«Desde su agujero de arcilla escuchó el eco de las voces que lo llamaban y, como si de grillos se tratara, intentó ubicar a cada hombre dentro de los límites del olivar» (Jesús Carrasco, Intemperie)

jueves, 21 de marzo de 2019

Bach: Una Vida Apasionada



Hoy se ha conmemorado el nacimiento de Johan Sebastian Bach, 21 de marzo de 1685. Como homenaje a esta efeméride fundamental para la Historia de la Música Clásica, sólo puedo dejar el enlace de este magnífico documental elaborado por la BBC, titulado Bach: una vida apasionada, comentado por el director británico John Elliot Gardiner sobre la figura del músico de Eisenach. Se trata de un resumen ilustrado con piezas, narración e imágenes de la biografía que el propio Gardiner publicó en Acantilado hace unos años. A disfrutarlo.



martes, 19 de marzo de 2019

Pere Cervantes, escritor: «Mi novela ‘Golpes’ es un combate existencial»

Foto Quique Igual
Nº 563.- Hace unas semanas tuve la oportunidad, y la fortuna, de compartir con Pere Cervantes (Barcelona, 1971) la presentación de su novela ‘Golpes’ (Premio Letras del Mediterráneo y Premio Qubo de Narrativa de 2018), editada por Alrevés. El acto tuvo lugar en El Corte Inglés de Colón de la ciudad de València. De aquel evento surgió esta charla, una entrevista, quizá postergada demasiado tiempo. Basada en un hecho real, ‘Golpes’ es la historia de Alfa, un tipo que, tras pasar 444 noches en prisión, decidió visitar en su casa al escritor barcelonés, también policía como él, para contarle su historia bajo la premisa de «no soy inocente, pero hay una gran diferencia entre ser un delincuente o ser un tipo que comete delitos». La novela habla de la pérdida de identidad, de la soledad, de la imposibilidad de querer, de la importancia de disponer de alguien que te acoja en las esquinas del cuadrilátero de la vida y de la capacidad de encajar y, en cierta medida, devolver, los golpes de una existencia dura. Las similitudes entre el boxeo y la vida de Alfa son constantes, se reflejan en la novela y en la conversación que sigue a continuación., pasaste unos años en Bosnia y Kosovo, trabajando para la O.N.U., ¿la soledad, la distancia de tu tierra fueron los disparadores de tu vocación por escribir?

No lo sé. Kosovo me pillo con veintiocho tacos. Allí estuve dos años y otro más en Bosnia, pero es tal el cúmulo de experiencias que te proporciona una situación así, que en ese momento sólo piensas en sobrevivir. Luego, ya en casa, uno recopila datos, memorias e incluso, mucho tiempo después, aún percibe influencias de todo aquello. Lo que sí tengo claro es que me gustaba mucho leer y que mi impulso creador viene de antes. Yo quería escribir pero en 1990, cuando entré en la universidad, no había una carrera específica de Contador de historias. Existía Filología Hispánica, pero no pude acceder a ella y estudié Derecho.

Entonces, en tu caso la escritura no tiene tanto de terapéutico como yo pensaba.

No, terapéutica fue mi primera novela, ‘Trescientos sesenta y seis lunes’, que quedó en silencio porque estaba mal escrita. Describía nuestro primer año en Kosovo y el título proviene de una frase que utilizábamos mucho allí: «cada día es lunes». El protagonista era un casco azul, al que le atribuíamos todo lo que hacíamos. Creo que aquello está superado, pero bueno, a lo mejor no es así. 

Un relato para el Centenario del Valencia C.F.

Ayer, 18 de marzo de 2019, se hicieron públicos los relatos finalistas en el concurso convocado por el Valencia C.F. para conmemorar su Centenario. A dicho evento quien esto suscribe había enviado el cuento titulado En la frontera, que no fue seleccionado entre los quince escogidos. De conformidad con lo expuesto en el apartado número 14 de las bases que regían el concurso, «La organización no tendrá ningún derecho sobre los relatos no seleccionados», soy completamente libre de hacer con él lo que me apetezca y, lo que me apetece es colgarlo en este blog de literatura y otras cosas, que vengo gobernando desde hace diez años.

