«Desde su agujero de arcilla escuchó el eco de las voces que lo llamaban y, como si de grillos se tratara, intentó ubicar a cada hombre dentro de los límites del olivar» (Jesús Carrasco, Intemperie)

viernes, 30 de junio de 2023

Mar García Puig: «La ansiedad es muy difícil de verbalizar. Es como un mecanismo de defensa que te priva del lenguaje»

Mar García Puig debuta en la literatura con ‘La historia de los vertebrados’, una
novela sobre la ansiedad, el miedo materno y una herida personal que conecta con luchas universales y el relato de las mujeres locas que nos precedieron.

Nº 669.- Mar García Puig llegó a València precedida de elogiosas críticas vertidas por algunos escritores de mucho renombre, como Enrique Vila-Matas, Marta Sanz, Isaac Rosa, Katixa Agirre o Juan José Millás, entre otros. El éxito de ‘La historia de los vertebrados’,  primera novela de la escritora barcelonesa, editada por Penguin (castellano) y La Magrana (catalán), parece asegurado. Al menos, las cuatro ediciones puestas ya a la venta así lo ratifican. El día es caluroso. El sol castiga las fachadas de los edificios  de la plaza del Ayuntamiento. En los alrededores del Hotel Meliá Plaza, un King Kong gigante y otro animal peludo, también gigante, que no acierto a identificar, se bambolean al son de una música enlatada, reclamando unas monedas por su baile. Algún niño se fotografía con ellos. Sentados a una mesa del hall del Hotel, durante un buen rato Mar García Puig y quien suscribe dialogamos sobre su «historia vertebrada», un libro que difícilmente puede adscribirse al género de la novela o al del ensayo o al de la autoficción o al del relato sin fisuras. Es más bien una hibridación de territorios narrativos, un «artefacto literario», tramado en poco menos de trescientas páginas. ‘La historia de los vertebrados’ habla de las convulsiones, rayanas con la locura, que la autora del libro sufrió tras dar a luz a dos niños. Ese mismo día se graduaba como diputada al Parlamento Español, una confluencia de situaciones poco frecuente. El libro se viste de una prosa cuidada, perfilada, elegante sin discusión, bañada en el ejemplo de mujeres pretéritas que atravesaron situaciones muy similares a la que a ella le tocó vivir, según explica en la primera frase del texto: «El 20 de diciembre de 2015 me convertí en madre y enloquecí». Estamos, por tanto, ante un viaje a través del arte, la literatura, la medicina y la mitología que pretende «normalizar» su situación, paliar el complejo de culpa de la autora y desechar un evidente sentimiento de «bicho raro». Poco antes de las doce, la voz de Mar García Puig fluyó suave, igual que lo hacen las palabras que integran el libro.   

Mar, eres filóloga, editora de profesión y has sido diputada en el Congreso de Madrid por En Comú Podem, ¿se llevan bien la literatura y la política?

Desde hace un mes ya no soy diputada y justamente ahora me han pedido que escriba un artículo sobre este tema. Mi primera sensación es que hay un nivel en el que la política da la espalda al arte y a la cultura. Cuando entré en el Congreso de los Diputados fue algo que me sorprendió mucho, porque no podía entender que no se considere a la cultura como un eje vertebrador de todas las políticas y  aspiraciones al bienestar. Se afirma, por otro lado, que la política es una trituradora y, en cierto modo, lo es. A nivel personal, eso se trasluce en una doble vertiente. Por una parte, es capaz de secarte creativamente pero, por otra, existe el tópico de que a partir del sufrimiento se crea. Y pienso que hay algo de eso. Para mí, este libro ha tenido un componente sanador, sin duda. No reniego en absoluto del tiempo que he invertido en la política, pero es cierto que también he podido constatar que la escritura me ha permitido recomponerme en momentos difíciles.

domingo, 25 de junio de 2023

Javier Velasco Oliaga: «Me gusta hacer entrevistas que permitan al lector conocer no solo el libro del que estamos hablando, sino también algunas peculiaridades del autor»

 

Foto cedida por el autor
Con más de quince años de oficio a sus espaldas, Javier Velasco Oliaga y David
Yagüe publican ‘Entrevistas con historia’, un libro con sesenta conversaciones con otros tantos escritores de novela histórica.

