Nº 713.
Diecinueve
de febrero. Jueves. Poco antes del mediodía. Contacto con Marina Sanmartín. Una
valenciana afincada en Madrid, pero que hoy se encuentra en León para
promocionar ‘La doble desaparición de Abril del Pino’ (Salamandra), su nueva
novela, y asistir a un club de lectura. La periodista, escritora y librera, no
necesariamente por este orden, vive con intensidad la promoción de su libro, en
el que nos cuenta una historia que acontece durante los días navideños,
alumbrada por guirnaldas de colores, escaparates brillantes, sonrisas y sueños
de felicidad. En medio de tanta algarabía, la autora de novela negra más leída y
vendida del país, Abril del Pino, se esfuma sin dejar rastro. Su ático no
presenta síntomas de haber sido ultrajado y de su paradero nada se sabe. Se
encargará de la investigación del caso José Manuel Castillo, un inspector de policía que atraviesa una situación delicada
en lo personal. Sus pesquisas le llevarán hasta la librería Las Palabras
Mágicas, regentada por Ágata Caballé. Pocos días atrás, la misteriosa
sociedad literaria Rame-Tep ha celebrado allí su cena anual con la escritora
superventas como invitada de honor. Desaparece justo entonces y Castillo
comienza sus pesquisas. Tras los saludos preliminares y el reconocimiento de
lugares comunes, la ciudad de València y alrededores, conecté la grabadora y Marina
Sanmartín y quien suscribe comenzamos nuestra conversación telefónica sobre su
nueva propuesta policial, ante la atenta mirada del piloto rojo de la
grabadora, siempre encendido..jpg)
copyright@Isabel Wagemann/Random House
Marina,
qué hace una valenciana como tú en un Madrid como ese?
Llevo
aquí desde dos mil uno y lo cierto es que todo surgió por azar. Yo estudié
periodismo en el CEU de València y al terminar comencé con el doctorado sin
ánimo de ejercer la profesión. Pero mi familia se empeñó en que lo intentase y,
pásmate, yo que he sido y soy de letras puras toda mi vida conseguí una beca de
periodismo científico. Viví un año en Madrid y, aunque descubrí que el
periodismo informativo no me gustaba nada, descubrí también que la ciudad me
encantaba, tal vez porque fue el primer lugar donde me sentí independiente. Y
allí me quedé. Pero visito València muy a menudo para ver a mi familia y a mis
amigas.
En
la novela, Abril del Pino dice que, además de para abstraerse de la realidad,
escribe para contarse el mundo como no es. Es también tu caso?
Yo
creo que es el caso de todas las personas que escribimos. Para mí una de las
definiciones más claras de literatura es contar lo que podría haber pasado. En verdad,
la materia prima de quien escribe, de quien inventa, aunque haga ciencia
ficción, es la realidad. Esto lo decía Bradbury y yo lo suscribo. El escritor
lo que hace es trastocar las piezas de la realidad, malearlas y proyectarlas en
un futuro que a lo mejor no han tenido. Y para mí la literatura es exactamente
eso y por eso le regalé esa reflexión a Abril del Pino.
Escribes,
tienes una librería (‘Cervantes y compañía’) y te gusta leer. En resumen, vives
rodeada de palabras, qué significan las palabras para ti?
Sería
incapaz de decírtelo, porque las palabras han sido fundamentales para mí desde
el principio. Si me preguntan cuándo decidí ser escritora, respondo que no lo
sé, porque me recuerdo siempre con ese deseo. La lectura me encantó muy pronto
y desde pequeñita me veo rodeada de cuadernos. Creo que la escritura es la
consecuencia de la lectura y nunca decidí ser escritora, porque lo he sido en
todo momento. Lo que sí hice fue preguntarme cómo me ganaría la vida si lo de
escribir no funcionaba, que suele ser lo más normal.
Tus
dos oficios se complementan o son un obstáculo el uno para el otro?
No,
qué va, se complementan muchísimo sobre todo porque mi personalidad camina
hacia ese complementarse. Hay autores y autoras que son más introvertidos, que
no suelen hablar de lo que están escribiendo, de hecho eligen la literatura
para separarse un poco del mundo, pero en mi caso es todo lo contrario. Soy una
persona muy extrovertida, disfruto casi tanto hablando de los libros como
leyéndolos y no tengo ningún reparo en contar en qué trabajo. Para mí, la librería
es una manera increíble de tomarle el puso a la literatura.