EN LA FRONTERA

La guardé entre las páginas del diccionario de lengua castellana, justo en la frontera donde acaba la i y comienza la jota. Lleva ahí muchos años. De vez en cuando la miro, la repaso, una y otra vez. Es rectangular, ligeramente alargada, impresa con tintas roja y verde sobre fondo blanco, como se hacían entonces. Es la entrada de un partido de fútbol para el Estadio Luis Casanova. Corresponde a un enfrentamiento entre el Valencia C.F. y el Real Club Deportivo de la Coruña, sector 19, número 093. No lleva fecha, pero no hace falta, la recuerdo como si fuera hoy mismo: cinco de diciembre de mil novecientos setenta y uno. La entrada se mantiene incólume, ni siquiera ha amarilleado por las esquinas. Ha envejecido bien. El papel es de buena calidad. Todavía conserva el doblez que le hice con la uña para que los porteros la cortaran sin desgarrarla. Soy muy maniático en eso, demasiado perfeccionista quizá. Guardo muchas entradas. Me gusta el sabor que el paso del tiempo proyecta en ellas. Tengo ejemplares interesantes como una del campo del Chelsea, Stamford Bridge, y varias de choques del Valencia C.F. contra el Real Madrid, el F.C. Barcelona o el Atlético de Madrid, incluso de una eliminatoria de la Copa de la UEFA contra los rumanos del Arges Pitesti. La mayoría son de Mestalla, aunque también hay del Manzanares y del Bernabéu. Pero la del Deportivo es especial porque se trata de un objeto inacabado, incompleto frustrado.

miércoles, 13 de marzo de 2019

‘Carlos V. Una nueva vida del emperador’ de Geoffrey Parker. Monumental biografía.


A lo largo del tiempo, la escuela historiográfica británica ha producido una serie de hispanistas de gran nivel. Raymond Carr, Paul Preston, Hugh Thomas, John Elliott, Henry Kamen o Geoffrey Parker son una muestra de ello. Precisamente Geoffrey Parker (Nottingham, Reino Unido, 1943), reconocido especialista en los siglos XVI y XVII, alumno aventajado de Elliot (durante mi etapa universitaria Elliott era autor de obligada lectura y consulta), con más de treinta títulos en su haber, acaba de poner a la venta en las librerías su hasta ahora último trabajo: ‘Carlos V. Una nueva vida del emperador’, publicada por Planeta. Los libros de Parker se han erigido en obras de referencia, indispensables para cualquier ser humano que se acerque a un periodo histórico tan interesante como la Edad Moderna que, no lo olviden, comprende desde Colón y su descubrimiento, hasta la revolución francesa y sus guillotinados. Centradas varias de sus publicaciones (‘La gran estrategia de Felipe II’, ‘Felipe II; la biografía definitiva’ o ‘El rey imprudente, la biografía esencial de Felipe II’) en la figura del monarca español Felipe II, es ahora, en 2019, cuando ha visto la luz una monumental biografía, en el que aborda la figura de su padre, Carlos V. Las novecientas noventa páginas que componen el volumen, incluido, un índice onomástico y una copiosa bibliografía (cincuenta y nueve páginas), están divididas en cuatro partes (El joven Carlos; Juego de tronos; «Soberano desde donde sale el sol hasta el ocaso»; y Caída) y unos Apéndices.

jueves, 7 de marzo de 2019

‘Los lobos de Praga’ de Benjamin Black. Paisaje, conspiración, intriga, asesinatos… Eso y mucho más.


Quizá frío sea la palabra más adecuada para describir Praga, donde los copos de nieve susurran tras los cristales, las calles lucen blancas y grises y azuladas y las chimeneas devoran, uno tras otro, interminables troncos para combatir ese frío tan intenso. Praga es también una ciudad «llamativa, siniestra y deforme», descripción que cuadra a la perfección con el enano Jeppe Schenkel, uno de los personajes secundarios, e importantes, de la nueva novela de Benjamin Black, que lleva por título ‘Los lobos de Praga’,  publicada por Alfaguara en España. Schenkel ya apareció en otra novela suya, aunque firmada como John Banville, en 1981 y que giraba en torno  al astrónomo Johannes Kepler.

Quizá miedo, otra palabra, sea la que mejor pueda definir al protagonista de la novela, el joven Christian Stern, hijo bastardo del príncipe-obispo de Ratisbona, alquimista, erudito y ambicioso que llega a la capital checa durante el invierno de 1599. Stern, que recibirá el encargo de investigar el asesinato de una joven degollada, con cuyo cadáver tropezará él mismo en la nieve, es también un investigador torpe, poco imaginativo, al que los acontecimientos desbordan en principio. En Praga reina Rodolfo II de Habsburgo, Archiduque de Austria, rey de Hungría y de Bohemia y Emperador del Sacro Imperio Romano Germánico, un soberano extraño, caprichoso, nigromante, amante de la alquimia y de las artes ocultas, rodeado por una corte especialmente tenebrosa de cuyos principales cortesanos desconfía el propio Rodolfo.

