«Desde su agujero de arcilla escuchó el eco de las voces que lo llamaban y, como si de grillos se tratara, intentó ubicar a cada hombre dentro de los límites del olivar» (Jesús Carrasco, Intemperie)

jueves, 3 de octubre de 2019

Luz Gabás: «Los protagonistas de la novela han perdido la ilusión. Son como un alma vacía»


Nº 587.- Afirma Luz Gabás que ‘Palmeras en la nieve’ y su nueva entrega, ‘El latido de la tierra’, son sus dos novelas más sentidas y personales. En ‘El latido de la tierra’, recién editada por Planeta, enlaza una bella historia de amor otoñal con la investigación de un crimen, la defensa de la tierra y el mundo rural como patrimonio de todos. Por espacio de unas semanas, la escritora aragonesa ha abandonado el valle de Benasque, donde reside, para presentar el libro por toda la geografía peninsular. Y, por primera vez, se ha internado en el territorio de la novela policiaca, del thriller, aceptando a regañadientes las normas que imponen los cánones del género, para construir no un relato policial al uso sino otra cosa distinta. La primera diferencia la encontramos en que, durante un buen tramo de la narración, el lector desconocerá quién es el muerto. O la muerta. Atrás quedaron, pues, los registros históricos de sus anteriores títulos, porque, como la propia Luz reconoce en la entrevista, ‘El latido de la tierra’ le exigía otro modelo, otra forma de narrar. Nuestra conversación tuvo lugar en el Hotel Vincci Lis, situado en el centro de València, muy próximo a la Estació del Nord, por donde llegan a la capital del Turia muchos escritores de paso, como ella, para contarnos aspectos de su literatura.
Luz, a estas alturas de tu carrera literaria, con cuatro títulos publicados ya, ¿es bueno o es malo llevar a cuestas la mochila de ‘Palmeras en la nieve’, tu exitosa primera novela?
Para ‘Palmeras en la nieve’ solo tendré siempre buenos recuerdos, incluso cuando sea viejita llevaré una camiseta que diga «Yo soy la autora de ‘Palmeras en la nieve’». Esa novela cambió mi vida en muchos sentidos. Gracias a ella regresé de la ciudad al campo para escribirla, con el añadido de que funcionó muy bien y me permitió encontrar una editora. Ahora, con cada obra nueva ya no busco editora, porque la tengo y sé que me espera. ‘Palmeras en la nieve’ nunca será una mochila negativa, sino todo lo contrario.
¿Qué hay de nuevo en ‘El latido de la tierra’ que no podamos encontrar en tus novelas anteriores?
Para mis lectores de siempre se trata de un libro distinto. Seguro que les resultará algo curioso y refrescante, porque no es una novela histórica al uso, sino una trama policíaca narrada con una voz contemporánea que habla en el presente. Y para quienes no me hayan leído aún, puede significar una forma de acercarse a mi literatura. Desde luego, como escritora me ha servido para darme cuenta de que puedo narrar con otro registro, como es el policiaco, muy complejo y del que creo, además, que he salido bien airosa.


Y, ¿por qué elegiste este género?
La historia que quería contar lo requería. El thriller que más me gusta no es el que entretiene y revela quién ha sido el culpable. Me interesa mucho más la parte de crítica social que conlleva el género. ‘El latido de la tierra’ es una crítica del momento en que se vive y en el que se generan sensaciones y emociones muy de ahora, como la inseguridad, la angustia y el miedo. La protagonista atraviesa por esas fases y todo eso no habría podido contarlo bajo el registro histórico. Tenía que ser una historia policíaca, pero hecha a mi manera.
Hablas de una historia policíaca hecha a tu manera, ¿en qué consiste tu forma de acercarte al género negro?
Necesitaba la trama policíaca para asentar la doble búsqueda que hay en el libro. He leído mucha literatura policíaca y no sé si, en realidad, ha habido tantos crímenes como se cuentan en las novelas. Tampoco sé si todos los protagonistas llevan una doble vida oscura, que esconde una personalidad conflictiva. He pretendido alterar ciertas normas del género y, por eso, mi protagonista, que es una mujer policía, es ante todo una funcionaria que solo quiere realizar bien su trabajo y jubilarse, porque ya está harta de tratar con la maldad. Y aún hay otra alteración más, ya que el lector no descubrirá quién es la víctima hasta bien entrada la novela. Después conocerá al culpable o la culpable y los motivos que le llevaron a cometer el asesinato.