Ahora
que citas la librería me surge esta duda: recomendar libros a los lectores es
un ejercicio de responsabilidad?
No,
responsabilidad no, porque en el fondo manejamos palabras. No somos médicos que
están operando a corazón abierto. Cuando le damos al arte esta trascendencia lo
hacemos en otro sentido. No hay miedo a que muera nadie porque yo le recomiende
un libro que no le haya gustado. Es verdad que, si aconsejas el título adecuado,
siempre puedes despertar en el lector ciertas emociones que, al aflorar, le van
a hacer sentirse mejor o descubrir un mundo nuevo. Cuando alguien me pide un libro,
lo primero que hago es preguntarle qué es lo que más le gusta en la vida. Sobre
todo esto he aprendido mucho de los lectores más pequeños, porque los niños
empiezan a leer cosas que les gustan en la vida y les obsesionan. No somos tan
distintos de cómo éramos de pequeños y, al preguntarles de manera discreta por
sus intereses, intento saber qué les preocupa en ese momento o en qué piensan.
De esta manera consigo direccionarles hacia lecturas adecuadas. Hay que tener
claro que, dentro de la cadena editorial, las librerías son el eslabón en el
que los lectores son tan importantes como los libros.
Cómo
se cruza ‘La doble desaparición de Abril del Pino’ en tu camino?
Hay
dos ideas muy claras que me surgieron a la hora de decidir qué ficción iba a
escribir: por un lado, unir mis dos pasiones, que son el crimen en la
literatura y el mundo de las editoriales, en un solo libro. Y por otro,
regresar a mi mundo de la infancia en el que yo fui súper feliz. De niña
veraneaba en el Perellonet. Éramos cuatro hermanos y en septiembre, cuando el
verano se alargaba, mi padre nos llevaba cada mañana a València cuando se iba a
trabajar. Guardo una enorme cantidad de recuerdos de ese trayecto en coche,
escuchando la radio y recorriendo los paisajes de la Albufera, el Palmar y el
Saler. Son momentos muy felices, que tengo muy grabados, y que quería recuperar
para esta novela.
‘La
doble desaparición de Abril del Pino’ es una novela policiaca, que suele
requerir un guion más o menos rígido. Has seguido escrupulosamente al pie de la
letra ese guion o algún personaje te ha pedido mayor cuota de pantalla?
Bueno,
creo que este es un libro muy coral. Y gracias a la editorial Salamandra, que
se implica mucho en la promoción, puedo hablar con la gente y al hacerlo me doy
cuenta de que cada lector elige a su protagonista. Hay cuatro personajes muy
potentes, Pina Cremades, Ágata Caballé, Abril del Pino y el inspector José
Manuel Castillo, que tienen, como dices tú, su cuota de pantalla, que es muy
similar, y me he sorprendido viendo cómo juega cada uno. Si bien es verdad que,
al principio de la escritura, ocupaba menos espacio, el inspector Castillo me fue
ganando a medida que escribía la novela. Le añadí una familia, un pueblo, una
situación de matrimonio largo, que peligra un poco, y me apetecía cada vez más
otorgarle mayor recorrido.
Los
entendidos han etiquetado tu libro como cozy crime, que no es otra cosa
que la tradicional novela problema como la que escribía Agatha Christie, donde
lo importante es descubrir al asesino. Podríamos decir que la novela negra
tiene un estilo más oscuro y barriobajero y que la palabra elegante define el perfil
cozy crime?
Siempre
me refiero a la novela criminal como ficción criminal, porque en realidad
novela negra tampoco es lo que se hace ahora. El género negro es lo que
escribieron Hammett y Chandler en los años veinte, treinta y cuarenta del siglo
pasado, ambientado en los suburbios y zonas más oscuras de los Estados Unidos,
con Spade y Marlowe, y centrada especialmente en la corrupción y el hampa. Lo
que leemos hoy es sobre todo thriller, thriller nórdico y
español, que ahora tiene una buena cosecha de autores. Pero sí es cierto que
esto que llamamos cozy crime no es otra cosa que la novela enigma de
Agatha Christie con el añadido de la actualidad y de las nuevas tecnologías. Lo
que ocurre es que en España se ha escrito menos cozy crime. Es un género
que prioriza la intriga y el misterio por encima de la sangre. En resumen, se
pretende retar al lector para que acierte con lo que ha sucedido antes de que
el escritor se lo revele al final. En este sentido, en mi novela hay un
homenaje claro a Agatha Christie, con muchos guiños entre sus páginas.
