Blog de literatura, entrevistas, libros, cómics, balonmano, recuerdos y otras cosas.
«Desde su agujero de arcilla escuchó el eco de las voces que lo llamaban y, como si de grillos se tratara, intentó ubicar a cada hombre dentro de los límites del olivar» (Jesús Carrasco, Intemperie)
miércoles, 20 de febrero de 2019
martes, 19 de febrero de 2019
‘Pío XII y el Tercer Reich’ de Saul Friedländer. Un clásico recuperado. Ed. Península
De pequeño tuve sobre la mesilla
de noche una suerte de capilla de plástico, con puertas abatibles y color
malva, en cuyo interior figuraba la imagen de S.S. Pío XII para que velase mis
sueños. La había comprado mi padre en su viaje a Roma, donde actuó con la
Orquesta de Cámara Ferroviaria de València ante el propio papa en su residencia
de Castengandolfo. Su aspecto, verdaderamente serio, de alguna manera me
intimidaba así que, la mayoría del tiempo, lo cerraba para no ver su rostro. En
mi cabeza de entonces bullía la contradicción del porqué un hombre santo tenía
aquel rictus tan ¿tétrico? Quizá fue en aquellos años cuando me prometí a mi
mismo que algún día averiguaría cosas sobre él.
Durante mucho tiempo esta promesa
vivió en el olvido, hasta que me lo tropecé en la película ‘Amén’, del director
franco-griego Constantinos Costa-Gavras, donde su nombre no se cita
textualmente pero, por la imaginería con la que el cineasta reviste su figura y
la severidad de sus gestos, además de por la época en que se encuadra el film,
la II Guerra Mundial, sabemos que se trata de él. En movimiento, en la ficción
política del cineasta franco-griego observé el mismo tono sombrío que desprendía
la fotografía de mi capilla de niño.
domingo, 17 de febrero de 2019
Pere Cervantes presentó su novela 'Golpes' en València
El pasado jueves, 14 de febrero, tuve la oportunidad de acompañar a Pere Cervantes en la presentación de Golpes, su última novela publicada, doblemente galardonada con el Premio Letras del Mediterráneo 2018 y el Premio Qubo 2019. El acto, que tuvo lugar en El Corte Inglés de la calle Colón de València, resultó distendido y entretenido y permitió al escritor barcelonés comentar a la concurrencia bastantes pormenores de la obra sin descubrir demasiados entresijos claves. Enrique Igual reportajeó el acto con su cámara. Gracias a él podemos ver estas imágenes.
jueves, 14 de febrero de 2019
Carlos Zanón: «Pepe Carvalho representa los fantasmas de Manuel Vázquez Montalbán, que no son los míos»
Nº 561.- Entrevisté por primera vez a
Carlos Zanón (Barcelona, 1966) en un Cosecha Negra,
regentado por Miguel Fuentes en la calle Sevilla (la calle no ha desaparecido
aún). A lo largo de los años, el escritor barcelonés se ha convertido en un
clásico de este festival noir y se le
ve por nuestra ciudad con relativa frecuencia. Sin embargo, ha sido ahora, tras
la publicación por Planeta de su nueva novela, ‘Carvalho Problemas de
identidad’, donde por encargo recupera la figura del aletargado Pepe Carvalho, el
detective creado por Manuel Vázquez Montalbán, cuando se ha dejado caer por
estos lares en viaje promocional. Sin duda era el momento idóneo para compartir
unos minutos con él y preguntarle unas cuantas cosas sobre esta nueva novela y
también sobre la literatura de género. Zanón acudió a la cita con su eterna
sonrisa en la maleta, sonrisa que no perdió durante toda la entrevista, a pesar
de su cansancio evidente, que derivó en risa franca en algunos momentos. Dos
tónicas, un cielo casi nublado, olor a primavera tibia, la grabadora y el libro
arroparon nuestra charla.
Carlos, en su día concertamos la entrevista para hablar de ‘Carvalho Problemas
de identidad’, la novela en la que resucitas al detective de MVM, pero me
gustaría empezar con un artículo tuyo titulado ‘¿Así que quieres ser escritor
de novela negra?’, hace poco publicado en el semanario ‘Babelia’, donde
proyectas varias reflexiones sobre el oficio de escribir género negro. Entre
otras cosas señalas que los autores han de poner cara de malote en las
fotografías y que si el fondo de las imágenes es de «callejón o ciudad de
paredes grises», mucho mejor.
