«Desde su agujero de arcilla escuchó el eco de las voces que lo llamaban y, como si de grillos se tratara, intentó ubicar a cada hombre dentro de los límites del olivar» (Jesús Carrasco, Intemperie)

viernes, 12 de julio de 2019

César Gavela: «La novela te lo da todo hecho, pero un relato es algo más poético y literario que exige complicidad del lector»


Nº 585.- Mediodía. Segundo miércoles de julio. Planea el calor sobre el centro de València. La luz ilumina los edificios, el agua de la fuente, el tráfago de transeúntes y el discurrir de turismos y autobuses. Una mesa, ligeramente apartada, en la cafetería del Hotel Meliá Plaza, sirve como territorio neutral para la entrevista con César Gavela (Ponferrada, León, 1953), que tiene nuevo libro en el mercado, ‘Los astros’, editado por Olélibros, una colección de relatos y microrrelatos de amor, pasión, muerte, placer,  melancolía y memoria. Sueños, sentimientos y emociones de hombres y mujeres que desfilan por sus páginas, a veces casi como voces fugaces, destellos, que llegan, te cuentan algo y se van. Un café y una botella de agua son los aditamentos que necesitamos para conversar sobre literatura, libros y alguna otra cuestión. El piloto «Rec» de la grabadora se ilumina puntualmente. Comenzamos.

César, ¿qué hace un leonés como tú en una ciudad como València?
Vine a València de casualidad. Fue en 1976 al acabar la carrera de Derecho en la Complutense y aprobar oposiciones a funcionario del estado. Como en Madrid no había plaza, me fui a San Sebastián, que estaba cerca de Francia, un país muy apetecible en aquel tiempo, parecía el paraíso de la libertad por aquello de que aquí la democracia aún no estaba instaurada. San Sebastián es un lugar precioso, pero me di cuenta de que me apetecía vivir en una ciudad un poco más grande. Como tenía ganas de conocer el Mediterráneo y tenía familia aquí, pedí el traslado y me lo concedieron. Yo entonces era un chaval de veintitrés años y mi intención era estar un tiempo y después marcharme. Ser funcionario me permitía cambiar de sitio, conocer nuevos lugares, como hacían otros amigos míos, y siempre con la idea de terminar en Madrid. Sin embargo, me gustó mucho esta ciudad, me ganó por su luz. La luz de València es muy particular, es potente, te atrapa. También había muchas librerías en la ciudad, algo indispensable para mí. Luego me casé y aquí me quedé.

Entre muchos otros y por citar solo unos cuantos, Luis Mateo Díez, Julio Llamazares, Raúl Guerra, Andrés Trapiello y tú mismo sois leoneses, ¿qué tiene León que produce tan buenos escritores?
Lo de León es un misterio. Se han escrito artículos y reflexiones sobre esta cuestión porque se trata de una provincia que, con tan solo quinientos mil habitantes, cuenta con una gran cantidad de escritores de nivel: Mateo Díez, Julio Llamazares, Gamoneda, Antonio Colinas, Carnicer… Muchos opinan que en León las familias, que eran de origen humilde, estaban muy interesadas en que sus hijos tuviesen estudios. Allí siempre se ha valorado enormemente la cultura. Y también ha habido muy buenos profesores de literatura, tanto en colegios como en institutos. Algunos curas que me dieron clase estaban verdaderamente locos por la literatura. Imagino que también por la religión. Estoy convencido de que el noventa por ciento de esos escritores hemos surgido gracias a esos profesores que nos metieron la literatura por todas partes. El proceso es claro: al comienzo lees, pero al final terminas escribiendo. Antes de escribir yo me pasé quince años leyendo como un poseso.

martes, 9 de julio de 2019

José Luis Corral: «Carlos I quería conservar el estilo de gobierno antiguo y ser un garante de las tradiciones»


Nº 584.- En el año 1539, abatido por la muerte de su esposa Isabel de Portugal, el emperador Carlos de Austria se encerró en un convento y se aisló del mundo. Sus enemigos, no obstante, no descansaban y amenazaban sus dominios: la ciudad de Gante se rebeló, los turcos avanzaban hacia Europa, los protestantes cuestionaron su autoridad y Francia y el papa le fueron hostiles. Carlos V reaccionó y, con los tercios viejos como fuerza de choque, consiguió importantes victorias que lo encumbraron como dueño de medio mundo. En los últimos días de su vida, se retiró al monasterio de Yuste, donde moriría sumido en la melancolía y sus recuerdos. Con ‘Los Austrias. El dueño del mundo’, editado por Planeta,  tercer y último volumen dedicado al soberano habsburgués, José Luis Corral (Daroca, 1957) pone punto final a este trabajo que le ha ocupado los últimos cuatro años de su carrera como novelista. En una reciente visita a València, resguardados del calor reinante por los muros de uno de los salones del Museo L’Iber de Soldaditos de Plomo, pudimos conversar durante un rato, que supo a muy poco la verdad, sobre esta nueva novela suya. Escuchar a José Luis Corral es asistir a una clase de Historia, esa materia que tanto le apasiona como docente y como novelista.
José Luis, con ‘Los Austrias. El dueño del mundo’ cierras tu trilogía sobre Carlos I, ¿esta obra molesta o puede molestar a alguien?
Desde luego, no creo que moleste a quienes hace quinientos años protagonizaron los episodios que relato en los libros [risas], pero lo que tengo claro es que yo, por ser políticamente correcto, no me voy a cortar nada con gente que tiene una idea errónea sobre la Historia. Lo que he contado son acontecimientos debidamente documentados a los que les he añadido el toque literario que toda novela histórica ha de tener. Sé que a algunos,  sobre todo a ese ultranacionalismo españolista que nos empieza a invadir, protagonizado por Vox y algunas derivas del PP y Ciudadanos, les puede molestar, pero no me importa. En la primera novela de esta trilogía ya desmonté ese pannacionalismo españolista, que pretende llevar el origen de España hasta los Reyes Católicos.