Escribir en tercera persona es otro homenaje a la Christie, que utilizaba esta voz narrativa con bastante frecuencia en sus novelas?
Tomé
esa decisión porque quería saltar de personaje en personaje y no pensé tanto en
ella porque sus novelas, aunque están escritas en tercera persona, suelen
seguir la mirada de Poirot. Yo quería que en un capítulo fuera Ágata Caballé la
que mirase y en otro José Manuel Castillo, porque así podía mostrarle al lector
cosas que unos sabían y otros no, algo que si eliges únicamente una sola
perspectiva, omnisciente, no puedes hacer. La excepción es Abril del Pino, que
es como Rebeca, un personaje invisible del que todos hablan y que construimos a
partir de lo que los demás cuentan de ella.
Según
la novela, resolver una investigación es como completar un álbum de cromos, tu
misión como escritora de género es dosificar los sobres de los cromos?
Muchas
veces mi misión como escritora consiste en encontrar el cromo que falta. Porque
sí es cierto que, cuando empiezo a escribir una ficción de misterio como esta,
tengo varios puntos muy claros en el camino y otros que no. Y me gusta que sea
así, porque si no me aburriría muchísimo. En consecuencia, gran parte de mi
trabajo reside en descubrir el cromo que falta. Eso de los sobres que has dicho,
me da pie a contarte que, mientras escribo, muchas veces tengo la sensación de
que no me invento la historia, sino que la descubro y que, de repente, suena un
clic en mi cabeza que hace que todo case. No sé cómo el proceso de escritura me
lleva a pensar en una historia que, de alguna manera ya está ahí, pero en otra dimensión.
Y eso me gusta.
Por
lo que cuentas, supongo que no te sientes igual al escribir la primera página
que la última, que algo ha cambiado en ti. Es así?
Escribir
‘La doble desaparición de Abril del Pino’ ha sido un reto para mí, porque creo
que es la novela más comercial que he escrito en el buen sentido de la palabra,
ya que pienso que la literatura es un acto de comunicación. En una comida de
libreros a la que tuve la suerte de asistir, le preguntaron a Kallifatides si
él escribía para sí mismo. Y su respuesta fue que claro que no o que claro que
sí, pero no solo. Y es que escribes sobre todo para que haya un receptor que
lea tu mensaje. Hasta ahora creo que no había encontrado ese tono para conectar
de verdad con el lector y, con la recepción del público a la novela y sus
ventas, creo haberlo conseguido.
Una novela tan bien engrasada como la tuya me
imagino que requerirá un enorme esfuerzo de corrección.
Hay
mucho trabajo desde el primer borrador hasta el último, precisamente porque yo
escribo un poco como si entrara en el Amazonas con un machete. Siempre tengo
claro que el primer bruto de la novela solo es eso y que, a partir de ahí, empiezo
a cambiar, cortar y ampliar para conseguir un trabajo muy pulido. Creo que hay
tres fases en la escritura: la primera es la no escritura, pensar en la novela,
que es importantísimo; la segunda es sentarse a escribir y la tercera redondear
todo lo escrito.
El
Rame-Tep es un club de lectura, que tiene un peso muy importante dentro de la
literatura negra nacional, incluso otorga un premio anual, según la narración. Actualmente,
existe algún foro de lectura que pueda condicionar el éxito o el fracaso de una
novela?
Más
que grupos de lectura creo que existen buenos prescriptores con muchísimos
seguidores en las redes. Los clubes de lectura también prescriben, claro, pero
a un nivel más privado, mediante el boca a oreja. Un club de lectura es un
nicho cautivo, porque la gente que acude compra el libro y, si les gusta, es
probable que acaben regalándolo. La idea del Rame-Tep me seducía porque el
hecho de mantener oculta su identidad, les permite ser mucho más crueles que lo
que sucede en realidad en las redes sociales serias. Y luego, precisamente
porque son un colectivo, sus integrantes se pronuncian de modo individual, ya que
cada uno de sus miembros representa un subgénero literario y creo que esa
cualidad incentiva el misterio que les rodea.
