| Toni Hill (fotografía cedida por la editorial). |
Toni, ¿cómo te cruzas tú con esta novela?
La verdad es que fue una cosa un poco rara. Fue como el
nacimiento de una imagen, la de Teresa muerta, una inmigrante hondureña que, de
alguna manera, seguía yendo a las casas donde había limpiado mientras vivía.
Surgió con mucha fuerza, tanta que la novela está montada en torno a ella, ya
que los demás personajes nacieron porque Teresa existía.
A lo largo de tu trayectoria como escritor, has visitado
distintos momentos históricos, ¿te gusta cambiar de época?
En realidad, cambiar de época solo lo hice en ‘Tigres de
cristal’, pero en mi anterior novela viajé a los años setenta y es algo que me
gusta, porque creo que me activa y me obliga a escribir de una forma distinta.
También me interesa la actualidad y por eso siempre estoy navegando entre esas
dos aguas, el pasado y el presente. De alguna manera, cada proyecto te embarca
en un viaje distinto.
Has empleado un estilo calmado, mayoritariamente en tercera
persona, envolviendo al lector, sin prisa por captar su atención, ¿ese es tu
sello de identidad como escritor?
Creo que un poquito, sí. Siempre ha de haber un anzuelo al
principio, que el lector debe morder, pero a mí me gusta que las novelas tengan
su tempo, que la gente se interese poco a poco, porque así es como se involucra
de verdad y puede empatizar con los personajes y comprender sus puntos de
vista. Es mejor que la trama te vaya atrapando a medida que avanza la novela.
Si esto no ocurre, entramos en uno de esos libros de consumo rápido y que, una
vez acabados, no dejan mucho poso en el lector. Yo los empiezo a llamar libros
Netflix, porque los lees y dices ¡mira qué bien!, pero al día siguiente no
sabes si los has leído o no, porque todos son muy parecidos.



