«Desde su agujero de arcilla escuchó el eco de las voces que lo llamaban y, como si de grillos se tratara, intentó ubicar a cada hombre dentro de los límites del olivar» (Jesús Carrasco, Intemperie)

jueves, 1 de enero de 2026

Feliz 2026. Un comienzo espectacular de año con la Filarmónica de Viena

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No ha podido comenzar mejor el año 2026 musicalmente hablando. El New Year's Concert from Vienna con la Orquesta Filarmónica Vienesa dirigida por Yannick Nézet-Séguin ha significado un cambio de rumbo, ya veremos si con continuidad, un baño de frescura necesario a todas luces. Porque la música clásica, sin perder un ápice de su calidad intrínseca, puede resultar divertida, es divertida de hecho, y participativa. 

El director canadiense ha escogido unas partituras muy dinámicas y animadas, muy apropiadas para comenzar el año con optimismo y vitalidad, algo que buena falta nos hace a todos. Ya llegará en la Semana Santa el tiempo de las pasiones, misas y oratorios de Bach y otros compositores para ponernos serios y estupendos. 

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Además de incluir piezas divertidas como el 'Galope del ferrocarril a vapor de Copenhague' de Hans Christian Lumbye, donde la orquesta ha exhibido un elenco de instrumentos poco frecuentes: pitos, campanas de tren, planchas de madera o rascadores metálicos, sin olvidar las gorras de jefe de estación, Nézet-Séguin ha recuperado 'La marcha egipcia' de Johann Straus hijo, que hacía muchos años que no sonaba en el Musikverein, alegre, movida y con mucho ritmo, y en la que, además, los músicos han intervenido también como cantores. Hay que destacar igualmente la incorporación al repertorio de dos partituras de Josephine Weinlich, austríaca, y Florence Price, afroamericana, con las que son ya tres las compositoras que han visto interpretadas sus obras en este concierto tan emblemático.

Desde el primer compás se ha podido observar que este Uno de Enero la música caminaría por otros derroteros. Yannick Nézet-Séguin ha dirigido sin el auxilio de la partitura, de memoria, repertorio bien aprendido, con batuta o con sus dedos, incorporando a su código de señales giros de cabeza, amagos como si de un boxeador se tratase, expresividad en sus ojos y contorsiones de su cuerpo, denotando que, además de una buena condición física, las notas fluyen por sus venas y habitan su cuerpo. En el tradicional parlamento, el director ha pedido paz: paz en los corazones de cada uno, paz en el entorno de las personas y paz entre los países de este mundo. 

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El final ha sido tremendo, cuando al comenzar la 'Marcha Radetzki', sin el director en su peana, este ha aparecido por una puerta lateral de la sala y ha empezado a dirigir al público en sus aplausos de acompañamiento. Se ha olvidado de la orquesta, que sabe tocar sola como ha ha demostrado en muchas ocasiones, y ha manejado a los asistentes a su antojo. Una culminación apoteósica que le he erigido en la verdadera figura de este New Year's Concert 2026. Ojalá que no se demore mucho una nueva participación suya en este evento tan indispensable. Igual que el debut de alguna directora al frente del elenco vienés en una cita tan señalada como esta. Lo dicho. Los filarmónicos vieneses han escogido la buena senda, pero hay que perseverar, darle continuidad y avanzar con paso firme hacia nuevos modelos, sin por ello perder la tradición que tanto les gusta a ellos y a nosotros. Por último, no puedo olvidar los ya imprescindibles comentarios de Martín Llade, con su toque poético incluido, que ya lleva nueve años al frente de la retransmisión del concierto por parte de RTVE. Happy New Year/Feliç Any Nou/Feliz Año Nuevo!!! 