domingo, 7 de julio de 2019

Óscar Montoya: «He intentado hacer de la Transición un personaje más, quería hablar de los miedos interiores de un país y de un individuo»


Nº 583.- Antonio Tojeira se siente afortunado: lleva un año en Alicante como inspector de policía y disfruta del sol, de la modernidad que trae el turismo en la España convulsa de 1980, la de la Transición, y de una incipiente relación con Cruz, una echadora de cartas con quien se acuesta ocasionalmente. La muerte accidental de un joven en una estación de tren y el traslado de Tojeira a una comisaría norteña van a alterar profundamente este panorama. La felicidad del inspector se trastoca en su nuevo destino, al tiempo que sus pasos le conducen hacia una trama en la que confluyen corruptos policías y grupúsculos fascistas. Este es el argumento que maneja ‘De otro lugar’ (Alianza de Novelas), el debut en el género negro de Óscar Montoya, un alicantino residente en Vigo desde hace casi treinta años.
La entrevista con Montoya se desarrolla a mitad de tarde, un viernes caluroso, mientras los albañiles cambian una ventana en mi domicilio. En contra de los habituales sonidos de cafetería, platillos, tazas, cucharillas, como fondo de grabación, auténticos efectos especiales, se escuchan martillazos, voces de tono elevado y el siseo de una radial pertinaz. En todo caso nada serio, nada capaz de impedir la conversación entre el autor de ‘De otro lugar’ y quien esto suscribe.
Óscar, ¿qué hace un alicantino como tú en un sitio como Vigo?
Llegué aquí con 14 años, procedía de Alicante, y la verdad es que ya me considero medio gallego. Voy a cumplir cuarenta y cuatro y casi «falo galego a modiño» (Hablo gallego despacio).
Y ¿qué significa la escritura para ti?
Es algo que he hecho desde pequeño, igual que el dibujo. Supongo que es una vía de escape para comprender lo que no entiendes de la vida cotidiana y también una forma de intentar conocerte a ti mismo.

martes, 2 de julio de 2019

Juan Ramón Barat: «Juan Bautista Basset es un desterrado de la Historia, han echado capas de cal sobre su memoria»


Nº 582.- «Va ser a la tardor de 1705, que a Altea desembarca Batista Basset, com a general de l’exèrcit de Carles el d’Austria…» Así dice el ‘Romanç de cec’ contenido en el álbum ‘Quan el mal ve d’Almansa’, la genial cantata compuesta por el grupo valenciano Al Tall en el año 1979, a cuya presentación tuve la fortuna de asistir en el Teatro Principal de València. Cuarenta años después, un libro, irresistible portada, irresistible contenido, irresistible protagonista, llama mi atención desde las mesas de las librerías: ‘1707’ del escritor Juan Ramón Barat (València, 1959), editado por Algaida. ‘1707’ y ‘Quan el mal ve d’Almansa’ tienen varias cosas en común, una de ellas fundamental: un protagonista: Joan Bautista Basset, el general que comandaba las tropas austracistas durante la Guerra de Sucesión a la corona de España, que asoló media Península Ibérica a comienzos del siglo XVIII, a cuya conclusión una nueva dinastía, la de los Borbones, se asentó en el trono de Madrid.

Juan Ramón Barat centra ‘1707’ en Basset, pero no sólo hace eso sino que aprovecha la figura del militar de Alboraya, hijo de un modesto carpintero, para describir con total exactitud la guerra sucesoria. Su narración atraviesa la batalla de Almansa, el terrible incendio de la ciudad de Xàtiva y la promulgación el día 29 de junio de 1707 de los Decretos de Nueva Planta, a través de los cuales y «por el justo derecho de conquista» quedaron abolidos y derogados por completo los «fueros, privilegios, prácticas y costumbres» de todos los valencianos, incluida la prohibición de utilizar la lengua vernácula, sustituida a partir de entonces por el castellano. Fue poco después de un mediodía del mes de junio, cuando a través del teléfono conversé con el escritor valenciano sobre ‘1707’ y algunas otras cuestiones que envuelven la novela y la colocan en el sitio preciso.

