2003, sin remitente y con los nombres de cuatro antepasados tuyos, fallecidos en Auschwitz en 1942. ¿Hasta ese momento tú desconocías tu origen judío?

Yo sabía que era judía y que mi familia había estado en un campo de concentración, eso lo conocía, pero nunca me había interesado demasiado. Esa postal actuó de disparador y despertó mi curiosidad sobre todo ello.

Tu madre leía los capítulos del libro a medida que los ibas escribiendo. ¿Sus observaciones han condicionado tu escritura o solo le han añadido matices?

En la vida real mi madre utiliza muchos tacos, y en los diálogos del libro, al verse reflejada, me comentó que esa no era ella, porque no hablaba así. Mi madre cree que no dice tacos y tuve que quitarlos. No intervino en nada más.

miércoles, 4 de enero de 2023

Andreu Carranza: «En la guerra aflora la parte más oscura del ser humano, pero también brota lo mejor de cada persona. Por eso la vida y el amor pueden continuar existiendo»

Foto: ©
La nueva novela de Andreu Carranza, ‘La tomba de l’Ebre’ (La tumba del Ebro), es la primera parte de una bilogía sobre la guerra civil en tierras tortosinas.

Nº 647.- Para los que amamos los libros el sábado es el momento grande de la semana. Ese día
la mayoría de los diarios de tirada nacional publican sus suplementos culturales, aunque algunos lo hacen los viernes. Hace poco más de un mes, en uno de ellos descubrí una reseña muy pequeña bajo el título ‘El tesoro de Tortosa’. En ella se hablaba de una novela de Andreu Carranza, titulada ‘La tomba de l’Ebre’ (La tumba del Ebro), escrita en catalán. El escenario era Tortosa y las tierras del río Ebro. El argumento mezclaba la guerra civil española y los avatares de un tesoro sacro: el del Papa Luna. De alguna manera, estos dos temas tan aparentemente dispares despertaron mi curiosidad. Así que di los pasos necesarios para  localizar a su autor. Gracias a la ayuda de Columna Edicions, editora del libro, pude contactar con Andreu Carranza, nacido en Ascó (Tarragona) en el mismo año que quien esto suscribe, y entrevistarlo sobre su novela, cuya lectura se me hizo breve, interesante e intensa. Fue el 20 de diciembre del pasado año cuando, con el cielo nublado y una relativa calma en la avenida donde resido, me puse a conversar durante un buen rato con el escritor catalán acerca de su novela. Como siempre, el piloto rojo de la grabadora me advirtió de que estaba preparada para registrar la última entrevista de 2022. Y eso hizo a partir de las cinco de la tarde.

Compositor, músico, periodista, tertuliano radiofónico y también escritor, Andreu, ¿cuándo escribe?

Hace muchos años que escribo y publico, pero la verdad es que siempre he ido buscando ocupaciones que pudiera compatibilizar con la literatura. He trabajado en muchas cosas, pero el objetivo final mío siempre fue el mismo: comprar tiempo. Junto con la literatura, la música me atrajo desde muy joven, cuando formaba parte de algunos grupos musicales. Mientras escribo un libro, cojo la guitarra y, espontáneamente, me sale eso que llaman banda sonora. La música, por tanto, también forma parte de la literatura, van cogidas de la mano.

Sin embargo, esta novela no tiene banda sonora.

Es verdad, el lector ha de imaginársela. La banda sonora de esta novela es ese silencio que se percibe al fondo de la historia y que surge de forma natural. ‘La tomba de l’Ebre’ tiene un ruido y una sinfonía que, muchas veces, es trágica porque suenan tiros, bombardeos, balas, gente sufriendo… Pero también hay en sus páginas momentos de ternura, de sentido del humor y también de amor.

viernes, 30 de diciembre de 2022

Lo mejor de 2022

Y un último apunte antes de finalizar diciembre. Como es costumbre, El Eco de las voces siempre ha escogido el mejor libro del año a juicio de quien gobierna este blog. Este 2022 hay varios títulos que señalar y recomendar. Empezamos con '14 de abril' de Paco Cerdá, ese recorrido por el día del advenimiento de la república en el año 1931. Veinticuatro horas salpicadas de personas que vivieron y sufrieron, o gozaron, tan magna fecha, narradas con un impecable tono literario. No es ficción, se acerca al ensayo y, al mismo tiempo, roza el reportaje del tiempo pasado. Un excelente trabajo de este valenciano nacido en Genovés. Sin lugar a discusión, para él es el primer puesto, el del libro del año.