La novela pretende pertenecer al género negro, pero quien esto suscribe no tiene tan clara su pertenencia. Hay un primer asesinato, y un segundo, y un tercero y una persona encargada de averiguar quién es el asesino, o sea, un detective o un agente que se mueve por palacios, casas y calles a finales del siglo XVI. Sí, todo eso es cierto, pero no creo que la investigación y solución del problema sea el primer objetivo de Benjamin Black/John Banville. ‘Los lobos de Praga’ tiene otros valores más destacados, sin ir más lejos la presencia de una extraordinaria gavilla de personajes que, como dice el propio Black en su Nota del autor, se nutre de seres reales, Rodolfo II, John Dee o Edward Kelley; inventados, Christian Stern, Jeppe Schenkel, Felix Wenzel, Magdalena Kroll, Jan Madek, sir Kaspar, el paje Norbert o la dulce Serafina; e hibridados, es decir, inspirados en seres reales que vivieron aquellos momentos, como el nuncio Malaspina, Philipp Lang, Caterina Sardo o don Giulio, pero moldeados según los intereses de la acción. Son algunas libertades que se ha tomado el irlandés a la hora de construir su ficción checa. 

miércoles, 27 de febrero de 2019

Elvira Navarro: «Mientras escribo me siento desasosegadamente feliz»


Nº 562.- Barrio de Russafa. La fachada, cinco alturas, conjuga colores blanco yO’clock. El cielo está raso y el sol, lentamente, inicia su retiro. La escritora Elvira Navarro (Huelva, 1978), tejanos y suéter azul marino, acude a nuestra cita. Sentados en los sofás del hall y alentados por la luz que atraviesa el cristal de uno de sus laterales, comenzamos a charlar sobre su nuevo libro, ‘La isla de los conejos’, publicado por Penguin Random House, un volumen de once relatos que transmite inquietud, misterio y desasosiego al lector.
salmón, verticales. Es un edificio sobrio, antiguo, de toda la vida, ahora restaurado y convertido en el Hotel Petit Palace. Ocupa un amplio chaflán. Cada día, cada noche, la línea 7 de  autobuses urbanos bordea su puerta principal. Son las seis de la tarde.
De ‘Los últimos días de Adelaida García Morales’ a ‘La isla de los conejos’, o lo que es lo mismo, de la novela al cuento, ¿por qué ese viaje, ese cambio?
En realidad, no es tanto cambio porque la novela sobre Adelaida García Morales iba a ser el relato que cerrase este volumen. Sin embargo, se me fue de formato y me descompensaba el libro. En la novela ya había, por llamarlo así, una deriva fantástica que se encuadraba perfectamente en el ambiente común de los restantes cuentos.
Elvira, ¿afrontas igual la escritura de un cuento que la de una novela?
Me cuesta bastante menos escribir un cuento. Una vez que tengo la pulsión de escritura definida y la idea clara, lo escribo rápido sin conocer el final. Sin embargo, para cada novela escribo mucho más de lo que termino publicando, ya que me gusta  quitar, ir al hueso de la historia y eso requiere tomar decisiones y un enorme trabajo. Soy una persona muy desordenada, le doy muchas vueltas a la estructura hasta que la encuentro.

miércoles, 20 de febrero de 2019

Recuperando El Kiosco de Dolan: «La familia Cebolleta y la familia Ulises: una comparación irremediable»

Este artículo fue publicado en el Diario SIGLO XXI y en la extinta web El Kiosco de Dolan el 9 de abril de 2009. 

La colección Clásicos del Humor de RBA sigue su particular (y exitosa) singladura entre los amantes del Cómic. Ahora le ha tocado el turno a todo un clásico - perdonen la redundancia porque todos los de la colección lo son, de ahí su nombre -, con solera contrastada: ‘La familia Cebolleta’, una creación del fallecido dibujante Manuel Vázquez (Madrid, 1930-1995) para la revista ‘DDT’. En sus páginas se concitan los seis miembros de este clan peculiar: Rosendo, el protagonista; Leonor, su esposa; la hija, Pocholita, que desapareció pronto del núcleo familiar; Diógenes, el hijo; el abuelo, sin nombre propio, popularmente conocido como "el abuelo Cebolleta", y el loro Jeremías con ciertos efluvios a profeta bíblico.



Portada del cómic.