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domingo, 21 de diciembre de 2025

Javier Castillo: «Escribir es jugar, crear algo que se convierta en un juego»

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Nº 710.- Se anunciaba la hora de la comida. Ya muy próxima. Me encontraba en la cafetería del Hotel Only You de la plaza Rodrigo Botet, el antiguo Hotel Astoria, donde entrevisté a tantos escritores durante muchos años. Es el último jueves de noviembre y una luz envejecida, aguijoneada por los primeros adornos navideños, alumbra nuestro encuentro. El entrevistado de hoy, Javier Castillo, no necesita presentación. Dos millones y medio de ejemplares vendidos en España le contemplan. Le avalan, además, sus traducciones a veinticuatro idiomas, la difusión de su obra a lo largo de más de noventa países y la conversión de algunos de sus títulos en series televisivas a cargo de la plataforma Netflix. El género negro parece no esconder secretos para él. Pulsa sus teclas con seguridad. Castillo se había acercado a València para promocionar ‘El susurro del fuego’, editado por Suma de Letras, un nuevo thriller de su cosecha, en el que nos cuenta la historia de Mario y Laura Ardoz, hermanos mellizos, que visitan las islas Canarias. Mario trata de recobrarse de una intervención quirúrgica de cáncer, pero al salir del hospital descubre que su hermana ha desaparecido y el móvil traza su presencia en un paisaje desolado por la lava. Problema servido. Dos miembros de la Policía Judicial, Candela Oramas y Álex Quintana, se ponen en marcha para descubrir qué ha ocurrido. Con el piloto rojo de la grabadora encendido, comenzamos nuestra conversación. Agua y un café sobre la mesa. Nihil obstat. Todo Ok.

Javier, después de más de dos millones y medio de libros vendidos en España, cómo se consigue llevar una vida normal? La vanidad se controla bien?

Se controla gracias a una abuela genial que tengo, siempre con los pies sobre el suelo, muy cercana. Cuando de repente le cuento que acabo de publicar una novela, con una edición monumental, que está la número uno en la lista de libros más vendidos en España, ella me dice «Venga, va, vamos a cocinar», porque le concede cero importancia a esas cosas. Por otro lado, tengo la suerte de mantener mis pilares de toda la vida, mi barrio, aunque me he cambiado de casa, mi familia y mis amigos, lo que me produce la sensación de que nada ha cambiado. Es verdad que tengo más dinero en la cuenta del banco, pero pienso en las mismas cosas que antes.

miércoles, 10 de diciembre de 2025

Julio Llamazares: «Las guerras solo las ganan los que las provocan, los que las dirigen y los que se benefician de ellas»

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Nº 709. Fue un viernes novembrino. Temprano. Frío por las calles. Algo casi insólito por estas 
latitudes, tan azotadas por el cambio climático. Estaba citado con Julio Llamazares para entrevistarle. Para hablar de su nuevo libro, ‘El viaje de mi padre’, editado por Alfaguara. Para que me contara algunas cosas de ese viaje y de los motivos que le llevaron a escribirlo. Era esta una de esas ocasiones en las que nuestros progenitores se borran de la vida sin haber contado nada, o muy poco, de sus pasos por la tierra? Qué pensaron, qué hicieron, cómo vivieron, qué sintieron…? Al padre de Llamazares, y a su amigo Saturnino, la guerra civil los movilizó a los dieciocho años. Aunque los sorprendió a los dieciséis. Se enrolaron voluntarios para elegir destino en el bando nacional y ambos viajaron, ora en tren, ora en convoy militar,
 desde La Mata de Bérbula (León) hasta la Sierra de Espadán (Castellón), armados con un aparato de radio de telegrafista y una antena. Su misión, en consecuencia, fue la de transmitir las órdenes o los relatos que sus superiores les encomendaban. Llamazares ha traducido a la literatura el viaje diagonal de ambos amigos, para más inri maestros ambos, que discurrió rodeado de peligros hasta llegar al frente de Teruel, donde, por primera vez en su vida, se asomaron a la guerra de verdad, no a la de la trastienda sino a la de la primera línea de combate, la del frente donde la vida valía poco. Justo lo que una bala. En el hall del Vincci Mercat Hotel de València, sentados frente a frente, con la grabadora lista, piloto rojo encendido, comenzamos a conversar.

sábado, 29 de noviembre de 2025

‘Historia de la guerra en infografías’ de Bernard, Peltier y Touchard. Editorial Crítica

Vicent Bernard, historiador especializado en temas militares, Julien Peltier, diseñador de datos e historiador, y Laurent Touchard, redactor durante varios años en la revista Défense et Sécurité Internationale, son tres especialistas en temas militares y asuntos de guerra. Tras haber participado en diversos proyectos editoriales por separado, presentan ahora de manera conjunta esta ‘Historia de la guerra en infografías’, editada por Crítica, en la que abordan los conflictos humanos, bélicos, acaecidos desde los más primitivos tiempos hasta la actualidad, cuando las tecnologías digitales ocupan un destacadísimo lugar en el desarrollo y resolución de estrategias, guerras y batallas.