Juan Ramón, ¿qué significa escribir para ti?
Para mí, escribir es algo así como una aventura apasionante, que me permite descubrir ese mundo mágico que está a nuestro alrededor. Cada proyecto literario que emprendo representa una aventura diferente, en la que me sumerjo hasta el fondo para extraer mediante palabras todas las maravillas que me puede ofrecer. Las palabras también son mágicas, porque con ellas podemos expresar lo que existe y lo que no, nuestros deseos y nuestras esperanzas, nuestros sueños y nuestras realidades.

Tú eres profesor de instituto, ¿se compagina bien la docencia con la literatura?
Sí, él único problema que existe es el del tiempo. La docencia es un trabajo «duro», porque no comprende solo las horas de clase sino también las tareas de casa corrigiendo exámenes y preparando materiales, así como el desgaste continuo de trabajar con gente joven, que tiene mucha más energía que tú, una energía que muchas veces no va en la misma dirección que la tuya. Todo esto te resta tiempo para la creación literaria, pero también te aporta cosas positivas porque estar en contacto con esa juventud vital e imaginativa te obliga a reciclarte continuamente. La vida cambia, ellos te vigilan permanentemente y no permiten que te anquiloses.

¿Cómo te tropezaste con la figura de Juan Bautista Basset o cómo surgió la idea de escribir una novela sobre él?
Esta novela la escribí hace 12 años y descubrí su figura casualmente. Un editor ya jubilado, Marcos Zacarés, me propuso escribir un libro sobre la batalla de Almansa. Iba a ser mi primera novela y acepté el reto, pero cuando empecé a investigar me di cuenta de que la batalla se enmarcaba dentro de la Guerra de Sucesión y que el tema tenía unas posibilidades narrativas muy grandes. Tras mucha búsqueda, di con un personaje que podía canalizar toda la trama: Juan Bautista Basset. Me quedé prendado de él, fue como un flechazo. Basset es un personaje que reúne todas las condiciones para forjar la figura de un héroe de novela. Su origen, hijo de carpintero, era muy humilde y además había vivido muy cerca de mi casa, en la huerta de Alboraya. Por azar, llegó a ser un gran general y un personaje casi decisivo en la Guerra. La única dificultad que presentaba como personaje era que su existencia está muy diluida por el paso del tiempo y sobre él se ha construido más leyenda que realidad. Yo intenté rescatar todos los datos que pude y reconstruir el mito, porque sin duda Basset ha sido un mito.

lunes, 1 de julio de 2019

Patricio Pron, ganador Premio Alfaguara de Novela 2019: «Del reconocimiento de los errores cometidos se beneficia nuestra siguiente relación»


Nº 581.- El jurado del Premio Alfaguara de novela 2019 manifestó que ‘Mañana tendremos otros nombres’, la obra ganadora, era «la autopsia de una ruptura amorosa que refleja la época contemporánea de manera excepcional». Escrita por el argentino Patricio Pron (Rosario, 1975), cuenta la ruptura de una pareja. Ellos viven en Madrid en un tiempo actual. Ambos rondan los cuarenta. Ella es arquitecta, tiene miedo a hacer proyectos de futuro y busca algo que no puede definir. Él escribe ensayos, lleva cuatro años a su lado y nunca pensó en verse soltero de nuevo, en un «mercado» sentimental del que lo desconoce todo. Por las grietas de su derrumbe como pareja se filtran las amistades, sus consejos y sus vidas, la mayoría de las veces con más dudas que certezas. Es la generación Tinder, la de unas personas que eliminan a otras con un dedo; una generación en la que todos están expuestos y a la postre desencantados. Y hasta ahí puedo leer… ‘Mañana tendremos otros nombres’ es una mirada a las relaciones sentimentales del animal humano desde una óptica sociológica que no excluye la ternura y una novela del amor en tiempos de las redes sociales.

Patricio Pron lleva una mañana desatada en València. Apenas sale del estudio de Cv Radio, con los cascos colgando, cuando me atiende. Es la primera hora de la tarde. Se le ve cansado por la promoción, larga, interminable aparentemente, que le exige viajar por toda Sudamérica para presentar la novela. Hay unos cafés de por medio. Ambos con sacarina. Ruido de cucharillas. Trasiego de parroquianos y camareras. Empezamos.

Enhorabuena, por el Premio Alfaguara de novela 2019, Patricio, ¿qué significa para ti haber obtenido este galardón?
Gracias. El premio significa una magnífica oportunidad para que esta novela obtenga una mayor resonancia de la que habría tenido si no lo hubiera ganado. Es también una puerta privilegiada para que los lectores entren a mi trabajo y me permite pertenecer a la lista de escritores que han ganado el Premio Alfaguara que, con sus más y sus menos, es uno de los más respetados en el ámbito del español. Resumiendo es un enorme placer, un cierto orgullo, una gran oportunidad y la responsabilidad de que el libro esté a la altura de lo que se espera de él.