Nº 668.- El entrevistador entrevistado. Conocí a Javier Velasco Oliaga en un viaje a La Guardia, localidad riojana donde se celebraba el concurso de novela Solar de Samaniego. Corría el año 2015. Luego volveríamos a vernos en la entrega del Premio Ateneo de Sevilla en más de una ocasión. Desde entonces, aunque en la distancia, él en Madrid y quien suscribe en València, se estableció un conocimiento cordial, sustentado a lo largo del tiempo por nuestros diálogos vía WhatsApp y alguna conversación telefónica. Javier es periodista de profesión y vocación y desarrolla una enorme actividad en pro de la difusión de la literatura, muy especialmente en el terreno del género histórico, y en ese territorio siempre tan particular que son las entrevistas. De ello queda constancia en su blog Todoliteratura y, desde hace apenas un par de meses, en el libro ‘Entrevistas con historia’, que acaba de publicar junto con otro enamorado del oficio de leer, escribir y entrevistar, el también periodista y escritor David Yagüe. Editado por Ondina Ediciones, ‘Entrevistas con historia’ recoge sesenta conversaciones con escritores especializados en novela histórica, con nombres tan sonoros y celebrados como Ken Follet, José Calvo Poyato, Luis Zueco, Matilde Asensi, Chufo Llorens, Gonzalo Giner, Lindsey Davis, Simon Scarrow, Sarah Lark, Kate Mosse o Luis García Jambrina entre muchos otros. Hace unos días, a través de Zoom pudimos conversar durante un buen rato sobre su libro y sobre este género periodístico tan particular como es la entrevista. Pocos pueden imaginarse el trabajo que esconde la trastienda de una conversación entre un escritor y su interlocutor. Sentarse cara a cara, evitando la sensación de desnudez que puede producir la falta de documentación previa y plantarle una serie de cuestiones sobre su trabajo no resulta tarea baladí. En absoluto. Bien lo sabe Javier Velasco. El piloto rojo encendido de la grabadora, herramienta indispensable en este oficio, dio la señal para que comenzase nuestra conversación.

En primer lugar, Javier, enhorabuena por la publicación de ‘Entrevistas con Historia’. En el prólogo, Luis Zueco afirma que la misión del entrevistador es tender puentes entre el escritor y el público, ¿estás de acuerdo con esta afirmación?

Muchas gracias. Llevo ya más de quince años publicando estas cosas en Todoliteratura y otros medios y no puedo estar más de acuerdo con él. El entrevistador es una pieza fundamental en la difusión de la literatura. Para que los lectores se interesen en algún libro, a menudo es necesario que conozcan al autor. Es algo que les gusta y prueba de ello es que muchos lectores, cuando ya han leído un libro, se acercan a las ferias para conocer a su autor y hablar unos minutos con él. En mi opinión, actualmente el escritor es quien ha de hacer la promoción de sus obras, porque las editoriales no dan abasto con la enorme cantidad de libros que publican.

miércoles, 21 de junio de 2023

Julio Llamazares: «El escritor es alguien que tiene un pie dentro y otro fuera de la realidad»

copywright:© hermezo23
Nº 667.- Junio. Trece y martes. Tiene el pelo blanco, la mirada sincera y la barba sonriente. Julio Llamazares se acercó a València para presentar su nueva novela, ‘Vagalume’, publicada por Alfaguara, en la que César, el protagonista, regresa a la ciudad donde comenzó su carrera de periodista y escritor para recuperar la memoria de su amigo Manolo Castro, recientemente fallecido, que le inició en las artes del periodismo y la literatura. En apariencia, Castro fue un hombre apacible, amante de su familia y su trabajo. Sin embargo, como casi todo el mundo, prefirió callar antes que enfrentarse a la verdad para evitar el dolor de los suyos, y mantener su tragedia siempre en la penumbra. Inesperadamente, su muerte pone al descubierto siete manuscritos sin publicar, cuya existencia era desconocida para su propia familia. A través de sus páginas, César irá desvelando la cara oculta de su amigo y maestro en el arte de las letras. La historia es sencilla, pero el escritor leonés dosifica con mimo sus píldoras narrativas hasta convertir la búsqueda de Manolo Castro en un misterio, que el lector desea desentrañar con avidez. Cada nuevo descubrimiento conduce a una nueva bifurcación, que se recorre con gusto e innegable interés. ‘Vagalume’ es, además, una espléndida invitación a reflexionar sobre el pasado, la literatura como forma de salvación y refugio, y la soledad. En el Hotel Catalonia Excelsior, sentados alrededor de una mesa de la cafetería, Julio Llamazares y quien suscribe desgranamos algunos de los detalles más relevantes de la novela y de la trayectoria literaria del escritor leonés. En la frontera, un café, unas aguas minerales y la grabadora, con el piloto rojo encendido. En el exterior, las nubes, oscuras y grises, vertieron perezosos chaparrones sobre las calles de la capital del Túria.

Julio, estos días he releído una de tus novelas más señeras,  'La lluvia amarilla', que ha envejecido divinamente. En ella hablas de aquellos viejos del Pirineo aragonés que contaban historias alrededor del fuego, ¿tu pasión por narrar procede de ahí?