‘Historia de la guerra en infografías’ es un libro tremendamente visual. Bonito de ver. Placentero a pesar del tema. Como un oxímoron. Ahí radica un porcentaje muy elevado de su atractivo: el valor añadido de las infografías. Una simple mirada nos aporta una visión panorámica detallada y nos pone en antecedentes de los aspectos más relevantes de cada conflicto bélico. Y esta es una información valiosa tanto para el experto como para el lector profano actual, que quiere saber cosas con poco tiempo ─ unos breves minutos son suficientes ─, y que mediante un simple vistazo puede entrar en situación sobre lo que le interesa. El libro se divide en seis partes bien elocuentes, ya que sus enunciados señalan los elementos fundamentales que definen las guerras que se nos van a presentar a continuación. Como muestra, veamos el índice: Parte I: Del Neolítico al Siglo V. De la piedra al hierro; Parte II: Del Siglo V al siglo XV. Del hierro al fuego; Parte III: Del siglo XV al siglo XIX. Del fuego al acero; Parte IV: Del siglo XIX a 1945. Del acero al átomo; Parte V: De 1945 hasta nuestros días. Del átomo a la digitalización; y Parte VI: Constantes y permanencias. La guerra eterna.

lunes, 24 de noviembre de 2025

Martí Domínguez: «Me interesa una literatura de combate, que lo que cuentes interpele al lector»

Nº 708. 
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En el año 1941 un reputadísimo profesor y rector de la universidad de València fue 

sentenciado a muerte por un consejo de guerra sumarísimo. Los denunciantes fueron sus propios compañeros y colegas de la universidad. Con estas premisas como punto de partida, el escritor Martí Domínguez acaba de publicar ‘Ingrata pàtria’, editado por Proa, novela escrita en valenciano en la que relata las tres últimas horas en la vida del doctor Peset y las circunstancias que le condujeron a morir, junto a otros tres condenados a muerte, frente a un pelotón de fusilamiento. Con un discurso coral, Domínguez aborda las angustias de los reos, sus últimos pensamientos, el ambiente y modos de vida de una prisión franquista en plena posguerra, gobernada por Ramón de Toledo Barrientos, un director que se consideraba a sí mismo un avanzado innovador de la pedagogía carcelaria. Las voces de un médico castrense, del funcionario Manzanedo, de dos capellanes, don Juan y don José, y de los cuatro condenados a muerte, Ferrús, Leo, Casaca y el propio Peset, emergen desde el coro penitenciario para perfilar el dibujo de un terrible cuadro de época. En blanco y negro. Obviamente. A eso del mediodía de un jueves de noviembre, día 13 por más señas, Martí Domínguez, doctor en Biología y profesor de Periodismo en la Universitat de València, me recibió en su despacho de la revista científica ‘Mètode’, donde repasamos algunos pormenores de su novela, abrigados por la calma y el silencio del Jardín Botánico de la calle Quart de la capital del Túria. La grabadora, tácitamente, tal y como acostumbra, nos autorizó a comenzar nuestra conversación con su piloto rojo encendido.  

sábado, 8 de noviembre de 2025

‘Astérix en Lusitania’, la serie se conserva muchísimo más fresca que el pescado que vende Ordenalfabétix.

Fue mi amigo Rafa Valero el que a los once o doce años me mostró el primer álbum de Tintin
que leí, ‘El cangrejo de las pinzas de oro’. Un tiempo después fue otro amigo, Guillermo Camps, quien me hizo leer ‘Astérix legionario’, presentándome al pequeño héroe del bigote amarillo, siempre acompañado por su inseparable Obélix, junto con los demás locos de la aldea gala (nunca tuve claro del todo si los locos eran los romanos o los propios galos). Eran las dos series de moda en mi infancia y juventud, acompañados, claro está, por Mortadelo y Filemón. Esto de Astérix, más o menos, vino a coincidir con el tiempo en que estudiábamos el bachillerato, últimos años sesenta y primeros de los setenta. Por un lado, estaban los alumnos de ciencias, los de la física, la química y las matemáticas, y, por otro, los de letras, los del latín y el griego, que éramos nosotros, los «letreros», una especie ahora en riesgo de extinción. En un colegio religioso como el nuestro estaba mejor visto ser «letrero» que aprendiz de científico, químico o matemático. Si, además, te gustaba el básquet, miel sobre hojuelas. O eso me parecía a mí.