Le sigue 'La ciudad' de Lara Moreno, una novela, este título sí es ficción, donde la ciudad de Madrid desempeña un principalísimo papel e impone su impronta a tres mujeres, Oliva, Horía y Damaris, tres emigrantes que purgan sus penurias diarias, malos tratos incluidos, en la capital madrileña, especialmente en los alrededores de la Plaza de la Paja. Excelente novela, plagada de metáforas, imágenes y una prosa sin duda poética. Muy recomendable.







Dentro del territorio del cómic, 'Contrapaso. Los hijos de los otros' de Teresas Valero ocupa, sin duda,
un lugar de privilegio en las recomendaciones de este blog. Ya sé que se publicó en 2021, pero quien esto suscribe lo ha leído, y ha tenido la suerte de entrevistar a su autora, en septiembre de 2022. También Madrid es protagonista de esta narración dibujada sobre los niños desaparecidos y los crímenes cometidos durante la Dictadura, y perfilada bajo la escrutadora mirada de dos periodistas antagónicos: uno, un veterano de vuelta de muchas cosas, y otro, un jovenzuelo recién llegado a la capital, más maduro de lo que a simple vista parece, que se embarcan en una investigación policial en tiempos de niebla, donde todo era blanco y negro y queda poco espacio para los tonos grises. De lectura obligada para los amantes del género. 



Por último, una recomendación. Leí 'Jo confesso' de Jaume Cabré en  2011 por primera vez. Hace
unos días comencé su cuarta relectura y he podido comprobar, con enorme alegría, que la historia del Vial, ese violín construido por Lorenzo Storioni, conserva toda su frescura y calidad literaria, sin menospreciar en absoluto la calidad humana de los personajes, especialmente Adrià Ardévol y Bernat Plensa i Ponsoda. Al mismo tiempo, el texto permite a su autor reflexionar sobre la idea del mal, como concepto general y abstracto que afecta a la humanidad. Es una novela que ha envejecido extraordinariamente bien. Existe versión traducida al castellano. Imprescindible en su biblioteca.





Feliz Año 2023

2022 se marcha y ojalá que no hubiera venido. Ha sido este un año duro, especialmente en el último cuatrimestre. El número de entrevistas de El Eco de las Voces ha descendido. Las vicisitudes del tiempo que nos ha tocado vivir así lo han dispuesto. Esperemos que los próximos doces meses sean mejores para todos o, al menos, más livianos. 

Muchas gracias a tod@s los que os habéis acercado a este blog. 

Feliz 2023!!!! 

jueves, 29 de diciembre de 2022

Nuria Barrios: «Si una traducción es buena, el lector recorre el libro de forma plácida, sin obstáculos ni reparos»

Fotografía: Asís G. Ayerbe 
La escritora madrileña, galardonada con el XIII Premio Málaga de Ensayo,
describe en ‘La impostora’ sus sensaciones y experiencias dentro del oficio de traductora, un territorio literario, atractivo e interesante, pero no exento de dificultades.  

Nº 646.- Algunos afortunados tienen la posibilidad de leer libros directamente en la lengua vernácula de sus autores. Otros no. Sin embargo, todos leemos libros traducidos de otras lenguas, gracias al trabajo de ciertas personas que, habitualmente, habitan en el limbo de lo invisible. Me refiero a  los traductores. Sin duda ninguna, la calidad de esas lecturas depende de la implicación de los traductores en su tarea, de cómo intercalan su voz entre el escritor en lengua foránea y el lector en lengua castellana.  Las editoriales les contratan, revisan su trabajo, les pagan y pasan página. Ellos, entonces, regresan a sus cuarteles de invierno, a su invisibilidad. Luego su nombre, aunque parece que esta situación ha cambiado un poco, aparecerá escrito, casi con disimulo, en las primeras páginas del libro traducido. La escritora Nuria Barrios, traductora entre otros de Benjamin Black, Premio Príncipe de Asturias 2014, aprovechó el tiempo de reclusión impuesto por la pandemia para interrogarse acerca de su trabajo como traductora. De esta manera surgió su ensayo ‘La impostora. Cuaderno de traducción de una escritora’, publicado por Páginas de Espuma, donde aborda las cuestiones específicas de este oficio literario, porque traducir también es hacer literatura, y desvela sus entresijos, sus lugares ocultos, sus interrogantes. ‘La impostora’ fue galardonada, además, con el XIII Premio Málaga de Ensayo. Sobre todo ello, un martes de diciembre, por añadidura día trece, pude conversar con la escritora madrileña a través del teléfono. Abajo, en la avenida, los villancicos desaforados de un cantante callejero, acompasados por el ritmo machacón de un piano automático y un platillo limosnero, amenizaron, por así decirlo, nuestra charla. 

Nuria, hasta ahora habías publicado poesía, relatos y novelas, ¿cómo surge la idea de escribir este ensayo?