‘Mañana tendremos otros nombres’ respeta esa alternancia tuya de escribir un libro de cuentos, una novela, otro libro de cuentos, otra novela y así sucesivamente.
Creo que sí, porque lo último que publiqué fueron cuentos. Me despisto un poco porque se mezclan con mis traducciones y ediciones en otras lenguas. Lo que es seguro es que en mi lista de títulos, es el segundo más largo.

viernes, 28 de junio de 2019

Edurne Portela: «La violencia es un tema inagotable, consustancial con la realidad»


Nº 580.- Adentrarse en el universo de Edurne Portela (Santurce, Vizcaya, 1974) ha constituido una de las mejores sorpresas literarias de lo que va de 2019. Había escuchado buenas opiniones sobre sus novelas, incluso había visto alguna crítica al respecto, pero hasta hace unos pocos días, no había tenido la oportunidad de leer nada suyo. Ni siquiera una columna o un artículo. Fue a primeros de junio, cuando pasó por la librería Bartleby de València, que tomé contacto directo con su obra. Edurne vino a presentar su nuevo título, ‘Formas de estar lejos’ (Galaxia Gutenberg), el segundo de su carrera como escritora de ficción, iniciada en 2017 con ‘Mejor la ausencia’ (Galaxia Gutenberg).  Decidí romper el orden secuencial de sus publicaciones y, de este modo, me asomé  directamente a ‘Formas de estar lejos’, cuyos protagonistas, Alicia y Matty, se conocieron en un pueblo sureño de los Estados Unidos, se enamoraron y decidieron construir una vida en común o, al menos, intentarlo. Alicia procedía de Euskadi. Abandonó su tierra en pos de una intensa carrera universitaria, mientras que Matty, cuyos padres nunca fueron un modelo de convivencia, había alcanzado esa forma de felicidad estable que crean las rutinas. Poco a poco, como si fueran recortes, manchas, flashes, la narración desvelará las mentiras y perversiones que se esconden detrás de una aparente vida perfecta. Matty y Alicia se mueven en un mundo de soledades compartidas, donde violencia y abuso se disimulan con el silencio y los espacios de seguridad vienen dados por la casa y la universidad.

jueves, 20 de junio de 2019

Sophie Hannah: «Tengo el gran honor de haber trabajado con Poirot, el mejor personaje creado por la literatura de misterio»

Fotografía cedida por Editorial Planeta.
Nº 579.- Desde la publicación de su primera obra en 1920, Agatha Christie escribió Treinta y tres novelas, dos obras de teatro y más de cincuenta historias breves con el personaje de Hércules Poirot como protagonista. En 2014, los albaceas de su legado, aprobaron la preparación de nuevas novelas del investigador de bigotes almidonados y exquisitos gestos. Fue así como la británica Sophie Hannah, autora experta en literatura policiaca, resultó elegida para escribir ‘Los crímenes del monograma’, primer título de la nueva serie protagonizada por el detective belga. En 2019, Hannah acaba de publicar la tercera entrega, que lleva por título ‘El misterio de las cuatro cartas’, editado por Espasa, en la que Poirot se ve involucrado en el envío de unas cartas firmadas por él a diversas personas, en las que se les acusa de haber cometido el asesinato de Barnabas Pandy, un sujeto a quien el detective no conoce y del que se ignoraba que hubiera muerto asesinado. El misterio está servido y las preguntas sobre quién puede ser el autor, o la autora, de las cartas y sobre quién pudo eliminar al señor Pandy brotan solas. Inevitablemente, Poirot tendrá que poner en funcionamiento su «materia gris» para averiguar qué entramado criminal se esconde detrás de esas cartas.


Desde siempre, Sophie Hannah (Manchester, 1971) ha sido una escritora apasionada por la obra de Agatha Christie. Alojada en la tranquilidad de su domicilio, en un interludio de la promoción de ‘El misterio de las cuatro cartas’ y mientras prepara la siguiente novela, que ya será la cuarta, tuvo la amabilidad de contestar un puñado de preguntas formuladas desde esta orilla del Mediterráneo. Lo que viene a continuación son precisamente sus respuestas.

¿Por qué escribe Sophie Hannah?
Escribir es mi pasión y mi «hobby». Es algo que he hecho desde siempre. Ya de pequeña sentía un deseo irrefrenable de contar historias. No puedo imaginar mi existencia sin hacerlo, porque escribir es mi manera de dar sentido a la vida.

De todos los géneros literarios que existen se decantó por la novela policiaca o de misterio, ¿lo hizo por algún motivo en particular?
He amado las historias de misterio desde que puedo recordar, desde que tengo memoria. A los seis años, leía a Enid Blyton; a los doce descubrí a Agatha Christie; y al cumplir los diecinueve, a Ruth Rendell. Devoré las novelas de estas autoras compulsivamente. No tengo ninguna duda de que el misterio es mi género favorito para leer y también para escribir.

miércoles, 19 de junio de 2019

Manuel Jabois: «Quiero llegar a los lectores con mis propias armas, con mi estilo»


Nº 578.- Ha adquirido relevancia por sus apariciones en prensa. Diario de Pontevedra, El Mundo y El País han publicado y publican sus artículos desde hace tiempo. Tiene una colaboración diaria, breve pero jugosa, en la Cadena Ser, dentro del programa Hoy por Hoy, donde se pueden escuchar sus comentarios sobre temas de actualidad. Ahora, Manuel Jabois (Sanxenxo, Pontevedra, 1978) se descuelga con su primera incursión en el territorio de la ficción. Y lo hace con una novela, ‘Malaherba’, editada por Alfaguara, una narración fronteriza entre la última infancia y la pubertad, la de Tambu, Elvis, Rebe y Claudia. ‘Malaherba’ es un libro de iniciación, de descubrimientos, de peligros, de asombros y perplejidades. Una prosa fresca, con retranca, pulida, bien engrasada, que se lee con pasmosa rapidez y deja un poso agridulce en el lector, es su mejor tarjeta de presentación.

