«Desde su agujero de arcilla escuchó el eco de las voces que lo llamaban y, como si de grillos se tratara, intentó ubicar a cada hombre dentro de los límites del olivar» (Jesús Carrasco, Intemperie)

martes, 10 de marzo de 2026

El Eco de las Voces: 200.000 visitas

Ayer, 9 de marzo de 2026, al filo de las 22.00 horas, El Eco de las Voces alcanzó su visita número 200.000. Una aventura informativa que se inició por el año 2009, que tuvo sus antecedentes en otro blog, El Kiosco de Dolan, ha llegado a una cifra de visitantes que siempre pareció más una ilusión que otra cosa y que, sin embargo, anoche se convirtió en realidad. No llevo controlados los autores y autoras que han pasado por aquí, ni tampoco los artículos y reseñas escritos, pero en su conjunto suman 1.499 publicaciones, incluida esta, de las cuales 714 son entrevistas, con más de 5.000 páginas de ordenador escritas y bastantes más fotografías tomadas. Desde aquí simplemente dar las gracias a todas y todos las/los que os habéis animado a recorrer las páginas de este Eco, siempre escritas con cariño y alimentadas con la esperanza de encontrar lectores para ellas, porque lo que más le gusta a quien escribe es que le lean. Y nada más: REPITO: MUCHAS GRACIAS POR VUESTRA ATENCIÓN.


domingo, 8 de marzo de 2026

Carlos Zanón: «Todos somos objetos perdidos hasta que alguien nos encuentra»

copyright@hermezo2026
Nº 714. Suena una música setentera. Al fondo. Invisible. I love to love de Tina Charles disfraza el silencio del Hotel Vincci Mercat. Calle de la Linterna. València. La luz del sol de la media tarde, inencontrable por las nubes y la lluvia del dos de marzo, se filtra a través de la cristalera exterior. Junto al hall, una mesa amplia, rectangular, acoge mi encuentro con Carlos Zanón, que termina de publicar ‘Objetos perdidos’, editado por Salamandra. En estos ‘Objetos perdidos’ conocemos a Álex Gual, un abogado que duerme en Excalibur, un hotel inexistente, y al que le cuesta más encontrar personas que perder cosas. A duras penas, el leguleyo sobrevive sobre los restos de su relación con Lola K., una pintora en horas bajas, y se mueve en el sórdido mundo que habita Señor Paco, un tipo que maneja lo más turbio de Barcelona. Claro. Con Zanón siempre Barcelona. La muerte de un jugador de rugby australiano y la desaparición de otro británico, Andy Cox, desatan la atención mediática. Señor Paco huele el negocio. Y la pasta. Y Álex Gual se ve impelido a la búsqueda de Cox, en la que se encontrará con Inés, la camarera del Donna Summer, el garito de Señor Paco, y la dolorosa posibilidad de perder cosas para recuperar su capacidad de ser alguien. Y no hay más. Hasta aquí debo contar. Consumimos unos minutos conversando de cosas particulares, hacía mucho tiempo que no nos veíamos, y arrancamos la entrevista. Como siempre, echo una ojeada a la grabadora para constatar que su piloto rojo, su aviso para navegantes, se ilumina al accionar la tecla rec. En efecto: nihil obstat una vez más. Comenzamos nuestra charla. Nos acompañan un cortado y una botella de agua sin gas. Tina Charles sigue a lo suyo.

Carlos, escribir es una enfermedad?

Incurable. Es una enfermedad incurable. No tiene remedio y es lo que te ordena, lo que le da un sentido a lo que vives y piensas.  

martes, 3 de marzo de 2026

Marina Sanmartín: «Para mí la literatura significa trastocar la realidad, malearla y proyectarla hacia el futuro»

Nº 713. 

copyright@Isabel Wagemann/Random House
Diecinueve de febrero. Jueves. Poco antes del mediodía. Contacto con Marina Sanmartín. Una valenciana afincada en Madrid, pero que hoy se encuentra en León para promocionar ‘La doble desaparición de Abril del Pino’ (Salamandra), su nueva novela, y asistir a un club de lectura. La periodista, escritora y librera, no necesariamente por este orden, vive con intensidad la promoción de su libro, en el que nos cuenta una historia que acontece durante los días navideños, alumbrada por guirnaldas de colores, escaparates brillantes, sonrisas y sueños de felicidad. En medio de tanta algarabía, la autora de novela negra más leída y vendida del país, Abril del Pino, se esfuma sin dejar rastro. Su ático no presenta síntomas de haber sido ultrajado y de su paradero nada se sabe. Se encargará de la investigación del caso José Manuel Castillo, un inspector de  policía que atraviesa una situación delicada en lo personal. Sus pesquisas le llevarán hasta la librería Las Palabras Mágicas, regentada por Ágata Caballé. Pocos días atrás, la misteriosa sociedad literaria Rame-Tep ha celebrado allí su cena anual con la escritora superventas como invitada de honor. Desaparece justo entonces y Castillo comienza sus pesquisas. Tras los saludos preliminares y el reconocimiento de lugares comunes, la ciudad de València y alrededores, conecté la grabadora y Marina Sanmartín y quien suscribe comenzamos nuestra conversación telefónica sobre su nueva propuesta policial, ante la atenta mirada del piloto rojo de la grabadora, siempre encendido.