sábado, 1 de noviembre de 2025

Vicenç Villatoro: «Escribir ‘Polonesa’ en primera persona, con un protagonista que miente, resultaba un reto difícil, pero muy interesante»

Nº 707. Vicenç Villatoro (Terrassa, 1957) es político, periodista y escritor. Galardonada con
profusión su extensa obra – más de treinta libros publicados –, su interés por el tema de la identidad la recorre transversalmente. Así lo demuestra su trilogía formada por ‘L’home que se’n va’ (El hombre que se va), ‘El retorn dels Bassat’ (El regreso de los Bassat) y ‘La casa dels avis’ (La casa de los abuelos). Profundizando si cabe más en esta obsesión, Villatoro acaba de publicar ‘Polonesa’, escrita en catalán y editada por Proa, donde aborda la historia de un espía crepuscular israelí tras la caída del telón de acero. El protagonista de la novela, Saul Shalev/Andrzej Zelig/Klaus Steinberg, que posee tres identidades diferentes, reflexiona sobre el oficio de espía, un oficio del que nunca uno termina de jubilarse, al tiempo que intenta resolver un negocio de compraventa de material «delicado» que sus antiguos colegas acaban de proponerle. Dándole otra vuelta de tuerca al asunto, Saul/Andrzej/Klaus se interroga a lo largo del texto, no podía ser de otro modo, sobre el tema de la identidad, algo que le obsesiona particularmente a causa de su trabajo, porque en su cometido la falsedad, la mentira y las apariencias son definitivas para sobrevivir y tener éxito. Pasado el media día,
a dos quarts d’una, Vicenç, desde Matadepera, y yo, desde València, anduvimos conversando acerca de esta ‘Polonesa’ y de algunas particularidades de su trayectoria como escritor. Establecida la comunicación tras los timbrazos preliminares del móvil, el piloto  de la grabadora, encendido en rojo, nos avisó de que podíamos comenzar nuestra charla. Y a eso nos aplicamos.

Vicenç, aunque llevas mucho tiempo dándole a la tecla, cuando entrevisto por primera vez a un escritor casi siempre comienzo con la misma pregunta: qué significa escribir para ti?

Hace muchos años que escribo. Es una actividad centrada en mi propia vida. En un momento determinado, decidí que yo me relacionaría con el mundo de dos maneras a la vez: viviendo y escribiendo. Pensaba vivir y escribir todo lo que me pudiera deparar mi existencia. Pero no iba a narrarlo todo, sino a relacionarme con la vida a través de la escritura que es una cosa distinta. De esta manera, cuando tengo una preocupación o siento dudas, emoción o esperanza me surge siempre una escritura que puede ser poética, ensayística, narrativa…

sábado, 11 de octubre de 2025

‘El nombre del padre’ de Vanessa Springora. A la búsqueda de unas raíces impostadas.

Al sostener entre mis manos la novela ‘El nombre del padre’ (Lumen) de Vanessa Springora
(Paris, 1972), resulta difícil que la memoria no vuele al pasado y se detenga, treinta y seis años atrás, sobre el recuerdo de la película ‘La caja de música’ del director Costa-Gavras, al que noventa y dos inviernos contemplan ya. En ambos casos, novela y película, la búsqueda de la verdadera identidad constituye el eje central de la narración. La película del director griego trata de rescatar el presunto pasado nazi del padre de la protagonista, interpretada por Jessica Lange. Por su parte, en ‘El nombre del padre’ Springora intenta revivir el pasado de su progenitor, Patrick, recién fallecido al inicio del texto, al que lleva más de nueve años sin ver, y de quien afirma en el Prólogo «Me resulta más fácil decírtelo ahora que estás muerto: siempre me pareciste un personaje intrigante». Inesperadamente, y aquí radica la diferencia con ‘La caja de música’, surge la figura de su abuelo paterno, otro presunto nazi. Springora viene de publicar ‘El consentimiento’, su primera novela, de la que vendió trescientos mil ejemplares durante el confinamiento,  en la que cuenta la relación que ella mantuvo, a los catorce años de edad, con el escritor francés Gabriel Matzneff, de cuarenta y siete. Esta es, por tanto, su segunda entrega, esa que dicen que es la más difícil, por aquello del miedo al folio en blanco, el peso de la responsabilidad y otras frases por el estilo. En su presentación en Espacio Telefónica, Vanessa Springora manifestó que trabaja con material delicado, íntimo, y que, tras escribir su anterior novela por necesidad, se propuso no publicar nada nuevo hasta que tuviera algo interesante que contar. En consecuencia y llegado el momento, seguir con asuntos autobiográficos le pareció algo natural, algo que brotó tras la muerte de su padre en pleno éxito de ‘El consentimiento’.

