«Desde su agujero de arcilla escuchó el eco de las voces que lo llamaban y, como si de grillos se tratara, intentó ubicar a cada hombre dentro de los límites del olivar» (Jesús Carrasco, Intemperie)
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lunes, 24 de abril de 2023

Edurne Portela: «Maddi llevó a cabo cosas excepcionales en un contexto en el que resultaba muy difícil hacerlas»

 

copywright: asis ayerbe
Nº 661.- Fue un miércoles de abril. Por la tarde. Insospechadamente, el cielo se había cubierto de gris.  Por la avenida pasaban coches mientras sacaba los trastos del oficio. Grabadora, un par de bolígrafos, un bloc de notas, el teléfono móvil, el cuestionario con las preguntas… Todo dispuesto sobre la mesa. Justo a las cinco tecleé el número de teléfono de Edurne Portela, con la que había quedado citado para conversar sobre su nueva novela, ‘Maddi y las fronteras’ (Galaxia Gutenberg), la historia de María Josefa Sansberro, conocida como Maddi, una mujer que vivió en el linde entre España y Francia, que conoció la Guerra Civil Española y la II Guerra Mundial y traspasó muchas fronteras, morales y físicas, para su tiempo. Se casó y divorció; volvió a contraer matrimonio y adoptó a un niño; fue católica ferviente, devota de San Ignacio, el santo militar, y marcada y apartada del seno de la Iglesia por su divorcio; contrabandeó y colaboró con la resistencia francesa en su lucha contra la invasión nazi… Edurne respondió pronto la llamada con voz que sonó lejana. La grabadora ya trabajaba a pleno rendimiento. Minuto a minuto el audio mejoraría. No demasiado, pero suficiente. La conversación se hizo más cercana cada vez. El hielo primerizo de la distancia telefónica se había roto. Media hora después, al pulsar la tecla stop de la grabadora, descubrí que las palabras habían discurrido con premura excesiva. Las nubes se habían marchado sin llorar. Y el sol iluminaba de nuevo.   

Dos vecinos de Oiartzun, Izarraitz Villaluce y Joxemari Mitxelena, te hicieron un regalo insospechado: un archivo con documentos pertenecientes a una mujer de vida singular: María Josefa Sansberro, Maddi, que falleció durante la Segunda Guerra Mundial. Edurne, tú eres escritora, pero con formación de historiadora, ¿la tentación de escribir algo de no ficción sobre esta mujer debió resultar muy fuerte, no?

Sí, lo que ocurre es que yo hice una licenciatura en Historia, pero mi doctorado fue en Literatura y no he ejercido nunca como una historiadora al uso, que observa la rigurosidad que su disciplina impone. También tenía claro que no escribiría un libro de Historia, porque la documentación no me invitaba a ello. Sin embargo, en un primer momento, sí pensé en construir una especie de ensayo más reflexivo acerca de lo que significaba ser mujer en la época de Maddi, sobre todo con las decisiones que ella tomó entonces. Como digo en el Epílogo, al final la imaginación pudo más y me dejé llevar por la ficción.

Lo cierto es que la vida de Maddi lo tiene todo para ser objeto de un escrito de no ficción o de ficción. Su historia discurre en un escenario ideal, un territorio fronterizo, y ella regenta un hotel, que siempre resulta un lugar idóneo para el cruce de muchas personas y caracteres. Sin duda, la decisión  final resultaría compleja.  

Resultó compleja porque, cuando decidí tomar el camino de la ficción, hube de plantearme que esta mujer había existido de verdad. Ella tenía unos sentimientos, una voz y una visión del mundo propios y yo, a partir de todas las evidencias documentales, iba a intentar recrear una vida ya vivida. Para mí la dificultad radicaba justo ahí. Por un lado, era un reto muy emocionante, pero por otro, la responsabilidad que conllevaba me creaba muchas dudas en el terreno de la ética.  

En otros medios ya has destacado el peso de esa responsabilidad, pero cuentas a tu favor con el hecho de que, sin tu trabajo, Maddi no sería conocida. ¿No crees que ha sido mejor haber escrito sobre ella que dejarla en el olvido?

Sí, al final lo hice por eso. La misma historia me lo pedía y decidí que la forma de contarla era esa. Mejor así que nada. Y ahora pienso que su nombre esta ahí, en un lugar donde reposa su memoria. La novela está llegando a mucha gente y se está hablando de ella. Y en ese sentido me siento satisfecha, porque al menos ahora se conoce quién fue Maddi.

viernes, 28 de junio de 2019

Edurne Portela: «La violencia es un tema inagotable, consustancial con la realidad»


Nº 580.- Adentrarse en el universo de Edurne Portela (Santurce, Vizcaya, 1974) ha constituido una de las mejores sorpresas literarias de lo que va de 2019. Había escuchado buenas opiniones sobre sus novelas, incluso había visto alguna crítica al respecto, pero hasta hace unos pocos días, no había tenido la oportunidad de leer nada suyo. Ni siquiera una columna o un artículo. Fue a primeros de junio, cuando pasó por la librería Bartleby de València, que tomé contacto directo con su obra. Edurne vino a presentar su nuevo título, ‘Formas de estar lejos’ (Galaxia Gutenberg), el segundo de su carrera como escritora de ficción, iniciada en 2017 con ‘Mejor la ausencia’ (Galaxia Gutenberg).  Decidí romper el orden secuencial de sus publicaciones y, de este modo, me asomé  directamente a ‘Formas de estar lejos’, cuyos protagonistas, Alicia y Matty, se conocieron en un pueblo sureño de los Estados Unidos, se enamoraron y decidieron construir una vida en común o, al menos, intentarlo. Alicia procedía de Euskadi. Abandonó su tierra en pos de una intensa carrera universitaria, mientras que Matty, cuyos padres nunca fueron un modelo de convivencia, había alcanzado esa forma de felicidad estable que crean las rutinas. Poco a poco, como si fueran recortes, manchas, flashes, la narración desvelará las mentiras y perversiones que se esconden detrás de una aparente vida perfecta. Matty y Alicia se mueven en un mundo de soledades compartidas, donde violencia y abuso se disimulan con el silencio y los espacios de seguridad vienen dados por la casa y la universidad.