Manuel, es la primera vez que te entrevisto, por tanto, esta pregunta es casi obligatoria: ¿qué significa para ti escribir?
Básicamente, escribir para mí significa ser bastante feliz. Me cuesta mucho ponerme a escribir y me cuesta mucho dejar de hacerlo y digo que soy bastante feliz porque se me ocurren muchas cosas que, aquí y ahora, no pasan por mi cabeza. Muchas veces vivo mejor en la escritura que fuera de casa. No puedo decir que los momentos de bajón, de tristeza o de preocupación se curen con la escritura, pero sí es verdad que después de escribir me siento bastante mejor. También me sienta muy bien escuchar lo que la gente opina de lo que escribo, porque yo escribo para los demás.

¿‘Malaherba’, por ser tu primera novela, es muy autobiográfica?
En realidad, no es la primera, ya que escribí una novela en gallego hace quince años. Sobre su carácter autobiográfico, no creo que tenga que cumplirse siempre esa norma. No sé cuál será la segunda, la tercera o la cuarta novela que escriba, pero de lo que no tengo ninguna duda es de que decidí utilizar la primera persona para contar una historia más o menos lineal, concentrada en un tiempo y un espacio autobiográficos concretos, en los que el protagonista, un niño con la misma edad que un día tuve yo, vive y estudia en un entorno parecido al mío. A partir de ahí, la familia y los compañeros son completamente inventados. El protagonista tiene obsesiones, inseguridades, dudas y miedos que sí son míos, igual que su mirada. Si no lo fueran, resultaría muy complicado para un escritor novato como yo haber inventado todo eso. He escrito la novela desde el punto de vista de la humildad.

¿Has escogido precisamente la primera persona para narrar por esos rasgos tuyos a los que aludes?
A la tercera persona le tengo mucho respecto. Creo que no sabría manejar bien la omnisciencia y que enseñaría demasiado al lector. Hay que poseer un dominio narrativo muy grande para utilizarla. Además, como provengo de la crónica y del reportaje, tal vez me hubiera podido más la pulsión periodística que la literaria a la hora de escribir. Con la primera persona, el problema radicaba en localizar la voz narrativa de un crío de esa edad. Pero como  todavía conservo bastante de adolescente, me parece que no me ha quedado mal.

jueves, 13 de junio de 2019

Rafel Nadal, Premi Ramon Llull 2019: «A mí los lectores me importan mucho»

Nº 577.- Mateu crece en una familia rota que no siente como suya. Desde niño lucha por dejar atrás los gritos, las peleas y las miserias de la Mina, su hogar, la casa más pobre de Caldes de Malavella, la población donde él vive. Para ayudar a su madre a sacar la familia adelante y labrarse su propio futuro, acepta cualquier trabajo, por modesto que sea. Pronto descubrirá que sus orígenes se ocultan detrás de un secreto del que nadie habla, pero que todos conocen. La historia se complica con un hecho real: la llegada a Caldes en 1944 de mil marinos italianos, procedentes del hundimiento del acorazado Roma de la Marina Italiana, bombardeado por la aviación del III Reich. Un día, a sus setenta años, Mateu decidirá averiguar quién es realmente su padre y visitarle para conocerlo. Con esta materia prima, Rafel Nadal (Girona, 1954) ha escrito ‘El hijo del italiano’, editada por Planeta, novela con la que ha obtenido el Premi Ramon Llull 2019.

SOBRE LA PROMOCIÓN

Hace unos días, Rafel Nadal anduvo por Valencia para presentar ‘El hijo del italiano’, porque desde siempre – Charles Dickens ya lo hacía – los escritores también promocionan sus libros, aunque algunos eso no lo llevan muy bien. «Es verdad, los escritores no debemos renunciar a ello, no podemos decir que estamos al margen y que nuestro trabajo concluye con la escritura. Al final, las librerías son un milagro, igual que las editoriales. Se lo debemos todo a libreros y editores y hay que ayudarles. Tampoco hay que olvidar a los clubes de lectura a donde acudimos para hablar de nuestras novelas. Son muy importantes. Los miembros de los clubes son personas que llevan muchos años leyendo, saben muy bien lo que buscan en un libro y lo que quieren preguntarle a su autor». En ocasiones, los mismos clubes le han facilitado su tarea a Rafel Nadal, aunque sea de modo involuntario. «A lo largo de mi carrera literaria, los lectores me han proporcionado muchas historias. No soy uno de esos escritores que dicen que no les importa el público. Yo no me escondo, a mí los lectores me importan mucho. Me encanta que se introduzcan en la historia y se sientan interpelados por lo que escribo. Sin ellos escribiría igual, porque es algo que no puedo evitar, pero mientras trabajo pienso que hay personas que se pueden emocionar con lo que les cuento y eso me produce un gran placer». 