A lo largo del tiempo, los roles de los personajes van definiéndose poco a poco hasta quedar nítidamente fijados hacia 1967, uno de los momentos más brillantes de la serie. Rosendo, el padre, oficinista de profesión, sólo vive preocupado por huir del tráfago familiar, leer el periódico, especialmente la sección de deportes, y pagar las facturas domésticas; Leonor, teóricamente, conduce el hogar, pero su verdadera vocación es gastarse los duros que ingresa en casa el cabeza de familia; la hija, Pocholita, es mujer de curvas imponentes y modelitos de diseño, cuyo objetivo principal es maridar con alguien; Diógenes, el hijo, alterna blancos y negros en sus historietas: buenas notas y fracasos escolares, travesuras y bondades; el abuelo Cebolleta, con su sempiterna pierna vendada a causa de una pertinaz gota, vive instalado en el pasado y en perpetua lucha para encontrar algún incauto a quien contar sus batallitas, "y yo con mis cipayos del 7º de Borneo". En realidad, hace lo mismo que centenares de ancianos: buscar comprensión y oídos pacientes; por último, Jeremías, el loro verde (¿borde?) de la familia, además de hablar, piensa, razona, apostilla y fuma puros. Todo un prodigio entre las aves prensoras.

martes, 19 de febrero de 2019

‘Pío XII y el Tercer Reich’ de Saul Friedländer. Un clásico recuperado. Ed. Península


De pequeño uve sobre la mesilla de noche una suerte de capilla de plástico, con puertas abatibles y color malva, en cuyo interior figuraba la imagen de S.S. Pío XII para que velase mis sueños. La había comprado mi padre en su viaje a Roma, donde actuó con la Orquesta de Cámara Ferroviaria de València ante el propio papa en su residencia de Castengandolfo. Su aspecto, verdaderamente serio, de alguna manera me intimidaba así que, la mayoría del tiempo, lo cerraba para no ver su rostro. En mi cabeza de entonces bullía la contradicción del porqué un hombre santo tenía aquel rictus tan ¿tétrico? Quizá fue en aquellos años cuando me prometí a mi mismo que algún día averiguaría cosas sobre él.

Durante mucho tiempo esta promesa vivió en el olvido, hasta que me lo tropecé en la película ‘Amén’, del director franco-griego Constantinos Costa-Gavras, donde su nombre no se cita textualmente pero, por la imaginería con la que el cineasta reviste su figura y la severidad de sus gestos, además de por la época en que se encuadra el film, la II Guerra Mundial, sabemos que se trata de él. En movimiento, en la ficción política del cineasta franco-griego observé el mismo tono sombrío que desprendía la fotografía de mi capilla de niño.

domingo, 17 de febrero de 2019

Pere Cervantes presentó su novela 'Golpes' en València


El pasado jueves, 14 de febrero, tuve la oportunidad de acompañar a Pere Cervantes en la presentación de Golpes, su última novela publicada, doblemente galardonada con el Premio Letras del Mediterráneo 2018 y el Premio Qubo 2019. El acto, que tuvo lugar en El Corte Inglés de la calle Colón de València, resultó distendido y entretenido y permitió al escritor barcelonés comentar a la concurrencia bastantes pormenores de la obra sin descubrir demasiados entresijos claves. Enrique Igual reportajeó el acto con su cámara. Gracias a él podemos ver estas imágenes.






jueves, 14 de febrero de 2019

Carlos Zanón: «Pepe Carvalho representa los fantasmas de Manuel Vázquez Montalbán, que no son los míos»


