«Desde su agujero de arcilla escuchó el eco de las voces que lo llamaban y, como si de grillos se tratara, intentó ubicar a cada hombre dentro de los límites del olivar» (Jesús Carrasco, Intemperie)

miércoles, 24 de mayo de 2017

Fira del Llibre València 2017 (6): Antonio Iturbe: «No se puede inventar a Saint-Exupéry, él es más grande que la propia ficción»

Nº 515.- Estamos sobre cubierto. La cafetería de la Fira del Llibre de València nos da cobijo, mientras una lluvia fina, intermitente, apaga el polvo del recinto ferial. Es viernes, media tarde, cuando Antonio Iturbe y quien suscribe comenzamos a hablar de otra fecha, más antigua, la del 31 de julio de 1944, cuando el avión de reconocimiento que pilotaba Antoine de Saint-Exupéry no regresó a la base de Bastia. El piloto francés, muerto a los cuarenta y cuatro años, pasó a la historia de la Literatura por su «longseller» ‘El Principito’ y también por protagonizar junto a Jean Mermoz y Henri Guillaumet el despegue de la aviación civil. Todo esto y mucho más lo podemos encontrar en ‘A cielo abierto’, la última novela del escritor zaragozano, editada por Seis Barral y por la que ha sido galardonado con el Premio Biblioteca Breve 2017.
En primer lugar, Antonio, enhorabuena por el Premio Biblioteca Breve 2017, conseguido con ‘A cielo abierto’.
Muchas gracias.
¿Por qué es importante haber ganado este Premio para ti? ¿Más lectores, mayor visibilidad, reconocimiento del jurado, dotación económica…?
Por el pack completo, todo lo que has dicho es muy importante. Reconforta el reconocimiento del jurado ya que tú escribes en tu habitación, con el ordenador, en soledad, y si alguien premia ese trabajo te sientes reconocido. Desde el punto de vista económico, también es muy importante, porque vivimos tiempos zarrapastrosos, inciertos. Los escritores no tenemos seguridad social, ni nómina, solo disponemos del diez por ciento del precio del libro si se vende. Por lo tanto cuando te dan un dinero, te ayuda en las cuestiones prácticas de la vida y te viene muy bien.