Décimo aniversario de 'El tiempo entre costuras' de María Dueñas

10 AÑOS





EL TIEMPO ENTRE COSTURAS

de



MARÍA DUEÑAS





Más de 5 millones de ejemplares, 42 traducciones y una gran adaptación audiovisual





Para celebrar estos 10 años de éxito, Editorial Planeta ha viajado con la autora a los maravillosos escenarios de la novela en Tetuán y ha recorrido los vestigios del antiguo Protectorado español.



«Mi Tetuán es el legado que he recibido, toda una herencia de conocimiento y de corazón. »

María Dueñas



martes, 11 de junio de 2019

Carlos Hernández de Miguel: «La verdad se acaba abriendo camino, aunque en España los obstáculos son mayores que en el resto del mundo democrático»

Imagen cedida por la editorial.

Nº 576.- ‘Los campos de concentración de Franco’ de Carlos Hernández de Miguel (Madrid, 1969), publicado por Penguin Random House, es una obra que se echaba de menos dentro del panorama historiográfico de la Guerra Civil y la posguerra. Su aparición viene a rellenar un hueco solo parcialmente cubierto hasta ahora por obras monográficas y específicas, que han carecido de la suficiente difusión entre los especialistas y el público lector.  Hernández de Miguel ha escrito un volumen exhaustivo, intenso, que abarca desde el listado de los campos de concentración existentes en España, clasificados en provisionales, estables y de larga duración, hasta el testimonio personal de muchas de las personas que vivieron el horror entre sus muros, sus barracones o sus alambradas. Conventos, plazas de toros, campos de fútbol, naves industriales, cuarteles… todo sirvió para hacinar a miles de prisioneros procedentes del derrotado ejército de la República. Quizá para entender un poco lo que allí se vivió, valga la pena reproducir aquí la frase de uno de los reclusos, Eduardo de Guzmán, que el propio Carlos Hernández de Miguel  incluye en los comienzos del libro: «Pronto envidiaremos a los muertos».

Carlos, Vd. ha sido y es corresponsal, periodista y escritor, ¿qué significa la escritura para usted?
En mi caso es la herramienta para contar historias y describir la realidad.

¿Por qué publicar ahora este libro sobre los horrores de los campos de concentración? ¿Fue sólo a petición de los lectores, como indica en el propio texto, o le movía algún otro motivo a hacerlo?
Realmente fue una petición que recibí mientras realizaba mi anterior investigación sobre los españoles y españolas que fueron deportados a los campos de concentración nazis. Algunos de los supervivientes a los que entrevisté y sus familiares me pidieron que, cuando publicara ese libro, me centrara en los campos de concentración franquistas que eran mucho menos conocidos que los abiertos por Hitler.

¿A su juicio por qué nadie hasta ahora se había interesado en publicar nada sobre este asunto?
Ha habido algunos trabajos sobre el tema como el que realizó el historiador Javier Rodrigo en 2005. También hay media docena de monografías sobre campos específicos, muy destacadas. Sin embargo todos estos trabajos se habían quedado en el ámbito académico o local y no habían llegado al gran público. El que nadie lo hiciera antes yo lo atribuyo a esa anomalía en la que vive nuestro país. Una anomalía donde nos robaron la memoria y falsearon la Historia. Lo hizo Franco, durante 40 años de dictadura, con el objetivo de ocultar sus crímenes y blanquear su represión. El problema es que no corrigió el error nuestra democracia. Aquí no ha habido una política estatal encaminada a sacar a la luz nuestro pasado. Lo hicieron Alemania, Japón o Austria. Lo hizo mucho después Rusia, Argentina o Chile… pero aquí seguimos viviendo en las mentiras, el silencio y las medias verdades.

Señala Vd. que este libro no hubiera sido posible sin el trabajo de tantos y tantos archiveros anónimos que hay en este país, ¿la sociedad española es realmente consciente de la importancia del cometido que ellos desarrollan?
En absoluto. Este país nunca ha cuidado esos templos de nuestra Historia que son los archivos y mucho menos al personal que trabaja en ellos. No es casual. Obedece al mismo problema que he mencionado en la pregunta anterior. Aquí se ha tratado de que no miráramos hacia el pasado, de que no conociéramos lo que sucedió durante la guerra y la dictadura. Y una de las estrategias que han utilizado los poderes públicos para conseguirlo es no realizar una política archivística que permitiera analizar la documentación existente para ponerla a disposición de investigadores y ciudadanos. Los archiveros luchan muchas veces contra esa dinámica y realizan un esfuerzo extra para facilitar el trabajo a personas como yo. Por eso quise dedicarles este libro. 

miércoles, 5 de junio de 2019

Ramon Solsona: «Recordar a las víctimas de las dictaduras es una forma de evitar su repetición»