Marina, qué hace una valenciana como tú en un Madrid como ese?

Llevo aquí desde dos mil uno y lo cierto es que todo surgió por azar. Yo estudié periodismo en el CEU de València y al terminar comencé con el doctorado sin ánimo de ejercer la profesión. Pero mi familia se empeñó en que lo intentase y, pásmate, yo que he sido y soy de letras puras toda mi vida conseguí una beca de periodismo científico. Viví un año en Madrid y, aunque descubrí que el periodismo informativo no me gustaba nada, descubrí también que la ciudad me encantaba, tal vez porque fue el primer lugar donde me sentí independiente. Y allí me quedé. Pero visito València muy a menudo para ver a mi familia y a mis amigas. 

domingo, 22 de febrero de 2026

Juan Manuel Gil: «Procuro que cada página resulte disfrutona, que la construcción de su oralidad sea lo más mimada y verosímil posible, pero también me preocupo mucho del hilo conductor de la novela»

Nº 712. 

copyright@hermezo2026
Discurre la mitad de febrero. Hay un primer acercamiento para tomar unas fotos del escritor. La ciudad: València. El lugar: la cafetería de un establecimiento comercial con sucursales por toda la península. Despachadas las instantáneas, quedamos emplazados para hablar la semana siguiente. Por teléfono. El escritor no es otro que Juan Manuel Gil (Almería, 1979), que acaba de publicar ‘Majareta’ (Seix Barral), donde traza el retrato de Leo Almada Sapena, un conserje de instituto misterioso, construido mediante los testimonios de unas cuantas, en realidad, bastantes, personas que lo conocieron. La peripecia se desencadena a raíz de un incidente, cuando Almada sube al tejado del centro escolar para inspeccionar el estado del pararrayos, los estudiantes cierran la trampilla con un candado, retiran la escalera y lo dejan allí arriba. Uno de ellos chivatea al conserje el nombre del alumno que tuvo la ocurrencia y, días después, Leo le golpea hasta hacerle perder la visión. A partir de ahí, una cuarentena de personajes se sucede ante el lector, o mejor dicho ante el supuesto autor del libro, para contar su versión de los hechos o de lo que conoce del conserje. Todos parecen tener algo que compartir acerca de sus hábitos, un tanto inquietantes, sus secretos y los motivos por los que siempre fue considerado uno de los tipos más raros del barrio, a la vez que también uno de los más buenos, tiernos, discretos y generosos. A lo largo de los distintos testimonios, nos adentramos en esta ficción para desentrañar la oscura realidad que se amaga detrás de todas estas apariencias verbales. Y hasta aquí puedo llegar, pero Juan Manuel Gil ha construido una novela de difícil olvido, que remueve las tripas del lector, con risas y alguna angustia, hasta sus últimas páginas, una de las joyas literarias de este 2026 sin duda. Siete días más tarde ratificamos el pacto alcanzado en la cafetería del conocido centro comercial, donde las fotos. Y, a través de nuestros adminículos telefónicos respectivos, él desde Almería, y el que suscribe desde València, conversamos sobre ‘Majareta’, mientras que por las calles de València el viento silbaba y un día más, desafiante, se enseñoreaba de árboles, esquinas, bancos, parques y aceras. Pulsé el rec de la grabadora, que me respondió del modo habitual, esto es, encendiendo su piloto rojo, nihil obstat. A continuación comenzó a registrar nuestra charla.

jueves, 8 de enero de 2026

Ana Trigo: «En círculos restringidos, mostrar una obra de arte robada le aporta valor añadido»

Nº 711. Hace un par de veranos, en una plataforma digital archiconocida vi ‘The Duke’, una película dirigida por el británico Roger Michell, sobre el robo de un retrato del Duque de Wellington pintado por Goya y expuesto en la National Gallery de Londres. Se basaba en un hecho real, acaecido en 1961. La singularidad del caso y la peculiaridad de los motivos que adujo, Kempton Bunton, el ladrón, un taxista de 60 años, para sustraer el lienzo atraparon mi atención y mi interés con facilidad. De hecho, he vuelto a verla un par de veces más. Mi interés rebrotó al descubrir que Ana Trigo, tasadora de Arte, licenciada en Humanidades, especializada en Patrimonio Histórico-Artístico, graduada en Derecho, escritora de ficción y también ensayista, acababa de publicar ‘Ladrones de arte’, editado por Ariel, donde junto con otros veintiocho relatos tropecé de nuevo con el robo del taxista inglés. En ‘Ladrones de arte’, Ana Trigo da cuenta de las sustracciones más importantes, acaecidas en el mundo artístico desde el Antiguo Egipto hasta la actualidad. Entre sus poco más de trescientas páginas, encontramos las historias, en realidad, verdaderas tramas detectivescas, que se esconden detrás de esos golpes perpetrados tanto por ladrones especializados como por delincuentes comunes. Y todo ello nos va a permitir descubrir que el tráfico de obras de arte robadas se ha convertido en uno de los negocios más lucrativos y, tal vez, menos conocidos del planeta. Fue a mediados del pasado mes de diciembre cuando tuvo lugar nuestra entrevista a través del teléfono, ya saben, piloto rojo encendido, y todo listo para conversar. La publicación de esta charla se ha demorado a causa de la ola de gripe que nos invade. Los entrevistadores también enfermamos. Qué le vamos a hacer! A menudo los designios de los dioses son inevitables. E inesperados.    

