«Desde su agujero de arcilla escuchó el eco de las voces que lo llamaban y, como si de grillos se tratara, intentó ubicar a cada hombre dentro de los límites del olivar» (Jesús Carrasco, Intemperie)
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lunes, 27 de julio de 2015

‘Días de destrucción, días de revuelta’ de Chris Hedges y Joe Sacco. Las miserias del coloso americano.

Por algún rincón de la prensa digital he leído que la publicación de ‘Días de destrucción, días de revuelta’, del binomio Chris Hedges (Vermont, EE.UU., 1956) y Joe Sacco (Malta, 1960), editado ahora en España por Planeta Cómic, no ha sentado muy bien en los Estados Unidos. Algo completamente natural después de leer el libro. Escribo libro, porque no sé muy bien si catalogarlo como cómic o como un producto fronterizo, un mestizaje entre el reportaje periodístico y el cómic con formato de libro. Muchos lo catalogan como novela gráfica, tal vez sea así. Yo no lo tengo tan claro. El volumen del texto escrito por Hedges es notable e, indudablemente, lleva la voz cantante en el relato.

Decía que es algo natural la indigestión estadounidense porque la historia que cuenta este ‘Dias…’ es la cara la B de la realidad norteamericana, las miserias, un retrato del capitalismo más despiadado con la naturaleza y con el ser humano, siempre en pos de conseguir el mayor beneficio posible, sin importar en absoluto los daños que estas prácticas puedan producir y donde solo una palabra cuenta: más.

Desde el primer instante, Hedges deja muy claro en la Introducción del volumen que tanto él como Sacco pretendían dibujar un retrato sobre la vida en aquellas zonas estadounidenses en las que las reglas del mercado campan a sus anchas, utilizando sus propios términos «allí donde los seres humanos y el medio ambiente son usados, y luego desechados, para maximizar las ganancias». Claro que este análisis les ha llevado un poco más lejos de sus planteamientos iniciales, hasta el punto de que llegan a afirmar que «el capitalismo corporativo va, literalmente, a matarnos a todos, al igual que ha ya matado a los nativos norteamericanos, a los afroamericanos atrapados en los guetos urbanos, a aquellos que hemos dejado atrás en las cuencas mineras, y a quienes viven como siervos en los campos de cultivo del país».