[Risas] Bueno, el artículo
pretendía ser irónico, pero es cierto que, si ves un retrato de cualquiera de
nosotros, comprobarás que tenemos un auténtico aspecto de malotes. Parece
contrastado que poner cara de malvado, con gesto de llevar una vida tormentosa
y de haber cumplido veinte años de condena en cualquier penal, consigue que vendas
más. Fíjate en las solapas de los libros del género y comprobarás que todas
están llenas de fotografías de tíos con cara de mala leche. Después, cuando nos
conoces, somos muy tiernos y tranquilos.
Tú también te
has prestado a ese juego [le enseño una foto de su propio rostro con gesto de
mala leche], ¿no?
Sí, muchas cosas que expongo en
el artículo las hago yo, pero hay que dejar claro que los escenarios para posar
los eligen los fotógrafos, no nosotros. Te vienen con el rollo de que han visto
un callejón oscuro y solitario, en el que las fotos pueden quedar ideales y tú
aceptas. En una ocasión, posamos en una callejuela donde había dos prostitutas
y un desconocido. Comenzamos la sesión y una de ellas le preguntó a la otra que
quién era el modelo. La interpelada respondió que era un tipo famoso que había
escrito un libro. Intervino entonces el desconocido para decir: «¿Famoso?
Famoso era yo, que tuve una tienda de hacer llaves en la calle Escudellers y
durante treinta años hice las llaves de todos los vecinos del barrio» [risas].
lunes, 11 de febrero de 2019
Fernando J. Múñez: «Me apetecía escribir un fresco del siglo XVIII, pero contado desde el punto de vista de las mujeres»
Nº 560.- Discurre la primera semana de
febrero, pero ya hace días que el invierno parece haberse despedido de
València. Aunque el aire es fresco, los rayos del sol calientan como si la
primavera, sin avisar, hubiera anticipado su presencia en estas latitudes. La
luz brilla con la fuerza de mayo o incluso de julio o agosto. Fue pasado el
mediodía cuando Fernando J. Múñez (Madrid, 1972), con suéter blanco, luminoso,
y tejanos, acudió a la cita del Hotel Meliá Centro. Acaba de publicar ‘La
cocinera de Castamar’, editada por Planeta, su primera incursión en el
territorio de la ficción histórica, un debut voluminoso con más de mil páginas,
que Múñez, no sin dolor, se vio obligado a reducir hasta dejarlo en sus
actuales ochocientas. En total fueron casi cuatro años de intenso trabajo. ‘La
cocinera de Castamar’ arranca en 1720, con la Guerra de Sucesión recién
terminada. La corte de Madrid es un hervidero de intrigas, trampas y peligros,
la protagonista, Clara Belmonte, hija de un médico ilustrado muerto en la
guerra, se ve obligada a buscar una salida a la pobreza en la que se vio
inmersa tras la muerte de su padre. Clara, que padece agorafobia, es una mujer
educada, joven y culta, que posee el don de convertir cualquier alimento en un
manjar exquisito… Y hasta aquí el anticipo argumental. Un agua mineral y una
tónica, con mucho hielo, nos acompañaron durante nuestro encuentro. El resto
son palabras.
Fernando, ¿qué es
para ti escribir?
Buuufff, escribir para mí tiene
mucho que ver con lo lúdico. No podría hacerlo si no me divirtiera y por eso
soy escritor de brújula, ya que necesito descubrir la historia mientras la
escribo. Primero creo los personajes y luego les dejo que me lleven por donde
ellos quieran. La escritura para mí también es una necesidad fundamental como
comer, beber, respirar o caminar. Si no tuviera manos ni ojos creo que también
escribiría.
Y ¿cómo se le queda el cuerpo a uno después de publicar un volumen de
casi ochocientas páginas escritas?
En principio tenía más [risa
leve]… El problema de los escritores de brújula es que dejamos hablar a
nuestros personajes y a veces puede que hablen demasiado [otra risa leve]. Quería
que tuvieran su propia voz, pero esta novela creció mucho y se salió de las
habituales normas de extensión. El primer borrador tenía mil y pico páginas, necesité
pulirlo y suprimir muchas cosas para dejarlo como ha quedado ahora. En una obra
de estas dimensiones hay que llevar mucho cuidado para que todo encaje y
funcione bien.
Tres autores, Santiago Posteguillo, Ken Follet y Alejandro Dumas,
¿podrías decirme a cuál de todos ellos se asemeja más tu novela?