Siempre he dicho que, en cada obra mía, no soy yo quien decido si voy a escribir novela, poesía, relato o lo que sea. Yo no funciono así. Aquello sobre lo que me dispongo a trabajar determina la forma en la que quiere ser contado. En concreto, el tema de este ensayo surgió a partir del confinamiento por la pandemia, que para mí, entre otras muchas cosas que marcaron estos meses, significó tener una sensación de incertidumbre provocada por no saber a qué virus nos enfrentábamos, ni cómo sería el mañana, ni si podría volver a ver a mis padres, ni hacia dónde irían las relaciones humanas… Ante todas esas incertidumbres llegó un momento como de iluminación, en el que me di cuenta de que esa misma sensación ya la había notado la primera vez que me enfrenté a una traducción. Esa percepción de perder mi propia lengua, de haber perdido el español y estar extraviada por el mundo, me hizo caer en la cuenta de que escribir sobre la traducción sería la herramienta que me permitiese abordar la incertidumbre. Todas las piezas casaron y vi que mi voz iba a ser un ensayo literario, en el que hablaría por primera vez desde el yo, aunque no se trataba de un yo cerrado, acotado a mi biografía, sino un yo más amplio, casi como un médium, un espejo que permitiera que todos los que lo leyeran pudieran sentirse reflejados en él.   

En ese sentido, ¿‘La impostora’ tiene mucho de desahogo o de exorcismo/catarsis para ti?

Sin duda, tiene el sentido no de catarsis, porque el final de una catarsis conlleva sanación y no creo que ninguna obra literaria tenga valor terapéutico para ello, pero sí posee el sentido de iluminación, de poner luz en la tiniebla. No hay cura ni solución, pero sí investigación, exploración y descubrimiento.  

Sería, más o menos, como un saber dónde estoy, ¿no?

Sí, es un saber dónde estoy y qué hay en torno mío. Muchas veces la incertidumbre es una niebla y la escritura, como herramienta, se comporta como los faros antiniebla de un coche, que permiten aclarar y ver a través de esa bruma aunque no la disipe. 

domingo, 18 de diciembre de 2022

Lara Moreno: «Las protagonistas de ‘La ciudad’ no son reales, pero sí están llenas de realidad»

La rica prosa de la escritora sevillana nos sumerge en la historia de tres mujeres, atrapadas entre su pasado y su presente. Un certero retrato social.  

Nº 645.- Lara Moreno (Sevilla, 1978) pasó por València para presentar ‘La ciudad’, su nueva
novela, publicada por Lumen, que retrata la vida de tres mujeres, cuyas existencias confluyen en un edificio de Madrid: Oliva, una española que mantiene una violenta relación de pareja con Max; Damaris, una colombiana que cuida a dos niños y comparte piso con su amiga Romina; y Horía, una marroquí que trabajó como recolectora de fresas en Huelva y espera con desasosiego la llegada de su hijo desde Marruecos. La narración se centra en su pasado y en el cerco al que las somete el presente. Al fondo, pero no lejos, se dibuja el contorno de Madrid, una urbe poliédrica de múltiples aristas, que alberga en sus entrañas las tribulaciones de millones de seres a diario, entre los que se encuentran las tres mujeres. Por la plaza de la Paja del barrio de La Latina, lugar emblemático para la escritora sevillana, se mueven los personajes de la novela. Allí pasean, ríen, lloran, toman copas, reflexionan y hablan de sus cuitas. Acerca de todo este crisol social pude charlar con Lara Moreno en un hotel del centro histórico de la capital del Túria. Afuera discurría un tráfico severo, irritado por las obras que, en aquel momento, se llevaban a cabo en sus inmediaciones. En la distancia, la torre de Santa Catalina se perfilaba sobre el gris de las nubes. Con el piloto rojo de la grabadora encendido, comenzó nuestra conversación.
 

Lara, han pasado diez años desde nuestra primera entrevista. Entonces era un tiempo complicado para ti, ¿estás ya en el lugar que apetecías dentro del mundo de la literatura?

Es cierto que pasé estrechuras, pero a medida que transcurría el tiempo, cada vez me afirmaba más en mi trabajo de autónoma: era editora, impartía clases en talleres, hacía tutorías de novelas por mi cuenta y desempeñaba otros trabajos que me salían, procedentes del mundo de la cultura. Pero como todos estaban mal pagados, aunque tuvieras veinticinco no se notaba, algo que no tenía ninguna gracia. En cualquier caso, ahora dispongo de un empleo estable, que se lleva el ochenta por ciento de mi tiempo. Escribo a contra vida, en mis ratos libres y tengo la misma sensación que cuando comencé: me cuesta muchísimo hacerlo. Sin embargo, he de reconocer que mi editorial se porta muy bien conmigo y no me pone pegas en los plazos de entrega. Si la novela está lista cuando ha de estar, bien, y si no, pues, no está.