«Desde su agujero de arcilla escuchó el eco de las voces que lo llamaban y, como si de grillos se tratara, intentó ubicar a cada hombre dentro de los límites del olivar» (Jesús Carrasco, Intemperie)

domingo, 17 de junio de 2018

Florencia Etcheves: «En el negocio de la explotación sexual, la mujer queda tipificada como un objeto»


Nº 551.- La espera, al otro lado del hilo telefónico, se demoró un poco. La avalancha de
Fotografía Guillermo Otero (cedida por Ed. Planeta)
medios informativos madrileños interesados en hablar con Florencia Etcheves
 fue grande. Poco antes de las siete de la tarde pude teclear su número en el móvil y conversar con ella. El motivo de la entrevista fue la publicación en España de su tercera novela, ‘Cornelia’, editada por Planeta, en la que relata el secuestro de una adolescente por una banda de delincuentes especializada en la trata de mujeres para la explotación sexual. El libro forma parte de la serie de novelas protagonizados por dos policías, un hombre, Francisco Juánez, y una mujer, Manuela Pelari, que se enfrentan a todo tipo de crímenes y violencias en la Argentina actual. En ‘Cornelia’, Florencia Etcheves ha dejado el mensaje, mejor tal vez la advertencia o el aviso, de que ninguna mujer está exenta de riesgos y que todas son vulnerables por el mero hecho de serlo. Después de los saludos protocolarios, comenzó nuestra charla. La grabadora, piloto rojo encendido, registró atenta nuestras palabras.
¿Qué significa escribir para Florencia Etcheves?
Escribir es encontrar un nuevo canal donde poner mi voz. Trabajé veinticinco años en la televisión como periodista de sucesos y no había tiempo para pensar, había que salir al aire rápidamente. En los libros puedo elaborar mucho más lo que quiero decir y exponer mi voz de un modo mucho más reflexivo.
¿En tu caso la escritura tiene un valor terapéutico?
Absolutamente terapéutico. Al principio fue bastante traumático, porque yo tenía a mi alcance todas las posibilidades de inventar, mientras que en el periodismo, de donde yo procedo, eso no era posible, porque allí inventar es una mala palabra, es como traicionar a la profesión. Durante un tiempo me sentía culpable y me costó mucho superar esa sensación, pero una vez me acostumbré me di cuenta de que la escritura de ficción me hacía feliz. Esa capacidad de matar o revivir gente, según lo requiera la historia, me parece un ejercicio fabuloso y lo estoy pasando bien.
Y ¿cómo surgieron Manuela Pelari y Francisco Juánez, los protagonistas de ‘Cornelia’ y de las otras novelas tuyas?
A mí me gusta escribir varones, me cuesta mucho escribir mujeres, porque al ser mujer tengo que alejarme. Varones me resulta más fácil, hablo con ellos, les pregunto, trato de sacar cosas suyas y de narrar cómo los percibo yo. Todo lo referido hasta ahora tiene que ver con Juánez, pero ocurrió que, cuando ya tenía avanzada la primera novela, mi hija que se llama Manuela, me preguntó si en el libro había algún personaje con su nombre. Y la verdad es que no había. Me agarró el sentimiento de madre culposa y me inventé un personaje, cortito, con su mismo nombre para que ella estuviera contenta. La sorpresa fue que, al entregarle el libro a la editora, le gustó mucho y me pidió que le diera más cancha, porque le encantaba la dupla Juánez-Manuela. Manuela Pelari comenzó a crecer y se erigió en la protagonista. Así que mi hija, al final, fue la que ganó.

viernes, 8 de junio de 2018

Manuel Etayo Ortigosa, entrenador del Club Balonmano Morvedre: «Con su trabajo, las jugadoras del Balonmano Morvedre han hecho fácil lo difícil»


Nº 550.- Se le ve feliz. No puede negarlo, ni ocultarlo. Tampoco quiere. La sonrisa le delata. Y también ese tono moreno, optimista, que, sin duda, ha adquirido en las playas cercanas a Sagunto, al abrigo de cuyo castillo romano, Manu Etayo Ortigosa (Murieta, Navarra, 1973) ha cosechado uno de los más brillantes éxitos deportivos de su carrera, conduciendo al Club Balonmano Morvedre de regreso a la División de Honor del balonmano femenino estatal, tras proclamarlo campeón de la Liga División de Honor Plata. 