Esta es tu tercera novela, le precedieron ‘Rectos torcidos’, ‘Días de sal’ y ‘La bibliotecaria de Auschwitz’, ¿podemos encontrar puntos en común entre ellas?
Es verdad que son libros que tocan asuntos muy dispares, pero como soy muy lento al escribir a causa de mis pluriempleos, voy cambiando, evolucionando y envejeciendo. Quiero creer que todas mis novelas presentan un fondo común, que es que más allá del propósito de que mis historias sean interesantes, pretendo que el lector no sólo mire hacia afuera, sino que tenga la sensación de haber viajado también al interior de sí mismo. Por lo tanto, diría que todas estas novelas comparten un punto existencial.
Y en concreto ‘A cielo abierto’ ¿qué aporta de nuevo a las otras obras?
El punto novedoso es que se trata de una historia que habla del arranque de la aviación en los años veinte, de aquellos pioneros del correo aéreo. He aportado la perspectiva de narrar a través de una relación de amistad entre los protagonistas. Creo que es una historia donde estos pilotos, tipos valientes y aguerridos, por dentro son personajes de una gran ternura a pesar de ser muy distintos entre sí. Ellos arman una relación que perdurará toda su vida. Más allá de la aventura de volar sobre África, el Sáhara o la Patagonia, destaca la aventura de sus propias vivencias emocionales.
Empezaste con novelas de cien páginas, la anterior tenía cuatrocientas y esta más de seiscientas…
No me regañes, no me regañes [protesta divertida y lastimera a la vez]
¿Quiere eso decir que te estás convirtiendo en un escritor de formato bestseller?
Bueno el tamaño no importa, no hace la cosa. ‘El Quijote’ también es muy largo y la obra de Proust alcanza los siete volúmenes… Aquí sólo tiene importancia para las traducciones, ya que se paga por página traducida. Lo cierto es que no había ningún plan preconcebido y mientras la escribía no sabía muy bien qué cosas tenía que dejar fuera de la novela, porque había mucho que contar. Me entusiasmé y salió así. Espero que la próxima resulte más breve.
Has hablado antes de «tus pluriempleos», articulista, novelista, profesor universitario…, lo que denota una imagen de hombre tremendamente ocupado, ¿cuándo escribe Antonio Iturbe?
En todos los huecos que encuentro. Tengo ya una existencia absolutamente empastada entre la vida misma y la escritura. Antes, cuando disponía de un empleo estable, trabajaba de noche, pero ahora lo hago en cualquier momento. A veces acompaño a mi familia al cine, compro las entradas y las palomitas y me quedo fuera, en una cafetería, y utilizo esas dos horas para escribir. La verdad es que aprovecho hasta el humo para la escritura.
‘A cielo abierto’ se centra en la figura de Antoine de Saint-Exupéry, ¿de dónde procede tu interés por este hombre?
De Saint-Exupéry  me  atraen muchas cosas. Es una relación de amistad de mucho tiempo. A los once años leí ‘El Principito’ y ese libro supuso una fascinación para mí, aunque probablemente no entendía muchas cosas de las que allí sucedían. Con el paso de los años he seguido leyéndolo y eso me llevó a plantearme quién era ese tipo que había escrito tantos libros maravillosos. Esa complicidad y cercanía con él la establecí a través de su obra, donde está plasmada su vida entera. ‘A cielo abierto’ la he escrito para contagiar mi fascinación a los demás.
Saint-Exupéry es un personaje muy famoso tanto en la realidad como en la ficción. Hasta Hugo Pratt, creo recordar, le dedicó un álbum.
Sí, sí, Hugo Pratt lo convirtió en el protagonista de una de sus novelas gráficas. Efectivamente, como dices, era un tipo real, pero su vida es literatura en estado puro. Él era un conde venido a menos por problemas económicos y además trabajó como piloto del correo en los años veinte. Había que ser muy valiente para tripular aquellos aparatos tan frágiles. Guardaba un gran sentido poético y humanista y cuando volaba tenía ensoñaciones sobre el sentido de la vida y del mundo, pero cuando ponía el pie en tierra le encantaba pasear por París, entrar en las «brasseries» del Boulevard de Saint-Michel, beber champán, comer ostras, divertirse, cantar la Marsellesa… Era un tipo con muchos contrastes emocionales y eso le convierte en un personaje de una riqueza tal que no es posible inventarlo. Saint-Exupéry es más grande que la propia ficción.
¿Habría llegado a nosotros con tanta fuerza si no fuera el autor de ‘El Principito’ o, dicho de otro modo, ‘El Principito’ ha ocultado el resto de su producción literaria?
Sin duda, se trata de un libro con tanto brillo que ha ocultado la biografía del piloto e incluso el resto de su obra, incluidas sus magníficas crónicas sobre la Guerra Civil Española. Todo ha quedado opacado por ‘El Principito’.
Escogiste la tercera persona para narrar ‘A cielo abierto’, ¿por qué?
Hacerlo en primera persona hubiera sido un atrevimiento excesivo, aunque es cierto que he planteado diálogos en la novela que yo no he vivido. También la he escrito en tiempo presente, algo arriesgado en una novela larga, pero la vida se vive en presente y quería que la narración transmitiera la frescura y la fuerza de lo vivido.
El ritmo es sosegado, que no quiere decir aburrido, no hay prisa por captar pronto la atención del lector, ¿eres un escritor de largo aliento?
Cuando me pongo a escribir, la verdad es que no tengo un plan muy hecho. Escribo un poco por arrebatos y como va saliendo. Es verdad que cada historia  pide un tono, una velocidad y un ritmo, pero también es innegable que, al estar impregnado de la literatura de Saint-Exupéry, te contagias del propio personaje y de su forma de escribir. Quizá él tenga esa carencia despaciosa, de merodeo de las cosas, nada parecida al ritmo de un thriller. Este es un libro de otro tipo, una novela que pretende llegar muy lejos pero de modo tranquilo, paseando por la historia.