Nº 561.- Entrevisté por primera vez a Carlos Zanón (Barcelona, 1966) en un Cosecha Negra, regentado por Miguel Fuentes en la calle Sevilla (la calle no ha desaparecido aún). A lo largo de los años, el escritor barcelonés se ha convertido en un clásico de este festival noir y se le ve por nuestra ciudad con relativa frecuencia. Sin embargo, ha sido ahora, tras la publicación por Planeta de su nueva novela, ‘Carvalho Problemas de identidad’, donde por encargo recupera la figura del aletargado Pepe Carvalho, el detective creado por Manuel Vázquez Montalbán, cuando se ha dejado caer por estos lares en viaje promocional. Sin duda era el momento idóneo para compartir unos minutos con él y preguntarle unas cuantas cosas sobre esta nueva novela y también sobre la literatura de género. Zanón acudió a la cita con su eterna sonrisa en la maleta, sonrisa que no perdió durante toda la entrevista, a pesar de su cansancio evidente, que derivó en risa franca en algunos momentos. Dos tónicas, un cielo casi nublado, olor a primavera tibia, la grabadora y el libro arroparon nuestra charla.
València Negra de hace cinco años. Fue en el desaparecido garito
Carlos, en su día concertamos la entrevista para hablar de ‘Carvalho Problemas de identidad’, la novela en la que resucitas al detective de MVM, pero me gustaría empezar con un artículo tuyo titulado ‘¿Así que quieres ser escritor de novela negra?’, hace poco publicado en el semanario ‘Babelia’, donde proyectas varias reflexiones sobre el oficio de escribir género negro. Entre otras cosas señalas que los autores han de poner cara de malote en las fotografías y que si el fondo de las imágenes es de «callejón o ciudad de paredes grises», mucho mejor.
[Risas] Bueno, el artículo pretendía ser irónico, pero es cierto que, si ves un retrato de cualquiera de nosotros, comprobarás que tenemos un auténtico aspecto de malotes. Parece contrastado que poner cara de malvado, con gesto de llevar una vida tormentosa y de haber cumplido veinte años de condena en cualquier penal, consigue que vendas más. Fíjate en las solapas de los libros del género y comprobarás que todas están llenas de fotografías de tíos con cara de mala leche. Después, cuando nos conoces, somos muy tiernos y tranquilos.
Tú también te has prestado a ese juego [le enseño una foto de su propio rostro con gesto de mala leche], ¿no?
Sí, muchas cosas que expongo en el artículo las hago yo, pero hay que dejar claro que los escenarios para posar los eligen los fotógrafos, no nosotros. Te vienen con el rollo de que han visto un callejón oscuro y solitario, en el que las fotos pueden quedar ideales y tú aceptas. En una ocasión, posamos en una callejuela donde había dos prostitutas y un desconocido. Comenzamos la sesión y una de ellas le preguntó a la otra que quién era el modelo. La interpelada respondió que era un tipo famoso que había escrito un libro. Intervino entonces el desconocido para decir: «¿Famoso? Famoso era yo, que tuve una tienda de hacer llaves en la calle Escudellers y durante treinta años hice las llaves de todos los vecinos del barrio» [risas].

lunes, 11 de febrero de 2019

Fernando J. Múñez: «Me apetecía escribir un fresco del siglo XVIII, pero contado desde el punto de vista de las mujeres»


Nº 560.- Discurre la primera semana de febrero, pero ya hace días que el invierno parece haberse despedido de València. Aunque el aire es fresco, los rayos del sol calientan como si la primavera, sin avisar, hubiera anticipado su presencia en estas latitudes. La luz brilla con la fuerza de mayo o incluso de julio o agosto. Fue pasado el mediodía cuando Fernando J. Múñez (Madrid, 1972), con suéter blanco, luminoso, y tejanos, acudió a la cita del Hotel Meliá Centro. Acaba de publicar ‘La cocinera de Castamar’, editada por Planeta, su primera incursión en el territorio de la ficción histórica, un debut voluminoso con más de mil páginas, que Múñez, no sin dolor, se vio obligado a reducir hasta dejarlo en sus actuales ochocientas. En total fueron casi cuatro años de intenso trabajo. ‘La cocinera de Castamar’ arranca en 1720, con la Guerra de Sucesión recién terminada. La corte de Madrid es un hervidero de intrigas, trampas y peligros, la protagonista, Clara Belmonte, hija de un médico ilustrado muerto en la guerra, se ve obligada a buscar una salida a la pobreza en la que se vio inmersa tras la muerte de su padre. Clara, que padece agorafobia, es una mujer educada, joven y culta, que posee el don de convertir cualquier alimento en un manjar exquisito… Y hasta aquí el anticipo argumental. Un agua mineral y una tónica, con mucho hielo, nos acompañaron durante nuestro encuentro. El resto son palabras.
Fernando, ¿qué es para ti escribir?
Buuufff, escribir para mí tiene mucho que ver con lo lúdico. No podría hacerlo si no me divirtiera y por eso soy escritor de brújula, ya que necesito descubrir la historia mientras la escribo. Primero creo los personajes y luego les dejo que me lleven por donde ellos quieran. La escritura para mí también es una necesidad fundamental como comer, beber, respirar o caminar. Si no tuviera manos ni ojos creo que también escribiría.
Y ¿cómo se le queda el cuerpo a uno después de publicar un volumen de casi ochocientas páginas escritas?
En principio tenía más [risa leve]… El problema de los escritores de brújula es que dejamos hablar a nuestros personajes y a veces puede que hablen demasiado [otra risa leve]. Quería que tuvieran su propia voz, pero esta novela creció mucho y se salió de las habituales normas de extensión. El primer borrador tenía mil y pico páginas, necesité pulirlo y suprimir muchas cosas para dejarlo como ha quedado ahora. En una obra de estas dimensiones hay que llevar mucho cuidado para que todo encaje y funcione bien.
Tres autores, Santiago Posteguillo, Ken Follet y Alejandro Dumas, ¿podrías decirme a cuál de todos ellos se asemeja más tu novela?
Es difícil de precisar. Creo que mi novela tiene algo de Ken Follet, por aquello del perspectivismo, y no tanto de Posteguillo, porque sus novelas son más históricas que la mía. Si valoramos sobre todo el aspecto de la peripecia y de la aventura, creo que me parezco más a Dumas.
Procedes del sector audiovisual, ¿significa eso que has planteado la novela como una producción cinematográfica?
Quiero matizar que sobre todo soy escritor. Mucho antes de descubrir apasionadamente la lectura, ya me dedicaba a la escritura. A los catorce años comencé mi primera novela, que escribía en clase mientras el profesor de Física, erróneamente, creía que yo tomaba apuntes. Más tarde, como mi padre tenía una productora de cine publicitario, aprendí el lenguaje cinematográfico y a construir guiones, una forma muy fácil de contar historias, porque requieren un proceso menor de documentación que una novela. En el fondo, el guión no deja de ser un instrumento que permite hacer algo más, la piedra angular sobre la que se asienta una obra.