Foto cedida por Proa

Nº 575.- Conocí la literatura de Ramon Solsona por casualidad pura. Fue uno de esos rebotes de la curiosidad humana. Ocurrió hace dos años, una tarde de invierno, saboreando un paseo. El escaparate de una librería, Tres i quatre, de la calle San Fernando de València, exhibía un surtido de buenos libros. Generoso. Interesante. Diverso. La portada de uno de ellos atrajo mi atención: un hombre y una mujer bailando en una cocina. Blanco y negro. No había música, pero sonaba una melodía. Su título: ‘Allò que va pasar a Cardós’ (‘Todo lo que sucedió en el valle’, en su versión castellana). Lo compré. No lo leí, lo devoré. A partir de aquel momento, decidí seguir, dentro de lo posible, la trayectoria literaria de su autor, Ramon Solsona (Barcelona, 1950). Otro de sus títulos, ‘L’home de la maleta’ (‘El hombre de la maleta’), cayó en mis manos después. Me gustó. Mucho. En 2019, ahora, es cuando termina de publicar ‘Disset pianos’ (‘Diecisiete pianos’), editada por Proa, una novela que parte de un encargo: «No malvendas los pianos», las últimas palabras que el restaurador rumano Peter le dijo a la Mei, su pareja, una mujer que trabaja en una agencia y que no sabe nada de pianos. Y de venderlos, menos. A partir de ahí, la peripecia de la venta y las nuevas relaciones que la Mei establecerá con otras personas constituyen la primera parte del libro. La segunda, que transcurre en Bucarest, desvela un enigma vital: la cara B de Peter y su familia, al tiempo que traza un retrato de la Rumanía de la postdictadura, del capitalismo, de las cicatrices malcuradas. Son las cinco de la tarde cuando comienzo a conversar con Ramon Solsona. Por teléfono. En catalán. La grabadora graba todos los idiomas. Es la suerte que tenemos los que nacimos asomados al Mediterráneo y hablamos más de una lengua. Es la suerte de compartir un territorio lingüístico común. Es la suerte de poseer la capacidad para leer libros en su versión original, sin doblajes.  

Ramon, después de una trayectoria tan larga y provechosa como la suya, ¿qué significa para usted escribir?
Bueno, la respuesta a esta pregunta es muy sencilla: escribo porque no lo puedo evitar. Se me presentan delante de mí una serie de temas y no soy capaz de negarme a escribir sobre ellos, dedicándoles todo mi esfuerzo y trabajo durante un tiempo.
¿Algo parecido a una enfermedad?
Digamos que es un impulso irresistible.
¿Cómo surgió la idea para escribir ‘Disset pianos’?
A diferencia de ocasiones anteriores, esta historia me la encontré un poco hecha. Conocí a una mujer que había perdido a su pareja, que había sido afinador y restaurador de pianos. De pronto, ella se vio inmersa en el compromiso de vender diecisiete pianos. El piano es un instrumento muy bonito, pero es un trasto que pesa entre doscientos y trescientos kilos y, si no tienes ni idea de cómo hacerlo, la tarea resulta harto complicada. A partir de este hecho real, aproveché otras cosas, también sucedidas en la realidad, y comencé a escribir la novela, cuya segunda parte discurre en Bucarest y tiene poco que ver con la primera.

miércoles, 29 de mayo de 2019

Paloma Robles, escritora: «Hay chinos que también lo pasan mal en España»


Nº 574.- Viernes por la tarde. Mayo. Acudí a València Negra para conocer las nuevas voces de la novela negra hispana, esos autores con poca obra publicada aún, pero que empujan con fuerza. La sesión llevaba por título Noves Veus (Nuevas voces). Había tres escritores: Paloma Robles, Óscar Montoya y Mónica Rouanet. Escuché sus palabras con atención. Dijeron cosas interesantes. Los cincuenta minutos que duró su conversación me supieron a poco. Tomé algunas notas, hice fotografías de todos. Más tarde conversé con una de las escritoras invitadas, Paloma Robles, en el vestíbulo de la Sala Russafa. Concertamos una entrevista sobre su novela ‘Fangfang’, editada por Alrevés. Tomé más fotografías. Ahora solo de ella. Días después me puse manos a la obra. En poco tiempo, me bebí su novela, bien contada, bien engrasada, y descubrí un relato poco frecuente: el retrato de una familia de emigrantes chinos, venida a menos, muy a menos, que malvivía en un sótano de Madrid, la cara b de esos chinos que pensamos que vienen a España para enriquecerse y, lo que es más sorprendente, que nos creemos que lo logran. Nada más lejos de la realidad. Entre el colectivo chino, como en los demás, hay de todo: gente en buena posición, gente intermedia y gente que lo pasa francamente mal. En ‘Fangfang’, un personaje destaca por encima de los demás: Nana, viuda, suegra, madre y abuela. Ella era la que tiraba del carro de aquella familia en horas bajas. Ya sólo quedaba cumplir lo apalabrado y efectuar la entrevista. Y eso hice el siguiente viernes por la tarde. Un día frío en València. Paloma Robles (Madrid, 1979) es licenciada en literatura, escritora y periodista. Ha vivido ocho años en China y trabaja como intérprete y mediadora para la comunidad china de Madrid. Lo que sigue es nuestra conversación grabada a través del móvil telefónico.  
Paloma, al acabar la licenciatura te marchaste a vivir un tiempo a China y, al regresar, comenzaste tu trabajo como mediadora, ¿qué es una mediadora?
Una mediadora es una persona que ejerce de nexo entre la comunidad china y los servicios sociales españoles a diferentes niveles: sanidad, educación trabajo… Es una figura necesaria para interactuar con los emigrantes chinos, especialmente con los que disponen de pocos recursos, y es imprescindible que domine el contenido de ambas culturas. Hay que tener en cuenta que la parte española no entiendo muchos códigos culturales chinos y ahí la mediadora interviene para solventar y aclarar malos entendidos.
¿Por qué escogiste China para vivir?
Terminé la carrera y me encanta la literatura, pero quería estudiar algo más concreto. Me interesaba saber cómo funcionaba un idioma tan diferente como es el chino. Fue un poco por casualidad, como un flechazo. Empecé a estudiarlo en España y luego me marché. Fui por un año, pero luego el tiempo se fue alargando.