Es difícil de precisar. Creo que
mi novela tiene algo de Ken Follet, por aquello del perspectivismo, y no tanto
de Posteguillo, porque sus novelas son más históricas que la mía. Si valoramos
sobre todo el aspecto de la peripecia y de la aventura, creo que me parezco más
a Dumas.
Procedes del sector audiovisual, ¿significa eso que has planteado la
novela como una producción cinematográfica?
Quiero matizar que sobre todo soy
escritor. Mucho antes de descubrir apasionadamente la lectura, ya me dedicaba a
la escritura. A los catorce años comencé mi primera novela, que escribía en
clase mientras el profesor de Física, erróneamente, creía que yo tomaba apuntes.
Más tarde, como mi padre tenía una productora de cine publicitario, aprendí el
lenguaje cinematográfico y a construir guiones, una forma muy fácil de contar
historias, porque requieren un proceso menor de documentación que una novela. En
el fondo, el guión no deja de ser un instrumento que permite hacer algo más, la
piedra angular sobre la que se asienta una obra.
martes, 29 de enero de 2019
Orquesta Ferroviaria de Cámara de València: una breve aproximación a su historia
| La O.F.C.V. en una visita a Teruel |
1.- ORÍGENES
En el mes de enero del año 1950
el maestro Daniel Albir Gordillo con el apoyo del R.P. Salvador de Rafelbunyol, Consiliario de la Hermandad Católico-Ferroviaria, fundó en la capital del Turia la Orquesta Ferroviaria de Cámara de València. La orquesta estaba compuesta por un grupo de profesores, unos profesionales, otros no, que acudieron al nuevo elenco con un espíritu puramente amateur, es decir, sin percibir etribución alguna por el ejercicio
de sus funciones artísticas. Este ideario fue recogido en un pequeño folleto,
editado por la propia Orquesta en el mes de marzo de 1958, donde se explicaba lo
siguiente: “La característica más
destacada de esta Orquesta – formada por treinta instrumentistas de arco – por
la que es acogida siempre con el mayor agrado, es la de que sus componentes,
sin dedicarse profesionalmente a la música, la cultivan en su especialidad de
cámara, con generoso desinterés material y gran visión sobrenatural, como expansión
artística de su ordinaria labor profesional, haciendo de la música - el arte que más eleva a Dios – un
instrumento de apostolado”. Al principio, fueron un pequeño grupo
de amantes de la música clásica que, progresivamente, se convirtió, con sus
altibajos, en una nutrida formación que consolidó un interesante y extenso
repertorio, algunas de cuyas piezas llegaron a interpretar “de memoria”.
Diez años después, ese mismo
espíritu continuaba vivo, tal y como se hace constar, en palabras de Salvador
Grech, en otro pequeño folleto, también editado por la propia Orquesta, con
motivo del décimo aniversario de su fundación: “Únicamente los Técnicos y Profesionales del Arte Musical saben las
dificultades que es necesario vencer a lo largo de diez años para mantener vivo
el entusiasmo de ese conjunto de verdaderos profesores que desinteresadamente,
sin ánimo de lucro, dedican muchas de sus horas libres a ensayas y preparar
nuevas obras con las que aumentar su repertorio y deleitarnos con sus maravillosos
Conciertos”. [i]
Ángel Zapata: «Mi escritura ha ido decantándose por sí misma hacia formas más breves cada vez y ha desembocado en géneros como el microrrelato o el poema en prosa»
| Foto Elena Martín Barce |
559.- Ángel Zapata (Madrid, 1961), profesor de la Escuela de
Escritores, es autor de ‘La práctica del relato’ ‘Las buenas intenciones y
otros cuentos’, ‘El vacío y el centro’, ‘Tres lecturas en torno al cuento
breve’, ‘La vida ausente’ y ‘Materia oscura’. Tuvo a su cargo la edición de
‘Escritura y verdad (Cuentos completos de Medardo Fraile) en la editorial
Páginas de Espuma. Es autor, también, de la traducción de ‘André Breton y los
datos fundamentales del surrealismo’ de Michel Carrouges. Sus cuentos han sido
incluidos en varias antologías y desde el año 2008 es miembro del Grupo
Surrealista de Madrid. En el último trimestre de 2018 y editado también por
Páginas de Espuma, ha publicado su último volumen de relatos, ‘Luz de
tormenta’, donde una vez más se muestra que la escritura de Zapata es una de
las apuestas más singulares e innovadoras dentro del cuento español de hoy.
