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Nº 714. Suena una música setentera. Al fondo. Invisible. I love to
love de Tina Charles disfraza el silencio del Hotel Vincci Mercat. Calle de
la Linterna. València. La luz del sol de la media tarde, inencontrable por las
nubes y la lluvia del dos de marzo, se filtra a través de la cristalera
exterior. Junto al hall, una mesa amplia, rectangular, acoge mi encuentro con
Carlos Zanón, que termina de publicar ‘Objetos perdidos’, editado por
Salamandra. En estos ‘Objetos perdidos’ conocemos a Álex Gual, un abogado que duerme
en Excalibur, un hotel inexistente, y al que le cuesta más encontrar personas
que perder cosas. A duras penas, el leguleyo sobrevive sobre los restos de su
relación con Lola K., una pintora en horas bajas, y se mueve en el sórdido
mundo que habita Señor Paco, un tipo que maneja lo más turbio de Barcelona.
Claro. Con Zanón siempre Barcelona. La muerte de un jugador de rugby
australiano y la desaparición de otro británico, Andy Cox, desatan la atención
mediática. Señor Paco huele el negocio. Y la pasta. Y Álex Gual se ve impelido
a la búsqueda de Cox, en la que se encontrará con Inés, la camarera del Donna
Summer, el garito de Señor Paco, y la dolorosa posibilidad de perder cosas
para recuperar su capacidad de ser alguien. Y no hay más. Hasta aquí debo
contar. Consumimos unos minutos conversando de cosas particulares, hacía mucho
tiempo que no nos veíamos, y arrancamos la entrevista. Como siempre, echo una
ojeada a la grabadora para constatar que su piloto rojo, su aviso para
navegantes, se ilumina al accionar la tecla rec. En efecto: nihil
obstat una vez más. Comenzamos nuestra charla. Nos acompañan un cortado y
una botella de agua sin gas. Tina Charles sigue a lo suyo.
Carlos, escribir es una enfermedad?
Incurable. Es una enfermedad
incurable. No tiene remedio y es lo que te ordena, lo que le da un sentido a lo
que vives y piensas.