«Desde su agujero de arcilla escuchó el eco de las voces que lo llamaban y, como si de grillos se tratara, intentó ubicar a cada hombre dentro de los límites del olivar» (Jesús Carrasco, Intemperie)

domingo, 20 de enero de 2019

Daniel Fopiani: «Utilizo un estilo dinámico de escritura para animar a la gente joven a leer»


Nº 558.- En el año 2017, Daniel Fopiani (Cádiz, 1990) ganó el Premio Valencia Nova con su obra ‘La Carcoma’. Según cuenta el escritor gaditano, este premio le ha cambiado la vida desde el punto de vista literario. Fopiani, cuya profesión es sargento de Infantería de Marina, presenta ahora ‘La melodía de la oscuridad’ (Espasa, 2019), novela en la que Adriano, un antiguo sargento de la Guardia Civil, invidente a consecuencia de la explosión de una bomba durante su estancia en Euskadi, se enfrenta a los brutales crímenes perpetrados por un psicópata, que asesina al ritmo de la leyenda de los Doce Trabajos de Hércules. Cuando comienzo a transcribir la entrevista, en la grabadora sólo se escucha el tintineo de las cucharillas, ocupadas en remover el azúcar de dos cafés con leche, descafeinados para no extraviar el sueño nocturno, y las palabras de Fopiani, que parece vivir ahora los sueños literarios tejidos en su juventud. Tras los cristales de la cafetería del Hotel Meliá Plaza, la noche ya paseaba por las calles de València.
Daniel, eres militar, ¿por qué escogiste la milicia como modo para ganarte la vida?
Si te soy sincero por la crisis. Entré en el Ejército porque es un trabajo fijo y estable. Tenía dieciocho años cuando aprobé las pruebas para Infantería. Lo mío no es vocacional, sería un hipócrita si te dijera lo contrario, y creo que, excepto aquellas personas que proceden de familias con tradición militar, nadie la tiene. De hecho, a mí la vocación me vino después, cuando desarrollé mi primera operación en la que conseguimos salvar ocho pateras llenas de vidas en el Mediterráneo.
Además de militar, también eres escritor, ¿qué significa para ti la escritura?
Si escribo es porque he leído. Desde que tengo uso de razón, siempre tuve un libro en mis manos. Fue un hábito que me inculcaron mis padres y que yo he ido arrastrando hasta hoy. En un momento determinado, no recuerdo cuándo, me picó el gusanillo y escribí relatos que guardaba en el cajón de mi armario, junto a los calcetines y los calzoncillos. Cuando comencé a trabajar, ya me tomé el asunto con mayor intensidad y, desde que en el año dos mil diecisiete me otorgaron el Premio València Nova de narrativa, todo cambió. El Premio me hizo ganar confianza en mí mismo y propició que me leyera gente de toda España, mientras que antes sólo lo hacían los amigos.
Qué importante que tus padres te inculcaran el hábito de la lectura, ¿no?
Ya lo creo. Todavía conservo algunos ejemplares de las novelas de Julio Verne y de Agatha Christie, adaptadas para niños, que leía cuando era pequeño. Esos libros fueron los que me impulsaron a escribir y a leer. Fue la época de mi vida en la que más he disfrutado leyendo, porque ahora también leo, pero lo hago desde otra perspectiva distinta.
¿Se compatibiliza bien la vida militar con la del escritor?
No, no, qué va. Me gustaría que escribir se considerase un oficio, pero la verdad es que la mayoría de escritores han de trabajar en otras cosas para subsistir. Yo escribo todos los días, en mis ratos libres, pero quisiera pasar más tiempo delante del papel. Terminar una novela como ésta me cuesta unos veinte meses,  más o menos.
Veinte meses de promedio no está mal, ¿no crees?
Ya, pero creo que yo podría escribir una novela al año.