Como reza la contraportada del libro, «Fiel a la tradición surrealista, ‘Luz de
tormenta’ tiene la cualidad de arrancarnos a la opacidad de lo cotidiano, es un
desafío a la inercia fúnebre de las significaciones impuestas, y una brecha en
la inmovilidad reinante a través de la cual llega a nosotros el estremecimiento
de un mañana jugador. El próximo día 9 de febrero, todos aquellos que lo deseen
podrán asistir al taller que el escritor madrileño impartirá en la librería
Bibliocafé (Sede Wayco), sita en la calle Gobernador Viejo, 29, de València.
Todo esto parece bagaje y motivo suficientes, para entrevistar a Ángel Zapata y
a ello me apliqué hace unos días. La entrevista tuvo lugar a distancia: él en
el centro de la península; yo, a la orilla del Mediterráneo.
Cuando
entrevisto a un escritor por primera vez, siempre comienzo por la misma pregunta:
¿qué significa para Ángel Zapata escribir?
Escribir es un modo de entrar en contacto con eso que
en mí no tiene palabra. Y es un modo de compartir con otros esta experiencia
sensible, que podría tener cierta capacidad transformadora en su manera de ser
sujetos, como algunos autores y autoras la han tenido en mí.
A menudo se
habla del terror a escribir, del temor a la página en blanco, para Ángel Zapata
¿una página por estrenar es una superficie que produce vértigo o todo un
desafío para descubrir qué aventura inexplorada se esconde debajo de su
blancura?
En mi experiencia, una página en blanco es la
condición para que se renueve ese pequeño milagro de ver cómo surge algo de la
nada, cómo las palabras se agitan hasta formar por su propio impulso
constelaciones de sentido inéditas.
Como
escritor surrealista, a la hora de sentarse a escribir los relatos ¿cuál es el
punto de partida de cada una de estas historias? ¿De dónde arrancan: de un
sueño, de un deseo, de una imagen, de una pulsión…?
La enumeración es bastante completa. Mis textos nacen
algunas veces de un sueño, otras de un sentimiento o de un deseo que aún no
tienen una forma definida, de un recuerdo, de la voluntad de expresar mi cólera
por esto o aquello… Los estímulos pueden ser extremadamente variados.
domingo, 20 de enero de 2019
Daniel Fopiani: «Utilizo un estilo dinámico de escritura para animar a la gente joven a leer»
Nº 558.- En
el año 2017, Daniel Fopiani (Cádiz, 1990) ganó el Premio Valencia Nova con su
obra ‘La Carcoma’. Según cuenta el escritor gaditano, este premio le ha
cambiado la vida desde el punto de vista literario. Fopiani, cuya profesión es
sargento de Infantería de Marina, presenta ahora ‘La melodía de la oscuridad’
(Espasa, 2019), novela en la que Adriano, un antiguo sargento de la Guardia
Civil, invidente a consecuencia de la explosión de una bomba durante su
estancia en Euskadi, se enfrenta a los brutales crímenes perpetrados por un
psicópata, que asesina al ritmo de la leyenda de los Doce Trabajos de Hércules.
Cuando comienzo a transcribir la entrevista, en la grabadora sólo se escucha el
tintineo de las cucharillas, ocupadas en remover el azúcar de dos cafés con
leche, descafeinados para no extraviar el sueño nocturno, y las palabras de Fopiani,
que parece vivir ahora los sueños literarios tejidos en su juventud. Tras los cristales
de la cafetería del Hotel Meliá Plaza, la noche ya paseaba por las calles de València.
Daniel, eres militar, ¿por qué escogiste la milicia
como modo para ganarte la vida?
Si
te soy sincero por la crisis. Entré en el Ejército porque es un trabajo fijo y
estable. Tenía dieciocho años cuando aprobé las pruebas para Infantería. Lo mío
no es vocacional, sería un hipócrita si te dijera lo contrario, y creo que,
excepto aquellas personas que proceden de familias con tradición militar, nadie
la tiene. De hecho, a mí la vocación me vino después, cuando desarrollé mi
primera operación en la que conseguimos salvar ocho pateras llenas de vidas en
el Mediterráneo.
Además de militar, también eres
escritor, ¿qué significa para ti la escritura?
Si
escribo es porque he leído. Desde que tengo uso de razón, siempre tuve un libro
en mis manos. Fue un hábito que me inculcaron mis padres y que yo he ido
arrastrando hasta hoy. En un momento determinado, no recuerdo cuándo, me picó
el gusanillo y escribí relatos que guardaba en el cajón de mi armario, junto a
los calcetines y los calzoncillos. Cuando comencé a trabajar, ya me tomé el
asunto con mayor intensidad y, desde que en el año dos mil diecisiete me
otorgaron el Premio València Nova de narrativa, todo cambió. El Premio me hizo
ganar confianza en mí mismo y propició que me leyera gente de toda España, mientras
que antes sólo lo hacían los amigos.