martes, 30 de septiembre de 2025

Aroa Moreno Durán: «Tres días después de los fusilamientos, hubo un baño de masas en la Plaza de Oriente que resulta escalofriante verlo»

 

Nº 706. Mientras transcribo la entrevista de Aroa Moreno Durán (Madrid, 1981), ya circulan los primeros avisos de la AEMET acerca de las lluvias que se anuncian, inminentes, sobre la Comunitat Valenciana. Al mismo tiempo, recuerdo que, justamente hoy, 27 de septiembre de 2025, se cumple el cincuenta aniversario de los últimos cinco fusilamientos perpetrados por el dictador Franco. Ángel Otaegui Echevarria y Juan Paredes Manotas (miembros de ETA) y Xosé Humberto Francisco Baena Alonso “Daniel”, Ramón García Sanz “Pito” y José Luis Sánchez Bravo Solla “Hidalgo” (integrantes del FRAP) fueron fusilados en Burgos, Barcelona y Hoyo de Manzanares, respectivamente, acusados del asesinato de un policía nacional y un guardia civil. Mucho tiempo después de tan infausta fecha, durante la pandemia, un paseo de la escritora madrileña con su hijo en busca de la naturaleza, les hizo escuchar el eco de unos disparos. Procedían de un campo de tiro del ejército, radicado muy próximo a su casa, algo que Aroa ignoraba. Más tarde descubriría que allí mismo, en un talud de aquella instalación militar de Hoyo de Manzanares, en 1975 habían sido fusilados tres de aquellos cinco condenados a muerte por un tribunal militar, que los sometió a un consejo de guerra sumarísimo, huérfano de garantías procesales. En total, se decretaron once penas de muerte, aunque seis de ellas fueron conmutadas. El resto se cumplieron sin que valieran para nada las presiones internacionales ante el régimen, entre ellas la de Pablo VI que, por tres veces intentó hablar con Franco, que hizo oídos sordos a sus llamadas. De todo esto se ocupa el libro ‘Mañana matarán a Daniel’ (Random House), escrito por Aroa Moreno. Sentados en torno a una mesa de la cafetería del Hotel Zenit de València, mediada la tarde, ya con la grabadora encendida, comenzó nuestra conversación.

Aroa, disponer de un buen titulo como lo es ‘Mañana matarán a Daniel’ es importante para comenzar a escribir una novela?

El título surgió con la novela ya muy avanzada. En principio y sin pensarlo mucho, se iba a titular ‘Septiembre 1975’, pero a la editorial no les convencía. ‘Mañana matarán a Daniel’ es un verso de Manuel Blanco Chivite, miembro del FRAP, también condenado a muerte e indultado después, extraído del poema ‘Víspera de los fusilamientos’, que escribió en la cárcel y dice así: «Hoy velaré toda la noche/solo y en silencio velaré toda la noche/ y mañana matarán a Daniel,/mi camarada». Cuando lo leí pensé que era el título adecuado, porque Xosé Humberto Baena, «Daniel» va ocupando un espacio cada vez más grande en esta novela. Él era un hombre que escribía, al que le gustaba la poesía y el poema tiene la inminencia de algo ineludible como es una condena de muerte. Precisamente, cuando pienso en si, después de escribir sobre estas personas, he llegado a conocerlas, comprendo que hay algo que nunca voy a entender: lo que significa saber que mañana te van a matar.

miércoles, 10 de septiembre de 2025

Esteban Mira Caballos: «Colón se consideraba a sí mismo como un elegido de la Providencia»

