«Desde su agujero de arcilla escuchó el eco de las voces que lo llamaban y, como si de grillos se tratara, intentó ubicar a cada hombre dentro de los límites del olivar» (Jesús Carrasco, Intemperie)

domingo, 21 de diciembre de 2025

Javier Castillo: «Escribir es jugar, crear algo que se convierta en un juego»

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Nº 710.- Se anunciaba la hora de la comida. Ya muy próxima. Me encontraba en la cafetería del Hotel Only You de la plaza Rodrigo Botet, el antiguo Hotel Astoria, donde entrevisté a tantos escritores durante muchos años. Es el último jueves de noviembre y una luz envejecida, aguijoneada por los primeros adornos navideños, alumbra nuestro encuentro. El entrevistado de hoy, Javier Castillo, no necesita presentación. Dos millones y medio de ejemplares vendidos en España le contemplan. Le avalan, además, sus traducciones a veinticuatro idiomas, la difusión de su obra a lo largo de más de noventa países y la conversión de algunos de sus títulos en series televisivas a cargo de la plataforma Netflix. El género negro parece no esconder secretos para él. Pulsa sus teclas con seguridad. Castillo se había acercado a València para promocionar ‘El susurro del fuego’, editado por Suma de Letras, un nuevo thriller de su cosecha, en el que nos cuenta la historia de Mario y Laura Ardoz, hermanos mellizos, que visitan las islas Canarias. Mario trata de recobrarse de una intervención quirúrgica de cáncer, pero al salir del hospital descubre que su hermana ha desaparecido y el móvil traza su presencia en un paisaje desolado por la lava. Problema servido. Dos miembros de la Policía Judicial, Candela Oramas y Álex Quintana, se ponen en marcha para descubrir qué ha ocurrido. Con el piloto rojo de la grabadora encendido, comenzamos nuestra conversación. Agua y un café sobre la mesa. Nihil obstat. Todo Ok.

Javier, después de más de dos millones y medio de libros vendidos en España, cómo se consigue llevar una vida normal? La vanidad se controla bien?

Se controla gracias a una abuela genial que tengo, siempre con los pies sobre el suelo, muy cercana. Cuando de repente le cuento que acabo de publicar una novela, con una edición monumental, que está la número uno en la lista de libros más vendidos en España, ella me dice «Venga, va, vamos a cocinar», porque le concede cero importancia a esas cosas. Por otro lado, tengo la suerte de mantener mis pilares de toda la vida, mi barrio, aunque me he cambiado de casa, mi familia y mis amigos, lo que me produce la sensación de que nada ha cambiado. Es verdad que tengo más dinero en la cuenta del banco, pero pienso en las mismas cosas que antes.

miércoles, 10 de diciembre de 2025

Julio Llamazares: «Las guerras solo las ganan los que las provocan, los que las dirigen y los que se benefician de ellas»

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Nº 709. Fue un viernes novembrino. Temprano. Frío por las calles. Algo casi insólito por estas 
latitudes, tan azotadas por el cambio climático. Estaba citado con Julio Llamazares para entrevistarle. Para hablar de su nuevo libro, ‘El viaje de mi padre’, editado por Alfaguara. Para que me contara algunas cosas de ese viaje y de los motivos que le llevaron a escribirlo. Era esta una de esas ocasiones en las que nuestros progenitores se borran de la vida sin haber contado nada, o muy poco, de sus pasos por la tierra? Qué pensaron, qué hicieron, cómo vivieron, qué sintieron…? Al padre de Llamazares, y a su amigo Saturnino, la guerra civil los movilizó a los dieciocho años. Aunque los sorprendió a los dieciséis. Se enrolaron voluntarios para elegir destino en el bando nacional y ambos viajaron, ora en tren, ora en convoy militar,
 desde La Mata de Bérbula (León) hasta la Sierra de Espadán (Castellón), armados con un aparato de radio de telegrafista y una antena. Su misión, en consecuencia, fue la de transmitir las órdenes o los relatos que sus superiores les encomendaban. Llamazares ha traducido a la literatura el viaje diagonal de ambos amigos, para más inri maestros ambos, que discurrió rodeado de peligros hasta llegar al frente de Teruel, donde, por primera vez en su vida, se asomaron a la guerra de verdad, no a la de la trastienda sino a la de la primera línea de combate, la del frente donde la vida valía poco. Justo lo que una bala. En el hall del Vincci Mercat Hotel de València, sentados frente a frente, con la grabadora lista, piloto rojo encendido, comenzamos a conversar.