València
aparece en la novela. Describes un amanecer desde la plaza de Cánovas y tus
visitas a la hemeroteca de la plaza de Maguncia. Qué recuerdas de esos momentos?
Es
lo que te contaba al principio. Me encantaba investigar y en mi doctorado
quería escribir sobre la Historia de la Comunicación, porque en la facultad
había un grupo de trabajo muy bueno. De esta manera comencé a frecuentar la hemeroteca
de la plaza de Maguncia. Pero como, en cierta manera, la novela es tan
delirante, pensé incluir el personaje de Tina Cremades como un contrapeso. Era
importante que hubiera alguien que resaltase la realidad. Por eso Tina es
periodista y por ese mismo motivo yo me fui, como hace ella, a la hemeroteca, y
localicé todos los periódicos de la semana de 1992 que salen en el libro. Igual
que el amanecer en Cánovas, todas las noticias que ella menciona son reales. Si
alguien las consulta verá que están allí, exceptuando la desaparición de Clara
Sebastián, que no existe.
Dice
Agata Caballé que «el pasado es un país extranjero, allí hacen las cosas de
otro modo». Cuánto le debe la literatura, y en concreto, el género policiaco al
pasado?
Mucho.
La frase, que citas me gustó muchísimo y se la adjudico a Ágata, pero procede
de la novela ‘El mensajero’ de L. P. Hartley. Resulta inevitable deberle cosas
al pasado, tanto por parte de la literatura como de los seres humanos. Aquel
que dice que se ha hecho a sí mismo es tonto [risas], porque todos acarreamos
un bagaje, colectivo e individual, que nos persigue. Colectivo por el país
donde nacemos e individual por el contexto familiar que acoge nuestro
nacimiento. Y con la literatura pasa igual. Delataría mi ignorancia si dijera
que esto es algo nuevo, porque no es así. Hay que avanzar sobre lo que ya está
hecho. En este sentido, además de Agatha Christie, la línea literaria de las
novelas enigma tiene grandes maestras como son P.D. James, Doroty Parker, Elisabeth
Holding, así como otras autoras que no se pueden encasillar en género alguno.
Es el caso de Patricia Highsmith, que me fascina y maneja el suspense como ninguna.
Por
la novela deambula José Manuel Castillo, un singular inspector de policía, que
lleva una vida familiar «normal», o lo intenta, pero que tiene sus cosas. Es un
protagonista de largo recorrido?
Sí,
creo que va a haber una nueva novela no solo con Castillo, sino también con
toda la trama que envuelve el ambiente de ‘La doble desaparición de Abril del
Pino’. De hecho, la he concebido como una primera entrega.
Dónde
queda Marina Sanmartín en estas páginas?
Estoy
en todas partes, pero no había sido consciente de ello hasta que me lo han
hecho ver, porque las tres protagonistas, una librera, una escritora y una
periodista, contienen una parte importantísima de lo que soy yo. También la
manera de desenvolverse de Ágata en su librería tiene mucho que ver conmigo y
la forma de escribir de Abril del Pino no se parece a la mía, pero sí que le he
regalado la ironía que hay en los títulos de sus libros. Y por supuesto que
Tina Cremades y José Manuel Castillo guardan vivencias mías.
Acabamos:
‘La doble desaparición de Abril del Pino’ finaliza un 5 de enero, podemos decir
que ese es tu regalo de Reyes para los lectores?
Si
te soy sincera no tengo claro por qué decidí ambientar la novela en Navidad.
Simplemente surgió así y así se quedó. Después descubrí que me gustaba esa idea
de contrapunto que existe entre unas fechas, que nos obligan a estar felices, y
el asunto de la desaparición de Abril. Por otro lado, me venía bien para la
cuenta atrás, para que la investigación fuese una especie de contrarreloj y que,
cuando el lector se enfrentase a una fiesta organizada en fechas navideñas,
supiera que ese día terminaba la novela.
Herme Cerezo/Diario SIGLO
XXI.