Qué importante que tus padres te
inculcaran el hábito de la lectura, ¿no?
Ya
lo creo. Todavía conservo algunos ejemplares de las novelas de Julio Verne y de
Agatha Christie, adaptadas para niños, que leía cuando era pequeño. Esos libros
fueron los que me impulsaron a escribir y a leer. Fue la época de mi vida en la
que más he disfrutado leyendo, porque ahora también leo, pero lo hago desde
otra perspectiva distinta.
¿Se compatibiliza bien la vida militar
con la del escritor?
No,
no, qué va. Me gustaría que escribir se considerase un oficio, pero la verdad
es que la mayoría de escritores han de trabajar en otras cosas para subsistir.
Yo escribo todos los días, en mis ratos libres, pero quisiera pasar más tiempo
delante del papel. Terminar una novela como ésta me cuesta unos veinte
meses, más o menos.
Veinte meses de promedio no está mal,
¿no crees?
Ya,
pero creo que yo podría escribir una novela al año.
viernes, 11 de enero de 2019
Valeria Correa Fiz: «Ser escritor es una forma de estar en la vida, algo que viaja instalado en el interior de tu cabeza»
¿Qué
es lo que nos hace diferente como especie, en qué consiste la condición humana? ¿Sabernos frágiles,
expuestos, mortales? ¿Cómo seríamos si no temiésemos el mal ajeno?... Estas son
algunas – hay más – de las preguntas que intentan responder los cuentos que
integran el libro de la escritora argentina. Nuestra conversación, distorsionada
por la reverberación de la megafonía sobre los muros del convento, dio comienzo
pasadas las cinco de la tarde. Tras la presentación ritual, llegaron preguntas y
respuestas.
Valeria, naciste en Rosario y la primera
cuestión, doble, es casi obligatoria: ¿eres seguidora de Rosario Central o de Newell’s
Old Boys o, quizá no te interesa el fútbol?
Sí,
sí me gusta el fútbol, pero soy de River [risas].
Siempre que entrevisto a una escritora
por primera vez, formulo la misma pregunta: ¿qué significa para ti escribir?
Bueno,
escribir para mí es una manera de dialogar conmigo misma. De profesión soy
abogada, lo digo siempre, y no hubiera escrito si no me hubiera marchado de mi
país. De alguna manera, escribir fue como encontrar un hilo conductor para
contar cosas sin implicarme. Cuando te vas fuera, necesitas hablar y, para
hacerlo, has de explicar tu contexto, de dónde eres, cómo eres, a qué te dedicas…
Escribir te permite obviar ese trámite y contar lo que te preocupa. Italo
Calvino venía a decir que «usted escribe como algunos animales hacen guaridas»
y esa idea de refugio, de cuidarse con las palabras me gusta mucho.
En la charla que participaste ayer dentro
del Golem Fest, definiste al escritor como «un arqueólogo de sí mismo», ¿puedes
desarrollar un poco más este concepto?
La
idea es que de alguna manera escribo ficción. No hago biografías del yo, un
género respetable pero que no practico. Nada de lo que hay en ‘La condición
animal’ me pasó a mí, pero sí narro a través de los personajes desde mi
experiencia. En ese sentido, digo que el escritor es un arqueólogo porque
trabaja armando la ficción, pero desde sus sentimientos, desde sus recuerdos.
Yo no creo en la fantasía ni en la imaginación sino en la mala memoria. Uno vive
cosas, las ve, las olvida, luego asocia esos fragmentos de memoria y eso es lo
que llamamos imaginación, es decir, por un lado escribo ficción, pero no lo es
tanto. Hay una pequeña contradicción en ello.
jueves, 10 de enero de 2019
‘Frankenstein resuturado’. Un proyecto literario muy atractivo.
Ocurrió durante la I edición del
Golem Fest celebrado en Valencia a comienzos del pasado mes de diciembre. Por
uno de tantos azares de la existencia, cayó en mi poder un libro especial,
atractivo, de bello formato y mejor maquetación, distinto, ilustrado además. Su
título era, es, Frankenstein resuturado’, editado por Alrevés.