Desde el punto de vista de un escritor, ¿cómo se lleva el hecho de escribir sobre un asesinato sin que el lector conozca desde el primer momento quién es la víctima?
Fue muy complicado, porque ‘El latido de la tierra’ presenta la dificultad añadida de que hay saltos temporales, el pasado y el presente, que a su vez también avanza. Es la novela que más veces he repasado, de hecho, creo que la he reescrito por completo. Ha sido un trabajo constante de revisar, revisar y revisar hasta eliminar por completo los errores que pudiera haber cometido durante la escritura. Tuve que utilizar un calendario del año 2018 para controlar las fechas en las que sucedían cosas y saber qué personajes estaban al corriente de todo lo que iba pasando.
¿Conocías el desenlace desde el principio?
Sí, el desenlace lo conocía desde el principio, lo veía perfectamente. Tenía visualizada la última escena y sabía hasta lo que diría cada personaje en ese momento. Es un final que me gusta mucho.
La has escrito en tercera persona.
Sí, probé los capítulos iniciales en primera persona, pero vi que resultaba un poco pesado. Con la primera persona ocurre que, si empatizas con el protagonista, la cosa funciona muy bien, pero si no es así, arruinas la historia. Y aquí, al tratarse de una novela policíaca y coral a la vez, observé que no quedaba bien.
Por cierto, ¿cómo surgió en tu mente la idea para escribir la novela?
Fue algo curioso, porque yo había preparado todo el material para iniciar otra novela. Ya tenía el cuaderno dispuesto, había tomado muchas notas y había localizado la bibliografía que necesitaba… Sin embargo, se me cruzó una vocecita interior y comenzó a decirme que debía escribir esta historia sobre mi generación. Y la escuché.
De alguna manera, haber escrito ‘El latido de la tierra’ ¿es tu forma de denunciar la situación en que se encuentran tantos pueblos abandonados?
En parte sí, pero es curioso porque yo veo el entorno más bien como un escenario simbólico de la despoblación y del vaciamiento del alma. Por eso quería que la acción transcurriese en el medio rural. Evidentemente, al hablar de mi generación he encontrado música, juventud y amistad, cosas que asocio a mi época del pueblo. Y eso me ocurre tanto a mí como a millones de españoles, que tenemos el alma de pueblo. Al escribir me acordaba de esa generación, que vive con el corazón partido entre lo heredado del pueblo, a nivel físico y emocional, y la vida en la ciudad. Pero también pensaba en la pérdida de la ilusión en España. Los protagonistas de la novela han perdido la ilusión y son como un cuerpo vacío. Por eso necesitaba hablar de la España vacía y del alma vacía.
Tú, sin embargo, has hecho el viaje inverso: has regresado de la ciudad al pueblo.
Creo que tenía claro que no terminaría viviendo en una gran ciudad. Siempre me he sentido muy vinculada a mi tierra, que es un espacio que abarca el territorio existente entre Monzón y el Valle de Benasque. Y elegimos Benasque porque mi marido es de allí. Queríamos regresar para que nuestros hijos vivieran todo aquello. En el campo existe una sensación de libertad distinta a la de otras partes.
¿Esa tranquilidad rural, esa paz que tú disfrutas en Benasque, favorece la escritura?
Bueno, en realidad, durante el tiempo de escritura, que son entre seis y ocho meses, especialmente los últimos tres en los que incluso te cambia el carácter, a ti te da igual donde te encuentres. En todo ese tiempo, con que las cosas de la casa funcionen medianamente bien tienes suficiente. Pero es verdad que a mí escribir me agota y el solo hecho de abrir la puerta, salir al campo y disfrutar del entorno me ayuda a descansar y me permite reponer energías.