 

Nº 705. Si en el mundo de la Historia, y de la Historiografía, existe un personaje interesante,
con una enorme dosis de misterio y capacidad de seducción para los investigadores, ese es, sin duda, Cristóbal Colón. Sobre él se ha escrito muchísimo, se calcula que más de 20.000 estudios, novelas y biografías, lo que, a la hora de acercarse a un ser humano, que vivió a caballo entre la Edad Media y la Moderna, dificulta más que ayuda, ya que, como señala Esteban Mira, «el exceso de información ha sido y es un hándicap porque resulta abrumador para los investigadores sentirse perdidos entre decenas de miles de páginas de literatura». Precisamente, pues, y como él mismo afirma también, lo más duro y árido de su trabajo «ha sido el proceso de selección de materiales», apartar la broza hasta alcanzar el centro del bosque. Esteban Mira Ceballos, Doctor en Historia de América y profesor de Secundaria, nacido en Carmona, a media hora de Sevilla, termina de publicar ‘Colón. El converso que cambió el mundo’, editado por Crítica, donde contempla los innumerables aspectos que rodean la figura del Almirante. Tras haber escrito sobre Hernán Cortes y Pizarro, entre otros descubridores, resultaba evidente que algún día el historiador andaluz se detendría en Colón, no en vano lleva trabajando sobre su existencia desde la última década del siglo XX y se define a sí mismo como americanista y colombinista. Desde Almendralejo, al filo del mediodía de un lunes de agosto, Esteban atendió mis preguntas al otro lado del teléfono. En la ciudad pacense, al igual que en València, donde yo me encontraba, el sol, inmisericorde, se demoraba por las calles e imponía la ley del calor: 40 grados. Con la grabadora ya conectada, piloto rojo iluminado, comenzó nuestra conversación.

viernes, 18 de julio de 2025

Sergio Vila-Sanjuán, Premio Fernando Lara de Novela 2025: «Barcelona reinventó su pasado hace ciento cincuenta años, ver cómo lo hizo es una cuestión que me ha interesado mucho»

Nº 704. El escritor y periodista barcelonés Sergio Vila-Sanjuán acaba de publicar ‘Misterio en el 
Barrio Gótico’, editado por Planeta, el thriller con el que ha ganado el Premio de Novela Fernando Lara 2025.
 La historia está protagonizada por el también periodista Víctor Balmoral, que investiga la desaparición de una mujer en el epicentro medieval de Barcelona. Al mismo tiempo, el lector asistirá a la historia del popular y señero Barrio Gótico, relatada por los personajes que transitan las páginas del libro. Balmoral, además, recibe las visitas del fantasma de Antonio Riquelme, un antiguo amigo, con el que comparte momentos y discusiones en su día a día. Discurre el último lunes del mes de junio, mediada la tarde, un día caluroso como muchos, cuando Sergio Vila-Sanjuán me atiende telefónicamente desde la ciudad condal, atrincherado bajo el amparo del aire acondicionado de su casa, según me cuenta. A eso mismo me dedico yo trescientos cincuenta kilómetros más al sur, compartiendo la orilla del Mediterráneo que nos une. Con tan «reconfortante» panorama y con el piloto rojo de la grabadora encendido, comenzamos a desgranar algunos pormenores de este «misterio gótico».

En primer lugar, Sergio, enhorabuena por el Premio.

Muchas gracias, la verdad es que estoy muy contento.

Aún cuando tú eres un periodista cultural, qué llegó primero: la vocación por la escritura o el periodismo?

En realidad, la escritura, porque yo empecé a escribir muy pronto. Lo hice en el colegio y publiqué mi primer cuento a los dieciséis años. De hecho, estudié Historia y fui a parar al periodismo porque me surgió la oportunidad de ejercerlo. Lo que ocurre es que me he tirado cuarenta años dedicado al mundo de la cultura, y ya lo considero una parte muy importante de mi carrera y mi personalidad.

martes, 1 de julio de 2025

Santiago Díaz: «Me gusta, escribir sin tener limitaciones de ningún tipo y eso lo consigo con la novela».