martes, 29 de enero de 2019

Orquesta Ferroviaria de Cámara de València: una breve aproximación a su historia

La O.F.C.V. en una visita a Teruel

1.- ORÍGENES

En el mes de enero del año 1950 el maestro Daniel Albir Gordillo con el apoyo del R.P. Salvador de Rafelbunyol, Consiliario de la Hermandad Católico-Ferroviaria, fundó en la capital del Turia la Orquesta Ferroviaria de Cámara de València. La orquesta estaba compuesta por un grupo de profesores, unos profesionales, otros no, que acudieron al nuevo elenco con un espíritu puramente amateur, es decir, sin percibir etribución alguna por el ejercicio de sus funciones artísticas. Este ideario fue recogido en un pequeño folleto, editado por la propia Orquesta en el mes de marzo de 1958, donde se explicaba lo siguiente: “La característica más destacada de esta Orquesta – formada por treinta instrumentistas de arco – por la que es acogida siempre con el mayor agrado, es la de que sus componentes, sin dedicarse profesionalmente a la música, la cultivan en su especialidad de cámara, con generoso desinterés material y gran visión sobrenatural, como expansión artística de su ordinaria labor profesional, haciendo de la música  - el arte que más eleva a Dios – un instrumento de apostolado”. Al principio, fueron un pequeño grupo de amantes de la música clásica que, progresivamente, se convirtió, con sus altibajos, en una nutrida formación que consolidó un interesante y extenso repertorio, algunas de cuyas piezas llegaron a interpretar “de memoria”.

Diez años después, ese mismo espíritu continuaba vivo, tal y como se hace constar, en palabras de Salvador Grech, en otro pequeño folleto, también editado por la propia Orquesta, con motivo del décimo aniversario de su fundación: “Únicamente los Técnicos y Profesionales del Arte Musical saben las dificultades que es necesario vencer a lo largo de diez años para mantener vivo el entusiasmo de ese conjunto de verdaderos profesores que desinteresadamente, sin ánimo de lucro, dedican muchas de sus horas libres a ensayas y preparar nuevas obras con las que aumentar su repertorio y deleitarnos con sus maravillosos Conciertos”. [i]

Ángel Zapata: «Mi escritura ha ido decantándose por sí misma hacia formas más breves cada vez y ha desembocado en géneros como el microrrelato o el poema en prosa»