Cada capítulo lo encabezas con el título de una canción, normalmente de música heavy, ¿qué significa el heavy para ti?
No tenía claro qué significaba la música heavy, pero leyendo el magnífico ensayo de Sergio del Molino sobre la España vacía, con el que no estoy de acuerdo del todo, en el que afirma que los hijos de las personas, que abandonaron el campo para vivir y trabajar en ciudades medianas o pequeñas, abrazaron la música heavy como sentido de identidad, me he dado cuenta de que yo cumplo esos requisitos. Mis padres se marcharon del pueblo. Se fueron a Monzón, trabajaron en una empresa americana y yo escuchaba heavy, una música cañera y rompedora que nos gustaba. Esto ocurrió en los años ochenta, cuando España se abrió y entraron nuevas modas y ese tipo de música.
El heavy presenta un contraste notable: por un lado, es una música ruidosa, potente, cañera, y, por otro, tiene unas baladas preciosas y suaves.
Bueno, es que los heavies son unos románticos. Creo que hay una tesis doctoral que explica la relación entre el romanticismo y el heavy, que posee unas baladas muy intensas. El heavy transmite unas emociones para las que las palabras no son suficientes y necesita esas guitarras tan características suyas, de las que me declaro fan incondicional.
En ‘El latido de la tierra’ aparece la Casa Elegía, un caserón antiguo, poderoso, tradicional, que se comporta como otro personaje más de la novela. ¿Vivir en este tipo de edificación condiciona la vida de sus moradores?
Estoy convencida de que sí, porque estas casas se transmiten de una generación a otra. Si tú perteneces a ella, has de cuidarla porque representa tu lugar en el mundo. Y cuidar una casa de este tipo, si no tienes dinero, no es tarea fácil y acarrea muchas preocupaciones. En los tiempos actuales, estas casas ubicadas en los cascos históricos están cerradas y muy deterioradas, son como seres eternamente enfermos e insaciables. Todo se hace por y para la casa. En el Pirineo han sido fuente de identidad familiar, pero en otras partes de España también ha ocurrido lo mismo. Lo sé, lo he visto con mis ojos. Son un orgullo y, a la vez, una carga que te impedirá volar todo lo lejos que deseabas.
¿La nostalgia está muy presente en la novela?
Sí, sobre todo al principio, pero a medida que avanzas en la lectura se va difuminando. Mi forma de mirar al pasado ha cambiado. Antes era demasiado nostálgica y ahora, con el paso de los años, ya no tanto. Explicar esa evolución era uno de los objetivos de mi escritura y eso se nota en la novela.
El pasado domingo, en El País Semanal entrevistaban a Woody Allen y hablaban de dos tipos de nostalgia: la nostalgia bálsamo y la nostalgia monstruo. ¿Cuál es la tuya?
Leí la entrevista. Ni es monstruo ni bálsamo. Allen es una persona mucho más pesimista que yo. A él no le importa lo que hagan con sus películas una vez que haya muerto. Y entiendo que a nivel existencialista diga eso, pero a mí me gusta descubrir cosas que hicieron mis antepasados y quiero pensar que, dentro de trescientos años, alguien recordará que en mi familia hubo una escritora. Es algo que, al menos, me resulta simpático.
¿Qué queda de tu paso por el mundo de la política?
Poco, algunos recuerdos… Abandonar la política me ha permitido caminar más ligera de equipaje. Siento como si hubiera sucedido hace mucho tiempo. Me queda siempre una preocupación por las cosas que veo, pero procuro reprimirla y pensar que ya no es asunto mío. Por otro lado, hubiera resultado imposible dedicarse a la política y a la escritura. Yo me siento un alma libre, ecléctica, y ahora observo un afán tremendo por encasillar. Y eso no me gusta. En mi juventud estábamos más mezclados, cada uno pensaba lo que la daba la gana y, al final, terminábamos tomando cañas todos juntos.
Aunque antes has insinuado algo, ¿llevas ya algún nuevo proyecto literario en mente?
Recuperaré lo que dejé a medias. La novela que interrumpí fue elegante, porque le cedió el paso a esta historia, pero creo que ya le ha llegado la hora de ser escrita.