‘Frankenstein resuturado’ es el
resultado del proyecto imaginado y diseñado por el inquieto escritor e inventor
de conceptos culturales Fernando Marías quien, al cumplirse en el año 2018 el
II centenario de la publicación por vez primera de la célebre novela
‘Frankenstein o el moderno Prometeo’ de la escritora británica Mary Shelley
(Somers Town, 1797 – Chester Square 1851) tuvo la ocurrencia, feliz ocurrencia,
de trabajar en un libro que conmemorara esta epifanía. Concibió la idea tras
tropezarse con «un viejo solitario acodado en la barra de un bar del centro de
Madrid», que tenía unas manazas rojas y un activo lagrimal y que, por algún
motivo, le llevó a imaginar que si la criatura creada por Frankenstein viviese
hoy «tendría el aspecto de este viejo» y que estaría bien conocer cómo habría
sido su existencia si su vida se hubiera prolongado durante veinte décadas.
Además de una introducción,
escrita por el propio Marías y en la que explica la génesis del proyecto, el
volumen contiene una nueva traducción de la novela de Shelley, encargada al
escritor Lorenzo Luengo, «sólido novelista y meticuloso traductor», en palabras
del diseñador del proyecto, que cuenta en su currículum, entre otros galardones
y títulos publicados, con el Premio Ateneo de Sevilla 2013 por su novela ‘La
cuestión Dante’. Antes de la traducción propiamente dicha, Luengo elabora un
estudio donde explica la azarosa publicación del texto original y razona los
parámetros por los que se ha regido para elaborar su traducción.
Concierto del 1 de enero de 2019 desde Viena
En esta ocasión el encargado de manejar la batuta fue el alemán Christian Thielemann, que anduvo correcto, con sonrisa oficial para la efeméride, poco más.
El programa elegido por el teutón contenía piezas enormemente dinámicas, rápidas e incluyó la célebre Marcha Egipcia de Johann Strauss, una partitura que aparece y desaparece del concierto y que a quien dirige este blog agrada especialmente. Les dejo algunas imágenes para ilustrar estas breves palabras conmemorativas del concierto que, cada año, resulta más balsámico para los excesos de la noche inmediatamente anterior.
lunes, 31 de diciembre de 2018
El 2019 ya se viene encima.
Y sólo resta desearos a todos un Feliç Any Nou 2019/ Feliz Año Nuevo 2019/, Happy New Year 2019, cargado de buenas lecturas, buena música y buenas series televisivas que ver a lo largo de sus doce meses. Que los dioses de la cultura, el entretenimiento y la diversión no resulten propicios.
'El dolor de los demás' de Miguel Ángel Hernández, mejor novela del año 2018 para El Eco de las Voces.
Para el Eco de las Voces, la mejor novela publicada a lo largo del año 2018 es 'El dolor de los demás' de Miguel Ángel Hernández, editado por Anagrama. Desde hace años, los que entráis por aquí de vez en cuando, ya sabéis que este es un título honorífico, sin ninguna dotación económica, pero al menos queda constancia de que es el mejor libro leído por el gobernante de este blog a lo largo de los doce últimos meses.
La novela de Miguel Ángel Hernández me ha parecido un texto profundamente humano, que ha sacado a la luz pública una historia escondida, tal vez sea mejor decir larvada, en la mente del escritor murciano durante veinticinco años, que le afectó directamente ya que la vivió en carne y hueso en una fecha especialmente señalada: el 24 de diciembre.
Enhorabuena, Miguel Ángel Hernández
domingo, 23 de diciembre de 2018
Elga Reátegui: «Me gusta narrar a través de los personajes»
Elga, eres peruana pero desde hace un
tiempo resides en València, ¿cómo viniste a parar aquí?
Hace
muchos años tuve la oportunidad de presentarme para estudiar en la Universidad
de Navarra, pero estalló la crisis y no se dio. Un tiempo después, con mi
carrera ya acabada, mi jefe me encargó un trabajo sobre chats entre hombres y
mujeres. Le gustó y me pidió que hiciera otro igual, pero sólo con hombres
mayores de cuarenta años. Allí conocí a un señor con quien, a pesar, de que lo
teníamos prohibido, intercambié mi dirección de correo electrónico y comenzamos
a charlar de la vida y de otras cosas, hasta que un día me propuso salir a
cenar y yo acepté. Ninguno de los dos pretendíamos nada, pero salió así y este señor
hoy es mi esposo. En mi familia fue una sorpresa grande, tanto que mucha gente
asistió a mi boda por curiosidad. Y como él era valenciano y resultaba todo más
sencillo, nos vinimos a vivir aquí.
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