
Nº 649.- ‘Los Nadies de la Guerra de España’ (Ediciones Akal) es el nuevo libro publicado por el historiador Francisco Leira Castiñeira. No hace falta explicar
quiénes son los Nadies, esos seres que esperan que algún día les llueva del
cielo, o de donde sea, el reconocimiento que merecen por su participación en la
contienda del 36. Los grandes nombres de la Guerra no se cuestionan. Se anotan
sus aciertos y, también, sus desafueros. Nadie les priva de la gloria o del
oprobio. Sin embargo, los Nadies siguen sin ser alguien. Y la Guerra, la
Historia en general, ha zarandeado su existencia para un lado y para otro, sin
piedad ni miramiento, y ellos con su entrega abnegada, forjaron el desarrollo
de los acontecimientos históricos. Leira Castiñeira, con su nueva entrega,
trata de devolverles ese lugar que les pertenece por derecho propio,
mostrándonos un tiempo y un lugar cargado de más esquinas y dobleces de lo que
parece. Dice Eduardo Galeano, que acuñó el término, que «los nadies no hablan
idiomas, sino dialectos […], no son seres humanos, sino recursos humanos […],
no tienen cara sino brazos, […] cuestan menos que la bala que los mata». Sobre
todo esto hablé con Francisco Leira hace ya un par de semanas largas. Él desde
las orillas del Atlántico; quien suscribe, desde las del Mediterráneo. El teléfono obró milagros.
La grabadora los registró.
Francisco, tu labor como investigador/historiador se ha centrado hasta
ahora en la Guerra Civil, ¿por qué te atrae tanto ese tema?
Me atrae porque aún quedan muchas historias que no se conocen de viva
voz, que permanecen ocultas, como en una nebulosa, y no se han contado en el
plano social ni institucional, quedando reducidas al ámbito familiar. La Guerra
Civil y el Franquismo marcan un punto de ruptura en el siglo XX. Es lo que
pudimos ser y no fuimos a causa del golpe de estado.
La Historia con mayúscula se ha ocupado siempre de los grandes
movimientos, de los grandes hechos y las
grandes figuras. Sin embargo, a ti te interesan los Nadies, esas personas que
participan y sufren las directrices del devenir histórico sin comerlo ni
beberlo…
Realmente, creo que es una cuestión generacional. De alguna manera, yo
también me siento como una especie de Nadie en este mundo que vivimos. A veces
pienso que la influencia que podemos ejercer en los cambios sociales y
políticos se ha visto reducida por culpa de los grandes poderes que no somos
capaces de controlar. Por eso me he centrado en investigar a esas personas que,
digamos, no han sido tan relevantes y, sobre todo, en descubrir cuál fue la
interacción que tuvieron ellos con el mundo que les rodeó, algo que, también de
algún modo, explica la interacción que tengo yo con el mundo que me rodea a mí.
Por tanto, ahí hay una cuestión de identificación personal mía, y de otros
historiadores que, igualmente, se sienten identificados en este mismo sentido. Como
decía Pierre Vilar «Una parte del historiador también está en la Historia».
Este modelo de historiar, que tú has plasmado en ‘Los Nadies de la
Guerra de España’, recibe el nombre de Historia Pública. ¿Podrías definir este
término en pocas palabras?
Sería ese lugar en el que, tanto los que nos dedicamos a hacer Historia
como la sociedad civil, podemos tener un
espacio de debate. Se trata de una forma de construir la Historia contando con
la aportación de las personas, a través de información transmitida por su
propia memoria vivida o por la documentación, que ellas mismas puedan guardar
en su casa, siguiendo un método de trabajo riguroso. Este espacio de debate
para mí resulta fundamental. Creo que debemos fomentarlo para que la gente no
experta se sienta reflejada, se involucre y participe en él.
Si no lo entiendo mal, la Historia Pública concibe la Historia narrada
no a través de una voz única, sino de muchas, lo que la transforma en una
Historia coral, ¿es así?
Sí y en este libro creo que lo consigo más que en el anterior, a pesar
de que allí también hablaba de personas apenas conocidas a través de
entrevistas orales. Aquí, aunque son ocho capítulos con nombre y apellidos, he
pretendido que esas personas representen a otras que atravesaron situaciones
similares, teniendo siempre presente que las casuísticas son miles e intentando
abandonar ese discurso de las dos Españas, que parecen estar condenadas a
enfrentarse eternamente, porque no es real. Hay una gran diversidad de casos
particulares de personas que pensaban de un modo distinto y quiero que, a
través de estas mujeres y hombres, podamos estudiar muchos más casos. Por eso,
la mayoría de las personas que he incluido en el libro no procede de Madrid,
sino de otros territorios como Galicia, Andalucía, Catalunya…
Por tanto, al crear ese espacio de debate al que aludes, lo que haces es
democratizar el estudio de la Historia, ¿no?
Sin duda, claro. La Historia la construimos todos. Eso no quita que deba
ser seria y elaborada bajo un método riguroso, pero sí la democratiza y hace
bajar al historiador al pie de la calle. Cuando terminé los capítulos del libro,
basados en la documentación recibida y mis búsquedas de archivo, les pasé los
textos a las propias familias y ellas fueron las que descubrieron aspectos de
sus antepasados que no conocían. Al mismo tiempo, corrigieron algunos detalles
de mi trabajo, aportándome nuevas miradas. Ese intercambio me permitió
enriquecer el libro.