Ana, eres experta en arte, tasadora y escritora de ficción y ensayo, qué te atrajo de este mundo para convertirlo en tu profesión?

Qué buena pregunta para empezar, aunque difícil de responder. Cursé Humanidades con la especialidad de Patrimonio Histórico-Artístico porque desde bien pequeña me atraía el arte. Recuerdo que mi tía tenía una colección de piezas de plata y a mí, con tres o cuatro años, me gustaba ponerme a limpiarlas con ella. Me encantaba mirar los cuadros y libros que había en su casa.  Pero no sabría decirte por qué me gustaban. Es como si hubiera nacido con esa afición, porque yo provengo de un medio muy humilde y en mi casa no había ni libros, ni cuadros, ni plata. La suerte que he tenido después es que, tal vez porque me gusta tanto todo eso, se me ha dado muy bien y gozo del privilegio de poder dedicarme a ello.

jueves, 1 de enero de 2026

Feliz 2026. Un comienzo espectacular de año con la Filarmónica de Viena

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No ha podido comenzar mejor el año 2026 musicalmente hablando. El New Year's Concert from Vienna con la Orquesta Filarmónica Vienesa dirigida por Yannick Nézet-Séguin ha significado un cambio de rumbo, ya veremos si con continuidad, un baño de frescura necesario a todas luces. Porque la música clásica, sin perder un ápice de su calidad intrínseca, puede resultar divertida, es divertida de hecho, y participativa. 

El director canadiense ha escogido unas partituras muy dinámicas y animadas, muy apropiadas para comenzar el año con optimismo y vitalidad, algo que buena falta nos hace a todos. Ya llegará en la Semana Santa el tiempo de las pasiones, misas y oratorios de Bach y otros compositores para ponernos serios y estupendos. 

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Además de incluir piezas divertidas como el 'Galope del ferrocarril a vapor de Copenhague' de Hans Christian Lumbye, donde la orquesta ha exhibido un elenco de instrumentos poco frecuentes: pitos, campanas de tren, planchas de madera o rascadores metálicos, sin olvidar las gorras de jefe de estación, Nézet-Séguin ha recuperado 'La marcha egipcia' de Johann Straus hijo, que hacía muchos años que no sonaba en el Musikverein, alegre, movida y con mucho ritmo, y en la que, además, los músicos han intervenido también como cantores. Hay que destacar igualmente la incorporación al repertorio de dos partituras de Josephine Weinlich, austríaca, y Florence Price, afroamericana, con las que son ya tres las compositoras que han visto interpretadas sus obras en este concierto tan emblemático.

Desde el primer compás se ha podido observar que este Uno de Enero la música caminaría por otros derroteros. Yannick Nézet-Séguin ha dirigido sin el auxilio de la partitura, de memoria, repertorio bien aprendido, con batuta o con sus dedos, incorporando a su código de señales giros de cabeza, amagos como si de un boxeador se tratase, expresividad en sus ojos y contorsiones de su cuerpo, denotando que, además de una buena condición física, las notas fluyen por sus venas y habitan su cuerpo. En el tradicional parlamento, el director ha pedido paz: paz en los corazones de cada uno, paz en el entorno de las personas y paz entre los países de este mundo. 

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El final ha sido tremendo, cuando al comenzar la 'Marcha Radetzki', sin el director en su peana, este ha aparecido por una puerta lateral de la sala y ha empezado a dirigir al público en sus aplausos de acompañamiento. Se ha olvidado de la orquesta, que sabe tocar sola como ha ha demostrado en muchas ocasiones, y ha manejado a los asistentes a su antojo. Una culminación apoteósica que le he erigido en la verdadera figura de este New Year's Concert 2026. Ojalá que no se demore mucho una nueva participación suya en este evento tan indispensable. Igual que el debut de alguna directora al frente del elenco vienés en una cita tan señalada como esta. Lo dicho. Los filarmónicos vieneses han escogido la buena senda, pero hay que perseverar, darle continuidad y avanzar con paso firme hacia nuevos modelos, sin por ello perder la tradición que tanto les gusta a ellos y a nosotros. Por último, no puedo olvidar los ya imprescindibles comentarios de Martín Llade, con su toque poético incluido, que ya lleva nueve años al frente de la retransmisión del concierto por parte de RTVE. Happy New Year/Feliç Any Nou/Feliz Año Nuevo!!! 

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