Alrededor del fuego y en las noches de verano, la fuente original de la literatura es la narración oral. Como seguramente todos los niños del mundo, yo me crie escuchando las historias que  se contaban en aquellos tiempos en los que la televisión casi no había llegado. Cuando me preguntan sobre los escritores qué más me han influido, genéricamente siempre aludo a los viejos de mi pueblo, porque ellos conseguían lo que pretendemos todos los escritores con nuestro trabajo: que se pare el tiempo cuando empezamos a hablar. Mi paisano Luis Mateo Díez dice que narrar consiste en «contar y encantar contando» y ellos incorporaban un tono de voz y una magia en su lenguaje que es la esencia misma de la narración.

¿Cómo escritor, ‘La lluvia amarilla’ significó un antes y un después en tu carrera literaria?

Sí, pero yo tomé conciencia de ese detalle mucho tiempo después. ‘La lluvia amarilla’ la escribí como cualquier otra novela. Es más, pensaba que iba a ser la más minoritaria de todas las mías, porque objetivamente no es más que el monólogo de un hombre mientras se muere en un pueblo en ruinas. A priori, no parece un tema muy comercial, pero con el tiempo se ha ido imponiendo. De hecho, acudo a las ferias de libros y mucha gente me dice que les ha marcado la vida. Y a mí también. Su imagen se ha ido agrandando con el transcurso de los años. Cuando se publicó, tal vez tocó la fibra sensible de la España vacía, de la que ahora todo el mundo habla. Pero en 1988 no era así. Nadie quería hablar de los pueblos que desaparecían, porque se consideraba de mal gusto y España quería ser muy moderna entonces.

¿Para ser escritor hay que ser un buen mentiroso?

Sí, sin duda, es más, creo que la esencia de la literatura, sobre todo de la novela, es la mentira. Joan Barril decía que la verdad es el conocimiento, pero la mentira es la herramienta que te permite llegar a conocer algo más. Cuando lo objetivo se acaba, cuando la realidad termina, necesitas usar la imaginación, que es como yo llamo a la mentira, para poder avanzar. La frontera entre el periodismo y la literatura es esa.  

Decían el otro día en el programa de radio ‘A vivir que son dos días’, que no quedan escritores de peso, que antes se les llamaba para preguntar su opinión sobre temas de actualidad y ahora ya no sucede lo mismo. ¿Significa eso que se ha banalizado la figura del escritor?

Ni la mayor parte de gente que publica libros es escritora, ni los que cuelgan blogs en Internet son todos periodistas. De la misma manera que el que va a correr cada mañana no es un atleta. El otro día, en la Feria del Libro de Madrid, a mi alrededor tenía a youtubers, tiktokers, Rodrigo Rato, Miguel Ángel Revilla y Ana Obregón. Estas personas no tienen nada que ver con la literatura. Lo suyo es otra cosa. Es como el fast food que no guarda ninguna relación con la alta gastronomía. Ahora la profesión de escritor se ha banalizado de tal modo que resulta menospreciada, porque si todo el mundo escribe parece que sea fácil. Y nada de eso. Escribir bien es muy difícil.

lunes, 12 de junio de 2023

Elia Barceló: «Me encanta el pasado. Siempre tengo la sensación de que vive conmigo»

 Nº 666.- 

Copywright: Stefanie Graul
‘Amores que matan’ es la segunda entrega de la tetralogía policiaca que Elia Barceló
comenzó a publicar en 2022. Como ella misma dice, su manera de entender el género negro es mediterránea, llena de flores y luz, bien alejada de las tinieblas confusas que envuelven las novelas negras nórdicas. En ‘Amores que matan’, editada por Roca Editorial, la muerte llega en verano, cuando un reputadísimo experto en arte es asesinado en el pasillo de un hotel. A este suceso hay que sumarle el hallazgo de unos restos humanos y unos cuadros de valor incalculable, que han aparecido, emparedados, en una de las estancias de Santa Rita, un antiguo sanatorio, reconvertido en complejo residencial, habitado por unos hombres y mujeres que recuerdan, inevitablemente, a cualquier
dramatis personae de Agatha Christie. Sabor británico, perfumado con las esencias del Mediterráneo. Un martes de junio, caluroso y húmedo, aprovechamos una tregua entre los viajes de la escritora eldense y su participación en la Feria del Libro de Madrid para conversar sobre su novela. La grabadora, piloto rojo encendido, registró los minutos de una conversación telefónica pausada, amable y divertida. Durante ese tiempo desgranamos el proceso de escritura de estos luminosos amores criminales, teñidos de buganvilla, junto con otros aspectos de la literatura.    

Elia, tu vida discurre a caballo entre dos países, Austria y España, a la hora de escribir ¿eso es bueno, malo, regular o indiferente?

Como llevo toda mi vida así, pienso que es bueno. A mí me ha ido bien, porque creo que todo lo ves de dos maneras diferentes: dos lenguas, dos puntos de vista, dos ambientes políticos con los que cabrearte… Siempre estás comparando cómo se hace una misma cosa en dos lugares distintos y eso es algo que resulta muy interesante y positivo para escribir, ya que aumenta la empatía.