Foto Elena Martín Barce
559.- Ángel Zapata (Madrid, 1961), profesor de la Escuela de Escritores, es autor de ‘La práctica del relato’ ‘Las buenas intenciones y otros cuentos’, ‘El vacío y el centro’, ‘Tres lecturas en torno al cuento breve’, ‘La vida ausente’ y ‘Materia oscura’. Tuvo a su cargo la edición de ‘Escritura y verdad (Cuentos completos de Medardo Fraile) en la editorial Páginas de Espuma. Es autor, también, de la traducción de ‘André Breton y los datos fundamentales del surrealismo’ de Michel Carrouges. Sus cuentos han sido incluidos en varias antologías y desde el año 2008 es miembro del Grupo Surrealista de Madrid. En el último trimestre de 2018 y editado también por Páginas de Espuma, ha publicado su último volumen de relatos, ‘Luz de tormenta’, donde una vez más se muestra que la escritura de Zapata es una de las apuestas más singulares e innovadoras dentro del cuento español de hoy. Como reza la contraportada del libro, «Fiel a la tradición surrealista, ‘Luz de tormenta’ tiene la cualidad de arrancarnos a la opacidad de lo cotidiano, es un desafío a la inercia fúnebre de las significaciones impuestas, y una brecha en la inmovilidad reinante a través de la cual llega a nosotros el estremecimiento de un mañana jugador. El próximo día 9 de febrero, todos aquellos que lo deseen podrán asistir al taller que el escritor madrileño impartirá en la librería Bibliocafé (Sede Wayco), sita en la calle Gobernador Viejo, 29, de València. Todo esto parece bagaje y motivo suficientes, para entrevistar a Ángel Zapata y a ello me apliqué hace unos días. La entrevista tuvo lugar a distancia: él en el centro de la península; yo, a la orilla del Mediterráneo.
Cuando entrevisto a un escritor por primera vez, siempre comienzo por la misma pregunta: ¿qué significa para Ángel Zapata escribir?
Escribir es un modo de entrar en contacto con eso que en mí no tiene palabra. Y es un modo de compartir con otros esta experiencia sensible, que podría tener cierta capacidad transformadora en su manera de ser sujetos, como algunos autores y autoras la han tenido en mí.
A menudo se habla del terror a escribir, del temor a la página en blanco, para Ángel Zapata ¿una página por estrenar es una superficie que produce vértigo o todo un desafío para descubrir qué aventura inexplorada se esconde debajo de su blancura?
En mi experiencia, una página en blanco es la condición para que se renueve ese pequeño milagro de ver cómo surge algo de la nada, cómo las palabras se agitan hasta formar por su propio impulso constelaciones de sentido inéditas.
Como escritor surrealista, a la hora de sentarse a escribir los relatos ¿cuál es el punto de partida de cada una de estas historias? ¿De dónde arrancan: de un sueño, de un deseo, de una imagen, de una pulsión…?
La enumeración es bastante completa. Mis textos nacen algunas veces de un sueño, otras de un sentimiento o de un deseo que aún no tienen una forma definida, de un recuerdo, de la voluntad de expresar mi cólera por esto o aquello… Los estímulos pueden ser extremadamente variados.

domingo, 20 de enero de 2019

Daniel Fopiani: «Utilizo un estilo dinámico de escritura para animar a la gente joven a leer»


Nº 558.- En el año 2017, Daniel Fopiani (Cádiz, 1990) ganó el Premio Valencia Nova con su obra ‘La Carcoma’. Según cuenta el escritor gaditano, este premio le ha cambiado la vida desde el punto de vista literario. Fopiani, cuya profesión es sargento de Infantería de Marina, presenta ahora ‘La melodía de la oscuridad’ (Espasa, 2019), novela en la que Adriano, un antiguo sargento de la Guardia Civil, invidente a consecuencia de la explosión de una bomba durante su estancia en Euskadi, se enfrenta a los brutales crímenes perpetrados por un psicópata, que asesina al ritmo de la leyenda de los Doce Trabajos de Hércules. Cuando comienzo a transcribir la entrevista, en la grabadora sólo se escucha el tintineo de las cucharillas, ocupadas en remover el azúcar de dos cafés con leche, descafeinados para no extraviar el sueño nocturno, y las palabras de Fopiani, que parece vivir ahora los sueños literarios tejidos en su juventud. Tras los cristales de la cafetería del Hotel Meliá Plaza, la noche ya paseaba por las calles de València.
Daniel, eres militar, ¿por qué escogiste la milicia como modo para ganarte la vida?
Si te soy sincero por la crisis. Entré en el Ejército porque es un trabajo fijo y estable. Tenía dieciocho años cuando aprobé las pruebas para Infantería. Lo mío no es vocacional, sería un hipócrita si te dijera lo contrario, y creo que, excepto aquellas personas que proceden de familias con tradición militar, nadie la tiene. De hecho, a mí la vocación me vino después, cuando desarrollé mi primera operación en la que conseguimos salvar ocho pateras llenas de vidas en el Mediterráneo.
Además de militar, también eres escritor, ¿qué significa para ti la escritura?
Si escribo es porque he leído. Desde que tengo uso de razón, siempre tuve un libro en mis manos. Fue un hábito que me inculcaron mis padres y que yo he ido arrastrando hasta hoy. En un momento determinado, no recuerdo cuándo, me picó el gusanillo y escribí relatos que guardaba en el cajón de mi armario, junto a los calcetines y los calzoncillos. Cuando comencé a trabajar, ya me tomé el asunto con mayor intensidad y, desde que en el año dos mil diecisiete me otorgaron el Premio València Nova de narrativa, todo cambió. El Premio me hizo ganar confianza en mí mismo y propició que me leyera gente de toda España, mientras que antes sólo lo hacían los amigos.
Qué importante que tus padres te inculcaran el hábito de la lectura, ¿no?
Ya lo creo. Todavía conservo algunos ejemplares de las novelas de Julio Verne y de Agatha Christie, adaptadas para niños, que leía cuando era pequeño. Esos libros fueron los que me impulsaron a escribir y a leer. Fue la época de mi vida en la que más he disfrutado leyendo, porque ahora también leo, pero lo hago desde otra perspectiva distinta.
¿Se compatibiliza bien la vida militar con la del escritor?
No, no, qué va. Me gustaría que escribir se considerase un oficio, pero la verdad es que la mayoría de escritores han de trabajar en otras cosas para subsistir. Yo escribo todos los días, en mis ratos libres, pero quisiera pasar más tiempo delante del papel. Terminar una novela como ésta me cuesta unos veinte meses,  más o menos.
Veinte meses de promedio no está mal, ¿no crees?
Ya, pero creo que yo podría escribir una novela al año.