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Nº 703. Cuando hablo con Santiago Díaz, al que conocí en València Negra 2025, lo encuentro satisfecho con
su presencia en la Feria del Libro de Madrid, donde ha cosechado una gran afluencia de lectores, ávidos por conseguir su firma y compartir unos minutos con él. Ha sido «una verdadera locura, un lleno absoluto, no me puedo quejar», me explica al otro lado del hilo telefónico. Tras cerrar la trilogía policiaca, protagonizada por la inspectora Indira Ramos, y escribir ‘Los nueve reinos’, una más que interesante incursión en el género de la novela histórica, Santiago regresa ahora al territorio negro con ‘Jotadé’, publicada por Alfaguara, donde nos presenta la azarosa existencia del subinspector Jotadé Cortés, el único policía gitano de su comisaría, un sujeto imprevisible, dotado de una certera habilidad para resolver los casos que surgen y que esquiva las normas como le conviene. El libro presenta un arranque muy potente, en el que dos hombres son destripados y arrojados al vacío desde un puente de la M-30, al más puro estilo de los ajustes de cuentas entre clanes del mundo de la droga. Discurre la media tarde de un lunes de junio, caluroso, cuando conecto la grabadora, despliego las preguntas que llevo preparadas y comenzamos nuestra conversación. El piloto rojo, atento vigilante,
  luce encendido, siempre encendido. Siempre vigilante.

Santiago, en ocasiones voces envidiosas dicen de algún escritor que «escribe dolorosamente bien». Si yo te digo eso mismo referido a ti, a qué te suena?

Me lo tomo como un halago, porque para mí esto es un premio. Mi carrera como escritor, igual que la de guionista, comenzó por casualidad. Yo era profesor de Educación Física y una vez escribí un guion como podía haber construido una maqueta de barco. Se me dio bien, me contrataron y todo comenzó ahí. Y lo mismo me ocurrió con mi carrera de escritor: hice una prueba, a la gente le gustó, he ido aprendiendo y ahora disfruto de una profesión que no conocía de nada, hasta que se me plantó delante. Y los halagos los agradezco, pero con los pies en el suelo, sin creérmelo demasiado.  

viernes, 27 de junio de 2025

‘El Cid. Vida y leyenda de un mercenario medieval’ de Norma Berend.

 

La Guerra Civil anda aún por sus albores. Franco gira una visita de inspección al palacio episcopal de Salamanca, edificio en el que piensa instalar su cuartel general. Le acompaña el obispo Enrique Pla y Deniel.  El general golpista se separa del grupo y se detiene ante un cuadro que cuelga sobre uno de los muros. Pla y Deniel se le aproxima y, mirando la pintura, le dice: «Nuestro Cid. Qué gran hombre  y no estos políticos de hoy del tres al cuarto». «Un caballero cristiano», responde Franco sin dejar de contemplar al «caballero cristiano», que se afana en escabechar moros en el fragor de una batalla. «Diga Usted que sí. Por eso fuimos imperio», remata el purpurado. Estas palabras del futuro dictador en la película ‘Mientras dure la guerra’ de Alejandro Amenábar, ejemplifican la imagen tradicional que ha acompañado a Rodrigo, o Ruy, Díaz de Vivar: «Un caballero cristiano». A los que ya peinamos más canas que pelos, la frase nos suena familiar. La estudiamos de pequeños, cuando utilizábamos la ‘Enciclopedia Álvarez’ de Tercer Grado, en cuya página 432 podemos leer: «Por su lealtad y grandes virtudes [se refiere al Cid] es considerado como modelo de caballero cristiano».

Y, de dónde arranca esta afirmación? Realmente El Cid era así? O era otra cosa? Norma Berend (Budapest, 1966), catedrática de Historia Europea en la Universidad de Cambridge, especialista en el medievo, acaba de publicar ‘El Cid. Vida y leyenda de un mercenario medieval’, editado por Crítica, donde aborda estas y otras cuestiones sobre el controvertido guerrero castellano.

domingo, 15 de junio de 2025

Javier Alandes: «El arte es el quinto negocio que más dinero mueve en el mundo»