A Manu le saluda una trayectoria impecable: treinta y un partidos disputados; treinta victorias; un empate; y cero derrotas. «Primero  decían que nuestro grupo era cómodo y que a veces bajábamos los brazos… Siempre han intentado restarnos un poco de mérito, pero estas chicas, con su trabajo constante a lo largo del año, han convertido lo difícil en fácil, lo imposible en factible. Hubo partidos que se complicaron, pero ellas los sacaron siempre adelante. Este tipo de reacciones, en un equipo tan joven, tiene un enorme mérito». Todo está muy reciente, aún no ha transcurrido una semana cuando hablamos en la cafetería de un conocido centro comercial, con el falso lecho del río Turia al fondo, frondoso y verde. Pero cuando recuerda lo ocurrido, al entrenador navarro le brillan los ojos. «Joder, me emociono otra vez, igual que el domingo pasado. Llegar a donde hemos llegado me ha removido todo el cuerpo. Desde el primer momento hemos vivido muchas cosas importantes, hemos llegado a un punto de cohesión muy grande y hemos deseado tanto el éxito que la alegría es enorme, sobre todo para ellas».

BALONMANO MORVEDRE: PLANTILLA JOVEN, ENTRENADOR CURTIDO

Efectivamente, como Manu Etayo ha subrayado, el C.Bm. Morvedre cuenta con una plantilla muy joven. Vean el modelo: dos jugadoras con veintinueve años; otras dos con veintisiete; y el resto del plantel con edades que oscilan entre dieciocho y veinticinco. Una mezcla que se ha demostrado altamente eficaz. «Sí, ahora diría que es la receta perfecta – se ríe –, pero lo más importante es la calidad humana de cada una de ellas y cómo han congeniado entre sí. Fuera de la pista se han comportado como una familia de verdad. Han quedado para hacer cosas juntas, para dar una vuelta, para comer, para cenar... Y esa complicidad repercute luego, positivamente, durante los partidos. En ese sentido, he de destacar que Noelia Olcina ha desempeñado un papel muy importante, porque nos ha ayudado a hacer grupo, algo que constituía una de mis obsesiones antes de venir aquí».

domingo, 3 de junio de 2018

María Fernanda Ampuero: «Escribir un cuento requiere una tensión brutal. Hay que narrar muchas cosas en muy poco espacio»


Nº 549.- María Fernanda Ampuero (Guayaquil, Ecuador, 1976) pasó por la Fira del Llibre de València tal vez de un modo fugaz. Primero participó en un acto sobre cuentos en el aula abierta de la feria, invadidas las palabras de los autores por el sonido de un grupo rockero, empeñado en que la gente menuda bailase y cantase sin importarles lo que los cuentistas intentaban explicar a su audiencia, tampoco muy numerosa. Esta ciudad no termina de aprender nunca y deja escapar interesantes minutos culturales que no menudean en su agenda cultural anual. Al acabar, la escritora ecuatoriana se acercó a la caseta de Organización para conversar sobre su primera incursión en el mundo literario, donde ha debutado dentro del género del cuento, con el volumen titulado ‘Pelea de gallos’, editado por Páginas de Espuma.

Como señala la contraportada del libro, ‘Pelea de gallos’ narra desde diferentes voces el hogar, ese espacio que construye –­o destruye– a las personas, aborda los vínculos familiares y sus códigos secretos, las relaciones de poder, el afecto, los silencios, la solidaridad, el abuso... Es decir, todos los horrores y maravillas que se encierran entre las cuatro paredes de una casa: el espanto y la gloria de nuestras vidas cotidianas. A todo ello sólo cabe añadir que María Fernanda Ampuero, periodista de profesión, ha escrito unos cuentos estremecedores, latinoamericanos, polifónicos, como si llevara publicando  ficción toda su vida y no hay que olvidar que estamos ante su ópera prima. ‘Pelea de gallos’ consta de ciento quince páginas y trece cuentos, trece, un número interesante, pero también maldito. «Quizá haya un elemento de fetiche ahí – dice María Fernanda –, pero tampoco fue una obsesión alcanzar ese número. Salió así y estoy contenta por ello».
¿Por qué escribe María Fernanda Ampuero?
No sé por qué lo hago, supongo que tengo preguntas y respuestas y también algunas puertas cerradas en mi vida, a las que no puedo entrar y esa es una forma de abrirlas. Pero escribir no es una actividad placentera, ni tampoco una especie de catarsis para cerrar una herida, simplemente se trata de la pulsión de ver qué se oculta detrás de algo.