José Luis, contigo
siempre hay una pregunta recurrente, que regresa en cada nueva entrevista: novela, cuento, terror, género erótico,
policiaco, de vampiros, de nazis, ¿te queda algún territorio por explorar a
través de la literatura?
Algún género y tema queda. No he escrito nada sobre viajes
espaciales, por ejemplo, ni sobre el Imperio Romano, pero todo se andará.
¿Cambias de registro
por aburrimiento, porque las cosas surgen así o por higiene literaria?
Por las tres razones que expones. Es muy aburrido escribir
siempre la misma novela o hacer sagas con un mismo protagonista. Por eso suelo
matarlos. Me gusta experimentar, pretendo que ninguna novela mía tenga algo que
ver con la precedente. Indagar en las claves genéricas, para violarlas, me
parece muy estimulante literariamente hablando.
¿Cómo te tropezaste con el personaje de Aribert Ferdinand Heim, el Carnicero de Mauthausen o el Doctor Muerte? ¿Andabas tú también en su busca como medio mundo?
¿Cómo te tropezaste con el personaje de Aribert Ferdinand Heim, el Carnicero de Mauthausen o el Doctor Muerte? ¿Andabas tú también en su busca como medio mundo?
Fue algo muy aleatorio y que debo a un diario, El País, que
he dejado de leer y compro en invierno exclusivamente para encender la chimenea
de mi casa de montaña. En El País Semanal de muchos años atrás se publicaron
una serie de reportajes sobre personajes históricos siniestros. De esa serie
salió ‘El hijo del diablo’ sobre Vlad Drácula El Empalador y esta novela sobre
Heim. Heim era, o es, un psicópata sanguinario menos famoso que su colega el Doctor
Mengele. Lo que me sedujo de ese personaje siniestro fue su peripecia vital, su
periplo de permanente huida durante cuarenta años por todo el mundo, las veces
que murió y resucitó, los dobles que utilizó. Y en ese viaje sin fin la bestia
continuó asesinando.