lunes, 27 de mayo de 2019

Sandrine Destombes: «Cuando concluyo un capítulo me dejo dos o tres pistas abiertas para seguir escribiendo»


Nº 573.- Sobre las cinco y media de la tarde, la cafetería del Hotel Reina Victoria está poco concurrida. A esa hora se convierte en un espacio tranquilo, silencioso, muy cómodo para realizar entrevistas. Si la entrevistada, además, escribe género negro, como es el caso, el lugar parece más adecuado todavía. La luz gris del primer piso nos envuelve cuando me encuentro con Sandrine Destombes (1971), la escritora francesa que voló a la capital del Turia para participar en València Negra 2019 y explicar pormenores de su primera novela publicada en España, ‘El doble secreto de la familia Lessage’ (Les jumeaux de Piolenc), editada por Reservoir Books y galardonada con el Premio VSD/RTL al Mejor Thriller Francés, un concurso literario peculiar que casi exige una escritura en vivo. Con este título, Sandrine ha empezado a arrasar en la lista de libros más vendidos del país galo, un auténtico fenómeno. La acción se desarrolla en dos espacios temporales, verano de 1989 y verano de 2018, y habla de la desaparición en Piolenc, un tranquilo pueblo del sur de Francia, de dos hermanos mellizos. Casi tres meses después se encuentra el cadáver de la niña, vestida de blanco y con una corona de flores. Después de varios años, el caso se cierra en falso, sin rastro de su hermano. Tres décadas más tarde, vuelven a desaparecer algunos niños en el mismo pueblo. El pánico crece y viejas sospechas renacen entre sus habitantes. Con este telón de fondo, auxiliado por Jakob Gramss, que ofició de traductor, comencé a conversar con Sandrine Destombes.

Es su primera visita a València, Sandrine, ¿qué significa la literatura para usted?
En verdad yo no pensaba escribir y, en mis inicios, no sentía ninguna necesidad de hacerlo. Sin embargo, cuando empecé esta aventura me gustó tanto que me dije que sería una lástima abandonar. Me picó el gusanillo y ahí sigo, peleando.

jueves, 23 de mayo de 2019

Rosario Raro: «Los hechos históricos que relato son absolutamente reales, si no lo fueran se perdería la verosimilitud de la novela»


Nº 572.- El jueves es un día tranquilo en València. El Panaria de la Avenida del Oeste es un buen lugar para conversar, para entrevistar y tomar café. Como fondo, atenuada, suena una balada de cucharillas, platos, tazas y suspiros de cafetera exprés. Es casi mediodía, la hora de los almuerzos y desayunos está a punto de finalizar. Rosario Raro (Segorbe, 1971) acude a la cita con su ya tercera novela, ‘Desaparecida en Siboney’ (Planeta), la historia de Dulce Sargal, la esposa de Bartolomé Gormaz, un acaudalado antillano que ha hecho fortuna merced a sus turbias componendas esclavistas. De la noche a la mañana, Dulce desaparece de La Hacienda de Nuestra Señora de las Mercedes. Nadie sabe cómo. No  hay huellas. Su hija, Romi Gormaz, es la única que parece preocuparse por su ausencia. Angustiada, decide recurrir a su tío, Mauricio Sargal, que se desplazará desde Barcelona a Cuba para esclarecer lo ocurrido. ‘Desaparecida en Siboney’ está basada en un hecho real. Pulso la tecla Rec. El piloto rojizo de la grabadora se ilumina y la primera cuestión está servida. Sale sola, inevitable.

Rosario, ¿cómo surge la idea para escribir esta novela?

La idea surgió a partir de un viejo informe policial que me enseñó un anticuario. Me dijo que ahí había un argumento para una novela. Narraba la historia de Dulce Sargal. Lo leí y me di cuenta de que el final era espeluznante. Más adelante, en una casona cántabra, vi la fotografía de su propietario, un hombre que miraba a la cámara de una manera muy curiosa, mitad picara, mitad nostálgica. Tirando del hilo para ver quién había sido esa persona, lo conecté con Dulce. Tenía los dos extremos de la misma historia. A partir de ahí, me he limitado a trasladar al libro lo ocurrido en el año 1875. Por supuesto y para no tener problemas, he cambiado los nombres de todos los implicados en el asunto.