El
2 de agosto de un verano que un meteorólogo francés anunció inexistente, Madrid
está vacío y hay un periodista que tiene tiempo y ganas de curiosear. Alguien
ha olvidado un manojo de llaves en el rellano del tercer piso. Las llaves abren
todas las puertas y con ellas un mundo de sueños y vidas ajenas. Las
interioridades de los vecinos de un edificio de la madrileña calle de Alcalá
salen a la luz. Este es el bosquejo argumental de ‘El año sin verano’, la opera
prima del escritor Carlos del Amor, editada por Espasa.
Carlos, ¿la primera pregunta para
tu primera novela es muy tópica: estamos ante un texto autobiográfico?
Esa
es la duda que aparece desde el principio y me alegro que surja cuando la gente,
al leer la novela, encuentra datos autobiográficos. He querido jugar con esa
inquietud, con que el lector se pregunte qué es real y qué imaginado y que se fundan ambas cosas.
Entonces, ¿dinos qué es verdad y
qué no lo es en la novela?
Provengo
del periodismo, una profesión en la que has de decir la verdad aunque tengas un
estilo propio. Aquí, en la literatura, de repente, posees todas las armas para inventar
y dar forma a la historia que te ronda la cabeza. Yo juego a no mentir, pero lo
que sí que hago es contar otra verdad que es la ficción.


