No ha podido ser. Por poco. Ha faltado muy poco en verdad para que las jugadoras de Carlos Viver se proclamaran campeonas del mundo de balonmano absoluto. Pero una decisión, cuando menos dudosa y desde luego discutible, de las colegiadas francesas, hermanas Bonaventura, ha privado a España de la posibilidad de jugar la prórroga y decidir el título de un modo más correcto.
Holanda se ha proclamado campeón del mundo con una trayectoria irregular, porque ha perdido tres encuentros a lo largo del torneo, aunque no cabe duda de que posee un conjunto de primer nivel, con gran envergadura física y técnica, en el que sobresalen la portera Wester, así como las poderosas primeras líneas Abbingh y Polman.
España ha sido más regular en sus actuaciones que las holandesas. En su debe solo se puede registrar una "pájara", debida sin duda a un mal ordenamiento defensivo en la segunda parte de su enfrentamiento contra Suecia, con la que se igualó un encuentro que se iba ganando por nueve goles de diferencia, y una derrota clara, además de la final, ante la todopoderosa Rusia de Ambros Martín, que ha sido medalla de bronce, tras imponerse con claridad a Noruega en el partido que dilucidaba tercer y cuarto puestos. La España de la final jamás le perdió la cara al encuentro y, a pesar de no brillar a su máximo nivel, siempre estuvo en partido y, de hecho, de no mediar la polémica decisión de las colegiadas galas ya aludida al principio, pudo muy bien coronarse campeona del mundo.
Y acabo con una reflexión que me parece oportuna: el balonmano ha de incorporar las nuevas tecnologías a los partidos. Una final del campeonato del mundo no merece decidirse de esta manera por falta de medios, es un torneo demasiado importante para que concluya con semejante mal sabor de boca. La informática, los vídeos, las imágenes están para algo más.