viernes, 11 de enero de 2019

Valeria Correa Fiz: «Ser escritor es una forma de estar en la vida, algo que viaja instalado en el interior de tu cabeza»

Nº 557.- Esta es una entrevista distinta a todas las demás. Los parámetros habituales no se dieron. Fueron otros. Hubo testigos presenciales, público, cosa no demasiado frecuente en mi quehacer como entrevistador para el Diario Siglo XXI. Tampoco el marco era el acostumbrado, una cafetería del centro urbano, sino una sala de un antiguo convento, ahora remozado, rebautizado como Centre del Carme Cultura Contemporània y destinado a otros menesteres. Sucedió todo el pasado 8 de diciembre de 2018, dentro de la I edición del Golem Festival, celebrado en València y organizado por Susana Alfonso, Juan Miguel Aguilera y José Luis Rodríguez-Núñez. Allí tuve la enorme suerte de conversar con la escritora argentina Valeria Correa Fiz. El propósito de nuestro encuentro era presentar ‘La condición animal’, su primer libro de relatos, publicado por la editorial Páginas de Espuma.
¿Qué es lo que nos hace diferente como especie, en qué consiste la  condición humana? ¿Sabernos frágiles, expuestos, mortales? ¿Cómo seríamos si no temiésemos el mal ajeno?... Estas son algunas – hay más – de las preguntas que intentan responder los cuentos que integran el libro de la escritora argentina. Nuestra conversación, distorsionada por la reverberación de la megafonía sobre los muros del convento, dio comienzo pasadas las cinco de la tarde. Tras la presentación ritual, llegaron preguntas y respuestas.
Valeria, naciste en Rosario y la primera cuestión, doble, es casi obligatoria: ¿eres seguidora de Rosario Central o de Newell’s Old Boys o, quizá no te interesa el fútbol?
Sí, sí me gusta el fútbol, pero soy de River [risas].
Siempre que entrevisto a una escritora por primera vez, formulo la misma pregunta: ¿qué significa para ti escribir?
Bueno, escribir para mí es una manera de dialogar conmigo misma. De profesión soy abogada, lo digo siempre, y no hubiera escrito si no me hubiera marchado de mi país. De alguna manera, escribir fue como encontrar un hilo conductor para contar cosas sin implicarme. Cuando te vas fuera, necesitas hablar y, para hacerlo, has de explicar tu contexto, de dónde eres, cómo eres, a qué te dedicas… Escribir te permite obviar ese trámite y contar lo que te preocupa. Italo Calvino venía a decir que «usted escribe como algunos animales hacen guaridas» y esa idea de refugio, de cuidarse con las palabras me gusta mucho.
En la charla que participaste ayer dentro del Golem Fest, definiste al escritor como «un arqueólogo de sí mismo», ¿puedes desarrollar un poco más este concepto?
La idea es que de alguna manera escribo ficción. No hago biografías del yo, un género respetable pero que no practico. Nada de lo que hay en ‘La condición animal’ me pasó a mí, pero sí narro a través de los personajes desde mi experiencia. En ese sentido, digo que el escritor es un arqueólogo porque trabaja armando la ficción, pero desde sus sentimientos, desde sus recuerdos. Yo no creo en la fantasía ni en la imaginación sino en la mala memoria. Uno vive cosas, las ve, las olvida, luego asocia esos fragmentos de memoria y eso es lo que llamamos imaginación, es decir, por un lado escribo ficción, pero no lo es tanto. Hay una pequeña contradicción en ello.