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Nº 702«Hagamos historia. Seamos leyenda». Con estas palabras, que lleva impresas en un sello de caucho, ilustradas con un retrato de Alejandro Magno, Javier Alandes remata la dedicatoria de sus libros. Son cuatro palabras. Pero bien buscadas. Incitan al lector a convertirse en leyenda a través de la historia. Alandes termina de publicar ‘El rey de bronce’, editado por Contraluz, la aventura de Luca Santamarta, un joven emprendedor, que traspasa su empresa por diez millones de euros para llevar a cabo el plan que ha ido urdiendo desde siempre: vender un falso busto de bronce de Alejandro Magno al American Museum of Classical Arts de Chicago, el tercer museo más grande de los Estados Unidos. Para ello se rodeará de un equipo complejo, en el que se incluye desde su familia más inmediata a profesionales del campo de la seguridad y, por supuesto, de la falsificación de obras de arte. Detrás de todo esto, se esconde un motivo, íntimo y profundo, un secreto de familia, que le obliga a arriesgarlo todo para llevar a buen puerto su plan. Y a lo lejos, como una nebulosa, se yergue la figura de Han van Meegeren, mítico falsificador holandés, capaz de estafar a los nazis, que quizá sea el disparador escondido de la novela. Último jueves de mayo, en una terraza frente a las azoteas   del casco ilustre de València, acompañados por dos botellas de agua mineral, Javier y quien suscribe anduvimos desmenuzando algunos detalles de su nuevo título, así como aspectos del mundo del arte y la falsificación. Piloto encendido de la grabadora mediante, comenzamos a conversar, mientras una brisa suave volvió más agradable, si cabe, nuestra charla.

Javier, de nuevo a vueltas con el mundo del arte y sus suburbios. Se esconde en tu cabeza un artista frustrado del pincel o la gubia?

No, no, para nada. Decidí hace muchos años que quería escribir novelas que yo pudiera leer y, al final, escribo para mí. Y, ojalá, que lo que a mi me gusta consiga conmover a  otras personas. La mezcla de arte y aventuras que utilizo me parece emocionante y es algo que no encontraba en otros libros. Pero no soy ningún experto. Me guío únicamente por las emociones que el arte suscita en mí.   

lunes, 2 de junio de 2025

Karin Smirnoff: «Cuando me ofrecieron la posibilidad de proseguir la saga Millennium, no lo pensé dos veces. Acepté enseguida»

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 Nº 701.- Todos conocemos la saga Millennium, la de ‘Los hombres que no amaban a las mujeres’, creada por Stieg Larsson. De su aparición, parece mentira, han pasado ya veinte años. Él éxito alcanzado por esta novela y las dos que le siguieron, fue tremendo. Las ventas se multiplicaron, ciento cinco millones de lectores, pero el futuro de la serie se complicó con la repentina muerte de Stieg Larsson, víctima de un infarto de miocardio. Hubo litigio sobre la propiedad de la obra entre su compañera sentimental y los familiares de Larsson.  Finalmente, los tribunales sentenciaron que fueran estos últimos quienes detentasen los derechos de autor y la gestión de lo que Stieg Larsson había dejado escrito. Tiempo después, los herederos tomaron la decisión de proseguir con Millennium. Y contrataron al sueco David Lagerkrantz, que añadió tres nuevas novelas a la serie. Concluido su trabajo, Karin Smirnoff fue llamada para continuar con las andanzas de Lisbeth Salander y Mike Blomkvist. Hace unas semanas, Karin intervino en el festival València Negra 2025. Aprovechando su estancia en la capital del Túria, pude hablar con ella sobre su trabajo literario en la cafetería del Hotel Meliá de la plaza del Ayuntamiento. Cuando comenzamos a conversar, con el piloto rojo de la grabadora encendido, dispuesta a funcionar a pleno pulmón, el sol barría de plano la acristalada fachada del hotel. Como intérprete y testigo de nuestra charla participó Jakob Gramms. Mientras hablábamos, cámaras y técnicos de una televisión sueca, que prepara actualmente un documental sobre Karin Smirnoff, grabaron buena parte de nuestra charla en tiempo real, sin interrupciones.

Welcome to València, Karin. Cuando entrevisto por primera vez a una escritora suelo comenzar con la misma cuestión: por qué escribe Karim Smirnoff?

Escribo un poco por mí misma, por mis propios objetivos. He escrito siempre, desde muy joven, y me planteo los temas en función de las preguntas a las que deseo encontrar respuestas. Es algo completamente independiente del hecho de que haya lectores para leer lo que escribo o no.