Has hablado de que cada historia pide un ritmo y una velocidad distintos, ¿en tu escritura forma y fondo van estrechamente unidos?
En mi opinión, forma y fondo han de estar entreverados. A ver, lógicamente no somos piezas de bronce, todos tenemos incoherencias, pero ha de existir una cierta coherencia entre lo que el escritor piensa, lo que hace y lo que escribe. Si no fuera así caería en la impostura. En este caso concreto, la aventura exterior y  esa reflexión interior suya tan humanista, que dice que nacemos cuando nos damos a los demás, han de ir acompañadas por un tipo de escritura con mimo, de merodeador, de paseante, de acariciador. No puede ser una escritura de metralleta. La letra y la música han de ser concordantes, acompasadas.
En ‘A cielo abierto’ también tratas el tema de la amistad, ¿qué papel juega aquí la amistad?
La amistad es el pegamento que une a los protagonistas, porque estos tres pilotos que trabajan en el correo aéreo y se hacen amigos son muy distintos entre sí. Saint-Exupéry tenía altibajos emocionales; Jean Mermauz era un sujeto aguerrido, que no daba nunca un paso atrás, seductor, una bestia en todo el sentido de la palabra; y Henry Guillaumet fue un tipo más moderado, tranquilo, un perfeccionista del vuelo. Eran superdiferentes y a la vez superamigos. Les unía la pasión por el vuelo y el sentido del deber, su compromiso para transportar las cartas de un punto a otro, porque había gente esperándolas y debían llegar en la fecha prevista.
¿Hemos perdido en la actualidad el sentido de la aventura que tenían tipos como Saint-
Exupéry?
Sí, Google Maps y Google Earth han hecho mucho daño a la aventura, porque ahora todo lo tenemos al alcance de un clic. Pero sigue habiendo aventura, aunque por caminos distintos. A mí no me interesan los grandes héroes sino esos tipos que prestan un servicio a la sociedad llevando el correo, por ejemplo. A lo mejor dentro de cien años hay que escribir la vida de Malala, la mujer que abrió un blog en Internet para decir que las niñas debían de ir a la escuela, que un día fue tiroteada por los talibanes y logró sobrevivir. Creo que ella es la aventurera de hoy. A mí me gustan los tres personajes de la novela porque son aviadores civiles, no militares, no tiran bombas y siembran la semilla del correo comercial tal y como lo conocemos hoy.
Saint-Exupéry fue amante de los loopings y otras maniobras arriesgadas en el aire, en el fondo eso dibuja una atracción inconsciente por el riesgo,  ¿se ocultaba alguna tendencia suicida en aquella pasión tan peligrosa?
Creo que no. En su correspondencia no hace referencias al suicidio. Es cierto que al final, cuando está desencantado y castigado por los accidentes, dice que si le derriban no le importará, pero no comenta nada para pensar que fuese a estrellarse voluntariamente. Saint-Exupéry amaba demasiado la vida para albergar tendencias suicidas. Si estos pilotos subían a esos aparatos tan frágiles lo hacían no por el morbo de la muerte, sino por su amor a la vida. Eran grandes vividores y volar hacía sus vidas más intensas.
La muerte de Saint-Exupéry está cubierta por un velo de misterio, ¿es el remate ideal para teñir al personaje real con un barniz inseparable de ficción?
Es verdad, así es, murió en el año 1944 y nunca se encontró su cuerpo. Había salido desde Córcega en misión de reconocimiento aéreo y el avión no llegó a su destino. Los restos del aparato aparecieron cerca de Marsella, pero no se sabe si fue derribado por un caza, sufrió un accidente o decidió suicidarse. Hubo un piloto alemán que afirmó haberlo derribado, pero no está comprobado. En mi opinión por las cartas y lo que sé de él, pienso que no se suicidó, amaba la vida demasiado para entregarla. Pero nunca sabremos la verdad.
La última por esta vez: ¿qué poso te ha dejado la figura de Saint-Exupéry después de trabajarlo como personaje real/ficticio en tu novela?
De la escritura conservo muchas cosas como recuerdo. Había leído bastante sobre él, pero ahora he trabajado con más profundidad sus cartas. He llegado a pensar que Saint-Exupéry escribió ‘El Principito’ para ese niño que todos los adultos llevamos dentro. El libro me ha acompañado a lo largo de mi vida y ha conseguido que no crezca, que siga siendo aquel niño de once años que leyó el libro por primera vez. La literatura es un hilo que camina contigo siempre y eso me parece algo maravilloso. Ha sido un placer escribir esta novela. 


SOBRE ANTONIO ITURBE

Antonio Iturbe (Zaragoza, 1967) ha publicado las novelas ‘Rectos torcidos’ (2005), ‘Días de sal’ (2008) y ‘La bibliotecaria de Auschwitz’ (2012), ganadora del Premio Troa «Libros con valores» y publicada en once países. Es autor de la serie de libros infantiles ‘Los casos del Inspector Cito’, traducida a seis lenguas y de la serie ‘La Isla de Susú.’ Como periodista cultural, ha trabajado en El Periódico, en Fantastic Magazine y en Qué Leer, revista de la que fue director durante los últimos siete años, y ha colaborado en radio y en publicaciones como Fotogramas o Avui. Actualmente es director de la revista Librújula, colaborador en Cultura/s, El País, Heraldo de Aragón y Mercurio, e imparte clases en la Universitat de Barcelona, donde creció y reside, y en la Universidad Autónoma de Madrid.