Desde luego, a no muchos
escritores he escuchado defender con tanto entusiasmo su novela como a Víctor
Amela. Quizá influya en ello su implicación personal, ya que pasó los veranos
de su infancia en la localidad castellonense de Forcall, de donde eran oriundos
Penarrocha y el propio abuelo del escritor barcelonés. Sin duda ninguna,
despertar el pasado a través de ‘La hija del capitán Groc’ ha supuesto para
Víctor la posibilidad de recuperar su propia memoria familiar.
Víctor, con más de dos mil entrevistas publicadas a lo largo de tu
carrera en el diario ‘La Vanguardia’, ahora cruzas el río y pasas al territorio
de la ficción.
Siempre me gustó escribir y por
eso me hice periodista. Tenía la fantasía de que llegaría un día en que lo
haría, pero me daba miedo dar ese paso. Los autores que me gustaban, Stevenson,
Conrad o Poe entre otros, me imponían mucho respeto porque eran figuras
extraordinarias de la literatura. Fue a raíz de publicar un libro de
experiencias personales sobre un viaje, cuando un editor me dijo que si quería
crecer tenía que escribir una novela, porque eso era lo que la gente compraba.
Sus palabras me animaron y me atreví con la escritura de ‘El cátaro
imperfecto’, una novela que habla de los últimos cátaros que, huyendo de Occitània,
se refugiaron en Morella y en Forcall.
¿Le gustó tu proyecto al editor?
Él quería que escribiera una
novela urbana y contemporánea y yo le dije que, si escribía, sería una historia
rural y medieval. Como me vio tan convencido, me dijo que hiciera lo que
quisiera. Así que me armé de valor y le entregué la historia del cátaro.
Después he repetido la experiencia una vez más antes de escribir ‘La hija del
capitán Groc’, que es mi primera novela escrita en catalán.