Tus amigos y tus compañeros de armas, ¿qué opinan de esta aventura literaria?
Al principio no se lo terminaban de creer, pensaban que era un hobby, lo que era una visión errónea porque yo siempre me lo tomé muy en serio. Fue a partir de la consecución del Premio València Nova cuando se dieron cuenta de que aquello iba en firme. Ahora mis compañeros están contentos de que escriba y creo que un amplio sector de compradores de la novela está en la propia Armada.
¿Cuándo surge la idea de escribir ‘La melodía de la oscuridad’?  ¿Hubo alguna frase, lectura o imagen que te sirviera de inspiración?
En esta novela no hubo nada de eso, en otras sí. Para no mentir, hace tiempo leí un artículo por el que me enteré de que Hércules, según la mitología, mató a su propia familia. Fue un dato que me impresionó mucho y pensé que tal vez más adelante podría utilizarlo en una novela. Pero antes de todo esto, en mi cabeza había surgido la idea de escribir la historia de un invidente poniéndome en su situación. Ese era el reto. Cuando empecé la escritura, me di cuenta de que no sabía nada del mundo de los invidentes, así que tuve la suerte de que dos de ellos aceptaran hablar conmigo y contestar todas las preguntas que les formulé para documentarme.
Y, ¿cómo es la vida de Adriano, un ex sargento de la Guardia Civil, al que una bomba explosionada por ETA le priva de la visión?
El protagonista de la novela es una persona amargada, que expande el dolor sobre todos los que tiene a su alrededor. Como has dicho, él era un sargento de la Guardia Civil, que había luchado contra el terrorismo y que, ahora, se encuentra dependiente de su mujer por completo. Si a mí me ocurriese algo parecido, creo que sería igual que él, al menos mientras me acostumbrase a la oscuridad tras perder la visión. De todos modos, me sorprendo cuando la gente que padece esta situación admite que está adaptada y que lo lleva más o menos bien. Siempre me queda la duda de que puede ser una pose y que, cuando llega a su casa, se derrumba y llora su desgracia.
Hablemos un poco de tu escritura, ¿te interesa más la peripecia, la historia que cuentas, o el estilo literario?
Lo que más me interesa es el estilo, sin duda. Escribir una trama creo que no es algo demasiado complicado. Desde que empecé, lo más importante para mí es la narrativa, reconocer mi propia voz. He tratado siempre el estilo con enorme respeto, pero es cierto que ahora me encuentro cómodo y feliz con lo que escribo, aunque sé que todavía me queda mucho por aprender. ‘La carcoma’, mi anterior novela, era una historia lineal, ‘La melodía de la oscuridad’ es otra cosa, juego con el pasado y el presente y su estructura y la definición de los personajes son más complejas.
Has definido la novela como género negro, pero creo que se trata más bien de un thriller.
La encuadro en el género negro porque a lo largo de la narración toco otros temas colaterales, como la ONCE, la inmigración, la presencia de un policía acabado y amargado, pero bien mirado también podría considerarse como thriller.
Pienso que tu estilo, dinámico, sorpresivo por momentos, cuadra más con los parámetros del thriller.
Yo apuesto por ese estilo. Vivimos un momento en que las noticias nos llegan al móvil a través de titulares. Un artículo de más de quinientas páginas no lo leemos completo. Creo que esta forma dinámica de escribir es buena para que la gente joven se anime a leer. A mí mismo, las novelas de ochocientas páginas, aunque me gusten, me fatigan un poco. Si te fijas, ‘La melodía de la oscuridad’ carece de descripciones, los personajes no están descritos, prefiero que el lector construya su propia imagen de ellos a medida que avanza en la lectura.
¿Adriano, el protagonista, nace con vocación de serie novelesca?
Lo concebí sólo para esta novela, pero tiene posibilidades. Considero que el final está cerrado, aunque es verdad que queda hueco para que la historia pueda tener un recorrido más largo. No esperaba que gustase tanto, pero los lectores me están pidiendo que siga con este personaje. La propia editorial me ha comunicado que, si la aceptación se mantiene igual, podría plantearme una continuación.
Hasta ahora hemos hablado del thriller y de tu vocación lectora, ¿qué autores frecuentas en tus lecturas?
Hace un tiempo que me he centrado en la novela negra. Me interesan mucho Claudio Cerdán, Benito Olmo, Claudio Augusto Casas, un escritor que tiene mucho que decir después de publicar su primera novela, César Pérez Gellida, Aramburu y Juan Gómez Jurado. De los extranjeros me interesa mucho la primera novela de Joël Dicker.
Leyendo ‘La melodía de la oscuridad’, me he acordado varias veces de Dan Brown, sobre todo por la estructura del libro.
Leí a Dan Brown de joven, pero no me termina de llenar. Su nivel de documentación es mucho más elevado que el mío, yo apenas esbozo unas cuantas pinceladas. Es verdad que se parece en la búsqueda intencionada de capítulos cortos y dinámicos, pero poco más.
Eres de Cádiz y allí has ubicado la acción. ¿Cómo se comporta tu ciudad como escenario de una novela de crímenes? ¿Qué aceptación ha tenido entre tus paisanos?
La verdad es que la novela ha tenido muy buena acogida entre mis conciudadanos y en poco tiempo se ha agotado en varias librerías. Cádiz es una ciudad que tiene más de tres mil años de antigüedad y me ha gustado mucho su comportamiento como escenario de la trama. Me siento cómodo escribiendo sobre ella. El primer asesinato aparece en el Museo Arqueológico y en la Plaza de Mina, que está enfrente, me crié yo jugando al fútbol. Ayer, el propio Museo publicó un tweet en el que me daba las gracias por haber ubicado un asesinato en sus salas.  
¿Esos lugares los ves ahora igual que antes de convertirlos en escenarios de los crímenes?
Sí, a mí los asesinatos no me han afectado para nada. Todo es igual que antes. Lo que importa es que le afecte al lector y que, cuando pase por esos sitios, los reconozca y recuerde que aquí apareció un cadáver.
En la novela desempeñan un papel importante los Doce trabajos de Hércules, ¿qué
relación guarda Hércules con Cádiz?
Hércules aparece en la novela como un guiño a mis paisanos, porque es un personaje muy enraizado, muy presente en su vida diaria. Se cuenta que él fue quien separó el continente africano del europeo y que una de sus dos columnas estaba en Cádiz, aunque otra versión la sitúa en Ceuta. El Museo Arqueológico contiene muchas figuras suyas, incluida el Hércules Gaditano, que es una escultura pequeñita.
Acabamos por hoy, en una entrevista reciente declaraste que deseabas escribir una novela «que fuera capaz de renovar la novela negra en España». En tu opinión, ¿qué aporta ‘La melodía de la oscuridad’ a este género literario?
Creo que, si hablamos de narrativa, aporta un lenguaje cercano, sin demasiados adornos; y si tratamos de la estructura, estamos ante una novela que no se plantea quién es el asesino, porque aquí está claro desde muy pronto. En muchos libros, los personajes secundarios pasan como siluetas por una escena, mientras que yo los trato de otro modo, les doy más relevancia y cuento sus vidas con mayor detalle. No sé si eso renueva el género negro o no, pero a mí me apetece seguir por este camino. En algún momento, me gustaría alcanzar el nivel suficiente para escribir algo muy distinto, por ejemplo una novela en segunda persona, que es algo que o lo haces bien o mejor no ponerse a ello.